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jueves, 24 de diciembre de 2009

Cuento de Navidad


"...defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas del azar

y también de la alegría"

Mario Benedetti

Corre el año 1843. Bajo la luz de una vela y al calor de una estufa de carbón que mitiga el helor de la noche invernal, la pluma de Charles corre rauda sobre el papel: “-No estéis enfadado, tío -dijo el sobrino. -¿Cómo no voy a estarlo -replicó el tío- viviendo en un mundo de locos como éste? ¡Felices Pascuas! ¡Buenas Pascuas te dé Dios! ¿Qué es la Pascua de Navidad sino la época en que hay que pagar cuentas no teniendo dinero; en que te ves un año más viejo y ni una hora más rico; la época en que, hecho el balance de los libros, ves que los artículos mencionados en ellos no te han dejado la menor ganancia después de una docena de meses desaparecidos? Si estuviera en mi mano -dijo Scrooge con indignación-, a todos los idiotas que van con el ¡Felices Pascuas! en los labios los cocería en su propia substancia y los enterraría con una vara de acebo atravesándoles el corazón. ¡Eso es!” La pluma se detiene. La boca de Charles se abre en un sonoro bostezo. Mira el reloj. Ya es tarde, muy tarde. Mañana continuará.


Aún le quedan algunos detalles por concretar, pero la historia ya está completamente esbozada en su cabeza, se dice mientras se mete silenciosamente entre las sábanas para no despertar a su mujer. El viejo Scrooge recibirá la visita de tres espíritus, que previamente le habrá anunciado el desgraciado espectro de Marley, su antiguo socio: el Espíritu de las Navidades Pasadas, el de las Navidades Presentes, y el de las Navidades Futuras. Gracias a estas visitas, Scrooge, un banquero avaro y cruel, falto de toda humanidad, se transformará en un buen hombre. Un hombre que de ahí en adelante celebrará respetuosamente la fiesta de Navidad como una “agradable época de amor, perdón y caridad”, puesto que es en Navidad cuando hombres y mujeres “abren libremente sus corazones”. Le gusta cómo le ha quedado esa caracterización de la Navidad que el sobrino de Scrooge propone a su amargado tío, piensa antes de sumirse en un profundo sueño.


Un ruido metálico lo trae de vuelta a la realidad de su habitación. Una luz suave ilumina su cama, el dormir tranquilo de su esposa. Gira la cabeza y, tras las cortinas del lecho descorridas –ése debe de haber sido el ruido que lo ha despertado-, contempla una figura vestida con extraños ropajes que lo mira con fijeza y gravedad.


- ¿Qué es esto? ¿Qué pasa aquí?

- Charles –susurra la figura- soy el Espíritu de las Navidades del siglo XXI.
- ¿Siglo XXI? Dios mío, otra vez tengo una pesadilla, debe de ser la coliflor que he cenado, mira que le tengo dicho a Cathy que no me sienta bien por la noche…

- Déjate de explicaciones bobas, Charles, y sal de la cama, que te he dicho que soy el Espíritu de las Navidades del siglo XXI. Debo enseñarte algo.

- Está claro que es mi imaginación, que hasta en sueños se desboca… demasiadas vueltas le he dado a mi último cuento y a los espíritus navideños.
- Charles, ¡que salgas de la cama te digo, hostias!

Charles se frota los ojos con insistencia pero obedece. El presunto Espíritu se dirige hacia la ventana, la abre, toma su mano, y, ambos aparecen súbitamente en la esquina de una amplia calle intensamente iluminada. Sobre la calzada se alinea una multitud de armazones metálicos con ruedas, a través de cuyas ventanas se vislumbra a sus ocupantes. ¡Qué carruajes tan raros!, exclama Charles para sí. Como si se tratara de una manada encabritada de elefantes, de ellos emerge un clamoroso y desagradable estruendo de algo semejante a bocinas. Las aceras están repletas de gente que camina deprisa, ataviados con indumentarias tan singulares para él como las del Espíritu. Llevan en sus manos numerosos hatillos brillantes y coloridos.

- ¿Dónde estamos? ¿Y cuándo?
- ¿Dónde? Importa poco. Pongamos que es Londres, pero podría ser cualquier ciudad europea, y también de otros lugares del mundo. ¿Y cuándo? El año nos da también más o menos igual. Basta con que te diga que estamos a comienzos del siglo XXI, y es el día de Nochebuena, aunque aún falta un rato para que anochezca.

- ¡Nochebuena! ¡Como en mi cuento!
- Sí, Charles, como en tu cuento. Pero nada es en realidad como en tu cuento, aunque toda esta gente se disponga, tal y como tú pretendes inculcar al señor Scrooge, a celebrar la Navidad.
- Pero, ¿es que no es maravilloso celebrar la Navidad? ¿No crees, Espíritu, que Scrooge está equivocado a causa de su avaricia capitalista?
- Mira, Charles, ¿me creerías si te dijera que los Scrooge del Capital de hoy en día son los que más interés tienen en que se celebre la Navidad? ¿Que nunca más volverán a permitir que no se celebre por los cuantiosos beneficios que de ella obtienen? Porque, ¿sabes cómo se celebran estos días en el siglo XXI? Comprando, comprando, comprando, y es de comprar de donde vienen o a lo que van todas estas personas que nos rodean. Y luego, regalando lo que han comprado, comiendo y bebiendo hasta hartarse lo que han comprado, luciendo las galas o aplicándose los perfumes que han comprado o recibido de regalo. La Navidad, Charles, se ha convertido en la orgía del consumo, en el desenfreno del gasto y la ganancia material. ¿Y el amor, el perdón, la caridad, me preguntarás? ¿Y el libre abrirse de los corazones? Ja! Todo mera y obscena apariencia, mi querido Charles. Todo mera obligación de impostura de felicidad y buenos sentimientos. Cáscaras vacías envueltas con brillantes lazos de colores y dibujos navideños. Muy pocas son las personas que realmente sienten lo que expresan estos días. La gran mayoría, sencillamente, acepta con resignación que deben esforzarse por representar la Gran Mascarada de la felicidad, la concordia y la alegría. Con resignación y también con tristeza, porque nada hay más triste, más deprimente, que experimentar la coerción de sentir amor, o perdón, o alegría, cuando no hay verdaderas razones para amar, para perdonar o para estar alegres. ¿O es que puede ser fuente de alegría tener la obligación de regalar a quien nada deseas regalar, o sentarse a la mesa junto a personas a las que no soportas, o incluso a las que detestas, pero ante las que debes fingir amor o cariño sólo porque la traidición y los lazos familiares lo dictan, o lo exigen los imperativos sociales? Te parece importante que se celebre la Navidad, ¿no, Charles? Pues bien, lo has conseguido. Ahora, ricos y pobres, jóvenes y viejos, se suman sin remedio estos días a la celebración de la Navidad. Pero si crees que esa celebración inspira sus corazones y les mueve a ser mejores, estás muy equivocado. Muy al contrario, muchos de esos corazones se sienten torturados, atormentados en esta época del año. Y si uno les preguntara, o si se atrevieran ellos mismos a examinar sus propios corazones, menos libres que nunca en estas fechas señaladas para abrirse y mostrar lo que en el fondo albergan, reconocerían que también a ellos les gustaría enterrar a todos los idiotas que van exclamando “¡Felices Fiestas!” con una vara de acebo atravesándoles el corazón. Así que me temo, mi querido Charles, que en el siglo XXI la postura más sensata frente a la Navidad es la que tú esta noche has puesto en boca de tu cruel y avaricioso Scrooge: ¡Patrañas! La Navidad es una enorme, una gigantesca Patraña. Y es su sobrino Fred quien está en un error. O quien, a ojos de muchos, pasaría por un auténtico hipócrita… Mira, Charles, vamos a ser prácticos. El protocolo me exige que te lleve primero a un centro comercial y luego a que contemples cómo se desarrolla la cena de Nochebuena y la comida de Navidad en algunos hogares para que, por ti mismo, puedas percatarte de esta vil Mentira. Pero es que resulta que se me ha echado el tiempo encima y aún tengo que visitar a Frank Capra, a ver si consigo disuadirle de que no ruede “¡Qué bello es vivir!”. Nada, el cine, un invento moderno que tú no conoces pero más pernicioso a veces que los propios libros por su capacidad para propagar masivamente ideas nocivas. Quién sabe, igual también tú, de haber podido, te hubieras hecho cineasta. De todos modos, confío en que con lo que te he dicho tengas ya suficiente motivo de reflexión para plantearte si debes o no escribir ese dichoso “Cuento de Navidad” que has empezado a escribir…


