sábado, 30 de junio de 2007

Venderse


Sabes que todos nacemos con una gran oquedad en medio del pecho. Una hendidura profunda y perpetua que, como una boca siempre hambrienta, debe nutrirse de afectos y ya desde el origen, desde el primer llanto, reclama con voracidad su alimento.

Se dice que su nutriente más preciado es el Amor, ese afecto de los afectos que rebaja y debilita cualquier otra forma del cariño, poderoso motor que, según viejas leyendas, rebasaría incluso las fronteras de la muerte. No me negarás que algo de razón hay en ello. En él se proyecta la garantía del alimento diario exigido por la brecha que nos parte, la presunta seguridad de la satisfacción de sus demandas en alma y en cuerpo, el abrazo al corazón entrevisto a través de la oquedad y también los besos a la piel de sus bordes prohibidos para otros afectos.

Sin embargo, no se te escapa que su búsqueda puede convertir esos labios en fauces dentadas que acaben devorándote a ti mismo. La fuerza del Amor lo torna el más peligroso de los sustentos. Pues allí donde más vivamente sientes que algo te colma, con mayor contundencia brota el miedo a perderlo. Por su causa, la antigua carencia familiar y domesticada, la falta sobre la que te alzabas con calma contenida antes de su venida, llegará a parecerte la muerte misma. Se trata de estar atento al rugido de león hambriento que resuena al fondo de tu propia voz: si permites que se apodere de ella, cada jirón de carne que engulla estará tragando un pedazo de ti mismo.

Hoy oigo en ti al león y me muestras las heridas sangrantes de sus mordiscos, los lugares de tu anatomía que has desgarrado y entregado para el cumplimiento de un deseo ajeno incierto y tantas veces inventado.
Siempre perteneciste a los carentes, los más desastidos frente a las embestidas del Amor, dada el hambre ancestral que bulle en tu hendidura tras una infancia sombría y repleta de faltas agudas. Me cuentas de tu falseamiento, de tu decir de ti lo que no es y tu plegarte a lo que no quieres, sólo para retener aquello que te alimenta. De la dicha fugaz transformada en pura angustia, en cálculo y estrategia. Del comercio al que sometes cada fibra de tu ser, en venta por unas pocas caricias. Revolviéndote contra ti mismo preguntas que quién no se vende, quién no está ya vendido de antemano. Pero ambos somos conscientes de que, siendo inevitable venderse para sobrevivir, cabe excluir la autodestrucción de la economía del Amor. Sólo hay que quererlo y estar dispuesto al combate.

Dentro de la espiral, doblegado por el mecanismo, has creído ver la luz en la suplantación de ese Amor que te ahora te destruye por otro que te reviva, en la sustitución de un veneno por otro. Ahora compruebas lo provisorio y dañino de ese camino, que únicamente conduce a agudizar la sensación de falta, el hambre y un cruel recorte en los plazos de su satisfacción.

Barajamos sin convicción la posibilidad de la negación, del destierro del Amor, de la convivencia dolorosa pero tranquila con la renuncia asumida. Porque reconoces la castración que supone, el férreo y agotador ejercicio de displina y rechazo contrarios a la riqueza.

Los dos sabemos de una tercera vía. La más difícil, pero quizás la más sabia: la del equilibrista, que se arriesga a subir con todo su peso a las alturas y sólo por ello le es dado contemplar los más hermosos paisajes. Que se atreve a caminar por la cuerda floja haciendo reposar su carne y su brecha sobre él mismo. Que acepta la inseguridad y confía en otra malla de afectos que amortigüe el golpe en la caída o simplemente en la dureza de su piel curtida. Que tiene la certeza de que la carencia nunca dejará de ser un espacio habitable y avanza por ello con la libertad de la ausencia del miedo a perder. Afianzándose en cada paso hacia adelante, deteniéndose si sopla el viento, balanceándose suavemente para preservar su propio equilibrio.

¿Apostaremos por ella?

33 comentarios:

lamujerdeallado dijo...

