jueves, 12 de junio de 2008

Necesitamos los huevos


Por paradójico que resulte, hay comedias que pueden acabar por helarnos la sonrisa en los labios. Comedias cuyo auténtico propósito estriba en exponernos, bajo el formato más digerible del humor, a una verdad amarga sobre la debilidad y la consecuente inclinación al error de nuestra condición humana. Comedias, en definitiva, cuya hilaridad sólo semeja destinada a dulcificar una visión en extremo negativa de nuestras posibilidades de esquivar el fracaso y la infelicidad.

Éste es, a mi juicio, el caso de Annie Hall (1977), una de las comedias del genial Woody Allen en las que con mayor pesimismo se retratan las relaciones de pareja. Porque si de algo quiere hablarnos Annie Hall es, básicamente, de nuestra común incompetencia en la búsqueda del amor, de nuestra habitual torpeza en el terreno de los afectos allí donde las distancias más se acortan. Y, ante todo, de la falta de lucidez que se deriva de nuestra permanente tendencia a ahogar cualquier posible voluntad de amar en la acuciante necesidad de ser amado.

Alvy Singer (el propio Allen) es un cómico de rasgos neuróticos marcado por su incapacidad para disfrutar de la vida y su obsesión por la muerte. Para Alvy, el mundo se divide en dos clases de individuos: los "horribles", que son los enfermos terminales, los mutilados, los discapacitados... y los "miserables", todos los que no pertenecen al primer grupo y deberían además alegrarse por ello. Carga con dos fracasos matrimoniales sobre sus espaldas y tras quince años de terapia psicoanalítica sigue preso de sus eternos conflictos.


La película empieza con un monólogo en el que Alvy dice estar enamorado de Annie Hall (Diane Keaton) y se lamenta por su pérdida. A partir de ese momento, asistimos a un relato desordenado de su relación, una relación que, pese a las palabras de Alvy, se muestra dominada desde sus inicios por las discrepancias y desencuentros entre ellos. Es Annie, una mujer alegre, impetuosa y un tanto extravagante la que, tal vez movida por una mezcla de curiosidad y admiración o simplemente por mera soledad, se aproxima a Alvy. Éste parece sentirse atraído por su vitalidad, tan opuesta a su pesimismo, pero también es obvio que le irritan su falta de formación intelectual y sus maneras pueblerinas. Erigido en una suerte de pigmalion, Alvy tratará entonces de acercarla a sus propios intereses, de moldearla para convertirla en la compañera de sus obsesiones e inquietudes. Consciente de sus carencias y víctima de una cierta inseguridad ante Alvy, Annie se matricula en la universidad, accede a compartir la afición de Alvy por el cine de Bergman y por aburridos documentales históricos de duración abusiva, e incluso acude, incitada por él, a una psicoanalista.


No obstante, cada uno de los pasos que Alvy emprende para introducirla en su particular mundo supondrán el comienzo de un progresivo alejamiento de Annie. Su recién despertada curiosidad se proyecta hacia lugares radicalmente dispares a los habitados por Alvy. Sus diferentes caracteres y motivaciones se hacen día a día más palpables. Mientras Alvy continúa enclaustrado en sus obsesiones y su visión torturada de la existencia, ante Annie se abre un nuevo abanico de posibilidades no contempladas hasta entonces por ella. Al tiempo, en este proceso Annie va ganando poco a poco en autoconfianza y seguridad en sí misma, y no tardará en ver a Alvy como un obstáculo para sus nuevas inquietudes.

Llegado cierto punto, ambos se descubren plenamente conscientes de que las diferencias entre ellos son demasiado grandes como para que la relación funcione. Pero la decisión de Annie de romper con él anula toda lucidez en Alvy, falto de otras perspectivas, y lo sume en la angustia y la desesperación de la pérdida. Alvy llegará a descubrir que Annie nunca se interesó realmente por compartir con él sus más íntimas preocupaciones, como revela la significativa confesión de Annie de que jamás leyó los libros que Alvy le regalara, en cuyos títulos siempre aparecía la palabra "muerte". Y, sin embargo, no por ello dudará en arrastrarse por el fango para tratar de recuperarla. Creo que huelga decir que, como suele suceder en las películas de Woody Allen, todos sus intentos serán en vano.


