viernes, 17 de agosto de 2007

¿Y si hablamos de arte?


En materia de arte soy más bien ignorante. Muy ignorante, incluso. Tal vez por ello cada vez que voy a un museo mi cabeza se llena de interrogantes para los que no consigo encontrar respuesta. Juraría, además, que se trata de una experiencia compartida. Vosotros me corregiréis...

Ya el propio recinto que supone el museo me resulta problemático. No me extrañaría que mi capacidad de asimilación fuera muy escasa, pero reconozco que un par de horas contemplando cuadros acaban por rebasarla y la sensación de saturación desemboca en pura ceguera. Por otra parte, la profusión de cuadros invita a un recorrido a todas luces apresurado que me parece rayar en el sinsentido. Porque, ¿qué hemos percibido de cada uno de los cuadros si apenas hemos permanecido un par de minutos -y a lo mejor ya es mucho- frente a él? ¿Qué experiencia pueden proporcionarnos en tan escaso margen de tiempo y rodeados de tantos otros cuadros que también deben llamar nuestra atención? ¿No es, paradójicamente, un museo el lugar menos propicio para abandonarse a las sensaciones que, se supone, la obra artística quiere transmitirnos? Tiendo a pensar que sólo podríamos acercanos al misterio que esconde cada una de ellas tras largas horas no sólo de contemplación, sino incluso de convivencia con la propia obra, que así se nos aparecería bajo diferentes luces a lo largo de un día o templada por nuestros diversos estados de ánimo. Ya lo sé, pido un imposible. Pero a lo mejor en este caso también podría hacerse valer aquel "seamos realistas..." del sesenta y ocho.

Más allá del propio marco en que a nosotros, habitantes del siglo XXI, se nos ofrece el arte, es probablemente su propia historia y el momento que nos ha tocado vivir de ella lo que más preguntas me suscita. Al disponer los cuadros con una ordenación cronológica, cada museo es como un espejo de la historia del hombre donde se reflejan las inquietudes, las formas de la sensibilidad y las diversas maneras de entender el mundo que le han ido caracterizando a lo largo del tiempo. Se trata, por otra parte, de una historia contada de una manera peculiar: la que, según hemos oído desde niños, pivota sobre la construcción y percepción de la belleza. Pese a que las dimensiones y motivaciones que entraña cada obra de arte son múltiples y complejas, los conceptos de belleza, goce estético y disfrute de la sensibilidad son probablemente los que más familiares nos resultan cuando reflexionamos sobre el sentido del arte. Aunque también sabemos que la percepción de la belleza ha variado en el curso del tiempo y que el alcance y constitución de nuestra propia sensibilidad pertenece, en consecuencia, a un momento histórico preciso y limitado.

Sin embargo, precisamente por ello, ante las obras de algunos movimientos vanguardistas del siglo XX no puedo dejar de sentir una cierta desazón. Porque en ellas la cuestión de la belleza parece volverse irrelevante, cuando no imposible, y los interrogantes que se nos imponen son más bien los siguientes: ¿qué es lo que su autor quería decirnos con esta obra? ¿cuál es su significado? Y en el peor de los casos, ¿por qué carajo -sí, hasta con irritación- es esto una obra de arte? Si además estamos al tanto de la burla a la institucionalización del arte llevaba a cabo por Marcel Duchamp al introducir un urinario en una prestigiosa galería de arte -provocación que ha sido entendida como una denuncia al hecho de que el criterio para distinguir una obra de arte de lo que no lo es resida hoy por hoy en su mera ubicación en el contexto de un museo-, sospecharemos incluso si no podríamos estar siendo víctimas de una notable tomadura de pelo.

