miércoles, 18 de junio de 2008

Sobre el diván


Cuando el doctor Sigfroid, reputado psicoanalista, ve entrar en su consulta a alguno de sus pacientes, no ve a una sola persona, sino a tres. El Ello es el que se rasca distraídamente la entrepierna mientras cierra la puerta. El Superyo mira inquieto el reloj al alcanzar el diván. El Yo declara con cierta angustia que no sabe por dónde empezar a contar en esta nueva sesión.

- Tal vez haya tenido usted esta semana algún sueño que pueda recordar -indica con estudiada frialdad el doctor Sigfroid cogiendo su pluma y abriendo su bloc de notas.

- Pues mire, sí, doctor, ya sabe usted que yo no suelo recordar mis sueños, pero justamente anoche tuve uno que sí recuerdo. Entraba en casa todo empapado, se ve que estaba lloviendo, con un paraguas negro en la mano...

"Paraguas negro", anota el doctor Sigfroid frunciendo los labios, "símbolo fálico".

- No sé por qué, en lugar de llevarlo a la galería, como suelo hacer normalmente con los paraguas mojados, trataba de cerrarlo, pero algo no funcionaba en el mecanismo. El suelo se estaba poniendo perdido de agua...

"El paraguas no cierra", escribe ahora el doctor Sigfroid, "¿problemas de erección? ¿eyaculación precoz?".

- Después de mucho pelear con el dichoso paraguas, consigo cerrarlo hasta el punto de que lo que parecía un paraguas de los de antes, ¿sabe?, de esos que no podían plegarse, queda convertido en un diminuto paraguas plegable...

"Reducción repentina del paraguas", sigue anotando el doctor Sigfroid, "posible complejo de castración; en su defecto, miembro viril de tamaño insuficiente".

- Me acerco entonces a la mesa de mi despacho, que en lugar de ser la mía, es una mesa antigua de madera maciza, apoyada sobre dos grandes cajoneras. Abro el cajón superior de la parte derecha...

El doctor Sigfroid arquea levemente una ceja y emite un ligerísimo carraspeo, signo inequívoco de su intensa concentración en el relato del paciente. "Cajón", garrapatea rápidamente, "símbolo de los órganos sexuales femeninos".

- ...y meto en él el paraguas. Pero al cerrarlo con cierto descuido me pillo un dedo y lanzo un aullido de dolor...

El doctor Sigfroid esboza una discreta sonrisa mientras escribe: "Consumación simbólica de un acto sexual prohibido. Dedo lastimado: temor al castigo. Se refuerza la hipótesis del complejo de castración". Todo empieza a cuadrar.

El paciente se ha quedado callado. Su Ello vuelve a rascarse distraídamente la entrepierna.

- Prosiga, caballero, prosiga, creo que hoy estamos haciendo grandes progresos...

- No, doctor, ya no hay más que contar. Al lanzar el aullido en el sueño me desperté. Creo que estaba en una mala postura y yo mismo me estaba aplastando una mano...

- Hmmm, no sé, no sé... ¿No hay ninguna otra cosa que recuerde? ¿Algún detalle que no me haya contado? ¿Tal vez algún objeto inusual sobre la mesa del despacho? ¿O quizás dentro del cajón?

- Pues... ahora que lo dice... Sí, recuerdo que sobre la mesa había un sombrero, algo así como una pamela, con una cinta de color rosa y unas flores atadas en ella...

"Objeto de forma redondeadas", anota esta vez el doctor Sigfroid, "nuevo símbolo de los órganos sexuales femeninos".

- ...se parecía mucho, ¿sabe?, a un sombrero que solía llevar mi madre cuando íbamos al campo para protegerse del sol...

"¡Eureka!", escribe con precipitación el doctor Sigfroid, ajeno en ese momento a la falta de profesionalidad de su anotación.

- Estimado paciente -interrumpe el doctor Sigfroid- creo que por fin hemos dado con la clave de sus conflictos. Se llama "complejo de Edipo", ¿sabe?, un complejo neurótico por el que pasan todos los niños y que por lo general se resuelve sin problemas. Pero en su caso particular algo ha impedido la saludable resolución del complejo, lo cual explicaría sus actuales trastornos. Mire, se lo expondré de una forma sencilla, para que lo entienda. Usted está enamorado de su madre, la desea, y siente por ello deseos de matar a su padre, su rival. Pero también le teme: teme que, de enterarse de los deseos incestuosos que alberga hacia su madre, su padre le castre, ya sabe, le prive de sus órganos sexuales...