Charles mira a su alrededor confundido. De repente, un hombre gordo vestido con un chillón traje rojo con ribetes blancos que camina distraído tropieza con él y Charles se precipita hacia el suelo. Antes de que pueda sentir el golpe, se descubre de nuevo en la oscuridad de su habitación, tumbado sobre la cama. Su mujer sigue respirando acompasadamente a su lado. Charles suspira aliviado. Ahora sabe que sólo ha sido un mal sueño. Esa indigesta coliflor. ¿Cómo va a ser la Navidad una patraña? No, Scrooge tiene que estar equivocado. Mañana, en cuanto se levante, proseguirá con el cuento.

Queridos y queridas, me disculparéis una vez más por este vómito navideño. Es que a algunos se nos atragantan estos días de qué manera y no me resisto a soltar un poco de bilis, confiando en que tenga algún efecto paliativo. Que ustedes lo pasen bien. Si pueden :P

Y para todos aquellos a los que les gustaría pasar estas "fiestas" bajo el efecto de potentes estupefacientes, aquí les dejo como regalito navideño una canción para animarles :)


miércoles, 18 de junio de 2008

Sobre el diván


Cuando el doctor Sigfroid, reputado psicoanalista, ve entrar en su consulta a alguno de sus pacientes, no ve a una sola persona, sino a tres. El Ello es el que se rasca distraídamente la entrepierna mientras cierra la puerta. El Superyo mira inquieto el reloj al alcanzar el diván. El Yo declara con cierta angustia que no sabe por dónde empezar a contar en esta nueva sesión.

- Tal vez haya tenido usted esta semana algún sueño que pueda recordar -indica con estudiada frialdad el doctor Sigfroid cogiendo su pluma y abriendo su bloc de notas.

- Pues mire, sí, doctor, ya sabe usted que yo no suelo recordar mis sueños, pero justamente anoche tuve uno que sí recuerdo. Entraba en casa todo empapado, se ve que estaba lloviendo, con un paraguas negro en la mano...

"Paraguas negro", anota el doctor Sigfroid frunciendo los labios, "símbolo fálico".

- No sé por qué, en lugar de llevarlo a la galería, como suelo hacer normalmente con los paraguas mojados, trataba de cerrarlo, pero algo no funcionaba en el mecanismo. El suelo se estaba poniendo perdido de agua...

"El paraguas no cierra", escribe ahora el doctor Sigfroid, "¿problemas de erección? ¿eyaculación precoz?".

- Después de mucho pelear con el dichoso paraguas, consigo cerrarlo hasta el punto de que lo que parecía un paraguas de los de antes, ¿sabe?, de esos que no podían plegarse, queda convertido en un diminuto paraguas plegable...

"Reducción repentina del paraguas", sigue anotando el doctor Sigfroid, "posible complejo de castración; en su defecto, miembro viril de tamaño insuficiente".

- Me acerco entonces a la mesa de mi despacho, que en lugar de ser la mía, es una mesa antigua de madera maciza, apoyada sobre dos grandes cajoneras. Abro el cajón superior de la parte derecha...

El doctor Sigfroid arquea levemente una ceja y emite un ligerísimo carraspeo, signo inequívoco de su intensa concentración en el relato del paciente. "Cajón", garrapatea rápidamente, "símbolo de los órganos sexuales femeninos".

- ...y meto en él el paraguas. Pero al cerrarlo con cierto descuido me pillo un dedo y lanzo un aullido de dolor...

El doctor Sigfroid esboza una discreta sonrisa mientras escribe: "Consumación simbólica de un acto sexual prohibido. Dedo lastimado: temor al castigo. Se refuerza la hipótesis del complejo de castración". Todo empieza a cuadrar.

El paciente se ha quedado callado. Su Ello vuelve a rascarse distraídamente la entrepierna.

- Prosiga, caballero, prosiga, creo que hoy estamos haciendo grandes progresos...

- No, doctor, ya no hay más que contar. Al lanzar el aullido en el sueño me desperté. Creo que estaba en una mala postura y yo mismo me estaba aplastando una mano...

- Hmmm, no sé, no sé... ¿No hay ninguna otra cosa que recuerde? ¿Algún detalle que no me haya contado? ¿Tal vez algún objeto inusual sobre la mesa del despacho? ¿O quizás dentro del cajón?

- Pues... ahora que lo dice... Sí, recuerdo que sobre la mesa había un sombrero, algo así como una pamela, con una cinta de color rosa y unas flores atadas en ella...

"Objeto de forma redondeadas", anota esta vez el doctor Sigfroid, "nuevo símbolo de los órganos sexuales femeninos".

- ...se parecía mucho, ¿sabe?, a un sombrero que solía llevar mi madre cuando íbamos al campo para protegerse del sol...

"¡Eureka!", escribe con precipitación el doctor Sigfroid, ajeno en ese momento a la falta de profesionalidad de su anotación.

