jueves, 19 de julio de 2007

Matrimonios


Aunque son pocas las películas de la extensa filmografía de Ingmar Bergman que he visto hasta ahora, debo reconocer que cada una de ellas me ha dejado de un modo u otro fascinada. Es cierto que no se trata de películas cuya visión proporcione un rato agradable. Generalmente sucede más bien lo contrario, y el nudo en el estómago y el desasosiego que a menudo provocan suelen persistir incluso en el recuerdo de las escenas contempladas. El cine de Bergman está claramente alejado de la idea, cada vez más frecuente en la producción de películas y sobre todo en las procedentes del mercado americano, del mero entretenimiento. Pero ¿desde cuándo una experiencia estética debe ser fuente de entretenimiento y diversión? En mi opinión, tal experiencia tiene lugar cuando un producto artístico logra conmovernos al descubrirnos aspectos de la realidad no por comunes menos complejos y escurridizos en su complejidad, aspectos que nos conciernen íntimamente pero cuya contemplación y análisis, además de difícil, resulta en ocasiones ingrata y tal vez por ello tienden a escaparse a nuestra mirada cotidiana. Toda película que busca originar una experiencia de esta índole aspira entonces a convertirse en un instrumento de indagación y conocimiento al alcance de cualquier espectador mínimamente atento y dispuesto a dejarse enseñar algo que seguro le afecta de manera fundamental.


Dentro de la consabida obsesión de Bergman por las relaciones de pareja, presente en mayor o menor medida en cada una de sus películas, destaca sin lugar a dudas "Secretos de un matrimonio" (1973). Bergman se revela en ella un auténtico experto a la hora de escarbar en el entramado de emociones y mecanismos que caracterizan el amor de pareja, y su pretensión de comprender cuáles son las cuestiones básicas que en él se juegan prescinde de toda suerte de disfraces y sentimentalismos.

En esta película se muestran una serie de momentos de la relación entre Marianne (Liv Ulman) y Johan (Erland Josephson) que, a lo largo de diez años, se extienden desde el estado de presunta perfección de su matrimonio hasta el resultado de su divorcio. Al inicio, los cónyuges se definen al hilo de una entrevista como un matrimonio inusualmente armónico y feliz. Sin embargo, ciertas fisuras, que se irán perfilando en el transcurso de la película, pueden ya adivinarse en estas primeras escenas. Mientras que Johan aparece como un individuo fuerte y con un altísimo concepto de sí mismo, en Marianne se entreve a una mujer mucho más insegura y quizás supeditada a los deseos de su marido.


Tras una cena con un matrimonio amigo en plena crisis y en la que asisten al odio y al desamor que se han desatados entre ellos, Marianne y Johan creen sentirse a salvo de una posible degeneración de su relación. Pero Marianne ha intuido el peligro de quiebra que también anida en su propio matrimonio, cuyos cimientos, en apariencia tan sólidos, no están exentos de grietas: la estructuración de su vida conyugal en torno a las demandas de sus respectivas familias, la separación que imponen sus trabajos y la insatisfacción sexual de Johan ante su carácter frío e inhibido, que más tarde se revelará consecuencia de ciertas actitudes machistas y autoritarias de su marido. Cuando éste anuncia que se ha enamorado de otra mujer y va a abandonarla, Marianne trata de comprender pero se derrumba y suplica ante un Johan cargado de reproches y egoístamente eufórico ante la perspectiva de su nueva relación.


Un encuentro entre ambos al cabo de un tiempo evidencia la lucha tenaz que Marianne ha emprendido para superar su dependencia de Johan, a quien la vida parece sonreír. No obstante, llegado el momento del divorcio, los papeles se han invertido: gracias a otros hombres Marianne ha dejado atrás sus inhibiciones y se ha convertido en una mujer satisfecha y segura de sí misma, mientras que Johan ofrece la imagen de un hombre fracasado profesional y sentimentalmente.


Su conversación acerca de la conveniencia del divorcio desemboca en una crudísima escena en la que se hace patente el odio y el rencor que ambos albergan hacia el otro, y que termina con una agresión física iniciada por Johan pero respondida con similar violencia por Marianne, como si ambos quisieran exorcizar con ello el sufrimiento que mutuamente se han propiciado. La película se cierra con un último encuentro entre ambos, que aprovechan la ausencia de sus respectivos cónyuges para pasar juntos un romántico fin de semana. Ambos han madurado y es innegable que aún se quieren, que su amor ha pervivido más allá del rencor y el dolor. Pero los dos saben de la imposibilidad de una vuelta atrás, conscientes de que el afecto que ahora les une sólo es fruto de su necesario distanciamiento.