- Pero doctor, ¿qué está diciendo? ¿Que yo deseo a mi madre? Pero si mi madre... ¡por dios, doctor!, es una señora de casi ochenta años, llena de achaques... Y mi padre, ¿que quiero matarlo? ¡Mi padre murió hace años y yo siempre me llevé muy bien con él!

- Caballero, no se escandalice. Ya le he dicho que es un conflicto absolutamente normal en la infancia más temprana, es imposible que lo recuerde. Pero en su caso ese conflicto ha quedado enquistado, no ha logrado vencer sus deseos hacia su madre, como sí suele ocurrirle a la mayoría de los niños, y como le resultan vergonzosos los ha reprimido y éstos afloran bajo la forma de la patología que usted sufre. Caballero, no somos más que un amasijo de pulsiones libidinosas que tratan de canalizarse por el insidioso entramado de las normas sociales. Esa es nuestra verdad. Una verdad tal vez amarga cuando se conoce por primera vez, pero plenamente demostrada por la ciencia psicoanalítica -dice el doctor Sigfroid con voz afectada recostándose satisfecho sobre su sillón de cuero.

- Doctor -el paciente se vuelve hacia él con irritación-, después de tres años de terapia semanal, ¿ésta es la conclusión a la que ha llegado? Acudo a su consulta porque sufro de claustrofobia, me angustian los ascensores, trabajo en la planta decimocuarta de un enorme edificio de oficinas y por culpa de mi maldita claustrofobia debo subir y bajar catorce pisos varias veces todos los días. ¿Me puede decir qué puede tener que ver ese "complejo de Edipo" del que habla con mi claustrofobia? No sé, doctor, tal vez debería plantearme si quiero continuar con la terapia. No es que dude de su competencia, no es eso. Pero, francamente, cada sesión me cuesta un ojo de la cara, mi economía no anda muy boyante últimamente y creo que no puedo seguir con este gasto semanal durante más tiempo sin resultados más efectivos...

El doctor Sigfroid lo mira fijamente, acariciándose lentamente la barbilla y elogiándose interiormente por su agudo ojo clínico.

- Caballero, disculpe que le pregunte, pero... ¿padece usted de estreñimiento?

- Bueno... ehhhh, sólo ocasionalmente, cuando tengo mucho estrés. ¿Por qué lo pregunta?

- Mi estimado paciente, me temo que su dolencia es aún más grave de lo que sospechaba. Porque no sólo sufre usted del "complejo de Edipo", sino que intuyo alguna suerte de fijación de su personalidad en la llamada fase anal de su proceso de maduración, uno de cuyos síntomas más usuales es la tacañería. El asunto se complica, caballero, y su salud mental, téngalo muy en cuenta, está en juego. Habrá que adoptar alguna medida terapéutica de choque, no queremos que la cosa vaya a peor, ¿verdad? Me veo entonces obligado, qué remedio, a subirle el precio de cada sesión para empezar a combatir esa inclinación a la tacañería y la fijación anal que revela. No se asuste, no se asuste, confíe en que poco a poco iremos solucionando sus problemas. ¡Está usted en buenas manos! ¿Le parece bien, entonces, el próximo miércoles a esta misma hora?


Disculpen los amantes del psicoanálisis la ridiculización. Que conste que el señor Freud merece todos mis respetos. Esto sólo ha sido un pequeño divertimento. ¡Que últimamente ando demasiado seria! :)

21 comentarios:

Gato dijo...

Jajaj, muy bueno. Pues a mí no me van a disculpar los amantes del psicoanálisis: me niego a aceptar un reduccionismo tal para la explicación del comportamiento. Además, yo me oriento a resultados, y si hay algo demostrado es que el psicoanálisis es una terapia autorrecurrente: se orienta a la perpetuación del tratamiento, no en ayudar al paciente a superar sus angustias...

El cañero, que a mí me ayudó mucho, quiere reducir la mayoría de sus terapias a 5 sesiones. Un profesional para los tiempos que corren!! :P

Tako dijo...

Jajajajaja!!

Me ha encantado. Un amigo mío es del ramo y se lo voy a pasar, él tb es bastante anti-Freud.

No he dejado de reírme, gracias por animar el jueves :-)

Besos por triplicado, claro

Pd.- El próximo sobre una chica con el síndrome de Latimer (se cree su padre) y el complejo de Electra... al final resulta que sólo es narcicista.

dErsu_ dijo...