Yo no creo en absoluto que la sabiduria, la capacidad de no dejarse engullir y escupir por las fauces de la bestia, eternamente trasladadas, mediante un espejismo, a los demás, pueda equiparase a un punto más alto, a una verticalidad del espacio... a una cumbre. Sola, autosuficiente, independiente no veré nada desde más arriba sino desde más lejos. Y esta cuerda floja de la que hablas corre, como diría Kafka, a ras de suelo. Pero mira: lejos siempre lo he estado, aun sin saberlo. En realidad, es todo tan sencillo lo que propones: la autarquía, la adultez, renunciar a las fauces hambrientas y a los espejismos de las fauces hambrientas, la soledad, mirar al vértigo de hito en hito y resistiendo, sin dejar de estar abierto... Dime, ¿esto se logra mediante un entreno o la "mera" aceptación basta? Si lo primero, puede que tadavía necesite que me acompañes un trecho; si lo segundo, podemos ya despedirnos... Porque no tendría ningún sentido ensayar, alargar infantilmente la despedida, jugar a despedirnos. Te cedo la palabra.

Anónimo dijo...

Joder, Antígona, vengo de tomarme unas cervezas, me voy a duchar y me voy a tomar uans copas. Entre medias del trajín, he pinchado en tu blog, para leerte y dusfrutarte (entiéndeme bien!!!), pero lo tuyo es demasiado... Porque con una cañas soy capaz de leer todos los posts de todos los blogs, pero -ignorante que soy- el tuyo, incluso sin haber bebido, hay días que si lo quieres asimilar bien, tienes que imprimirlo y comprarte fosforitos de 3 colores.... Es lo que haré mañana, para enterarme mejor, si cabe, de lo que me he enterado...

Por cierto, yo hasta la fecha no tengo la sensación de haberme vendido para sobrevivir... Habrá a quien le suceda eso y habrá a quien no... En general, estoy de acuerdo con lo que has escrito desde el ático de tu inteligencia ática.

Un beso y a disfrutar de la luna llena!!!

NoSurrender dijo...

Lo del comercio me suena muy feo, Antígona. Peyorativo, más bien. Quiero decir (“quicir”), que está bien aceptar que todo tiene un precio, que la vida pasa facturas y que si damos para tomar, también tomamos para dar. Que nuestro corazón analiza, que nuestra cabeza se apasiona, y que se entienden en ferias comerciales con apretones de manos.

Me gusta más lo del equilibrista. Me recuerda uno de los momentos más emocionantes de una de las canciones más emocionantes de uno de los cantantes más emocionantes; mi hermano mayor Bruce Springsteen. Yo no creo que el alambre se extienda a ras de suelo, nunca. Creo en el vértigo hambriento.

Will you walk with me out on the wire?
'Cause, baby, I'm just a scared and lonely rider
But I gotta find out how it feels
I want to know if love is wild
girl, I want to know if love is real

http://www.youtube.com/watch?v=thh8torezoE

Así que ya sabes, Antígona. A correr! Un beso y buena luna.

lamujerdeallado dijo...

Gracias por tus palabras espléndidas y más claras que el agua (;P), A. Para mí irás siempre unida a mi descubrimiento de Maillard:

Mejor no diga nada.
Sería inútil. Ya ha pasado.
Fue una chispa, un instante. Aconteció.
Yo acontecí en ese instante.
Puede que usted también lo hiciera.
Suele ocurrir con los poemas:
terminan condensándose las formas
en nuestros ojos como el vaho
sobre un cristal helado;
las formas, con su herida.
Pues quien construye el texto
elige el tono, el escenario,
dispone perspectivas, inventa personajes,
propone sus encuentros, les dicta los impulsos,
pero la herida no, la herida nos precede,
no inventamos la herida, venimos
a ella y la reconocemos.

De Matar a Platón (Platón desterró a los artistas por temor a que mostraran que lo-que-ocurre no tiene correlato ideal, que cada ser no participa de su idea sino, al contrario, de todo aquello que él no es. Censuró a Homero porque permitía la metamorfosis, el llanto de los héroes y la risa de los dioses).

AnA dijo...