Como en tantas otras de sus obras, Bergman analiza en esta historia la dificultad y la complejidad del amor. Ni Marianne ni Johan han sido capaces de encontrar en su relación un equilibrio entre sus propios intereses, entre sus aspiraciones y ambiciones, y el deseo de querer y ser queridos. No creo que Bergman plantee, al menos en esta película -otro sería tal vez el caso de Saraband-, que tal equilibrio sea imposible. Pero su maestría radica en haber incidido con la precisión de un cirujano en uno de los conflictos esenciales del ser humano en lo que atañe a las relaciones de pareja: el eterno conflicto entre uno mismo y el otro, entre la necesidad de afirmación del propio yo, por un lado, y la de recibir afecto y atreverse a darlo con generosidad, por otro.

Y puesto que la palabra, una palabra siempre densa y reconcentrada, constituye uno de los elementos fundamentales del cine de Bergman, aquí os dejo un fragmento de uno de los diálogos finales que me resultan especialmente significativos. En ese último reencuentro, Marianne despierta asustada de una horrible pesadilla:

M: Johan, ¿crees que estamos viviendo en una total confusión?

J: ¿Tú y yo?

M: No, todo el mundo.

J: ¿Qué entiendes tú por confusión?

M: Temor, incertidumbre, locura, eso es confusión... ¿Será que en el fondo nos damos cuenta de que nos deslizamos cuesta abajo y de que no sabemos qué hacer?

J: Sí, creo que sí.

M: ¿Y será demasiado tarde para evitarlo?

J: Sí. Pero son cosas que no se deben decir, sólo pensarlas.

M: Johan, ¿tú crees que nos hemos perdido algo importante?

J: ¿Todo el mundo?

M: No, tú y yo.

J: ¿A qué te refieres?

M: A veces sé exactamente lo que te pasa, y lo que piensas, y siento entonces una gran ternura hacia ti y me olvido de mí misma, aunque no del todo, claro está. Es una sensación nueva, ¿entiendes lo que quiero decirte?

J: Lo entiendo.

M: Johan... También me preocupa no haber querido de verdad a nadie, y creo que nadie me ha querido a mí tampoco. Eso me da mucha pena.

J: Ahora estás siendo demasiado pesimista.

M: ¿Tú crees?

J: Yo sólo puedo hablar por mí mismo, y creo que te quiero a mi modo imperfecto y un poco egoísta. Y estoy convencido de que tú me quieres a tu modo inquieto y posesivo.

M: Ah, ¿sí?

J: La verdad es que creo que los dos nos queremos, aunque ese cariño sea evidentemente imperfecto.

.....


Tal vez la clave de todo resida en conocer y aceptar esa imperfección tan singularmente humana, la propia y la ajena, y en intentar conciliar desde ella la multiplicidad de nuestros deseos y necesidades. Asunto nada fácil cuando de amor se trata. ¿Pero quién dijo que nada en esta vida hubiera de ser fácil?


33 comentarios:

Escéptico dijo...

Si, como he entendido, has llegado recientemente a la obra de Bergman, la cual es desgarradora, permíteme que te recomiende ver alguna de sus obras de teatro. Sacuden por dentro como un tsunami.

Anónimo dijo...

Pues eso, expuesto más simplemente, es lo que intento yo decir en un foro que tú conoces...

Estupendo análisis, Antígona!!

Antígona dijo...

Escéptico, no tan recientemente, pero sí es cierto que aún me queda mucho camino por recorrer en Bergman. Te agradezco vivamente la recomendación, y te haré caso. Aunque habré de dosificarla. No está el cuerpo ni el espíritu para tsunamis todos los días.

¡Un beso!

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Ay, JJ, pues sigue intentándolo, creo que es una cuestión que vale la pena defender.

Gracias, majo, la película lo merecía.

¡Un beso!

NoSurrender dijo...

Me recuerda también a aquella otra de Allen (fanático obseso de Bergman, por otra parte), Maridos y mujeres. Las relaciones de pareja son muy extrañas y no tengo la menor idea de cuál es el secreto para que funcionen bien. Lo que sí voy conociendo, por experiencia de vida, son algunas de las infinitas causas para que no lo hagan. Tiene usted buen gusto, Antígona.

NoSurrender dijo...

de todas maneras, yo escucho la palabra matrimonio y me entran mareos y nauseas :P

Antígona dijo...