Un Alvy nostálgico tras un casual reencuentro con Annie, quizá fantaseando sobre lo que pudo ser y no fue, pero a la vez perfectamente conocedor de las razones que los separaron, abandona al espectador en medio de una calle de Manhattan con una última reflexión: "Y recordé aquel viejo chiste, aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice: ‘Doctor, mi hermano está loco. Cree que es una gallina’. El doctor le contesta: "¿Y por qué no lo mete en un manicomio?". Y el tipo le dice: ‘Lo haría, pero necesito los huevos’. Pues eso es, más o menos, lo que pienso sobre las relaciones humanas, ¿saben? Son totalmente irracionales, y locas y absurdas, pero… supongo que continuamos manteniéndolas porque, la mayoría, necesitamos los huevos".

Cómico, sí. Pero también desolador, ¿no?

24 comentarios:

Gato dijo...

En buen momento me has pillado tú con éste post. Sí, necesitamos los huevos. En mi caso en concreto, yo siempre necesito echarle huevos y romper, porque ellos nunca se atreven a manifestar lo que de verdad sienten.

Y empiezo a pensar que lo mejor de las relaciones es esa parte loca y absurda y que eso es todo a lo que yo debo aspirar. Y que todo lo demás se puede ir a tomar viento fresco.

Aunque tengo fe en que algunos pocos afortunados sí consiguen tener una relación adulta y vitamínica.

Arcángel Mirón dijo...

Es que no hay humor sin sufrimiento. En un mundo perfecto, no habría de qué reir.
Y eso sí es triste.

Horrach dijo...

Grandiosa película, 'Annie Hall', d elo mejorcito del señor Allen.

Otro pasaje muy divertido es cuando Alvy para a una pareja joven en plena calle para sonsacarles cuál es el secreto de que sigan juntos. Ellos les contestan algo así como: "porque somos insustanciales y no tenemos nada que decir". La estupidez arraiga fácilmente, al contrario que la lucidez, que siempre se encuentra piedras en el camino.

saludos

Tako dijo...

Este finde la veo y te comento, por ahora me ahorro spoilers ;-)

Buen fin de semana

Besos

troyana dijo...

Ay! Anni Hall!en mi opinión,de las mejores de Woody Allen...y excelente análisis de las relaciones, aunque la conclusión final,resulte como dices,cómica y desoladora.A nivel personal, creo en la parte absurda y surrealista de las relaciones,para mí es esencial.Supongo que tengo debilidad por la gente con cierto toque fricky,así que a mi lado confirmo que hay más de algun@ que se cree gallina y disfruto con ello.En cuanto al fracaso y la ansiedad por encontrar el amor y mantenerlo, he encontrado cierta relación entre este post y el anterior de Juzgar, ya que Alvy intenta modelar a Anni y hacerla a su imagen y semejanza, intelectual, profunda...y mira tú por donde, le sale el tiro por la culata.Moraleja??
ay! qué dificil es dejar que el otro sea quien es y nos permita ser quien somos!
Un abrazo

carrascus dijo...

A mí me parece que la situación que se da en esta película es perfectamente extrapolable a la vida real. Por un lado tenemos al típico snob, que vive alrededor de la vanguardia cultural y social por el hecho de medrar en ella y de hacerse notar en un ambiente en el que quiere ser aceptado. Pero ni entiende ni le gusta realmente el contenido de las propuestas que implica esta forma de vivir.

A él lo que le gusta en realidad son las cosas que no requieran tanto análisis, las más inmediatas... y como las mujeres del mundo al que aspira le resultan inaccesibles, pues se empareja con una de su mundo real, que es con la que se entiende y a la que puede mangonear.