- Estimado paciente -interrumpe el doctor Sigfroid- creo que por fin hemos dado con la clave de sus conflictos. Se llama "complejo de Edipo", ¿sabe?, un complejo neurótico por el que pasan todos los niños y que por lo general se resuelve sin problemas. Pero en su caso particular algo ha impedido la saludable resolución del complejo, lo cual explicaría sus actuales trastornos. Mire, se lo expondré de una forma sencilla, para que lo entienda. Usted está enamorado de su madre, la desea, y siente por ello deseos de matar a su padre, su rival. Pero también le teme: teme que, de enterarse de los deseos incestuosos que alberga hacia su madre, su padre le castre, ya sabe, le prive de sus órganos sexuales...

- Pero doctor, ¿qué está diciendo? ¿Que yo deseo a mi madre? Pero si mi madre... ¡por dios, doctor!, es una señora de casi ochenta años, llena de achaques... Y mi padre, ¿que quiero matarlo? ¡Mi padre murió hace años y yo siempre me llevé muy bien con él!

- Caballero, no se escandalice. Ya le he dicho que es un conflicto absolutamente normal en la infancia más temprana, es imposible que lo recuerde. Pero en su caso ese conflicto ha quedado enquistado, no ha logrado vencer sus deseos hacia su madre, como sí suele ocurrirle a la mayoría de los niños, y como le resultan vergonzosos los ha reprimido y éstos afloran bajo la forma de la patología que usted sufre. Caballero, no somos más que un amasijo de pulsiones libidinosas que tratan de canalizarse por el insidioso entramado de las normas sociales. Esa es nuestra verdad. Una verdad tal vez amarga cuando se conoce por primera vez, pero plenamente demostrada por la ciencia psicoanalítica -dice el doctor Sigfroid con voz afectada recostándose satisfecho sobre su sillón de cuero.

- Doctor -el paciente se vuelve hacia él con irritación-, después de tres años de terapia semanal, ¿ésta es la conclusión a la que ha llegado? Acudo a su consulta porque sufro de claustrofobia, me angustian los ascensores, trabajo en la planta decimocuarta de un enorme edificio de oficinas y por culpa de mi maldita claustrofobia debo subir y bajar catorce pisos varias veces todos los días. ¿Me puede decir qué puede tener que ver ese "complejo de Edipo" del que habla con mi claustrofobia? No sé, doctor, tal vez debería plantearme si quiero continuar con la terapia. No es que dude de su competencia, no es eso. Pero, francamente, cada sesión me cuesta un ojo de la cara, mi economía no anda muy boyante últimamente y creo que no puedo seguir con este gasto semanal durante más tiempo sin resultados más efectivos...

El doctor Sigfroid lo mira fijamente, acariciándose lentamente la barbilla y elogiándose interiormente por su agudo ojo clínico.

- Caballero, disculpe que le pregunte, pero... ¿padece usted de estreñimiento?

- Bueno... ehhhh, sólo ocasionalmente, cuando tengo mucho estrés. ¿Por qué lo pregunta?

- Mi estimado paciente, me temo que su dolencia es aún más grave de lo que sospechaba. Porque no sólo sufre usted del "complejo de Edipo", sino que intuyo alguna suerte de fijación de su personalidad en la llamada fase anal de su proceso de maduración, uno de cuyos síntomas más usuales es la tacañería. El asunto se complica, caballero, y su salud mental, téngalo muy en cuenta, está en juego. Habrá que adoptar alguna medida terapéutica de choque, no queremos que la cosa vaya a peor, ¿verdad? Me veo entonces obligado, qué remedio, a subirle el precio de cada sesión para empezar a combatir esa inclinación a la tacañería y la fijación anal que revela. No se asuste, no se asuste, confíe en que poco a poco iremos solucionando sus problemas. ¡Está usted en buenas manos! ¿Le parece bien, entonces, el próximo miércoles a esta misma hora?


Disculpen los amantes del psicoanálisis la ridiculización. Que conste que el señor Freud merece todos mis respetos. Esto sólo ha sido un pequeño divertimento. ¡Que últimamente ando demasiado seria! :)

viernes, 25 de abril de 2008

Purgatorio


Queridas y queridos, queridos y queridas: mañana, cuando aún no haya salido el sol, me envían al purgatorio. Como lo oís. Se ve que he sido mala muy mala en los últimos tiempos y las altas esferas han decidido que, para que no me vea irremediablemente abocada al ardor de los fuegos infernales cuando me saquen definitivamente de este mundo, tengo que pasar unos cuantos días purgando los muchos pecados que he debido de acumular hasta ahora.

Supongo que piensan que si tengo ya la ocasión de comprobar cuánto grado de sufrimiento necesita la purificación de un alma tan manchada como la mía, tal vez comience ya a corregir mi conducta y así consiga librarme de la bajada directa a los infiernos que me espera de no hacerlo. O quizá la cuestión no sea tan grave. Simplemente se han encontrado ahora con una plaza vacante, y se han dicho: "Oye, mira, no vaya a ser que cuando le toque no le encontremos sitio y así, para entonces, ya tiene unos días de purgatorio cumplidos y luego hasta nos lo va a agradecer". Vete tú a saber. ¿No dicen que los designios divinos son inescrutables? Pues eso, yo escrutarlos, desde luego que no los escruto.

Bueno, la verdad es que no lo estoy contando como realmente ha sucedido. Mi purgatorio comenzó hace ya unos cuantos meses y, cómo no, algo tuve que ver en todo ello. Presionada por una serie de circunstancias, no fui capaz de decir que NO a algo a lo que siempre había sabido que tenía que decir que NO. Ya véis, con lo fácil que resulta pronunciar esta palabra: NO. Si hubiera tenido que pronunciar, por ejemplo, idiosincrásico, aún podría entenderse que se me hubiera trabado la lengua. Pero sólo tenía que decir que NO. Y no lo hice porque no supe cómo hacerlo. Para que luego digan que la ignorancia es sinónimo de felicidad. ¡Ja! Y como la hipotética existencia de una justicia universal parece siempre querer probarse en aquello de que los errores se pagan -mucho menos frecuentemente, hay que joderse, en la recompensa por los aciertos-, llevo pagando por este error, a un ritmo de intensidad creciente, durante bastante meses.

Mañana comienza el pago de la mayor parte de esa deuda, según el balance de errores y aciertos que todos llevamos en nuestras cuentas corrientes del banco divino, contraída por mi equivocación. Será la última estación de mi particular purgatorio, pero también la más dura. Puedo ya anticipar algunas de las torturas y tormentos que me esperan, y tiemblo ante su mera idea. Pero habrá que ser fuerte y resistir porque me han garantizado que tendrá un tiempo limitado. Ya lo dicen: Dios aprieta pero no ahoga. Aún no puedo imaginarme con qué secuelas, cicatrices, traumas o miembros de menos, pero en una semana me devolverán a casa.