Te digo un hola cariñoso.Acabo de llegar de una boda (no la mía) y ando deprimida o mejor dicho trastornada.
Pero.. qué bien escribes niña...
Un beso!
AA

Anónimo dijo...

Bueno, en el fondo este post tiene que ver con los cuentos de hadas, los príncipes azules, los cándidos, los que confían, los desencantados, los que se exponen, los que no quieren sufrir, el pragmatismo ramplón, los resentidos, los resabiados, los cínicos, y las satisfacciones que pueden derivarse de unas actitudes y otras... Estamos de acuerdo, Antígona. Un beso

Antígona dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Antígona dijo...

Mujerdeallado, la idea del equilibrista, que tal vez no he desarrollado con la suficiente claridad, es, en efecto, la de una cierta sabiduría, nunca lograda, siempre buscada. Pero no se trata de la sabiduría de la soledad y la autosuficiencia, sino más bien de aquélla que posee quien reconoce y trata de satisfacer sus necesidades sin dejarse devorar por ellas. Representa la idea del equilibrio entre uno mismo y el Otro, ese Otro en quien depositamos la esperanza de alimentar la necesidad de afecto que a todos nos atraviesa. En ese sentido, aunque la imagen de las alturas es tal vez secundaria, sí me parece que la opción del equilibrista es más enriquecedora que las otras dos y que por ello abre horizontes que las otras dos no permiten. Pienso que la venta de uno mismo por Amor sólo puede conducir, llevada a sus últimas consecuencias, a la pérdida de sí, a la alienación y al descontento con uno mismo. Pero no creo que la solución para soslayar ese peligro resida en la renuncia, en la vía de la soledad. Antes bien, la cuestión estribaría en entrar en el juego del conocimiento y la entrega al Otro tratando de mantener siempre en uno mismo el punto de apoyo, de no generar dependencias más allá de las estrictamente necesarias, de no dejar el núcleo duro de nuestro propio ser en manos ajenas. Ese equilibrio es tal vez el más difícil, pero proponerse encontrarlo es también el primer paso para lograrlo o, al menos, para acercarse a él. No creo, por tanto, que la autarquía y la adultez estén reñidas con el deseo de compartir y satisfacer esa boca hambrienta que todos llevamos dentro. Antes bien, entiendo que ser autárquico consiste en ser capaz de mirarse con honestidad a uno mismo y en ponerse en camino hacia el cumplimiento de los propios deseos sin que ello nos lleve a falsearnos y a traicionarnos a nosotros mismos.

¿Cómo se logra esto? Ojalá lo supiera. Pero intuyo que requiere valentía, conocimiento de sí, serenidad y confianza en uno mismo y el deseo de no renunciar a nada de aquello que la vida nos ofrece, de apurarla hasta la última gota asumiendo los riesgos pero dejando de lado toda tendencia a la autodestrucción.

¡Un beso!

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JJ, ¿cañas y luego copas? Veo que te va la desmesura. Espero que hoy no estés de resaca :P Y, por favor, ¡no utilices tanto los fosforitos que son malos para la vista! ;)

Me alegra que tengas la sensación de no haberte vendido para sobrevivir. Soy de la opinión de que todos lo hacemos, fundamentalmente para sobrevivir, pero siempre hay grados y grados y ventas más perniciosas que otras. Tal vez en la cuestión del Amor sea donde más se acusan. ¿Quién no ha hecho algo en un momento dado por y para otro no por generosidad, sino arrastrado por el miedo a no perder el afecto que se le profesa? Y soy consciente de que en el dar y el recibir se juega siempre una cierta economía inevitable, por la que toda donación se convierte en última instancia en un intercambio. Pero creo también que hay una diferencia importante entre el hecho de dar generosamente y luego no poder evitar esperar una recompensa , dado que no somos ángeles, y dar algo sólo para obtener algo a cambio. Es ahí donde tal vez estemos más cerca de vendernos, sobre todo cuando el objeto dado somos nosotros mismos.

¿Había ayer luna llena? Vaya, no me enteré :(

¡Un beso!