Entonces... ¿es ficción?

juan rafael dijo...

¿Ultimamente? Si no pareces tú.

Antígona dijo...

Bueno, Gato, esto no es más que una ridiculización, como decía en el post, que no hace justicia a la complejidad de las teorías de Freud, ni tampoco a las aportaciones al psicoanálisis que hicieron teóricos posteriores a él, como por ejemplo Jung. Las cosas no son tan simples en la explicación freudiana del comportamiento humano. Entre otras razones, porque el principio de placer que nos guía, según Freud, no se limita a lo puramente sexual. Tan placentero puede ser el sexo como leer un buen libro o irse un día a la playa, dentro de la teoría freudiana.

Otra cosa es que la práctica del psicoanálisis, al menos tal y como se ejerce hoy día en muchos casos, pueda resultar fraudulenta y en ese sentido algunos psicoterapeutas la hayan transformado en una máquina de sacar los cuartos al personal. No creo, aunque tampoco sé tanto sobre el tema, que Freud abogara por la perpetuación de los tratamientos. Y supongo que hay problemas y problemas que requerirán terapias distintas y de diversa duración.

¡Un beso!

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Tako, ¿pero cuándo he dicho yo que soy anti-Freud? A ver si ahora me va a tocar hacer un contra-post defendiendo al señor Freud :P

No, en serio, Freud cuenta con toda mi admiración, aun cuando no por ello pierda la perspectiva crítica a la hora de contemplar sus teorías ni deje de ver sus puntos más débiles. Porque sí es cierto que algunas de las interpretaciones de los sueños de sus pacientes son, en fin, no diré para morirse de risa pero sí un tanto sospechosas de su fijación con el sexo.

Me alegro de haberte alegrado el día. Yo también tenía ganas de “desintoxicar” un poco el blog de tanta densidad y reflexión enjundiosa.

¡Besos desde mi Ello, mi Superyo y mi Yo cantando a coro!

PD. De hecho pensé en focalizar el relato sobre la cuestión del complejo de Electra, pero es que entonces me hubiera salido un post ultra-feminista y creo que ya he abusado un tanto de este tema en el blog. ¡Que por ahí me han llamado la Robespierre del machismo! ;)

C.E.T.I.N.A. dijo...

Alguien ha revisado últimamente la filmografía de Woody Allen: "Hoy mi psicoanalista me dio una buena noticia. Dijo que no tengo ningún complejo de inferioridad, realmente soy inferior…". Genial

Un beso

Antígona dijo...

Jajaja, Dersu, es ficción, eso desde luego. Pero ya sabemos que la realidad siempre supera a la ficción, así que puedo imaginarme perfectamente a algún psicoanalista trasnochado sosteniendo este tipo de discurso.

Ahora, digo yo que todo dependerá del terapeuta y que no se puede generalizar. Un par de amigos míos han acudido a terapia con un psicoanalista y según me han contado, sus experiencias no han tenido nada que ver con lo que reflejo en el post. Aunque, igual es que no me lo han contado todo :)

¡Un beso!

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Claro, Juan Rafael, es que como últimamente tengo tanto curro he contratado a un “negro” para que escriba por mí. Me temo que no me va a quedar más remedio que despedirlo, porque está visto que no ha sabido seguir las directrices que le di :P

¡Un beso!

Antígona dijo...

C.E.T.I.N.A., ¡que nos cruzamos!

El psicoanálisis está siempre muy presente en las películas de Woody Allen. ¡No en vano sus personajes aparecen siempre como perfectos neuróticos!

Allen se burla bastante del psicoanálisis en sus películas, pese a que, sin conocer mucho su biografía, me va por la cabeza que nunca ha dejado de practicarlo.

En fin, supongo que la neurosis es un mal moderno y hay que reconocer que el psicoanálisis es una de las primeras teorías que se han ocupado seriamente de él, se esté o no de acuerdo con sus presupuestos. Hay quien a dicho que, si el creyente acude al confesor, el no-creyente lo hace al psicoanalista. Y es que desahogarse demasiado con los amigos siempre conlleva el riesgo de perderlos ;)

¡Un beso!

carrascus dijo...

Creo que sale mucho más barato que por el precio de tres cañas fresquitas le cuentes tus problemas al tabernero...

Arcángel Mirón dijo...

Me reí mucho, sí.

:)

Hace un tiempo leí una novela policial que tenía a Freud como personaje central. Se llama La interpretación del asesinato y es de Jed Rubenfeld.
Te la recomiendo.