Sería una grata sorpresa descubrir que también en este último tramo del purgatorio pueden vivirse momentos de disfrute. Que de cuando en cuando tus torturadores te ofrecen un vinito para aliviar los dolores y te hacen cosquillas para que te rías un rato. Quiero confiar en ello, agarrándome a eso que de pequeñitos nos contaban sobre la infinita bondad divina. Ojalá.

Pero aunque así fuera, ya sabéis: sed buenos mientras estoy ausente, no vaya a ser que os pase como a mí, y tomando ejemplo de mi experiencia, seguid ejercitándoos en el difícil arte de decir que NO a todo aquello a lo que la cabeza y el corazón saben y siempre han sabido que hay decir que NO. Que todo SÍ equivocado no es más que una cesión gratuita a la muerte en lugar de una afirmación a la vida. Yo, desde luego, volveré si sobrevivo con la lección bien aprendida. O eso espero.

Y deseadme muchos ánimos y fuerzas, que las voy a necesitar.

¡Miles de besos para todos y todas y hasta mi vuelta!


domingo, 23 de diciembre de 2007

Brindis navideño


- Papá, mamá, abuela, hermanos y hermanas, cuñados, cuñadas, niños... Ha llegado el momento de brindar y como siempre, me gustaría dedicaros antes unas palabras...

- Ay, cariño, mira que todos los años igual... ¡Que los niños hace rato que están impacientes por levantarse de la mesa y quieren irse a jugar!

- Anda, déjale, Teresa, que Luis siempre hace muy bien los brindis y a mí me hace mucha ilusión oírle. Si este hijo mío se tenía que haber metido a político, hubiera hecho una gran carrera...

- Venga, Luis, adelante. ¡Niños, un poco de silencio! Que vuestro tío Luis va a decir unas palabras y luego ya os podéis ir a jugar con los regalos.

- Ejem, ejem... Bueno, voy a ello. Como todos los años, nos hemos reunido aquí a celebrar todos juntos la Navidad. A sentirnos una vez más una familia unida. A manifestar el cariño que nos profesamos unos a otros y a desearnos paz y alegría... Sin embargo, quiero que sepáis que éste será el último año que la celebre con vosotros. Es más, que éste será el último año que celebre nada por estas fechas. Porque, decidme: ¿qué es lo que realmente hay que celebrar? Algo habría que celebrar si ninguno de nosotros hubiera acudido aquí con sus mejores galas y su mejor sonrisa postiza sólo porque no tiene más remedio que hacerlo. O si ninguno de nosotros hubiera estado echando pestes de los demás mientras venía de camino, tal y como Teresa y yo, y me consta que todos los demás también, hemos estado haciendo. Algo habría que celebrar si los regalos que acabamos de intercambiarnos no los hubiéramos comprado por pura obligación, tratando de gastar lo menos posible en el objeto más aparente, o incluso de no gastar absolutamente nada -me temo, Federico, y perdón por el inciso, que esta corbata que me has regalado es la misma que yo te compré hace tres Navidades-. O si no estuviéramos ya desde que aparecimos por la puerta muertos de aburrimiento y deseando largarnos lo antes posible a nuestras casas. Y, sobre todo, algo habría que celebrar si los buenos sentimientos que todos nos empeñamos en mostrarnos estos días fueran algo más que la máscara, más decorada y embellecida de lo habitual, tras la que se ocultan el odio, el desprecio, el rencor, o simplemente la indiferencia que realmente experimentamos los unos hacia los otros... Pero, en estas condiciones, me parece que no puede haber nada que celebrar. Sin existir verdadero afecto entre nosotros, es absurdo el tiempo que hemos invertido en buscar los regalos, en los malditos atascos de estas fechas, sufriendo las interminables colas en el supermercado... No siendo esta armoniosa reunión familiar más que una auténtica farsa, no tiene sentido que nos empachemos de langostinos, polvorores y champagne que harán que todos nos levantemos mañana resacosos y con ardor de estómago. Así que, si acaso, hoy sólo puedo brindar por una única cosa: por la mentira que ahora nos impulsa a alzar nuestras copas y que tan bien hemos sabido construir y mantener entre todos, año tras año, para que este día de Navidad no sea, sencillamente, un día cualquiera. Querida familia, ¿alguien quiere brindar conmigo?

Los comensales se levantan todos a la vez y hacen entrechocar sus copas, mientras se besan y se desean alegremente feliz navidad.

- Hijo, cada año te sale mejor el discurso navideño... Ay, pero qué rebien se expresa mi chico.

- Qué va, mamá, qué va... si este año, con todo el trabajo que tenía a última hora, los regalos de los niños, recoger el traje y todo eso apenas he tenido ni cinco minutos para prepararlo. A ver si el año que viene me lo tomo con un poco más de tiempo.

- No, no, hijo, que te ha salido muy bien, que te lo digo yo. Pero si a tu padre casi se le han saltado las lágrimas de emoción. ¿Verdad que sí, papá? Ven aquí que te dé un beso: ¡muá! Político tenías que haber sido, hijo, te lo digo yo, con esa labia que tienes. Y ahora ve a ayudar a tu cuñada a sacar los turrones, anda, que somos muchos y hay tantas bandejas...


Lo siento, queridos y queridas: detesto la navidad. Así que hoy no os diré eso de feliz navidad, pero sí os desearé felicidad. Por supuesto, no sólo para estos días, sino para todos los venideros. Y ahora os dejo. Tengo que ir a limpiarme los espumarajos que me salen por la boca.


domingo, 29 de abril de 2007

Imperativos


(Como véis, queridos y queridas, parece que he sobrevivido. Contáis con mi permiso para murmurar aquello de "mala hierba...")

Hoy quiero presentaros, especialmente a las lectoras de este blog, algunos fragmentos de la información que apareció en la sección de belleza (bueno, en realidad la única sección aparte del horóscopo) del primer número de la conocida revista femenina Estar guapa y ser feliz. Cómo conseguirlo aunque mueras en el intento. Como los ejemplares se agotaron en pocas horas y probablemente muchas de vosotras no tuvísteis la oportunidad de haceros con uno, he decidido transcribir algunas partes del texto que podrían interesaros. Atentas. Las mujeres que hay en vosotras seguro que nunca oyeron nada de esto:

"Toda mujer que se precie, toda mujer como dios manda, DEBE preocuparse por su aspecto físico. Siempre, por supuesto, y tenga la edad que tenga. Pero todavía más si anda en busca de marido, pareja o similar. El hombre de tu vida puede aparecer a la vuelta de cada esquina y ay de ti si no eres capaz de ofrecerle una imagen atractiva y deseable. Pasará de largo y tú serás la única culpable de ello, pues es sabido que los hombres, economizando inteligentemente el uso de sus neuronas, se dejan cautivar fundamentalmente por el atractivo físico de una mujer. No querrás acabar hecha una solterona, triste y amargada, porque ningún hombre te encuentra lo suficientemente apetecible, ¿verdad? Pues entonces lee atentamente las recomendaciones que, con todo nuestro cariño, hemos elaborado para ti.