Os pondré algunos ejemplos de a qué me refiero:



Este es un cuadro de Piet Mondrian, titulado Composición de colores I. Hay que admitirlo: el título no invita a lanzarse a la búsqueda de un supuesto enigma oculto tras el simple trazado de verticales y horizontales. A mí, cautivarme no puede decirse que me cautive. Más bien me deja un poco fría y lo primero que se me viene a las mientes es que con un buen rotring y una caja de acuarelas podría tener un Mondrian en mi casa. Vale, frivolidades aparte, ¿es esta sensación de frialdad la que Mondrian quiere provocarnos? ¿Nos está sugiriendo algo así como la simplicidad y vacío del hombre del siglo XX, su exceso de racionalidad, su mentalidad calculadora? A simple vista, imposible saberlo, y tendríamos más bien que remitirnos a un tratado de arte para averiguar las intenciones de Mondrian y saber por qué hemos de apreciar este cuadro como una obra de arte.



En esta otra pintura, ahora de Mark Rothko, el título, Verde sobre morado, vuelve a limitarse a una constación aséptica de lo que en él se puede ver. Se nos ocurre que con este lienzo, de grandes dimensiones al natural, Rothko querría fundamentalmente sumergirnos en la experiencia del color. Las sensaciones que suscita son muy distintas a las del cuadro de Mondrian. Sin embargo, nuevamente nos topamos con una simplicidad que cuanto menos nos deja perplejos. ¿Es tal vez esta perplejidad lo que se aspira a generar en nosotros? ¿Es esto una obra de arte por su originalidad, es decir, porque, a la vista de cualquier cuadro del Renacimiento, esta versión del arte resulta totalmente inesperada? Creo que otra vez tendremos que recurrir al manual.



Y un último cuadro de Jackson Pollock, esta vez con un título más sugerente: Ritmo de otoño, número 30. Al contrario que en los ejemplos anteriores, aquí no percibimos simplicidad, sino caos y confusión. La sensación es de vida, de movimiento y uno puede perderse tratando de imaginar figuras, conexiones de formas en medio de ese magma de líneas Pero, ¿por qué Ritmo de otoño? Es cierto que el fondo marrón puede evocarnos el otoño, pero ¿y el resto? ¿Pretende Pollock comunicarnos la experiencia subjetiva de un otoño caótico vivido por él? ¿Qué sentido tiene para nosotros? El manual, por favor...

No voy a poner en duda que tras estos cuadros se esconde una voluntad creadora y expresiva tan potente como la que reside en el arte de otras épocas. Incluso su visión me recuerda ciertas teorías de Theodor Adorno sobre la función esencialmente crítica del arte en una sociedad desgarrada por profundas contradicciones. Es innegable que tratan de decirnos algo. Pero por ello mismo lo que sí me parece bastante obvio es que este arte, al menos en comparación con otros momentos de su historia, apela más a nuestro razonamiento y afán de comprensión que a nuestros sentidos, más a nuestra cabeza que a nuestro corazón. Y que apreciar el arte contemporáneo requiere de un saber teórico por el que se demuestra que nuestra experiencia del mismo poco puede tener que ver con la de los fieles extasiados en la Capilla Sixtina ante los frescos de Miguel Ángel. ¿Algo hemos perdido? ¿Algo hemos ganado? Difícil precisarlo.

Me ha salido un post bastante rollero, sí, pero espero que sabréis disculparme. Y desde luego me encantaría conocer vuestras impresiones como visitantes de museos que sóis o habéis sido.



20 comentarios:

Antígona dijo...

Queridos y queridas, estaré unos días fuera y supongo que hasta el lunes no podré responder a vuestros comentarios, así que, mientras tanto, ¡buen fin de semana a todos!

¡Besos!

Tako dijo...

Pequeño comentario rollero al post rollero :P

Los primeros museos que recuerdo con cariño son el prado de Madrid y el Van Gogh. En ambos un profesor tuvo que retroceder para sacarme del museo, cuando yo estaba por la mitad y eso fastidia mucho. Claro que también tengo museos en los que me podías cronometrar.

Hablando de Mark Rothko. Hubo una época de mi vida en que tuve la suerte de poder visitar repetidamente el Guggenheim y entre Serra y Warhol me topé con toda una exposición (unas siete salas, creo recordar) dedicadas a él. Aún hoy en día no lo entendiendo. Acepto iluminación por parte de algún especialista en arte.