NoSurrender, no he visto "Maridos y mujeres" y estoy segura de que me estoy perdiendo algo genial. ¡Urgente ponerle remedio! Y más conociendo la fascinación de Allen por Bergman, a quien siempre sabe sacar partido añadiendo un sentido del humor que, desde luego, no puede decirse que Bergman posea.

Si alguien supiera cuál es el secreto para que las relaciones de pareja funcionen ya lo habría puesto a la venta y además sería riquísimo. Creo que es uno de los temas que más quebraderos de cabeza nos dan. Para que no funcionen, sí, las causas son infinitas, demasiado infinitas, y muchas veces imprevisibles. Gracias, caballero, creo que el buen gusto es compartido :)

¿Así que náuseas y mareos? Matrimonio, matrimonio, matrimonio, matrimonio, MATRIMONIO... ¿le acerco una bolsita de plástico? :P

Que conste que a mí tampoco me gusta la palabreja en cuestión...

¡Un beso!

Marc dijo...

La tal pareja, no es tal, en realidad es un trío: él, ella y la pareja en sí... Y los tríos todos sabemos requieren coordinación;)

Si tenemos en cuenta que cada cual necesita su espacio individual, y a la vez, éste interactua en el común, las posibilidades de conflicto son casi infinitas (no son lo mío las mate, está claro)

A pesar de todo esto, creo que es posible un conviencia armónica y placentera si damos con la pareja adecuada, nos conocemos bien (aquello de la inteligencia emocional) y respetamos la atonomía y espacio del otro. No veo mal cierta dependencia, si es mutua por ambas partes, justa y equilibrada. Da más intensidad a la relación, y no resulta tan fría y cerebral.

Bueno, y después de estos delirios será mejor que me calle. Todavía tengo dependencia...

Besotes.

Pd. Menos mal que lo haces bien (el escribir por lo menos), porque con lo largos que son...;) (Te tenía que dar un poquito de caña, entiéndelo, y como no tengo más argumentos...)

juan rafael dijo...

Cuando sea abuelete y tenga insomnio, las veré. Mientras tanto, sigue contandómelas tú.
Besos.

Escéptico dijo...

Sí creo que un maremoto diario puede ser buena cosa. Muy buena, de hecho, casi imprescindible. Claro, según en quien, que no todos están preparados para ello. Yo los necesito como una droga. Lo importante es saber conjugar "tsunamis" de diferente signo en día alternos, para que el equilibrio no salga demasiado maltrecho.

K dijo...

No he visto la película, pero leí el guión hace un par de meses. Me hace gracia ver las fotos que has puesto, porque las imágenes en mi cabeza tenían otro ángulo de cámara, otros tamaños de plano y otra fotografía... evidentemente, no soy Bergman, heh.

En el desarrollo de la historia entre los dos personajes lo más interesante, al menos para mí, es precisamente eso, cómo van descendiendo gradualmente hasta tocar fondo y cómo eso no es el final, sino una especie de catarsis y nuevo principio, a partir del cual de alguna manera todo se reordena, ambos, en la medida de lo posible, aprenden a aceptarse a sí mismos y al otro y son capaces de establecer una relación soportable y en cierto sentido sana...

Muy profundo este señor. Yo también tengo pendiente seguir descubriéndolo. De las pocas que he visto, me quedo con Fresas salvajes.

juan rafael dijo...

Por si acaso no te has pasado a ver la respuesta del comentario, te dejo este otro enlace con más información.
Besos.

Antígona dijo...

Marc, estoy de acuerdo con lo que dices, la pareja se convierte en un tercer elemento que requiere atención y dedicación propias.

Me parece esencial la idea que resaltas del espacio propio, de lo contrario una relación puede volverse asfixiante y eso la hace mucho más frágil.

Pienso que el conflicto siempre está ahí, en las raíces, en el fundamento de cualquier relación, también de amistad o de cualquier otra índole. Por eso hay que aprender a reconocerlo y a lidiar con él. Por otra parte, la dependencia me parece hasta cierto punto inevitable, aunque no deseable. Confundir amor y dependencia es uno de los errores que con más frecuencia cometemos, y las dependencias son tan poderosas como nocivas si no se controlan. Obviamente, no estoy decantándome por la frialdad ni por la actitud puramente cerebral. Pero sí creo que hay que estar siempre alerta para que el grado inevitable de dependencia no se convierta en algo dañino.

Te acepto gustosamente la crítica. Llevo tiempo proponiéndome la brevedad pero ya ves que me cuesta mucho. Tiendo al exceso de qué manera! Tendré que proponérmelo más seriamente :)

¡Un beso!