La consigna es: DEBES aprender a sacar el mejor partido de ti misma, a ocultar tus defectos y potenciar las virtudes de tu físico. Porque tu objetivo es, por encima de TODO, GUSTAR a los hombres y, de paso, provocar la envidia de otras mujeres. Así de simple. Para ello dispones de toda una serie de técnicas, procedimientos y artilugios que no sólo DEBES conocer, sino además usar de manera sistemática. Cueste lo que cueste. Haremos un pequeño repaso de todos aquellos aspectos que la mujer de ayer, de hoy y probablemente del mañana debe tener en cuenta si desea cazar a cualquier especimen del sexo opuesto (...)

....

7. Una mujer NO DEBE salir nunca a la calle sin maquillar. Absolutamente imprescindible que, cada vez que atravieses la puerta de tu casa, hayas sometido tu rostro a un complicado proceso de limpieza, pintado y remodelado óptico por medio de cremas, polvos, antiojeras, colorete, lápiz de ojos, sombras, rimel, carmin... Da lo mismo que vayas a pasear al perro, a una reunión de negocios, a la piscina o a sacar la basura. De lo contrario, puedes ahuyentar a tu futuro Romeo si tienes la mala suerte de que en ese momento pase por allí y contemple la realidad de tus verdaderas facciones sin una capa de maquillaje que las enmascare (...)

16. Una mujer DEBE lucir unas uñas impecables. ¡Nada de mordérselas, por favor, que además engordan! Límalas, dáles forma, recorta cuidadosamente las cutículas y decóralas luego con brillo o esmalte. Y esto se aplica tanto a las de las manos como a las de los pies. Los hombres desean ser acariados con unas manos o unos pies suaves de uñas pulidas. Las garras ya las sacarás si hace falta una vez lo hayas cazado (...)

29. Una mujer DEBE ir siempre perfectamente depilada. A excepción de los de la cabeza o los de las cejas, por supuesto siempre convenientemente retocados (véase el siguiente punto para el tema de la depilación íntima), todo pelo es indeseable. ¿Qué es eso de andar por ahí luciendo un bigotazo propio de un guardia civil o una selva tropical bajo las axilas? Maquinilla, cera fría, cera caliente, cera tibia, depiladoras, laser... cualquier medio es igualmente válido para declararle la guerra al vello. Y si te duele te aguantas. Quejica. Que más duele traer un hijo al mundo y no por ello se dejan de tener (...)

84. Una mujer NO DEBE exhibir ni una sola cana en su cabeza. Ni una es ni una. Así que cuando empiecen a hacer acto de presencia, la visita más o menos mensual a la peluquería para someterte a un tinte es ya cuestión obligada. ¿Te parece una esclavitud? Pues sí, lo es, pero los hombres no sólo las prefieren rubias sino sobre todo jóvenes (...)

268. Una mujer DEBE andar erguida y moverse graciosamente. A ello te ayudarán unos buenos tacones. No te importe que tus deditos se retuerzan, tus talones sufran, tu columna vertebral acabe pareciéndose a una montaña rusa o te lesiones un tobillo de cuando en cuando. Esas cuestiones son menudencias en comparación con el potencial erótico de unos tacones altos y el contoneo garboso y netamente femenino que conseguirás gracias a ellos (...)

(Nota aclaratoria: se omite toda la información relativa a dietas milagrosas, ejercicio físico, celulitis, perfumes, ropa favorecedora, cirugía estética, lencería, postizos, sostenes con relleno, fajas, botox, cremas antiarrugas, exfoliantes, regeneradoras... ¿sigo? A las interesadas, puedo enviaros personalmente estos apartados)

Y ya para finalizar, no olvides que el estricto seguimiento de estos consejos requiere disciplina, organización, desplazamientos múltiples y la adquisición y uso de artilugios, prendas o productos que no brotan en tu armario por generación espontánea. Por tanto, DEBES dedicar a ello todo el tiempo y el dinero que sean precisos. En lo relativo al tiempo, ese bien precioso que tanto escasea, te recomendamos renunciar a la lectura, al cine, a los conciertos, a las exposiciones de arte... e incluso a tu profesión, si dispones de otras vías económicas, confesables o inconfesables, que te permitan acceder a los instrumentos que exige tu belleza. Tales actividades ociosas son perfectamente prescindibles para una mujer y hasta es posible que perniciosas, pues pueden desviarte de tu verdadero objetivo.
Si cultivas tu mente tarde o temprano sentirás la necesidad de expresarte. ¿Y no sabes ya que calladita estás más guapa? ÉL sólo quiere que le escuches con devoción, le mires con ojitos tiernos y asientas con la cabeza.

Ah!, y
si eres madre soltera o separada también puedes dar a tus hijos en adopción. Los niños dan mucha guerra y eso no es bueno para el cutis. Ya tendrás otros cuando lo encuentres a ÉL"


Vaya, no veo ningún apartado que diga que una mujer como dios manda DEBE recordar subirse la bragueta siempre que use pantalones. Es que a mí se me olvida de cuando en cuando. Sí, ¿qué pasa? No se puede tener la cabeza en todo.

lunes, 23 de abril de 2007

¡Secuestrada!


Pues sí, queridos y queridas bloggeros y bloggeras que tenéis a bien pasaros de cuando en cuando por esta casa a leer las tonterías que escribo: es probable que en el momento en que leáis esto yo ya esté secuestrada. Mañana martes no tendré más remedio que salir bien temprano al encuentro de mi secuestradora, que viene desde lejos para llevar a cabo esta misión. Una mujer que, pese a doblarme prácticamente la edad, tiene genio y figura de sobra para achantar al más pintao. ¡Y no te digo a mí! Que dice que me quiere mucho, y no lo dudo, y que por eso viene a secuestrarme, para darle un poco de emoción a mi aburrida existencia. Claro. Pero ya sabéis que hay amores que matan, ¿no? O que si no matan, son capaces de ponerte los pelos verdes sin necesidad de pasar por la peluquería. Pues eso.