Ah! Disfruta del fin de semana a tope!

Besos

Antígona dijo...

Hoooolaaaa, Tako!!! Me pillas a punto de pirarme, así que sólo un saludito y contestación a la vuelta. Disfruta tú también y ¡¡¡besos!!!

Escéptico dijo...

Un tema complicado. Es decir: otro tema complicado. Veamos...

Uno de los problemas de la sociedad actual reside en que la economía lo impregna todo. La economía desde un punto de vista materialista, no sólo consumista. Todo tiene un precio; todo, de hecho, HA DE TENER un precio. Las diferentes experiencias que se realizaron para que el acceso a los museos fuera gratuito sirvieron de muy poco. Necesitamos, inconscientemente, saber que por un servicio hemos de pagar algo o, de lo contrario, lo infravaloramos. Haced la prueba, sino, a la puerta de un concierto: intentad regalar una entrada que supuestamente os sobra; veréis la cantidad de gente que os mira con recelo antes de que alguno la acepte…

Esa sensación tan extendida también tiene otra cara: una vez hemos pagado por un servicio sentimos la necesidad de agotar la oferta que, en justicia, hemos de recibir por nuestro dinero. Así pues no es extraño que si hay una oferta del 2x1 en el supermercado cojamos ese producto que en principio no teníamos pensado comprar, que si pagando una hamburguesa te regalan otra, engullas más cantidad de grasas y proteínas de las que realmente te apetecían y necesitabas…

Cuando uno se mete en un museo, una vez pagada su entrada, comienza el recorrido por sus diferentes salas teniendo como principal objetivo recorrerlas todas, más que el disfrute que cada cuadro de forma individual puede aportarle. No es extraño, entonces, que el tiempo medio utilizado en cada una de las estancias del museo sea inversamente proporcional al número de salas recorrido. Vemos que pasa el tiempo, que nos queda mucho por ver y que no podremos abarcarlo todo: en consecuencia, aceleramos el paso.

Una de las pocas películas en las que la versión, para mí, superó a la original, fue “El secreto de Thomas Crown”. En ella, entre otras muchas cosas, me encantó la actitud del señor Crown ante todas las excelencias del museo. Llegaba, se sentaba ante el cuadro que amaba, se tomaba un bocadillo, paladeando cada trazo del óleo, recogía sus pertenencias y regresaba al bullicio de su vida.

Esto haría que retomáramos, siquiera de refilón, una de nuestras charlas recientes: la energía que desprenden las cosas, las personas y los lugares. Vamos demasiado rápido para notar si el estar a gusto o no en un museo es por el contenido, en cuanto a la distribución de las obras o a la calidad de las mismas, o por el continente, por el diseño del edificio o por la energía que desprende. Hay mucho que percibir en lugares como esos, tanto positivo como negativo.

Yo recomendaría, y así espero hacerlo con mis hijos, la visita a un cuadro escogido del museo. Y sólo a uno. Incluso de ese Rothko tan extraño. Pero con un proceso previo de lectura sobre el autor, sobre su obra previa, para que nos ayude a entender, muy someramente, cómo llegó el autor a pintar ese lienzo en concreto. Una vez ante el cuadro, y esto entroncaría con la conversación que tuvimos sobre los desiertos, en lugar de intentar analizar la información que poseemos y recibimos, tratar tan sólo de poner la mente en blanco, empapándose de las sensaciones que la obra quiere transmitirnos. No podemos racionalizar todo cuanto nos rodea; y menos que todo, el arte, pues éste es principalmente, un transmisor de sensaciones.

(Rollo x rollo)

NoSurrender dijo...

Bueno, si yo tuviera que pasar dos horas delante de un Mondrian me aburriría solemnemente. Y decidiría, al igual que esa chica a la que Woody Allen trata de ligarse en el MOMA en Sueños de un seductor, suicidarme el próximo sábado.