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Juan Rafael, yo encantada de contártelas, pero creo que la experiencia propia es insustituible. ¿No tienes nunca insomnio ahora que aún no eres abuelete? ;)

Y gracias de nuevo por el enlace, ya lo había visto en tu blog pero no había tenido ocasión de dártelas en ese momento.

¡Un beso!

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Escéptico, hay que tener mucha fortaleza para soportar un maremoto diario. Y tener además tiempo libre, porque cada maremoto requiere después su proceso de maduración y reflexión. Al menos en mi caso, me gusta asimilar las cosas lentamente, dejar que operen sobre uno efectos que de inmediato no pueden anticiparse y que sólo surgen con posterioridad. De todos modos, tienes razón en que hay tsunamis de diferentes clases, y que no todos nos afectan de la misma manera. No veo imposible el equilibrio al que aludes. Será cuestión de hacer la prueba.

¡Otro beso!

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K, supongo que te refieres a la reciente edición de los guiones de esta película y de Saraband. Tengo pendiente hacerme con el libro. La elección de las fotografías es un tanto arbitraria, he puesto las que había disponibles por la red, pero es cierto que no es demasiado representativa, tal vez por la riqueza de planos y perspectivas de la propia película.

Estoy totalmente de acuerdo con tu lectura de la relación entre ambos. Aquí Bergman me parece mucho más conciliador que, por ejemplo, en Saraband, cuyo final es a mi juicio demoledor. Pero en este caso sí hay una maduración en los personajes, sobre todo en cuanto a la aceptación de sus límites y del fracaso de su relación, que les permite finalmente contemplarse y entenderse de otra manera. Haber superado el rencor y el odio mutuo es ya un gran logro.

"Fresas salvajes" la vi hace no mucho y es otra película digna de comentario. En fin, qué obra de Bergman no lo es, desde el momento en que siempre plantea temas fundamentales para todos y con una seriedad y voluntad de análisis muy notorios.

¡Un beso!

AnA dijo...

Hola hola...
menudo post, Antígona.
No creo en ninguna de las formas convencionales de estar en pareja. Creo en la complicidad,en el sexo(mucho), en la negociación y en la comunicación y en ese tópico de mirar hacia el mismo sitio en vez de mirarse el uno al otro como elementos básicos para que una relación funcione y dure.
Y luego bueno lo que siempre digo que la monotonía desgasta la policromía (aunque el amor no siempre sea en technicolor)
Un beso!!!!!!
AnA

El veí de dalt dijo...

Antígona,
vi esta película y todo el cine de Bergaman de aquel entonces, con mis tiernos ojos de veinte años. Demasiado tierno para entederlo todo. Ahora, con el doble de años en la faja; tu post me ha recreado aquella película, Recordaba perfectamente la escena de la cena (sic) de los dos matrimonios y la escena final del encuentro furtivo de los dos ex-. Quizás hay películas que, cómo los libros, hay que veer o leer a cierta edad y con cierta experiencia sentimental en las espaldas.

Marc dijo...

Antígona, ¿crees que existe en el plano real amor sin dependencia de ningún tipo?
Me cuesta verlo, explícate un poquito, y si hace falta pon ejemplo;)

Aída dijo...

Antígona:
El veí de dalt promete... no lo dejes escapar. Yo creo que la experiencia no es lo que uno ha vivido sino lo que uno ha pensado y reflexionado sobre lo poco, poquísimo o mucho, muchísimo que ha vivido.
A

Aída dijo...

Un 20% de los hombres son incapaces de vivir la vida -sobre todo amar- por sí mismo. Sólo pueden hacerlo a través de otros, proyectando. ¿Pertenecerán a este 20% las moscas que caen en las telarañas de estos blogs? ¿Serán meros adolscentes con un exceso de energía que no saben cómo canalizar? ¿Necesitarán sobre todo expresarse y que les escuchen, además? ¿Tú crees que así alcanzarán la edad adulta? ¿Tú crees que este 20%, gracias a tus reflexiones, será capaz algún día de vivir por sí mismo? ¿De amar y que le amen? Permíteme que lo ponga en duda, querida Antígona.

Siempre tuya,
A

cAsta diva dijo...

A mi juicio, si me permites expresarlo, Antígona, no todo está perdido para este 20% que, según comenta Aída, no podrán vivir en pareja o casarse nunca. Creo que unas circunstancias favorables podrían evitar ese sombrío destino. Por lo que creo igualmente que unas circunstancias difíciles lo favorecen del todo. Marian y Johann son normales y corrientes, un exponente de esa mayoría de la que aquéllos no podrán formar parte jamás.