Será un secuestro atípico, claro. En lugar de encerrarme en un espacio de reducidas dimensiones, tortura que ya padezco a diario, me sacará de mi encierro para pasearme por ésta u otras ciudades, ir de compras y obligarme al entretenimiento y la dispersión. En fin, lo normal en estos casos de secuestro atípico. Tan normal como que su duración sea pactada de antemano y en este caso limitada más o menos a una semanita.

Es bastante improbable que mi secuestradora me permita, o me deje tiempo, o más bien energías de sobra, para escabullirme algún ratito y venir por la blogosfera. Así que, poniéndome en lo peor, me despido hasta mi próxima y deseable liberación. Si me viérais aparecer alguna noche con algún comentario, alegráos por mí. Será la prueba de que mi secuestradora descansa y yo he logrado, mientras tanto, desprenderme de las ataduras o incluso he aprendido a escribir con ellas puestas. Eso sí, si me quejo y me lamento mucho, no me hagáis ni caso :-)

Hasta la vuelta, queridos y queridas. Si sobrevivo.

¡¡¡UN BESO ENORME A TODOS!!!

viernes, 13 de abril de 2007

Segunda parte: a esto se le llama...


Al día siguiente de la noche que ha dado lugar al primer post de esa nueva sección que, de proseguir, habrá de llamarse "Perlas cultivadas" (véase post anterior o pruébese la eficacia de mi primer autolink), recibí un mail de Hombre2. Debo aclarar que con Hombre2 mantengo una relación que podría llamarse de amistad (sin comentarios, por favor) y también de índole más o menos profesional. El motivo del mail tenía que ver con este segundo aspecto de nuestra relación y decía así:



"Antígona,

he estado consultando blablablabla.... en relación a blablablablabla.... y he recordado que para blabablabla... aún tenemos pendiente ponernos en contacto con blablablabla.... He recibido también mail de blablablabla... y parece que son buenas noticias. A ver si blablablabla.....
.....
.....
Creo que en lo que respecta a blablabla.... puede proponerse que blablablabla... y aún así tal vez deberíamos considerar que blablablabla.... para que luego no suceda que blablablabla....
....

Bueno, y creo que esto es todo por ahora. A ver si mañana o pasado lo hablamos más calma.

Hombre2

P.D. Todos los griegos eran gays"


A esto creo que se le llama... ¿contumacia? ¿provocación? ¿mala leche?
Si lo llego a tener delante le muerdo. Aunque hubiera acabado contagiada de alguna enfermedad extraña. Hubiera asumido los riesgos.


Lo sé, queridos, mañana vuelvo a mi línea habitual de posts, pero es que si esto no lo cuento reviento!

miércoles, 11 de abril de 2007

Perlas cultivadas: de las posibles formas de la homofobia


Advertencia preliminar: El siguiente post no es apto para menores ni recomendable para personas con el mínimo de sensibilidad socialmente exigido.


En un bar cualquiera de una ciudad cualquiera. Tres hombres y una mujer (léase, servidora). La conversación gira en torno a la película 300, que servidora ni ha visto ni verá. Se impone entre los hombres la siguiente tesis interpretativa, de sorprendente lucidez y sutileza: los espartanos son presentados en la película como auténticos hombres, mientras que los persas y el resto de griegos son todos gays.

1ª Perla:

Hombre1: Yo de todos modos pienso que ese rollo varonil exagerado que se da a los espartanos esconde también un fondo gay. ¿No os habéis dado cuenta de que Leónidas llevaba los ojos pintados?
Hombre2: No, hombre, no. Leónidas era un hombre de verdad. Bueno sí, estaba casado y todo eso. Pero a la mujer sólo la enculaba de cuando en cuando pa' tenerla contenta y lo único que realmente le importaba era la guerra. ¡Un machote, sí señor!

Análisis semántico:

1. A los hombres de verdad sólo les importa la guerra. Bueno.
2. En principio, no están casados. Nada de sentimentalismos.
3. Si lo están, a la mujer ni siquiera se la follan, sino que la enculan. ¿No hemos dicho que nada de sentimentalismos? Pues eso.
4. A las mujeres de estos hombres de verdad casados les pone la falta de sentimentalismos.

Recordadme que a partir de mañana cambie de orientación sexual.

.....

2ª Perla:

Hombre2: Si está claro que todos los griegos eran unos maricones, dado que todos se enculaban con todos.
Yo: Hombre, pues digo yo que en una sociedad en la que todos los hombres mantenían relaciones con otros hombres pero al mismo tiempo estaban casados no se puede hablar de homosexualidad en el mismo sentido en que el término se aplica hoy día...
Hombre2: Vamos a ver: se enculaban entre ellos, ergo eran maricones aunque tuvieran cuatro mujeres cada uno. Y déjate de distinciones tontas que no vienen a cuento.
Yo: Insisto, el concepto de homosexualidad cambia en un contexto en que se convierte en la práctica habitual de todos los hombres, estén casados o no.
Hombre2: Sí, claro, y ahora me saldrás con el rollo de que si eran bisexuales, de que si todos en el fondo lo somos.... Se enculaban y eran gays. Punto. ¡Y no me vengas con mariconerías!

Recordadme que a partir de mañana me empiece a dejar un bigotito a lo Freddy Mercury.

....


Conclusiones (además de aquella a la que todo el mundo habrá llegado ya a estas alturas, a saber, que Hombre2 padece probablemente de un problema de homosexualidad reprimida):

1. Ser la única mujer en un grupo de hombres te permite asistir a conversaciones a las que NUNCA querrías haber asistido.
2. Ser la única mujer en un grupo de hombres acaba llevándote a una situación un tanto paradójica: tú empiezas a odiarlos profundamente y ellos, sin embargo, comienzan a verte como uno de ellos.

....


Epílogo:

A la salida me "entra" una chica jovencita con la excusa de que ha hecho una apuesta con sus amigas.

Hombre3: Joder, la única vez que se nos acerca una tía y es para ligar con ésta. No me lo puedo creer.
Hombre2: Anda tira, que yo me voy a suicidarme ahora mismo.
Hombre1: Te acompaño.

Yo tengo un ataque de risa que me dura hasta llegar a casa.

....


Queda inaugurada una nueva sección en este blog que me temo dará para mucho.

domingo, 1 de abril de 2007

Que nadie se asuste



Sentir un nudo en el estómago y querer gritar y no poder. Taparme los oídos con ambas manos, asegurarme de que mis mejillas siguen ahí, y querer gritar aún más fuerte, sin que mi garganta logre articular sonido alguno.

Pero mis entrañas se revuelven, se agitan, gritan a su manera en el silencio, aunque yo permanezca callada, a la escucha. También a mi alrededor se ondulan las paredes de la habitación bajo la potencia de la vibración de ese grito silencioso.

Hoy el abismo que se entreabre en esa boca encoge mi corazón. Y la negrura de su miedo.