Y quiere acercarla también al mundo difícil y deslumbrante al que aspira. La recien llegada viene con ojos nuevos, sin prejuicios establecidos, importándole un pimiento de antemano lo que hay allí... y al llegar así, se encuentra con las propuestas interesantes que hay en este mundo de cultura y mente abierta, y se interesa por algunas de ellas. Y lo hace de verdad, porque se lo cree, no como su mentor, al que al final termina por descubrir como el advenedizo que es.

Y le da de lado. Ella se ha dado cuenta de que ya es superior a él. O incluso de que siempre lo ha sido y le han faltado los medios y las oportunidades para darse cuenta.

A "Annie Hall" la conocemos porque se hizo esta película. Pero yo conozco más casos. El género de los protagonistas es intercambiable.

Tako dijo...

Por cierto, off-topic, desde un lugar inesperado me llega la misma referencia a la misma película... creo que el viernes 13 me quiere decir algo... lástima que lleve los auriculares puestos ;-)

Antígona dijo...

Caray, Gato, lo siento, ¿cómo iba yo a saberlo? :)

De todos modos, creo que, independientemente del momento que esté atravesando cada cual, esta película y sus reflexiones sobre las relaciones de pareja a todos nos toca más de una fibra y nos deja con un cierto regusto amargo en la boca. ¿O no es una experiencia abrumadoramente común la del fracaso en las relaciones de pareja?

Yo creo que esa parte loca y absurda es consustancial a las relaciones. Siempre hay demasiadas cosas que desconocemos, tanto de nosotros mismos como de los demás, como para saber por qué uno se enamora de una persona y no de otra. Ahora, estoy también convencida de que sí hay elementos que no son ni locos ni absurdos, y mucho menos irracionales. Esos son, además, los que hacen funcionar a largo plazo una pareja. Así que no dejes de aspirar a ellos, mujer. Lo peor en esta vida es conformarse con un poco cuando la posibilidad de tener más y mejor sigue siempre presente.

Me alegro de verte de nuevo por aquí, Gato.

¡Un beso!

-----------

Tienes razón, Arcángel. Se nos castigó al dolor y al sufrimiento pero también se nos dotó de la capacidad de reírnos de él. Por suerte. Porque sin humor esta vida tan compleja y llena de dificultades sería simplemente invivible. Los dramas son menos dramas cuando tratamos de buscarles el lado cómico.

¡Un beso!

Antígona dijo...

La escena que mencionas es genial, y creo que se podrían derivar varias cosas de ella, aunque no tengo tan claro que se pueda interpretar en términos de esa oposición entre estupidez y lucidez que planteas. Tengo la impresión de que se trata más bien de una cuestión de actitud. Sí creo que es cierto que una relación se torna tanto más complicada cuantas más aspiraciones o intereses individuales tienen quienes la componen, y a la vez, cuantas más demandas y más sofisticadas proyectan sobre el otro en función de esas aspiraciones individuales. Cuando esas demandas no existen, cuando uno se conforma con compartir la cama y la compra semanal en el supermercado porque tampoco tiene muchos más intereses, todo se vuelve mucho más fácil. Por otra parte, supongo que el secreto de esa pareja radica también en el hecho de que ambos son muy parecidos: ocupan posiciones muy similares ante el mundo, les une la insustancialidad que los asemeja.

¡Un beso!

----------

Jo, Tako, que esta película es ya un clásico, y por eso no me considero una spoileadora. No es problema mío que tú aún no la hayas visto :P

No, en serio, creo que esta película es tan rica que por mucho que se lea sobre ella y se conozca su guión nunca dejará de sorprender cuando se vea. Al contrario, es lo que tienen los clásicos: que nunca se agotan por más que se hable de ellos.

Buen finde a ti también y ¡un beso!

Antígona dijo...