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NoSurrender, en efecto, la palabra comercio está escrita con todo el sentido peyorativo que resuena en ella, porque como le decía a JJ, siendo consciente de que en toda relación humana hay un cierto intercambio, hay ocasiones en que a uno se le impone con fuerza la idea de ceder, de dar únicamente a cambio de algo que satisfaga una necesidad imperiosa que empieza a dominarnos. Veo comercio allí donde uno da lo que en el fondo considera que no debería dar, sólo guiado por el miedo a perder, allí donde uno traiciona incluso las propias ilusiones, principios o decisiones desde la debilidad y el pánico a la soledad.

Yo también creo en el vértigo, en el riesgo, en la apuesta por algo mejor de lo que tenemos, pero siempre y cuando el deseo de satisfacer el hambre de afecto no nos domine y nos aboque al sinsentido. Estar sobre el alambre, sobre la cuerda floja no es fácil, pero supongo que no hay otra vía, porque si bien ansiamos la seguridad, ésta nos debilita y nos paraliza, negándonos posibilidades que bien merece la pena vivir. Y siempre hay que confiar en alcanzar una cierta calma en lo que por esencia es necesariamente inseguro.

Gracias por la canción, es un tema que me gusta mucho, y creo que el pasaje que has citado refleja perfectamente esa voluntad de combatir el miedo de quienes apuestan por un sí a la vida en todas sus dimensiones.

Y...¡ya estoy corriendo! Aunque no me haya enterado de que ayer había luna llena. Con lo despiste que soy espero no tropezar ;)

¡Un beso!

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Gracias por este poema, mujerdeallado, estoy de acuerdo con Maillard en que la herida siempre nos precede. Interesante la interpretación de Platón que expones, Platón ha sido leído con excesiva cortedad y es necesario desentrañar muchas cosas antes de pensar que se lo entiende.

¡Otro beso!

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Anita, que no me entere yo que estás deprimida porque la boda no ha sido la tuya. No creo que te pegue el blanco, niña, y rodeada como vas a estar ahora por tanto hombre, ¿quién querría atarse sólo a uno? ;)

Trastornada ya es otra cosa... es que las bodas son un coñazo :)

Un beso, guapa, y espero que hoy te hayas levantado fresca y lozana

Antígona dijo...

Bueno, JJ, veo que de resaca nada, y que has entendido perfectamente el post, incluso mucho más de lo que hay en él explícitamente pero se encuentra de alguna manera implícito.

¡Otro beso y buen domingo!

Anónimo dijo...

Hay gente que no da para recibir algo, por más que de ese acto de dación desprendida no pueda evitar una recompensa...

Esto pasa sobre todo con el amor paterno filial y algunas otras actitudes trascendentes, diría yo.

Y aunque no es la mejor frase a cuento de lo que hablas, recuerdo una del Demóstenes de Clemenceau: cualquier hombre consagrado por entero a una gran causa no esperará nunca de la virtud ajena una recompensa que, por lo mismo que es una remuneración, no podría sino rebajarle ante sí mismo.

Observa que la cuestión no es la recompensa misma, sino la actitud frente a ella del sujeto que obra. Esperarla o no esperarla... Para mí eso es lo que delimita la cuestión. Una madre no hace por su hijo esperando que... O al menos así debería ser... Lo hace de la manera más desinteresa...

mujerdeallado dijo...

Vaya, Antígona, resulta que eres platónica. En principio te doy la razón. ¿Quién dijo que "un hombre que no tiene una imagen soñada de sí mismo es tan monstruoso como un hombre sin nariz"? Creo que un inglés.

Por supuesto que el amor de padres es incondicional y la idea de recompensa una aberración (o debería serlo). Pero otra cosa es el afecto paternalista... sentirse agradecido o recompensar, a mi juicio, tiene el mero efecto de confirmarlo... Es muy cierto que mantener un afecto de este tipo que permanece al pasado por voluntad de la figura paternalista puede llevar a confusión. Si lo interpretan mal... qué le vamos a hacer. Buenos, eso eran sólo cuestiones tangenciales que han surgido. La idea central tuya es perfecta, incluso con las diabólicas rebajas que le has adosado, pero para ponerla en práctica... para la práctica se requieren ideas y ejercitarlas. Práctica, práctica, mucha práctica y en ese terreno no son sólo las ideas las que mandan.

lamujerdeallado dijo...