No tengo nada contra el arte moderno y hay algunas cosas que me inquietan y me seducen, sí (Pollock, Kandinski…). Pero me temo que se trata de un mundo tremendamente endogámico, cargado de conceptualidad y simbolismos ajenos a lo que normalmente captamos. Y que se mantiene gracias a un verdadero mercado financiero cerrado y muy, muy rentable tanto para marchantes como para millonarios (la oferta limitada a la vida del autor, las subvenciones públicas, las plusvalías no contributivas, la opacidad fiscal, el enorme margen sobre costes…)

La angustia del nihilismo en algunos artistas (Mondrian, por ejemplo) lo percibo como un rocambolesco discurso hiperpedante que me resulta completamente ajeno. Me alegro mucho por quien lo disfrute.

Besos!

Gato dijo...

¡¡El de arriba lo conozco!! Es el famosísimo "Media lentilla a remojo en solución única". Leí el significado una vez y simbolizaba las limitaciones de percepción del artista cuando crea... y bueno, unas reflexiones muy profundas...

AA dijo...

Anti por Dios que te has tomao?
paso palabra.
Besos! Disfruta!!!!!

AA dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
NoSurrender dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
EL MARTIN PECADOR dijo...

Hola mi pqueña Colérica. El Pecador en un descanso en sus vacaciones ha vuelto para leerte y que le líes un poquiro la cabeza con tus travesuras. Soy el arte que sueño, y sueño porque estoy aquí. As´´i he soñado recordando a Rothko, Duchamp, Mondrian ... y a muchos otros. ¿Qué es el Arte en la pintura? Y yo que sé -diría en primera opción-, luego pensaría en la expresión del pensamiento, en la composición, en la búsqueda de sensaciones.Pero como dije antes, yo no sé ...
Sólo sé que El Martín pecador ha venido aquí para saludarte y desearte lo mejor.

koolauleproso dijo...

Yo soy licenciado en Historia del Arte, y todavía me acuerdo de la agria "pelotera" que tuve con mi profesora de arte contemporaneo, cuando mantuve mi teoría que la pintura, después de la invención y desarrollo de los nuevos medios de reproducción mecánica (la fotografía, el cine) había dejado de tener sentido como tal (de hecho el siglo XX, ya vio como los diversos experimentos pictóricos, después de Picasso-ques el último gran Artista-, eran más objeto de la atención de los especuladores financieros, que de los historiadores del arte.

He dicho (como puedes comprobar mi propensión al "rollazo" no tiene enmienda).

koolauleproso dijo...

Aunque repasando la sucesión de "rolleros" que me preceden, veo que lo mío tampoco es para tanto.

Mandarinada Contraproduent dijo...

Me gusta perderme en las salas de los museos grandes y sentarme, aunque sea en el suelo, e inventar historias con los cuadros que veo, dejar volar la imaginación agotada por la vida diária y soñar que quizás ese cuadro me habla, me mira, me sonrie, me increpa o me llora.

Estoy mal de la cabeza por sentir esta necesidad?

Marc dijo...

Tengo que confesar que, últimamente frecuento, sobre todo, centros de arte. Estos sitios utilizan el reclamo de las exposiciones temporales como atractivo, con lo que consiguen que acudas cada tres meses a sus instalaciones, que son también un reclamo, al que han añadido toda una serie de servicios para atraer a unos visitantes ávidos de arte y vanguardia como otro bien de consumo de masas propio de las sociedades desarrolladas.

En estos espacios las obras que se exhiben buscan atraer al visitante con algo novedoso, y en el que a falta de mejores ideas o de una estética bella, echan mano de la provocación como elemento fundamental. Aquí claro, cabe todo, y es donde se da muchas veces el absurdo y el fraude, por otra parte, difícil de distinguir. Con este tipo de exposiciones sin guía, o manual si le hay, o critica esbozada en algún diario estas perdido; porque no vas a ver nada, porque allí no hay nada si no lo intelectualizas, salvo lo evidente.

Así lo veo, lo sufro y lo disfruto.

Un beso Antígona, con mucho arte, pero del bueno;)

Antígona dijo...