Como le decía a Gato, Troyana, yo también creo en esa parte absurda de las relaciones, aunque me parece que no en el sentido que mencionas, sino en el de que siempre hay algo incomprensible, algo que se nos escapa sin remedio, cuando nos cuestionamos por qué nos sentimos atraídos o nos enamoramos de alguien. ¡Y eso que debo confesar que yo también tengo cierta debilidad por los frickis! Ahora, más que nada porque yo misma me sitúo en el lado de los frickis y, como los tontos, supongo que siempre acabamos juntándonos ;) Eso sí, todavía no he llegado al extremo de tener cerca a quien se crea gallina. ¿Qué tal los huevos? :P

Has encontrado relación entre este post y el anterior porque efectivamente la hay. Es que cuando le doy vueltas a un tema, ¡lo veo por todas partes! Pero más allá de eso, claro, lógicamente me parece que es en el ámbito de las relaciones de pareja donde más se presentan los conflictos a raíz de las diferencias, o donde más difícil resulta encontrar el equilibrio entre lo que nos une y lo que nos separa de la persona que amamos. ¿Moraleja? Mmm, mi impresión es que la pareja que forman Alvy y Annie falla ya desde el principio, sólo que ambos tienen tantas ganas de querer y ser queridos, sobre todo de esto último, que optan por no verlo. Ninguno de los dos siente, tal y como yo lo veo, un verdadero interés por el otro y faltan entre ellos elementos muy importantes dentro de una relación, como por ejemplo, la mutua fascinación y admiración por el otro.

Es difícil, sí, dejar que el otro sea quien es y nos permita ser quienes somos. Pero no imposible. Nunca hay que dejar de intentarlo ni estar dispuesto a aprender la manera de hacerlo.

¡Un gran beso!

Antígona dijo...

Uff, amigo Carrascus, tienes una visión muy negativa de Alvy con la que no estoy de acuerdo. Personalmente, no veo a Alvy como un snob, sino que me parece que sus aficiones, sus reflexiones, su interés por ese mundo cultural, son sinceros. Diría que Alvy es una persona bastante compleja: ya desde pequeño ha sufrido de esas angustias existenciales –me encanta esa divertida escena de su infancia en la que su madre le lleva al médico porque ha dejado de comer y de hacer los deberes al descubrir que el universo se expande, y su madre, mucho más pragmática, le grita, ¡pero Brooklyn no se expande!- que aún le acompañan y que constituyen la motivación básica, el suelo más profundo de sus inquietudes intelectuales; pero, por otro lado, o quizás por esas mismas angustias existenciales, parece alguien muy necesitado de afecto, de cercanía, de contacto físico. Pienso que para él es tan importante compartir sus inquietudes intelectuales, de raigambre plenamente vital, como, por ejemplo, el sexo, y que necesita ambas cosas en una relación.

Tampoco creo que lo que dices sea exactamente lo que le suceda a Annie. Cuando Annie se abre al mundo de la cultura, se siente atraída por cosas que nada tienen que ver con el universo de Alvy. Es una persona mucho más positiva, mucho más vital y posiblemente ni tan siquiera sea capaz de comprender por qué a Alvy le fascinan ciertos temas. Su apropiación del mundo cultural en el que la introduce Alvy es muy diferente a la de éste porque sus posiciones de fondo ante la vida son muy dispares.

Ambos tienen personalidades muy distintas: por decirlo de algún modo, Alvy vive siempre hacia adentro, dando vueltas a sus obsesiones, mientras que Annie busca realizarse hacia afuera, en la dispersión, en la novedad.

Pienso que lo que ocurre entre ambos es, básicamente, que todo lo que Alvy le ofrece –y creo que es él quien más ofrece en esta pareja- no logra conectar en ningún sentido con ella. A ella le sirve de disparadero para emprender su propio camino, sí. Pero ese camino la aleja cada vez más de lo que Alvy representa porque nunca estuvieron realmente cerca. Por eso, no estoy de acuerdo en que ella sea ni haya sido superior a él. Sencillamente, son como el agua y el aceite. Por mucho que lo intenten, nunca lograrán tener puntos de confluencia relevantes, de la misma manera que no los había al inicio de su relación.

En cualquier caso, siempre es para mí un placer discutir contigo, amigo Carrascus :)

¡Un beso!

-----------

Tako, eso es claramente una señal del destino. ¡Yo me apresuraría a ver cuanto antes la película! Igual es que te pareces mucho a Alvy, vete tú a saber :P Así que quítate ya los auriculares y ¡escucha lo que los hados tengan que decirte!