A ver cómo lo arreglo yo esto para que no te sulfures: los versos eran a modo de despedida de la herida, que va a estar siempre ahí. Conviene saberlo, tenerlo presente, cuando uno está dispuesto a mirarlo todo desde una perspectiva radicalmente nueva. La poesía de M. no son ni mucho menos un recrearse en la herida sino justamente un buscar nuevas formas de ver. Y en todo caso, para arrostrarl y olvidar la herida, conviene concerla bien a fondo. Y una última cosa: esa herida no es la única fuente de dolor, ni mucho menos. Los dolores son múltiples. Aprender a expresarlos o escuchar a quienes los expresan ayuda a vivir con más humanidad. Eso no tiene nada que ver con la ciega, estridente y egotista adolescencia. Con la vanidad, quizá, pero gracias a dios la perfección no es de este mundo... Y no te sulfures otra vez, he dicho la perfección, no la idea de perfección y el deber de acercarse a ella. ¿Entendido?

Antígona dijo...

Juanjo, no tengo tan claro que sea posible dar sin esperar recibir algo a cambio, aun cuando eso que se espera sólo sea la autosatisfacción por la generosidad mostrada y el alimento al propio ego que ello supone. A ver, no me gustaría parecer cínica, y con ello no pretendo nivelar todos los actos de donación como si en ellos siempre mediara el mismo interés. Por algo juzgamos ciertas acciones como generosas y otras como egoistas, porque disponemos de criterios para diferenciar en qué ocasiones se impone el interés propio y en cuáles no. Pero sigo pensando que incluso allí donde sentimos que actuamos más desinteresadamente siempre existe algún tipo de interés oculto que a la larga acaba manifestándose. Un interés que no tiene por qué ser perverso, por supuesto. Y no me parece ni bien ni mal. Pienso que simplemente estamos hechos así, y es nuestra condición humana.

Por otra parte, no me gustan las idealizaciones del amor paterno o materno, que siempre se pone como ejemplo del amor más desprendido o desinteresado. Podemos recordar épocas no tan lejanas donde los hijos constituían para la familia mano de obra con que labrar la propia tierra o un medio de sustento para la vejez de sus padres. Y ni tan siquiera considero el gesto de traer un hijo al mundo como un acto generoso. Antes bien, creo que abunda justamente lo contrario. Así que tal vez el modelo se demuestre más como algo inventado que real. Cosa que, por otra parte, corresponde a todos los modelos.

¡Un beso!

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Mujerdeallado, planteas muchas cosas que no sé si sabré recoger adecuadamente.

No me tengo por platónica, al menos en el sentido en que comúnmente se suele entender este término y que resulta antes de la interpretación que la tradición hizo de Platón que de Platón mismo. Sin embargo, sí creo en el valor de los ideales, que deben servirnos de guía para afrontar y cuestionar la realidad que nos rodea.

En cuanto a la incondicionalidad del amor paterno, creo que ya he expresado mi posición en la respuesta a Juanjo. Del afecto paternalista, pues diría que depende de dónde, cómo y en qué grado se aplique. No necesariamente tiene que ser pernicioso, aunque tal vez sí en lo que al Amor respecta.

Creo que por otra parte había entendido los versos de Maillard en el sentido en que apuntas. En efecto, recrearse en la herida no sirve para nada, pero aceptarla y reconocer su presencia en nuestro ser sí me parece necesario para evitar que nos condicione en exceso, y para aprender asimismo a sobrellevarla. Me viene a la cabeza el cuento de Kafka "Un médico rural", cuento que me parece que expresa a la perfección cómo la negación de la herida sólo conduce a la confusión, al desconcierto e incluso al odio.

Por último, tranquila, no soy de las que se sulfuran fácilmente :)

¡Un beso!

Anónimo dijo...

Por supuesto que hay muchos ejemplos de amor paterno bastante discutibles, pero como los hay de días de verano que no lo parecen o de vete tú a saber qué... En esencia, el amor paterno.filial, cuando lo es genuinamente, creo que es como te decía en mi comentario anterior.