Bueno, Tako, me alegro de que haya museos que recuerdes con cariño y si el profesor tuvo que sacarte a la mitad es porque lo estabas disfrutando. Aunque en el post he criticado la idea del museo, no hay que dejar de tener en cuenta que es gracias a ellos por lo que el arte se ha vuelto accesible a todo el mundo. O al menos físicamente accesible, si no intelectual o estéticamente. Y eso constituye sin lugar a dudas un aspecto positivo.

En cuanto a Rothko, dado que todavía no se ha presentado ningún experto que te ilumine, te dejo aquí un link que tal vez te sirva de algo:

http://www.museothyssen.org/thyssen
/accesible/coleccion/ficha526.htm

¡Un beso!

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Escéptico, estoy de acuerdo con lo que planteas, los museos son lo que son pero nosotros, como usuarios, siempre podemos hacer un uso más reflexivo e inteligente de ellos y no dejarnos llevar por las dinámicas de consumo que señalas. Es posible que concentrándonos en un solo cuadro consigamos sacarle más partido al precio de la entrada que paseándonos de sala en sala tratando de agotar su contenido en una sola visita. Sigo pensando que el museo tiene sus limitaciones –estaría muy bien que, tal y como aparece en la película que citas, uno pudiera plantarse con su bocadillo ante un cuadro y “convivir” con él aunque sólo fuera mientras se almuerza- y que el marco no suele ser confortable ni invitar a esa detención frente a un cuadro, pero es lo que hay y mejor que nos inventemos formas de sacarle partido.

También es cierto, por otra parte, que cuanta más información se tiene de un cuadro o de su autor más aspectos del mismo comprendemos. Pero a lo que quería apuntar con el post es si en el caso de algunos movimientos vanguardistas esta información, en lugar de constituir un complemento enriquecedor para la experiencia estética, no acaba convirtiéndose en un factor absolutamente indispensable de la misma, lo cual demostraría que el arte contemporáneo ha sufrido una suerte de intelectualización si no ajena, al menos mucho menos presente y decisiva en la producción artística de otras épocas.

¡Un beso!

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NoSurrender, me has hecho reír al recordar esa escena que aparece en Sueños de un seductor. Menuda parrafada que suelta además la chica a la que Woody Allen se intenta ligar, con la que éste parecería estar burlándose no sólo de la propia pendatería del arte moderno, sino también de la pedantería a la que da lugar en aquellos que se pretenden entendidos en él.

Totalmente de acuerdo en el carácter endogámico y críptico que señalas, de hecho es uno de los aspectos en los que más inciden los estudiosos que tratan de analizar la evolución del arte desde una perspectiva crítica. Según ellos el gran público apenas habría llegado a comprender el impresionismo de finales del XIX, con lo que se encontraría a años luz de poder entender lo que se hace en los últimos tiempos. Y esto no puede aislarse, como muy acertadamente comentas, de lo que ya desde hace unas cuantas décadas se ha venido denunciando como la mercantilización del arte, proceso en el que el valor estético es sustituido por un valor económico ajeno a criterios puramente artísticos. ¿Tal vez una dinámica absolutamente coherente con los valores economicistas que imperan en los demás ámbitos de la vida tal y como se vive hoy día, con esa primacía del mercado que ha acabado conquistando hasta la esferas de mayor intimidad de los individuos? Yo diría que es por ahí por donde van los tiros.

Me da la impresión de que es nihilismo y angustia lo que efectivamente destilan cuadros como el de Mondrian, y no hay que olvidar la motivación crítica que animó en su día a las vanguardias. Pero es cierto que parece haber un hiato, un profundo divorcio, entre lo que pudo querer representar ese arte y las formas que adoptó para ello cuando pensamos en lo que tales cuadros logran transmitirnos. Factor que, por otra parte, podría haber contribuido a la asimilación y domesticación de ese potencial crítico a manos de lo que se ha llegado a designar como la industria del arte.

¡Un beso!

