sábado, 5 de mayo de 2007

A la pata coja


Es verdad que nunca vivimos en París, ni confiamos jamás al azar la posibilidad de cada encuentro, pensando, como pensaba la Maga, que citarse en un lugar concreto era propio de gente de metódicas costumbres, incapaces de abandonarse a una casualidad siempre menos casual que las propias reglas.

Tampoco podemos recordar, ni celebrar, el haber sacrificado juntos un paraguas en un barranco del Parc Montsorius. Ni en ningún otro barranco.

Tú no tenías un Rocamadour, ni tu puente era el Pont des Arts, ni soñabas con ser cantante de Lieder y, aunque tal vez esto último sí pudo haber sido, tampoco sabías una sola canción de Hugo Wolf.

Es cierto que, un poco de lejos, compartías con ella la alegría y la torpeza y el volcar los vasos y el sacar el pie de debajo de la mesa en el momento en que alguien podía pasar y caerse, y posiblemente también ese continuo sufrimiento que yo no adiviné y que decía Cortázar que decía Oliveira que decía madame Léonie que siempre acompañaría, allá donde fuera, a la Maga.

Pero a ti no era insensato querer explicarte, pese a que tampoco pediste nunca con tanta insistencia explicaciones.

Poco sabía yo del Zen y menos de Raymond Radiguet o de Mauriac o de Lautrémont o de Lester Young, de éste tú sí.

Hubo otros duendes y otras hadas y otros bailes, pero nunca un Perico ni un Ronald ni un Etienne ni un Gregorovius secretamente enamorado de ti danzando a nuestro alrededor.

Y tampoco yo alcanzaba a ver, como sí Oliveira, mi felicidad más allá de ti ni de tus labios, sino precisamente en ellos.

Quizás por eso nunca me mordiste hasta hacerme sangrar, ni sentí yo entonces la necesidad de humillarte, ni esperaste de mí la aniquilación y la muerte, ni de ella tu resurrección fénix desde tus propias cenizas.

Porque había contradicciones y había abismos. Idénticos a los que se abrían entre Oliveira y la Maga, y a la vez infinitamente diferentes. Pero también hubo algo, tal vez lo más importante, que ellos nunca tuvieron.

Y sin embargo, sí existió un preciso punto por el que tú, sin llegar jamás a saberlo, ni falta que te hacía, te convertiste en mi Maga, y que con la misma exactitud me convirtió a mí en Oliveira, y a los dos en esa pareja imposible que salta a la pata coja por el ordenado desorden de las páginas y cifras de Rayuela:

"Cuando la Maga preguntaba por cuestiones como la filosofía Zen (eran cosas que podían ocurrir en el club, donde se hablaba siempre de nostalgias, de sapiencias tan lejanas como para que se las creyera fundamentales, de anversos de medallas, del otro lado de la luna siempre), Gregorovius se esforzaba por explicarle los rudimentos de la metafísica mientras Oliveira sorbía su pernod y los miraba gozándolos. Era insensato querer explicarle algo a la Maga. Fauconnier tenía razón, para gentes como ella el misterio empezaba precisamente con la explicación. La Maga oía hablar de inmanencia y trascendencia y abría unos ojos preciosos que le cortaban la metafísica a Gregorovius. Al final llegaba a convencerse de que había comprendido el Zen, y suspiraba fatigada. Solamente Oliveira se daba cuenta de que la Maga se asomaba a cada rato a esas grandes terrazas sin tiempo que todos ellos buscaban dialécticamente."

Te contaré que sigo buscando, con mi dialéctica, esas grandes terrazas sin tiempo que a tu lado fui capaz de intuir.

¿Y tú? ¿Aún puedes asomarte a ellas?

11 comentarios:

NoSurrender dijo...

Bueno, ya decía el mismo Gregorovius que París es una enorme metáfora, Antígona.

Quizás el sistema nos tenga tan encajonados que no tengamos más remedio que hacer como Oliveira y ponernos gafas cada vez más gruesas para ver cada vez menos. Eso sí, con mucha dialéctica y con la ayuda del vodka de Roland; no todo el mundo puede acertar a la diana sin abrir los ojos, como la Maga. Pero a veces ocurre. Quizás.

Duschgel dijo...

¡Benditas sean las reseñas bibliográficas, que yo no he leído Rayuela, como tantas otras cosas que tengo pendientes!

¿En quién estarás pensando?

¡Un besazo, Antígona!

Antígona dijo...

Creo que al sistema no le gusta la gente que busca, que siempre sigue buscando el mejor modo de habitar en esa gran metáfora, o la manera que más se le ajuste particularmente. Y para buscar sirven muchos medios: las gafas, la dialéctica, el vodka...

En cuanto a la Maga, Nosurrender, me temo que ella no era demasiado consciente de esa capacidad suya y por eso andaba también metida en su propia búsqueda.

Acertar en la diana sin abrir los ojos: cuántas circunstancias habrán de confabularse para que eso ocurra sin ser la Maga. Pero tampoco creo que sea imposible. O al menos confío en que no lo sea.

Un beso!

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Dusch, pues piensa en los momentos de placer que aún te esperan cuando finalmente tengas tiempo para leerlo. ¡No los demores mucho!

Mmmmm... ¿en quién será? :P De todos modos, piense en quien piense, tal vez todos tengamos un poquito de la Maga

¡Un gran beso!

Tako dijo...

Creo que todos somos, sí, un poco Maga, un poco Oliveira, un poco Gregorovius... un poco sensatos, un poco locos... un poco de todo, vamos.

Muy buenos días, Antígona.

Un gran beso.

Antígona dijo...

Esta es la versión Rayuela del tradicional dicho "de santos, poetas y locos, todos tenemos un poco", ¿no? Me gusta :-)

Muy buenas tardes, Tako :P

¡Un beso enorme!

Déjà vie dijo...

tendre q ponerme a leer, a viajar, a cantar, a escuchar, a...uf espera q no tengo tiempo pa ecribir esto. ;)

Antígona dijo...

Nada de agobiarse, Déjà, cada cosa tiene su momento, y hay un momento para cada cosa.

Así que, ¡según te vayan viniendo! :-)

Un beso, guapa!

desconvencida dijo...

Preciosa evocación de Rayuela, Antígona :)

Antígona dijo...

Me alegro de que te lo parezca, desconvencida.

¡Bienvenida a esta casa y vuelve cuando quieras!

Un beso :-)

Anónimo dijo...

Jo. Yo he quedado en París. Pero de repente siento que la persona con que me he de encontrar no tiene muy claro lo del viaje, pese a tenerlo pagado.

Si no viene, creo que iré sola. Y buscaré no sé qué...

Antígona dijo...

París bien vale la pena verlo, sea sola o en compañía. Y no hace falta que busques nada. Miles de cosas saldrán a tu encuentro :-)

Gracias por tu visita, anónima, vuelve cuando quieras.