En cuanto al interés, mira que yo soy escéptico y hasta desconfiado, pero mantengo lo dicho: hay ejemplos de gente que no busca el interés, ni la subida del ego, aunque de refilón encuentre recompensa en sus buenas acciones...

En fin, largo tema, y opinable... Mi visión no es tan categórica como la tuya.

lamujerdeallado dijo...

Antígona, tengo que confesarte que ando un poco perdida... a ver si digo algo con sentido. Primero: refieres al relato "Un médico rural", no al conjunto de relatos titulado "Un médico rural", me imagino. Segundo: tengo que protestar aunque sea débilmente, porque me parece que abusas de los sentidos del témino herida. Una cosa es la dentellada en la carne de la fiera insaciable de afecto, compañía, etc. -esa que tratan los médicos del alma con palabras- y otra la herida o enfermedad del hombre por el mero hecho de ser hombre, esta enfermedad que aqueja al paciente y al médico por igual, sabedores ambos de que no hay salvación posible. En Kafka esta herida toma una profundidad y una complejidad descomunales, porque era judío. Tenía más alma, por decirlo así. Todos los grandes a su lado parecen enanos (Beckett, sin ir más lejos). Creo que el médico del alma, que nos trata "para que el agua envenenada pueda beberse", llega un punto en que le señala a su paciente la otra herida y cómo esta herida, justo al contrario de la otra, que se restaña con una última y definitiva reflexión, cómo esta herida, decía, no sólo no se cura sino que adquiere dimensiones cada vez más y más descomunales gracias a la observación, la imaginación y la reflexión. Está hecha de palabras que no consuelan. O quizá sí, quizá la herida es su propio consuelo.

Cuántas palabras. Será que me inspiras o será que no quiero enfrentarme al pus aunque dé a entender lo contrario.

Bs Ns

lamujerdeallado dijo...

Resumiendo: a más cabeza más herida. La otra herida, la del pus, la del veneno, es infinitamente más modesta y, aunque duela, es muy de andar por casa.

Anónimo dijo...

Antígona, no hay peligro de que me venda por un poco de calor o unas cuantas ideas. Sigo detenida en el pánico.

Pero si leo me parece que me muevo. Gracias!

A

Anónimo dijo...

No estoy para nada segura de que pueda hacerse un corte neto entre la herida A y la herida B.

A

Tako dijo...

(si alguna vez nos encontramos en un zoo sé que animal te llevaré a ver primero)

Querida Antígona

La vida del equilibrista no es nada emocionante. Bueno o sí. De todas maneras tú misma la has parametrizado en tus respuestas así que poco a añadir. Sólo que espero que el león no acabe por romper la cuerda.

Besos, manteniendo el equilibrio

Pd.- Y sí, puedes llamarme negativo.

Escéptico dijo...

Yo, sin dudarlo, apuesto por la tercera.

Marc dijo...

En según que amores, no eres dueño y, entonces, estás vendido...;)

Cualquier relación exige renunciar a algo propio, la cuestión es que no sea algo que constituya la esencia de nosotros, ya como concreción individual. Difícil encontrar ese punto intermedio que marca que donde no hay libertad, ya no hay amor.

Respecto al dar desinterademente y sin recompensa, pienso que la persona que da obtiene una recompensa psicológica, aunque no reciba ni las gracias de beneficiario.
En personas religios he llegado incluso a oír, que hasta en las limosnas hay más beneficio para el que da que para el que recibe.

En fin, después de esto te voy a dar un beso desinteresado;)

un árbol dijo...

Heridas, hambre de amor, venderse...

Todo lo que se hace con miedo es una actitud miserable que no proporciona satisfacciones.

El miedo a que no nos quieran nos hace desprendernos de lo mejor de nosotros.

La solución es tener un sólido afecto: el propio hacia nosotros mismos. Sólo si nos valoramos en nuestra justa medida seremos conscientes de cuánto estamos dispuestos a perder.

La cuerda floja es un lugar harto hospitalario siempre que consigas asumir el riesgo.