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Gato, si es que ya me parecía a mí que a ti el arte contemporáneo no te iba a dejar indiferente. Y la interpretación que leíste me parece muy apropiada: ¿cómo no se va a alterar o limitar su percepción si el artista olvida ponerse una lentilla? ;) Si te acuerdas de las otras reflexiones profundas no dejes de contárnoslas.

¡Un beso!

Antígona dijo...

Ana, mujer, si no me he tomado nada más que mi dosis habitual de ácidos y un pequeño cóctel de otras sustancias alucinógenas :P

¡Un beso, guapa!

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Martin Pecador, se agradece que aproveches tu descanso para pasarte por aquí. Me alegra que los cuadros te hayan hecho soñar, aunque confío en que lo soñado no fueran pesadillas, que algunos de ellos bien podrían provocarlas ;) Tu “yo qué sé”, aunque poco tenga que ver con el tema, me ha recordado a Les Luthiers y su famoso número de Warren Sánchez :) Pero lo que dices no va desde luego desencaminado. Sigue disfrutando de tus vacaciones y mis buenos deseos para ti.

¡Un beso!

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Koolauleproso, es muy interesante lo que dices, hay quien defiende que es el cine el medio artístico no sólo más potente de nuestra época, sino el que mejor se ajusta a sus necesidades y exigencias. Y tú como licenciado en historia del arte seguro que podrías aportar muchas razones al respecto. Me hubiera gustado saber cuáles fueron los argumentos de tu profesora de arte ante tu teoría.

Y por favor, no te cortes con los rollos, que ya ves que aquí nadie lo hace. Estoy planteándome montar un concurso a ver quién se tira el comentario más largo. Aunque habrá que pensar también en un premio, claro :)

¡Un beso!

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Mandarinada, creo que de mal de la cabeza nada, me parece una manera muy atractiva de disfrutar de lo que un museo nos ofrece. A fin de cuentas, nadie puede dictaminar qué emociones o percepciones tiene que suscitarnos, subjetivamente, una obra de arte. Si algún día te veo en un museo tirada en el suelo con expresión soñadora me sentaré contigo y te pediré que me cuentes la historia que estás inventando :)

¡Un beso!

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Marc, vas a acabar siendo un experto en arte contemporáneo ;) Muy interesante lo que apuntas sobre el funcionamiento de los centros de arte y sobre el modo en que incitan al consumo. Nada puede sustraerse hoy día a esa lógica.

Parece también que la novedad y la provocación son componentes sin los que el arte que se hace actualmente no puede comprenderse. En cuanto al fraude, uno se siente francamente desarmado como espectador. Porque ¿alguien sabe cuáles son los criterios por los cuales las obras de cierto artista se consideran más valiosas que las de otro? Me refiero a los criterios artísticos, aunque a veces sospecho que esta pregunta es absurda porque en ese mercado del arte los criterios supuestamente artísticos ya no se dejan aislar de los económicos. Y en este sentido, hasta la autoridad de los críticos, pese a que no tengamos más remedio que acogernos a ella, también nos puede resultar cuestionable. Como decía NoSurrender, se trata de un mundo cerrado cuyas claves de comprensión nos están vedadas a todos salvo a los que lo dirigen y se enriquecen con él.

Eso del arte del bueno me ha gustado. Un beso requiere también de mucho arte, paciencia, técnica y mimo. Aunque también los hay provocadores y fraudulentos ;)

¡Otro beso con arte!

Duschgel dijo...

Desde luego, con muestras como las que has puesto, yo sólo siento que me quieren tomar el pelo. Sólo en el último caso puedo percibir sensaciones. Pero en términos generales yo no sé ni siquiera si quieren apelar a nuestra mente. Me sienta a puro recochineo. Y muy cierto es un punto: si está en un museo, es "arte". Vale, la cuestión es tener influencia, pues, y luego ya puedes poner una cagarruta sobre un pedestal con una firma y un título de pena. Es "arte".

Me ha gustado lo que has apuntado sobre el escaso contacto que se tiene con un cuadro cuando lo ves en un museo. ¿Cómo valorar un cuadro que ha requerido tiempo y esfuerzo en sólo un par de minutos? Si de un libro, que requiere su atención, su dedicación, sus horas de lectura, perdemos tantos detalles, ¿qué no nos perderemos de una pintura que sólo percibimos con un par de pestañeos?