¡Más besos!

NoSurrender dijo...

Es una gran película, doctora Antígona. Sin duda. Y desoladora, sí. pero el punto de vista de toda la acción es Alvy, alguien que se presenta desde la primera secuencia, desde su más tierna infancia, como un neurótico con dificultades para afrontar su propia existencia. Es una persona culta, de buena voluntad, formada y obsesionada (todos los libros que compra tienen la palabra muerte en el título, le acusa Annie)

Efectivamente, como habéis comentado un poco más arriba, Alvy encuentra en la calle la pareja perfecta que no tiene problemas: dos insustanciales. Y, claro, Alvy no lo es y no puede evitar no serlo. La relación insustancial-existencialista no va a funcionar, claro. Pero quizás la película olvida poner otros ejemplos, otras combinaciones. No siempre se enamora uno de alguien a quien necesita cambiar.

El gag que menciona usted, el de “Brooklyn no se expande” es uno de los más inteligentes que he visto en mi vida. Tiene mucha, mucha miga. Y creo que Alvy no siguió bien el sabio consejo de su madre.

Besos, doctora Antígona!

cacho de pan dijo...

querida, la he vuelto a ver casi por casualidad después de muchos años. Por televisión y doblada, sin embargo con toda la fuerza del tiempo de su estreno. O más aún, porque ahora la entiendo como una comedia amarga y no como un simple chiste. No le sobra ni le falta nada; en todo momento sabemos que aquella relación no puede durar, que lo lógico es que cada uno siga su camino. Cuando sucede, nos quedan los huevos. Solo Woody puede ser profundo sin pretender serlo. Una gloria.

El veí de dalt dijo...

¡Joder , Antígona...! ¿Tu eres, además de todo, crítica cinematográfica? He visto dos veces Annie Hall, y recuerdo escenas memorables. Tu reseña me las trae delante de los ojos con una cierto velo de nostalgia. Y de tristeza. ¡Qué difíciles las relaciones humanas (de pareja), cierto; y qué indispensables!

Sobre que "necesitamos los huevos" (será comerlos, claro), entiendo que no es un reclamo homófobo, ¿verdad? Deja que me ría un poco contigo y con Woody Allen, también (que a lo mejor, hasta se me parece; en lo torpe, lo digo...).

Un beso; y una entrada para Manhattan.

carrascus dijo...

Bueno, Antígona... pero más que de la película hablaba del mundo real...

silaro dijo...

hola antigona
supongo que es politicamente incorrecto lo que voy a decir: las peliculas de W. Allen no son nada del otro mundo y no representan un humor especialmente "inteligente". Lo que es gracioso es el mismo, con esa cara y esas gafas y la voz que le ponen en el doblaje en español.
Parece que en España para ser "guay" tiene que gustarte Allen..jejej..
un besito

Antígona dijo...

En efecto, doctor Lagarto, el punto de vista de la acción no puede dejar de ser Alvy, que es quien cuenta la historia, quien acude a sus recuerdos, quien le da el hilo narrativo y busca incluso la complicidad con el espectador. Alvy es en extremo neurótico, sí. Y no sólo por su obsesión por la muerte, a la que trata de acercar a Annie con todos esos libros que le compra. También experimenta conflictos por su condición de judío, imagina prejuicios antisemitas por todas partes, como muestran algunas divertidas escenas en la película. Alvy es todo lo que comenta, doctor, pero creo que también una persona difícil.

Pienso, doctor Lagarto, que lo que quería decirse más arriba es que las relaciones pueden volverse más difíciles o no funcionar no sólo en virtud de la disparidad de sus miembros, sino también del grado de complejidad de estos. Y con complejidad creo que me refiero a sus egos, a sus inquietudes, a sus demandas, a sus exigencias tanto ante la vida como con respecto a su pareja. Es más fácil, por ejemplo, que individuos con inquietudes muy vivas puedan terminar a la larga por emprender caminos que los separen. De todos modos, diría que el caso de Alvy y Annie tiene que ver un poco con las dos cosas. Por una parte, como se ha dicho más arriba, ambos son muy diferentes. Pero, por otra, una Annie más pasiva podría haber funcionado quizás mejor con Alvy. Annie es también una persona inquieta, ansiosa de reconocimiento y autorrealización, y diría que, en buena medida, son sus proyectos individuales los que acaban imponiéndose sobre su afecto por Alvy.