Renunciar a la propia esencia o a la propia libertad por un puñado de besos y tres palabras bonitas es penoso.
Es mendigar mentiras. Es comer mierda.

Ante eso, prefiero declararme en huelga de hambre. No me vendo. Me regalo cuando me place.

El resto, miseria.

Precioso post, muy profundo y muy cierto.

Un beso, linda.

Anónimo dijo...

Tako, ¿qué animal me llevarías a ver, rico? Ardo en deseos de conocerte mejor.

Este es un post de palabras y alguna idea. ¿Sabes qué dijo Kakfka de las palabras? Escucha: "Los hombres se esconden del paso del tiempo tras las palabras y las ideas gastadas. Por eso la verborrea es el baluarte más fuerte del mal. Es el conservante más duradero de todas las estupideces".

Antígona dijo...

JJ, no pretendía ser categórica, el tema es complejo y simplemente me planteo preguntas al respecto que pondrían en entredicho esa absoluta generosidad del amor paterno o materno.

En relación al interés, también yo creo que hay acciones en las que no se busca la satisfacción de un interés propio. Otra cuestión sería tal vez la de si interés no se nos cuela, aun sin buscarlo intencionadamente, por el sitio que menos esperamos. Pero tampoco en este caso podría decirlo con plena seguridad. Aunque a veces, tal y como lo expreso, lo parezca :)

¡Un beso!

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Mujerdeallado, me refiero al cuento titulado "Un médico rural" y si lo he mencionado es porque creo que toda herida ulterior proviene de esa herida consustancial al ser humano e incurable de la que habla Kafka. Es decir, que sólo porque esencialmente cargamos con esa herida pueden producírsenos otras heridas en nuestra carne mortal. Pienso que esa herida primigencia no es sino la condición de posibilidad de cualquier otra.

Por otra parte, es posible que la autoconciencia nos haga más sensibles a la herida. Pero para aprender a convivir con ella no hay más remedio que conocerla.

¡Un beso!

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A, estar detenido por el pánico no es un estado muy aconsejable. La vida pasa deprisa y es mejor ponerse en movimiento cuanto antes. Como le he dicho a mujerdeallado, tampoco para mí puede distinguirse claramente entre la herida incurable y la pasajera. O sí, pero siempre teniendo claro que ambas están conectadas.

¡Un beso!

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Querido Tako, me gustan los leones, pero me gustan más los "Lopintan" ;)

Me parece que la vida del equilibrista sí tiene emoción, y mucha, puede que tal vez no tanta como la del cazador de leones, pero al menos el equilibrista no corre el riesgo de ser devorado.

No te me pongas pesimista, anda, que eso no va contigo :)

Besos leoninos

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Escéptico, ya sabía yo que eras un hombre inteligente :)

¡Un beso!

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Totalmente de acuerdo contigo, Marc, la diferencia estaría entre seguir siendo dueño de uno mismo en el Amor o haberse perdido totalmente en manos de otro. Y digo totalmente porque el perderse en el otro también me parece necesario, sólo que siempre conservando algún agarradero con respecto a uno mismo.

Es verdad, por desgracia el punto intermedio siempre es lo más difícil, pero ahí está precisamente el reto y la aventura. Siempre se puede seguir intentándolo si no nos sale a la primera :)

Como le decía a JJ, la idea del desinterés me plantea problemas, y es un buen ejemplo el que señalas. La recompensa psicológica me parece indudable. Otra cosa es que eso se pudiera llamar interés.

¡Otro beso desinteresado, si es posible!

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Un árbol, mejor y más clarito no se podría haber dicho. Estoy contigo en que cada uno es para sí el afecto más sólido que puede tener. Pero por alguna razón nos cuesta hacernos a la idea de que si hay alguien que no nos va a fallar, ése somos nosotros mismos. Tal vez porque somos conscientes de nuestras propias fallas y nuestras debilidades.

Ahora, mejor aprenderlo cuanto antes porque de lo contrario la posibilidad y la tentación de vendernos, la miseria de la que hablas, se precipitarán sobre nosotros a la mínima.