¡Un beso muy grande!

La soñadora indecisa dijo...

Ufff, qué temita! Lo de Duchamp es genial o lo de Manzoni: este artista italiano decía que hay gente tan obcecada que cuando veía la firma de alguien ya consideraba que eso era bueno, así que cagó en un tarro y lo puso en venta con el título "Mierda de artista" (firmado por Manzoni) para demostrar a sus amigos que sacaría mucho dinero. Y así fue.
Si a ésto añadimos que hay entidades bancarias que invierten relativamente poco dinero en artistas desconocidos y a veces no demasiado buenos, pero que empiezan a publicitarlos y a jugar con el precio de las obras hasta que lo aumentan 10 veces, de manera que venden cada cuadro por mucho más de lo que compraron toda la colección. Especualan y muchos coleccionistas pican y compran... y en fin.
Por otro lado hay obras que yo, que no tengo ni idea de arte (me gusta sí, pero "no tengo ni idea") no entiendo, sin embargo una amiga mía que es pintora me explica que su composición es inteligentísima y novedosa, su uso del espacio, de materiales, la dispossición matemática... En fin.
Y sí, los museos agotan. Recuerdo cuando conocí el Louvre y el D´Orsay. Hay obras que me impactaron y que estuve ante ellas mucho tiempo, pero llegó un momento que ya no podía más y el resto lo vi por encima, es decir: no lo vi.

Mandarinada Contraproduent dijo...

Gracias, yo estaré atenta a ver si veo a alguien mirarme con cara de esta mujer esta loca, voy a sentarme con ella, jejejejejejeje.

Un besote bien grande!!!!

Antígona dijo...

Bueno, Dusch, creo que es una percepción que muchos hemos tenido no sólo en museos, sino en relación a otras manifestaciones del arte contemporáneo como performances o eventos similares. Y sí, la sensación de que nos están tomando el pelo muestra lo lejos que anda el negocio del arte del público al que se supone que está dirigido. Pero dentro de este mundo el poder de los museos sigue siendo mucho, son como la institución por excelencia del arte reconocido y consagrado, aquél del cual ya nadie duda que debe ser considerado como una creación artística, pese a que, como señalas, a veces sea el continente, el marco en que aparece, el que define al propio contenido, y no a la inversa.

En cuanto a lo que dices del tiempo necesario para disfrutar de una obra de arte, es precisamente eso a lo que quería apuntar. Por eso me gustan, por ejemplo, las esculturas que están en la calle o en un parque, porque nos permiten convivir con ellas y tener una percepción muy diferente de lo que es o debe ser el arte.

¡Un beso bien gordo!

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Soñadora, no conocía la historia de Manzoni, mucho más provocadora incluso que la de Duchamp pero igualmente reveladora de los mecanismos que operan en el mundo del arte.

Me temo que, como dices, detrás de ese lanzamiento de artistas noveles hay toda una serie de intereses económicos que poco tiene que ver con lo artístico y mucho con el enriquecimiento de unos pocos. Y entonces la amenaza de arbitrariedad -por qué uno sí y otro no, por qué esa obra y no otra- se convierte en una realidad palpable y casi irrevocable.

Sin querer poner en cuestión los argumentos de tu amiga, no dejo de ver en ellos cierto reflejo de esa endogamia antes mencionada que padece el arte contemporáneo. Es como si sólo expertos pudieran apreciar ciertas cualidades que al resto se nos escapan por nuestra falta de sensibilidad o formación. Es posible que sea así. Pero entonces resulta también evidente que el arte ya no se hace para el común de los mortales, para transmitir ideas o emociones que no dejen indiferentes a quien se acerque a él, o que al menos ese aspecto ha pasado a un segundo plano en favor de otros.

¡Un beso!

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Mandarinada, de "esta mujer esta loca" nada, si no no me sentaría a tu lado :)

¡Más besos!