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Vale, Antígona. Ahora desdramaticemos. Que tampoco es para tanto, mujer. Nos ayudará este personajillo:




"... y el desdramatizador que lo desdramatice, buen desdramatizador será"


jueves, 22 de marzo de 2007

Cerrado por ... ¿vacaciones?


Pues sí, anuncio que abandono por unos días la blogosfera porque cierta tarea importante me reclama. No sé si sabéis que hace ya bastantes años el ayuntamiento de Pisa, totalmente arruinado, proclamó que al no disponer de medios para enderezar su famosa torre, y estar ésta en peligro de derrumbe, había decidido incluir entre los servicios que cada uno de sus ciudadanos había de prestar a la ciudad el de contribuir a sostener la torre. Los ciudadanos empezaron a ser llamados por turnos para, durante un cierto número de días (dependiendo de su edad, talla, peso, complexión física...), situarse al pie de la Torre y apoyar su espalda contra el lateral que precisa de más soporte, a fin de evitar cualquier posible desmoronamiento. Cuando ya todos los habitantes de Pisa y alrededores habían cumplido religiosamente con esta tarea, el ayuntamiento pretendió iniciar una segunda ronda de llamadas, volviendo a empezar por el primero de la lista. Las protestas fueron multitudinarias. Los pisanos alegaban que si su famosa y querida torre era patrimonio cultural de la humanidad, toda la humanidad tenía que aportar su granito de arena. Y si no, la torre ya podía derrumbarse o ser utilizada como cohete espacial que a ellos les iba a dar exactamente igual. Así que finalmente el ayuntamiento de Pisa no tuvo finalmente más remedio que ponerse en contacto con organismos de alcance mundial y solicitar la inclusión de todos los habitantes del planeta tierra entre los futuros contribuyentes al sostén de la torre.


Bueno, pues resulta que este fin de semana me ha tocado a mí, y allá que me voy mañana, a cumplir gustosamente con mis obligaciones de ciudadana del mundo. Como soy un poco canija me han asignado solamente tres días, así que el lunes por la noche ya estaré de vuelta. Por supuesto no tendré posibilidades de conectarme a la red. Pero tranquilos, no hace falta que os pongáis verdes de envidia. Si podemos fiarnos del ayuntamiento de Pisa, a todos vosotros os llamarán tarde o temprano a colaborar en tan importante tarea.

Aquí os dejo una segunda foto del grupo de científicos que idearon este complejo sistema de soporte humano:


Y además una canción que me encanta, para que mi ausencia no se os haga tan larga y dolorosa ;P



viernes, 16 de marzo de 2007

Carta a los invasores


Como ya lo hemos intentado por las malas y no hay tu tía, vamos a ver si por las buenas...


Queri...
Estima...
Hola a todos!

¿cómo estáis? (pues cómo van a estar, encantados de la vida, joder, aquí campando por sus fueros y pasándoselo pipa, que menuda fiestorra se están montando a mi costa los muy cafres). Yo, en fin, ya sabéis que no tan bien y por eso me he decidido a escribiros esta cartita.

Mirad chicos, lleváis conmigo desde el domingo y no digo yo que seáis una compañía del todo desagradable, no (¡y una leche!). A fin de cuentas, nunca viene mal eso de tener que descansar (por cojones, ¡claro!) durante unos días (¡con todo lo que tengo que hacer!), de encontrar la ocasión para mimarse un poquito, incluso de darse uno un pelín de lástima a sí mismo (je, esto pa' variar, ¿no?).

Por otra parte, entiendo que sería injusto echaros la culpa de nada. Que así os hicieron y por eso sois como sois, y no tenéis más remedio que ir migrando de cuerpo en cuerpo que amablemente (¡ja!) os acoja. Y que a lo mejor, si hubiérais podido elegir en el momento de la creación (ahí está la fuente de todos los males, ¡claro!, cagüendios ...), hubiérais optado por otro tipo de existencia menos movidita y aperreada (¿¿¿???). Es difícil para un humano ponerse en la piel (¿qué piel, idiota?) de formas de vida tan distintas como la vuestra, pero creo que si hago un pequeño esfuerzo puedo llegar a comprender que nada es tan fácil como lo pintan ni, por tanto, tampoco debe serlo para vosotros (y encima dándoles jabón... tú flipas, tía).

Ahora, ¿no creéis que ya lleváis conmigo demasiados días (o sea, que ya os habéis divertido bastante dándome por saco)? Quiero decir... que a mí no me importa ni me importaría teneros unos días más (¡por Dios que se vayan YA!), pero creo que ya casi que os debéis de estar aburriendo, ¿no?, que yo nunca he sido un cuerpo muy divertido que digamos y además a estas alturas seguro que lo tenéis muy visto y pocos misterios apasionantes puede ocultaros (por no hablar de todo lo que os habréis cargado por ahí dentro, ¿no, jodidos? que me habéis dejado hecha unas bragas).

Así que, sin ánimo de molestar ni ofender, os pediría que por favor (¡¡¡POR FAVOR!!!) os pensárais si no sería ya hora de empezar a buscar nuevos horizontes con mejores perspectivas de las que yo pueda ofreceros. Vamos, que lo digo sobretodo pensando en vosotros. Que yo os echaría de menos (jajajaja.... risa histérica) pero seguro que más adelante tendremos ocasión de volver a encontrarnos (ojalá nunca, pero no caerá esa breva, no...)

Atentamente,

Antígona

(¿¿¡¡Dónde coño está el termómetro!!?? Creo que estoy delirando...)