La película es extremadamente pesimista porque defiende la tesis de que todas las relaciones están abocadas al fracaso. Pero yo, personalmente, no estoy de acuerdo con Allen. Existen otras combinaciones, como usted dice, claro que sí, donde el interés y el acercamiento hacia el otro se viven como un enriquecimiento personal y como parte esencial de la construcción de uno mismo. Es entonces, a mi juicio, cuando el interés por el otro es sincero y no deja de intensificarse. Algo muy distinto de lo que les sucede a Alvy y Annie.

Ese gag es genial, sí y me siento en parte identificada con él. Me temo que yo también necesito que de cuando en cuando alguien me recuerde que “Brooklyn no se expande”, porque tiendo a olvidarlo con facilidad :)

¡Un beso, doctor Lagarto!

Antígona dijo...

Querido Cacho, yo también la había visto hacía años y volví a verla hace poco. Y creo que la primera vez que la vi no fui capaz tampoco de percibir toda la amargura que destila la película. Será cosa de la madurez y de los años, claro. Nuestra visión juvenil de las relaciones de pareja es mucho más ingenua. Y de ahí, quizás, que no haya quien no cargue con ningún error sobre sus espaldas. Tienes razón, la película es una maravilla desde el principio hasta el final, tampoco yo le añadiría ni le quitaría nada.

¿Nos quedan los huevos? Mmmm, diría más bien que nos quedan los recuerdos y la urgencia por encontrar otros huevos que nos alimenten. Sólo que el hecho de haberlos perdido sea tal vez lo que nos enseñe poco a poco a escoger mejor la próxima vez. ¡Que no todos los huevos son iguales!

¡Un beso!

-----------

Jajaja, Veí, de crítica cinematográfica nada, que yo de cine no tengo ni idea. Pero historias como ésta, o más bien, como casi todas las que suele plantear Woody Allen, dan siempre mucho qué pensar. A fin de cuentas, todos estamos en ese barco, todos necesitamos los huevos y nos topamos con las mismas dificultades a la hora de encontrarlos o de mantenerlos. Tú lo has dicho, las relaciones de pareja son difíciles y a la vez indispensables. Y porque muy pocos pueden o quieren renunciar a ellas, es necesario enfrentarse a la dificultad y aprender a manejarse con ella. En ello está en juego una parte muy importante de nuestra felicidad.
¿Así que eres torpe? Bienvenido al club. Aunque espero que no llegues al grado de esa divertidísima escena de “Sueños de un seductor” en la que Allen trata de causar una buena impresión en la chica que le presentan sus amigos y acaba destrozando media casa ;)

¿Una entrada para Manhattan? ¡La quiero ya!

¡Un beso!

Antígona dijo...

Eso había intuido, amigo Carrascus, eso había intuido :)

Ay, los snobs, qué peligro tienen. Reconozco la historia que cuentas, sí, aunque nunca la haya vivido en carne propia ni tampoco de cerca. Pero entiendo perfectamente que el caso que planteas acabe en separación. A veces cuesta bastante tiempo conocer realmente a quién tenemos al lado.

¡Otro beso!

----------

Silaro, yo no creo que sea políticamente incorrecto lo que dices. Es simplemente, una opinión que tendrá que ver con tu sensibilidad, con tu formación, con tus gustos personales. Los gustos, precisamente, no son lo que se dice universales.

Ahora, tampoco creo que el que a uno le guste Woody Allen sea cuestión de ser “guay”. A mí personalmente no me gusta todo lo que ha hecho, pese a que muchas de sus películas sí me parezcan geniales. No se trata de “me gusta Allen”, sino de “me gustan tales y tales cosas de Allen”. Supongo que porque su manera de plantear las cosas en ellas, su sentido del humor, me toca ciertas fibras que me invitan bien a reír, bien a pensar. A quien no le suceda, pues nada. Tampoco creo que se un problema tan grave. ¡Hay mucho cine donde elegir!