Yo también optaría, en caso de emergencia, por la huelga de hambre. Pero sólo como estado de excepción y no como norma de vida. ¡Qué aburrimiento, si no! :)

¡Un beso, guapa!

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Anónimo, le dejo la respuesta a tu comentario a Tako, cómo no. Sólo diré que por fortuna las palabras no sólo conservan estupideces. Aunque también.

Tako dijo...

Tako, ¿qué animal me llevarías a ver, rico? Ardo en deseos de conocerte mejor.

Ten cuidado... no te quemes :P

Anónimo dijo...

La Ur-herida. Oh, qué bonito, Antígona. Me temo, sin embargo, que eso es para cuatro monjes, cuatro pijos y cuatro bohemios, entre los que incluyo la gente del teatro (de calidad, huelga decirlo). El resto están, a veces estamos, ocupados en dar o recibir golpes bajos y muchos se mueren, a veces morimos, a causa de esos golpes bajos. El año pasado murieron en el mar 6.000 africanos que intentaban llegar a nuestro fantástico país.

Tako, eres encantador... Me has seducido y ni siquiera sé tu nombre :-). Qué poderosas son las palabras, ¿eh? Has sido una muy grata sorpresa.
A

juan rafael dijo...

Ese hueco hay que llenarlo con experiencias: da igual ya sean las buenas sensaciones, las dolorosas o las vertiginosas. Hay que pasar por las tres.
Besos.

Anónimo dijo...

¿Cómo que hay que pasar por las tres? ¿De qué deber hablas, juan rafael? ¿Se trata de alguna prueba que te acredite como hombre? Lamento decir que ni sufrir ni gozar nos hace más hombres. Todo esto es experiencia en bruto, ni siquiera verdadera.
A

Anónimo dijo...

Ese hueco, querido, es el lugar donde florece la angustia. Tus trucos y tus palabras y tus saltos son para mí un cúmulo de experiencias agridulces pero, como te decía, son material en bruto hasta que no lo convierta en verdad, quizá con tu ayuda... ni siquiera estoy muy segura de que la verdad pueda, ella sola, combatir la angustia y llenar ese vacío, porque se ensancha y se agudiza a veces con bien poca cosa, una frase a medio decir, y una realidad que se barruntaba sólo cobra fuerza, unas notas que se destacan de pronto entre las otras, tus máscaras...
A

Anónimo dijo...

Querida Antígona, he comprendido bien, aunque tarde, que me estoy vendiendo y eso ni hablar. Así que enmudezco para siempre... en este peculiar escenario, por supuesto. En el que las heridas parece que se desplazan sobre ruedecitas de un lado a otro, incansables, ajenas -en general- al malolor que desprenden. (Y quién sabe si no "habré de" desaparecer de todos los escenarios: esperaba un llamado tuyo... ¿Será mi camino el de la renuncia? ¿Autoimpuesta? No me refiero a que me la imponga yo o a que me la impongas tú sino a que se impone por sí misma -no domino el español-).
Gracias a tutti quanti i bona nit.
A

Antígona dijo...

Juan Rafael, estoy de acuerdo, hasta la renuncia es una experiencia que sólo conoceremos en sus aspectos positivos y negativos una vez la hayamos vivido. Es posible que cada cual a su manera haya ya pasado por todas ellas. Y sólo así cabe aprendizaje y en función de él mejor elección.

¡Un beso!

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A, es cierto que esa herida originaria sólo puede ser tematizada por una minoría privilegiada. Pero a mi entender todo el mundo la siente, con mayor o menor grado de conciencia, sean cuales sean sus condiciones. También, por supuesto, quienes sufren golpes bajos a cada paso, dentro de cada uno de esos golpes. Y quienes los dan.

¡Un beso!

Anónimo dijo...

Invado tu espacio y me paro un segundo, solo puedo decir... me gusta lo que escribes... y COMO lo escribes.

Antígona dijo...

Puedes invadir mi espacio, que es el de todo el que se quiera pasar por aquí, siempre que te apetezca. Me alegro de que te guste.

¡Bienvenido y un beso!