miércoles, 7 de marzo de 2007

Esto no es un post


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- Eh, tú, mira que post más guay me ha quedado.
- ...
- ¿A que sí? Si es que soy una artista...
- Antígona, ese post no tiene ningún sentido... y ahora déjame tranquila que tengo trabajo.
- Pero, ¿cómo que no tiene ningún sentido? A ver, Magritte quiere decir con ese cuadro que...
- Mira, Magritte quiere decir con ese cuadro que lo que en él aparece no es una pipa, sino la representación de una pipa. Con ello estaría apuntando a nuestra tendencia a confundir las cosas con las representaciones que nos hacemos de ellas, a no respetar la distancia que puede haber y de hecho hay entre las cosas y cómo nosotros las percibimos. Mientras que lo que tú has hecho sí es un post. Para que hubiera algún paralelismo entre el cuadro de Magritte y tu post, tú tendrías que haber hecho una representación de un post, para luego poder decir que eso no es un post, sino tan sólo su representación. Pero hacer una representación de un post... en fin, lo veo difícil, el post es ya en sí mismo una representación, gráfica, bidimensional... y no una cosa.
- .......... (¿¿¿¿¿¿???????)
- Bueno, y ahora déjame tranquila que ya te he dicho que tengo trabajo.
- No, no, pues ahora me lo explicas, ya que dices que el post no tiene sentido...
- Pero si te lo acabo de explicar, Antígona, todo radica en la diferencia entre algo y su representación, y lo que tú has hecho no tiene nada que ver con eso. Cuando Magritte pintó ese cuadro...
- A ti lo que te pasa es que te crees muy lista... tía sabionda.
- Pos bueno, si tú lo dices..., y ahora, con viento fresco...
- Y que tienes envidia de mi blog...
- Pero si también es mío, caray..
- Bueno, pues de que sólo yo escriba en él... excepto los memes, claro, que te los regalo todos...
- Venga Antígona, no te pongas borde, que sin mí tampoco puedes hacerlos...
- Ya ya, pero tú eres sólo la mano ejecutora, un instrumento a mi servicio, y las ideas son mías...
- Pues para ideas como esa ya te valía la pena estar calladita, ya...
- Tú qué sabras...
- Vale, yo no sé nada pero déjame estar, ¡¡¡que tengo que trabajar!!!
- ....
- ....
- Y además, si en algo valoras nuestro blog, ¿por qué no me has avisado antes de que lo colgara?
- Pero si te lo estoy diciendo, Antígona, suprímelo y ya está.
- Pues yo no lo suprimo, que ya está hecho y además me gusta.
- Pues haz lo que te dé la gana, pero ¡¡¡DEJAME TRABAJAR!!!
- YA TE DEJO... ¡¡¡PEDANTORRA INSOPORTABLE!!!
- ...
- ...
- ... El próximo meme se lo va a escribir quien yo me sé ...


Bueno, yo creo que esto con una pequeña modificación se arregla, ¿no?

Esto sí es un post


(ale!, arreglao)

martes, 20 de febrero de 2007

Sin título

- Toc, toc...
- ...
- ¿Hay alguien en casa?
- ...
- Hoooooolaaaaaa!
- ...
- ¿Hay alguien? (¿pa qué coño pregunto, si sé que estoy ahí? Me pierde la retórica...)
- ...
- Hola, soy Antígona, ¿estás ahí?
- ...
- Anda, di algo, tú.
- ...
- Jo, cómo eres...
- ...
- Andaaaaa, ¿no vas a contestar?
- ¡¡¡¿Se puede saber qué %&&%$:::#@###?!!! ¡¡¡&&grr$##;&}@$*##%%@%%%$$$$&&brrgrr
&###&&!!!
¿!!ESTÁ CLARO¡¡?

- ...(¿?)
- ...
- ¡PUES TÚ MÁS! ¡Y PERDONA, PERO LO DE LA CÓLERA ERA COSA MÍA! ¿¡¡TE ENTERAS!!?

Me parece que hoy no va a haber post.

domingo, 18 de febrero de 2007

Asamblea


Anoche toda la tropa de voces se reunió en uno de sus lugares habituales, cierto recodo entre dos haces neuronales apropiado para este tipo de encuentros formales.


(voz-de-la-razón): Chicas, chicas, esto es desde ayer una verdadera batalla campal que no puede continuar. La que habéis montado esta mañana con si se le daba al botón de "suprimir el blog" o no... Hay que ponerse de acuerdo.

(voz-irreflexiva y voz-niña, a coro): QUEREMOS UN BLOG, QUEREMOS UN BLOG, QUEREMOS UN BLOG, QUEREMOS ....

(voz-de-la-razón): Ya están las petardas éstas otra vez... Niñas, ¿podéis argumentar en vez de gritar?

(voz-escéptica): Yo lo del blog lo veo una estupidez y una pérdida de tiempo, vaya, que qué se esté armando tanto jaleo por eso...

(voz-juiciosa): Y luego, con la cantidad de horas que ya nos pasamos trabajando ante el ordenador, ya son ganas de torturarse, ya. ¡Pero si lo que nos hace falta es salir más de casa, y no buscarnos más motivos para estar encerradas entre estas cuatro paredes dándole a la tecla!

(voz-agorera): Pues claro, que si ya desvariamos de cuando en cuando, a este paso acabaremos en el manicomio... o hechas unas frikis... que no sé lo que sería peor.

(voz-irreflexiva y voz-niña, machaconamente, a coro): QUEREMOS UN BLOG, QUEREMOS UN BLOG, QUEREMOS UN BLOG, QUEREMOS....

(voz-de-la-razón): ¡Que argumentéis o calléis de una vez, puñetas!

(voz-irreflexiva): Vaaaaale, pues....¡queremos un blog porque sí!

(voz-niña): Eso eso, ¡porque sí!

(voz-de-la-razón): Pues menudos argumentos los de estas pavas, tócate las narices, tantos años estudiando para esto... A ver, ¿alguien tiene algo serio que decir?

(voz-de-la-conciencia): Yo también estoy en contra, que ya estamos muy dispersas últimamente, no nos centramos en lo que toca y luego andamos de lloriqueos porque no se hace lo que se debe... ¿Y ahora nos metemos por voluntad propia en otra fuente de dispersión? Esto no es serio, tú...

(voz-calculadora): Además, ¿se puede saber para qué sirve eso de un blog, qué ganamos con eso? ¿No nos valdría la pena estar haciendo algo más provechoso? Con ocupaciones como ésta no vamos a llegar a ninguna parte...

(voz-optimista, tímidamente): Pero si hay tiempo para todo, sólo hace falta organizarse un poco y ya está. Yo no creo que deba montarse un drama de todo esto.

(voz-emprendedora): Claro claro, además, ¿por qué no hacer algo nuevo, diferente? ¿Por qué no probar a escribir para otro público, o para nosotras, pero de otra manera?

(voz-insegura): Pero si no tenemos nada interesante que decir... y seguro que en dos días estaremos en blanco...

(voz-escéptica): Y nos habremos cansado de la tontería ésta del blog, que me lo veo venir...

(voz-irreflexiva y voz-niña, de nuevo a la carga): QUEREMOS UN BLOG, QUEREMOS UN BLOG, QUEREMOS UN BLOG, QUEREMOS...

(voz-juiciosa): Habráse visto las mocosas éstas, la bulla que arman... ¿Y todas las que estáis calladas, no tenéis nada que decir?

(voz-de-la-razón): Puff, esto va para largo...



Que yo sepa, la cuestión sigue sin estar resuelta. Eso sí, voz-irreflexiva y voz-niña se han atrincherado en el enlace neuronal que habría de encargarse de mandar la orden para darle al botón de "suprimir el blog" y se lían a tortas con todo el que se acerca. Mientras tanto, la fracción anti-blog anda por lo visto preparando algún tipo de ofensiva. Yo ya no sé en qué bando ponerme, la verdad...