¡Un beso!

juan rafael dijo...

Yo no sería capaz de diseccionar así una pelicula, creo que no me meteria en ella como se debe.
Parece raro, pero un tiempo que estuve haciendo criticas de peliculas en una radio, no podía disfrutarlas como quería.

Antígona dijo...

Supongo, Juan Rafael, que a mí me pasaría lo mismo si tuviera que diseccionar películas por obligación. Pero si no hay esa obligación y la película me llega, la disección me sale sola.

Creo que comparto con Alvy el defecto de ser un tanto obsesiva, y cuando la centrifugadora de mi cabeza se pone a dar vueltas, ¡no hay quien la pare!

¡Un beso!

Juan Cosaco dijo...

alguien buscaba a un tipo 100% friki? :P

A mi me da la sensación de que lo grande de Woody es que te muestra todos sus fallos, toda su miseria y tristeza; es como en "Todo lo demás", nos quiere tanto que intenta que cometamos todos sus errores. Y son la hostia, pero muchos muchos. Claro que el tipo ha aprendido mucho con sus metidas de pata, y sobre todo ha tenido éxito, y eso, para un friki es casi un milagro! ;)
bsos!

Lui Lu dijo...

La última vez que vi Annie Hall fue en casa de mi ex. Él no estaba, había tenido que quedarse por la noche trabajando. Cuando terminó Annie Hall me harté de llorar, me fui a la cama, y a las dos semanas lo dejamos.

Últimamente los únicos huevos que necesito son los huevos rellenos del bar de David. Pero claro, algún día me volverán a pillar desprevenida. Y otra vez acabaré en casa ajena viendo la misma película y llorando al final y así una vez y otra y otra...

Gracias por pasar por el blog, volveré por aquí.

Antígona dijo...

A los frikis, Juan Cosaco, lo que nos pasa es que tenemos mucho encanto :P

Por cierto, ¿no eres tú también uno de los nuestros? :P

En cuanto a si Woody Allen nos muestra todos sus fallos, yo diría que se guarda unos pocos para no asustarnos ;) Pero en eso reside, para mí, lo grande de sus películas. Pese hay quien dice que es imposible escarmentar en cabeza ajena, no es eso precisamente lo que pensaban los griegos con sus tragedias. Las historias bien narradas, sean literarias o cinematográficas, nos ofrecen ejemplos de pautas de acción, de modelos de comportamiento, y, sobre todo, de sus posibles consecuencias. Son, en el fondo, grandes depósitos de experiencia humana, de los que tanto podemos aprender, bien por imitación, bien por evitación. De ahí que Aristóteles en su Poética dijera que hay más verdad en la narración literaria que en la narración histórica. Y no sigo que me estoy poniendo demasiado pedante :)

Ahora, Juan Cosaco, comparar “Annie Hall” con “Todo lo demás”… ¡qué blasfemia! :P La próxima vez que te oiga algo así te impongo una penitencia.

¡Un beso!

----------

Bueno, Lui lu, lo que cuentas es precisamente el ejemplo más evidente de lo que le estaba diciendo a Juan Cosaco. No hay como verse reflejado en la pantalla para percatarse, para cobrar conciencia, de qué le está pasando a uno. Sólo que no todo el mundo consigue hacerlo tan bien como Woody Allen como para que la identificación pueda producirse. Ni todo el mundo, como tú, es capaz de actuar en consecuencia con respecto a la verdad que, sobre sí mismo, acaba de descubrir.

Estoy segura de que los huevos del bar de David están estupendos. Pero espero que cuando vuelvas a necesitar esos otros huevos la historia no se repita. Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, sí. Pero también que el hombre es el único animal capaz de aprender durante toda su vida. Yo confío más en esto último.

Gracias a ti por tu comentario y bienvenida a esta casa.

¡Un beso!