martes, 13 de marzo de 2007

Gravedad


En unos de los árboles que hay frente a mi ventana una pareja de pájaros ha empezado a construir un nido. Cuando me levanto por la mañana ya están ahí los dos, buscando incansablemente ramitas en los árboles de alrededor, trayéndolas al futuro nido, entrelazándolas con lo que comienza a ser su base. De cuando en cuando, uno de los dos se coloca encima, como si quisiera comprobar la resistencia del entramado que han ido tejiendo. La construcción avanza rápidamente, y parece que les apremiara la urgencia por terminar lo que será el cobijo de sus huevos primero y sus pollitos después.


No deja de sorprenderme verlos tan afanosos y trabajadores, tan entregados a su tarea. En ningún momento se detienen. Saben perfectamente lo que tienen que hacer y cómo hacerlo, y lo hacen. Sin más. Probablemente como cada primavera. La salida cada vez más temprana del sol, el mayor calentar de sus rayos, el incipiente verdor... todo un conjunto de factores dispara en ellos los resortes que los disponen a procrear sin tener que tomar ninguna decisión al respecto. Sin dudas ni vacilaciones. Sólo siguiendo los dictados de una naturaleza que, a través de ellos, manifiesta su poder.

Por un momento los imagino contentos, ilusionados con la perspectiva de su nueva familia. Al menos eso es lo que delatarían sus movimientos, tan vivos y diligentes. Luego pienso que no cabe alegría donde no ha habido elección, como tampoco cabe el miedo a equivocarse ni la sombra del fracaso.


Aun así, en parte los envidio. Quién no ha querido en algún momento verse liberado de este juego de la decisión al que estamos abocados. De las dudas perpetuas y de los temores que entraña. Quién no ha deseado alguna vez que los diversos caminos que siempre tenemos enfrente se redujeran a uno único y necesario. Así sabríamos, con la misma certeza que los guía a ellos en la construcción de su nido, cómo construir nuestra propia vida, cuál debe ser nuestro siguiente paso, ajenos a toda clase de zozobras y titubeos, a la preocupación por el desacierto y sus consecuencias.

Quién no ha soñado alguna vez con tener de antemano todas las respuestas. O mejor. Con la desaparición de todas las preguntas.


Pero si lo pienso bien, creo que lo que realmente les envidio es algo mucho más sencillo. Que esos pequeños cuerpecitos, también sin turbación, angustia o desasosiego alguno, sean capaces de burlar a cada instante una ley de la que nosotros sólo precariamente podemos escapar.

¿Hay alguien que no quisiera poder volar?

7 comentarios:

Duschgel dijo...

Siempre digo que el gran mal del ser humano es que se ha desviado totalmente de la naturaleza y hasta con GPS andamos perdidos. Somos unos seres muy extraños.

Y a nosotros sólo nos queda volar con la mente.

Un beso, Antígona, y buenas noches.

Antígona dijo...

Creo que en parte tienes razón, Dusch, pero también pienso que el hombre nació ya "desviado", si se puede decir así, por su radical diferencia con respecto a los otros seres y su extraña posición entre ellos.

Y sí, lo de volar con la mente siempre es un recurso, pero... ¿te imaginas lo que sería volar de verdad, sentir el airecito en la cara, ver las cosas desde las alturas, y con el mismo esfuerzo que simplemente empleamos para andar? Buah, qué maravilla si se pudiera!

Un besazo

Duschgel dijo...

Justamente esta noche soñaba que iba volando con una especie de parapente, pero mucho más pequeño. Tenía que soltarme de una mano y me quedaba pendida de la otra, pero el cuerpo no me pesaba, flotaba casi por sí solo. Y pasaba por encima de un montón de gente y el sol era de atardecer, y coloreaba todo de un naranja claro. Es una sensación preciosa. Suerte que el cerebro tiene mecanismos de simulación.

Un beso :-)

Déjà vie dijo...

seguro q si fueras pajaro querrias ser humana ;)

Antígona dijo...

Dusch: Uff, qué gustazo! Yo hubo una temporada que soñaba muchísimo que volaba, y las sensaciones eran tan "reales" (si es que se puede hablar de realidad cuando se trata de algo que nunca se ha vivido) que me despertaba alucinando en colores. Así que benditos mecanismos de simulación!

Déjà: Pues a lo mejor. Igual la parejita de pájaros me mira a mí a través de mi ventana y se dicen el uno al otro: mira ésta qué tranquila está, que ni tiene que construir nido ni ná con la llegada de la primavera. Qué dura es la vida de pájaro ;)

Tako dijo...

Me apunto a volar. También me tira mucho nadar y disfrutar de corrientes, augas dulces, profundidades abisales... vale me he ido de tema.

Besos

Antígona dijo...

Buah, quién no se apuntaría? Y no creo que te hayas ido nada del tema... a mí también me encanta el agua y creo que es igualmente por la sensación de ingravidez de uno tiene flotando...

Mmmmm... ¿o estás pensando, ahora que caigo, en aguas como las del blog de Dusch? (Creo que a estas horas de la mañana se me va un poco la pelota...)