viernes, 11 de mayo de 2007

Libertad


Siempre es el mismo mal sueño. El mismo despertar sombrío. La misma angustia.

Cae la noche. Una noche que no tendrá estrellas. Pero ellos están a salvo de la oscuridad, dentro del círculo cuya luz parece irradiar de ése que va a morir. Sus ojos no están vendados, y los mira. Una mirada digna, rabiosa, brillante, pese a que un miedo animal puede leerse en la barbilla temblorosa, en la rigidez de sus facciones.

- ¡Preparados!

Suena el ruido metálico de diez fusiles dispuestos. Siente inermes sus brazos, los dedos fríos. Pero el fusil está en el lugar correcto, alineado con los de los demás soldados, cuyos rostros no reconoce.

- ¡Apunten!

Aplica el ojo a la mirilla y enfoca el objetivo. Hasta el agitado palpitar de su corazón le parece irreal. El prisionero cierra los ojos, contrae el rostro. Pero luego los abre y vuelve a mirar al frente.

- ¡¡¡FUEGO!!!

Aprieta el gatillo.

Siente el golpe de la culata en el hombro, la detonación.

Y se produce el milagro.

La bala ha caído blandamente al suelo, y rueda hasta sus pies. Con un movimiento casi imperceptible la pisa con la punta de la bota raída. Es imposible que alguien se haya dado cuenta. El fusil se ha vuelto súbitamente ingrávido entre sus manos.


El teniente se acerca al cadáver.

- ¡Uno de vosotros no ha disparado!

Silencio.

Se vuelve hacia él.

- Soldado, ¡falta tu bala!

Un peso de plomo en la cabeza. Un ardor de bruma que lo envuelve.

- ¡He disparado, mi teniente, compruébelo Ud. mismo: el arma está caliente!

- Aquí falta tu disparo. ¡Acércate!

Empieza a caminar vacilante y se detiene ante el cadáver.

- ¡Dispara otra vez!

- ...

- ¡He dicho que dispares otra vez!

- ¡Pero el prisionero ya está muerto, mi teniente!

- ¡Que dispares!... Sin tu disparo no puede morir.

Sin tu disparo no puede morir, ha oído. Y en efecto, el prisionero, caído sobre su espalda y aparentemente ya sin vida, abre los ojos y lo mira con dulzura.

- ¡Dispara! ¡Es una orden!....¡Preparado!

Dispone de nuevo el fusil. Sucederá otra vez. Ojalá suceda. Va a suceder.

- ¡Apunten!

Nadie morirá. Dispararé pero la bala no le alcanzará. Nadie va a morir.

- ¡¡¡FUEGO!!!

Siente el golpe de la culata en el hombro, la detonación.

Y aunque sus ojos siguen abiertos, y lo miran, el rostro del prisionero se cubre de sangre.

Entonces despierta.

...

Siempre el mismo mal sueño. Desde hace cuarenta años.

Porque pudo no haber disparado. Porque no quería disparar y lo hizo. Porque sabía que iba a matar a quien
no merecía morir a manos de otros, como ningún hombre lo merece.

La huida. La desobediencia. El juicio de guerra. Volver el fusil contra el teniente. Contra sí mismo. Todas estas posibilidades se abrían ante él. ¿Acaso alguien le impedía abocarse a su propia muerte? Pudo elegir y eligió.

Por más que ella aún trate de convencerlo de que tantos otros, tantos como él, incluso peor. De que no es justo exigir a nadie que se decida héroe. Y diga que de su elección se excluyó la guerra, y la barbarie, y la estupidez humana, y el pelotón.

Cierto. Tampoco elegimos nacer. Pero aquí seguimos. Decidiendo a cada minuto que nos quedamos. Y en ese momento también pudo elegir. Igual que hubiera podido hacerlo con el cañón de una pistola sobre la sien.

Y escogió la vida dañina y luego dañada, la vida sucia de pólvora y sangre, horadada por la misma bala que disparó. Su boquete es cada vez mayor conforme pasa el tiempo.

Eligió.

Y de eso nadie lo salva.

7 comentarios:

Duschgel dijo...

¡Qué gran verdad! De todas las decisiones que se pueden tomar, la de seguir viviendo se sobrepone a todas las demás, aunque ello signifique arrastrarse día a día con heridas incurables. Creo que sólo se llega a renunciar a la propia vida cuando el conservarla supone para uno un mal insostenible y abrumador, o un agotamiento indescriptible.

¡Un besazo, Antígona!

NoSurrender dijo...

Lo he leído varias veces, antígona. Me has impresionado (de nuevo)

Siempre podemos elegir, sí. Son elecciones radicales, de ser o no ser. Como este mismo ordenador; de ceros y unos. Yo elijo el uno, yo elijo Ser.

Un libro para tu soldado, Soldados de Salamina, de Javier Cercas.

Un beso.

Antígona dijo...

Supongo que es una decisión tácita, que pocas veces sentimos como tal, pero que en el fondo sostiene a todas las demás. Sabemos que la posibilidad de quitarnos de en medio siempre está ahí y si seguimos en este juego es, de alguna manera, por voluntad propia. Aunque llegáramos a él sin quererlo.

¡Un besazo, Dusch!

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Me alegro de que te haya gustado, NoSurrender, aunque tampoco es para tanto :-)

Además, creo que tú debes de saber un rato de estas cosas, ya que hace no mucho respondías a un comentario mío citando a Sartre, y de él es precisamente la sentencia "estamos condenados a ser libres".

Es realmente difícil encontrar imaginar una situación donde no se pueda elegir, por no decir imposible. Pero claro, eso a veces se vuelve una tremenda putada, para decirlo en plata, porque preferiríamos no estar condenados a ese tener que elegir. Y eso significa además que uno siempre es responsable de lo que hace, y que en última instancia, no tiene disculpa. Como el soldado.

Gracias por la recomendación. Mi soldado ya lo conoce. Es un buen libro. Te recomiendo a cambio uno que seguro que también conoces ;-), El existencialismo es un humanismo, precisamente de Sartre.

Un beso, NoSurrender!

Marc dijo...

Ejercer la libertad no es fácil. Menos mal que tenemos ciertos automatismos..., sino nos acabaría produciendo tal vértigo la vida que acabaríamos paralizados.

Buen texto.
Un saludo

Antígona dijo...

Tienes mucha razón con lo de los automatismos, no podemos estar decidiendo en cada momento y muchos gestos no son más que el resultado de decisiones antiguas. Pero también es verdad que a veces los automatismos nos juegan malas pasadas, y nos dejamos arrastrar por ellos sin preguntarnos siquiera si el lugar al que nos llevan es a donde realmente queremos ir.
Pero sí, si no existieran, qué agotamiento!

¡Un beso, Marc!

Tako dijo...

Otro tema es hablar de las cosas que no podemos decidir o de las que deciden por nosotros, pero eso creo que son otros temas.

Buenos días Antígona, un beso.

Antígona dijo...

Bueno, eso forma también parte de la reflexión sobre la libertad, claro, pues son las condiciones que fijan el marco a partir del cual nos podemos mover. Y esas condiciones a veces están injustamente fijadas, como en el caso de la tiranía, por ejemplo, y no son inamovibles.

Buenas tardes, Tako, y otro beso para ti.