NoSurrender dijo...

Cómo me he divertido leyendo su post, doctora Antígona. Gracias por este momento ;)

No soy yo un defensor a ultranza de esa máquina de hacer dinero en que se ha convertido el psicoanálisis, pero también tiene su sitio profesional. Digamos que no todos los problemas que podemos presentar son iguales y, por tanto, no todos se deben atacar de la misma manera. Está claro que para un caso de claustrofobia lo mejor es un conductista que te “enseñe” en tres sesiones las herramientas básicas para poder montar en un ascensor y controlar la ansiedad. Pero un adulto homosexual que no puede salir del armario, por ejemplo, sí necesita viajar un poco más dentro de sí mismo. Conocer su yo, su superyo y su ello, y así poder aceptarse a sí mismo. En cualquier caso, quedan pocos puristas ya de una u otra escuela.

De todas maneras, todo esto se puede aplicar igual a los amigos, que, como bien dice Carrascus, salen más baratos que los terapeutas y funcionan de manera similar. Todos conocemos el típico amigo que, cundo le cuentas que te da claustrofobia el ascensor, te dice “tú lo que tienes que hacer es pensar en otra cosa…” (el conductista) y a ese otro que te responde “¿y para qué quieres subir en ascensor?...” (el psicoanalista)

En cuanto a los sueños, ¿qué reprime entonces quien sueña con mujeres desnudas que fornican con lascivia? ¿algún estrés laboral, quizás? :P

Un beso, doctora Antígona.

Antígona dijo...

Bueno, Carrascus, pero no me negarás que tumbado sobre un diván se está mucho más cómodo que acodado en la barra de un bar sobre un taburete :P

Además de que el tabernero siempre puede hartarse y pasar de uno, mientras que el psiconalista, por más que pueda igualmente hartarse, nunca lo dirá.

¡Un beso!

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Gracias Arcángel, no suelo yo ponerme muy divertida que digamos, pero cuando lo hago, se agradece que surta el oportuno efecto :)

Ah, creo que me va a encantar esa novela, ¡ya la estoy buscando! Me interesa Freud, no lo voy a negar, sea en serio o en versión cómica. Así que gracias también por la recomendación.

¡Un beso!

Antígona dijo...

Gracias a usted por leerme, doctor Lagarto. Es que, como usted bien sabe, el psicoanálisis da mucho juego :)

Tampoco yo soy ni puedo ser una defensora a ultranza de la terapia psicoanalítica, fundamentalmente porque no la conozco lo suficiente ni me he sometido nunca a ella. Ahora, sí que confío en el valor que tiene la palabra, y sobre todo la palabra ajena, la de quien no nos conoce pero sabe interpretar nuestro lenguaje en función de unos referentes que, a fin de cuentas, siempre son comunes, para ayudarnos a acceder a nosotros mismos, a aquellos aspectos que precisamente por nuestra intrínseca cercanía a lo que somos, no somos capaces de ver por carecer de la distancia adecuada. Tiene razón al decir, sin embargo, que esa terapia que reposa sobre la palabra no tiene por qué ser la más efectiva en todos los casos. Es cierto que al claustrofóbico no le interesa tanto saber de dónde emerge su fobia como aprender a superarla, y el conductismo ha demostrado que eso es posible. Pero la indagación en nosotros mismos siempre es precisa, y el mérito del psicoanálisis está, a mi juicio, en el hecho de haber incidido de manera contundente sobre esa necesidad de adentrarnos en la profundidad de nuestras conciencias. Nadie puede negar hoy día la importancia que supusieron las teorías de Freud para la comprensión e interpretación de lo que somos, incluso si no se está de acuerdo con sus premisas o sus explicaciones.

Hablar con los amigos está muy bien, sí. Pero creo que la labor que ejerce el terapeuta –y como bien dice ya no quedan puristas del psicoanálisis, pero sí terapias que tratan de sacar a la luz conflictos psicológicos por medio del diálogo y la interpretación distanciada de lo que dice el sujeto- es muy distinta a la de los amigos. No es trivial que el terapeuta sea alguien que no nos conoce, que no tiene ningún vínculo afectivo con nosotros. No es trivial que, desde ese desconocimiento y unos referentes determinados, sea capaz de desvelar una verdad en la que el sujeto acaba por reconocerse. De ahí que su interpretación “desinteresada” de lo que el sujeto dice posea mayor efectividad que los consejos o valoraciones de cualquier amistad.

Debería saber usted, doctor Lagarto, que en la interpretación de los sueños es también muy importante cómo el sujeto habla sobre ellos. ¿Ha dicho usted “fornican” y además “con lascivia”? Uy, doctor Lagarto, además del estrés laboral, algo no del todo limpio circula por su mente. Hágaselo mirar, ande :P

¡Un beso!

troyana dijo...

ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja
qué bueno el último comentario Antígona!
no sabía por cierto que te habían llamado la Robespierre del machismo! enhorabuena porque a veces sólo desde el radicalismo real o creado por la lengua popular uno/a es verdaderamente escuchado/a.
Por otro lado, creo en la terapia de los amigos, y de las cervezas en penumbra,no hay nada mejor para las confidencias,sin desmerecer el trabajo de los terapeutas.
Personalmente, creo que ante un conflicto, antes,durante y después de recurrir a un profesional, es preciso amortizar todos los recursos personales que infrautilizamos y que en muchos casos infravaloramos.La labor de "autoajuste" en mi opinión es esencial,y además es una labor de la que no puedes levantar la guardia, siempre hay alguna tecla suelta que precisa de ese ajuste por insignificante que parezca.
Albergamos en nosotros el problema pero también la solución, la enfermedad y el antídoto, pero en muchos casos,desconocemos el alcance de nuestro verdadero potencial "autosanador" por llamarlo de alguna forma.
En fín, divertido post,y divertidas réplicas.
Un abrazo!

Mityu dijo...

Querida Antígona, te he leído con atención, y me he sonreído por la bondad de tu escrito. Sin embargo me ensombrece pensar cuánta gente se aprovecha de las fragilidades de sus pacientes, sean siquiatras, sicoanalistas o hematólogos. La autoridad que les confiere y sitúa aparentemente en un plano de superioridad crece al ritmo de sus egos, o como quiera que se llame la parte canalla, corporativista y mezquina que les desnuda del menor sentido del deber, de la ética y hasta de la humanidad.
mmm... yo no opino que sólo lo hagan unos cuantos, aunque no me atrevería a afirmar que son los más tampoco.
Había decidido pasar de puntillas por este post, pero tú no te lo mereces, porque tus escritos siempre son impecables, en cuanto al espíritu que los anima, la forma en que los abordas, la ecuanimidad con que los tratas, y la nula oscuridad que se detecta en ellos.

Besos a tu yo, tu ello y tu lo que sea :)

cacho de pan dijo...

no eres tú sola...algo astral, social, político, climático?
tuve que recurrir a viejos amores desaparecidos para levantar un poco el nivel tumba de mi blog.
Un abrazo, antígona

Antígona dijo...

Jajaja, Troyana, pues sí, eso me han llamado, y creo que en el fondo con razón, porque esos temas despiertan mi lado más radical. Por fortuna, no me considero violenta ni, lo que es más importante, tengo una guillotina en casa ;)

También yo creo en la terapia de los amigos y las cervezas, que al menos como desahogo sirven, siempre y cuando no se abuse de ella y los amigos acaben de nosotros hasta el moño (me estaba viniendo ahora a la cabeza una película argentina titulada “No sós vos, soy yo” que refleja de manera muy divertida esta situación, ¿la conoces?). Simplemente, pienso que esa terapia no es suficiente en algunos casos. Ahora, me parece que incides en un aspecto muy importante que también está presente en toda terapia, y que es la capacidad del propio sujeto de realizar ese “autoajuste” al que aludes. A fin de cuentas, como decía Aristóteles (y ya va la segunda vez que hoy lo cito, qué tendré yo por la cabeza), la labor del médico sólo es posible porque ya el cuerpo enfermo posee en sí el principio de su propia curación. Pues supongo que lo mismo pasa con la medicina del alma. Tienes razón al decir que en muchas ocasiones desconocemos nuestro propio potencial autosanador. O carecemos de las estrategias adecuadas que nos lleven a ponerlo en marcha. Los amigos pueden ayudarnos a ello, sí. Pero diría que la tarea del psicoterapeuta, y más en el psicoanálisis, cuando las conversaciones con amigos no bastan, no es en el fondo más que esa: ayudar al paciente a que cobre conciencia de los conflictos que tiene y así despertar en él, con más o menos intervención, su capacidad para resolverlos.

¡Un beso!

Antígona dijo...

Querida Mityu, la cuestión de la autoridad del médico sobre el paciente es un asunto, en efecto, muy delicado que muchos médicos o psicoterapeutas -para el caso es lo mismo, como muy bien apuntas-, pueden aprovechar en su propio beneficio. Cuando el paciente acude a una consulta, no puede dejar de ponerse en manos del médico confiando en la autoridad de su saber y ello le sitúa en una posición extremadamente frágil y vulnerable. Ahora, la verdad es que, sin ser devota ni mucho menos de los psicoterapeutas, suelo desconfiar más de los médicos, quizás en parte porque desconfío de la medicina occidental, pero también porque su autoridad está plenamente instituida y aceptada por la sociedad, lo cual les reviste de un poder mucho mayor que el de los psicólogos.

Sin embargo, no puede tampoco dejar de reconocerse que esa relación de autoridad –e insisto, debería tratarse siempre de la mera autoridad del saber, y no de una autoridad moral, como me temo que muchos médicos tienden a confundir- es necesaria por un aspecto que Freud supo revelar muy bien, y que es la falta de transparencia del sujeto con respecto a sí mismo, tanto en lo que atañe a los mecanismos que operan en su cuerpo como en las dinámicas que rigen su alma. Obviamente, hay otras vías de autoconocimiento e indagación sobre sí que nada tienen que ver ni con la medicina oficial ni con el psicoanálisis. Pero me temo que la racionalidad occidental ha sido siempre especialmente cegata para estas cuestiones y de ahí nuestra propia torpeza a la hora de enfrentarnos con conflictos que, según comentaba Troyana, con algo más de sabiduría nosotros mismos podríamos aprender a resolver.

Muchas gracias por tus palabras, Mityu. Yo no sé mi Ello o mi Superego, pero mi Ego se ha puesto bien orondo :)

¡Besos tan enfáticos como siempre!

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Cacho, quien quiera remontarse a sus inicios verá que este blog empezó siendo algo bastante más liviano que en lo que luego se ha convertido. Supongo que era inevitable: poco a poco ha ido siendo más reflejo de mí misma, que, para bien o para mal –y me parece que más para mal que para bien- tiendo más a la densidad y la reconcentración que a la ligereza. Aunque también han influido en gran medida las circunstancias, claro.
Sin embargo, a mí misma me viene bien también de cuando en cuando proyectar una visión más ligera sobre las cosas. Y no voy a negar que escribiendo este post me he divertido bastante.

Por cierto, que siendo tú, por lo que sé de ti, una persona interesada en el psicoanálisis, he echado en falta algún que otro exabrupto contra mi ridiculización ;)

¡Un beso!

el nombre... dijo...

Anti: como ferviente admiradora del doc sigfroid tengo que felicitarte especialemte por la sátira que has montado. Es muy buena, está excelente.
Lo penoso del caso, es que no siempre en la actualidad esto es tan cómico como vos lo traés, y a un público que puede divertirse con ésto.
Lo penoso, decía, es que hay muchos que se dicen psicoanalistas y practican hoy mismo de esta manera lo que ellos llaman un tratamiento, conducen la cura de esta manera.
Vos, como siempre, impecable, y sean bienvenidas siempre las risas, que no nos olvidemos que Freud quiere decir "alegría" etimológicamente!!!!!

Besisisisssssssss

Antígona dijo...

Me alegro, el nombre, de que hayas comentado en este post porque, al menos por tu blog, sé que te interesa mucho el psicoanálisis y ya intuía de tu admiración por el doc Sigfroid además de por Lacan.

Supongo, entonces, que tú conoces mejor la realidad de la práctica del psicoanálisis y por eso reconoces, lamentándote, que la parodia, pese a serlo, no es en el fondo tan descabellada. Lamentable, sí, que haya quien se aproveche de los dolores del alma ajena para enriquecerse pervirtiendo lo que, de otra manera, tal vez podría ser fuente de curación.

No hay aquí intención alguna, por supuesto, de burlarse de todo eso sino simplemente, como decías, de dar lugar a la risa con ocasión de algo que en realidad es muy serio. Y puesto que es verdad que en el apellido Freud resuena la alegría, ¿qué mejor que de su mano?

¡Un gran beso!

Anónimo dijo...

Hace que no pasaba por aquí, y me ha encantado este post, Anti. Me recuerda a las bromas que contaba Rafael Amor (un cantante argentino) en un concierto en directo que le oí hace ya años en una salita del viejo Madrid. Tronchante.

Un beso grande y espero que estés bien, ahora que el curso está terminado.

JJ