Piensa sólo si formas parte de las personas que ayudan a los demás a que las circunstancias no les venzan. Si es así, date por satisfecha, Antígona. Si no, haz lo que puedas o retírate.

Un saludo,
A

madamebutterfly dijo...

Por Dios, Jaumeta, no dejes que te maltraten. Eres absolutamente imprrescindible en la vida de muchos... nos has abierto ventanas de par en par, nos has invitado a la reflexión serrena y has cambiado nuestrras vidas; y esto no es posible de hazerlo sin tener un grran corrazón. Yo deseo ante todo y ante todos felicitarte de buen grrado.

Antígona dijo...

Con la salvedad tal vez en lo del "mucho" en cuanto al sexo, cuestión que me genera mis dudas, creo también, Ana, que todos los elementos que mencionas son absolutamente imprescindibles para que una relación funcione. Supongo que la dificultad estriba en lograr introducir todos esos elementos de la manera más adecuada, en materializarlos en conductas concretas, y pienso igualmente que en ese terreno poco pueden ayudarnos los convencionalismos. El reto está en ser capaces de inventar formas de relacionarnos que nos hagan felices.

Respecto a la monotonía y a la policromía, en fin, quién tuviera la fórmula para que predominara el technicolor sobre la gama de grises. Si tienes alguna ocurrencia al respecto no dejes de decírmela ;)

¡Un beso!

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Veí, es posible que aun en aquella época la película te impactara más de lo que pensabas, y por eso ahora la recuerdas con tanta nitidez. Pero estoy de acuerdo contigo en que hay películas cuya comprensión exige una trayectoria sentimental y vital impensable en la juventud. El tiempo nunca en pasa en balde, tanto para lo bueno como para lo malo.

¡Un beso!

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Marc, tal vez me he expresado mal en mi anterior comentario, no creo que la dependencia se pueda evitar totalmente, tanto en el ámbito amoroso como en tantos otros. Nos volvemos adictos a las cosas que nos gustan, que nos satisfacen, es también una cuestión de hábitos. Sólo quería decir que hay que combatir esa tendencia a generar dependencias cuando éstas se vuelven perniciosas. Cosa que por desgracia suele ocurrir bastante en las relaciones de pareja, donde no es infrecuente que nos aferremos a alguien incluso cuando los sentimientos amorosos ya se han diluido o han desaparecido sólo porque nos hemos habituado a la compañía o a la forma de vida que esa pareja nos ofrecía. Es entonces cuando la dependencia se convierte en una cárcel que no nos deja decidir ni actuar en libertad y que acaba atentando contra la libertad del otro.

¡Otro beso!

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Aída, acerca de tu primer comentario, estoy de acuerdo en que no hay verdadera experiencia sin reflexión, de lo contrario lo vivido pasa a través de nosotros como si nada hubiera sucedido. Otra cosa es que, como apunta el veí, la propia reflexión también se alimenta de la experiencia y es de ella de donde toma los datos que pueden ayudarnos a guiarnos en lo venidero.

De tu segundo comentario, pienso que esa imposibilidad de vivir por uno mismo afecta tanto a hombres como a mujeres. ¿20%? Las estadísticas no son mi fuerte, la verdad. Es algo además que diría que nos ha sucedido a todos en un momento u otro de nuestra vida.

Por otra parte, no creo que en lo que tu llamas "las telarañas de estos blogs" caiga mosca alguna. Sólo personas a las que les gusta entrar en comunicación con otros y compartir ideas y opiniones. No puedo hacerme, por tanto, el tipo de preguntas que tú te haces con respecto a ellas. Ni creo que sean las preguntas apropiadas.

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Casta diva, las circunstancias siempre puede jugar en nuestro favor o en nuestra contra, en cualquier aspecto de nuestra vida. Pero sólo raras veces son invencibles. Ante ellas siempre hay formas diversas de reaccionar, unas más acertadas que otras.

Un saludo

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Madamebutterfly, si es a mí a quien llamas "Jaumeta" agradezco tus palabras, aunque son de todo punto exageradas.

NoSurrender dijo...

Aída, te contesto como “mosca-hombre que cae en las telarañas de este blog” No creo ser un mero adolescente con un exceso de energía que no sé cómo canalizar. He alcanzado mi vida adulta, y sospecho que llevo instalado en ella más años que tú (intuición masculina). Y soy capaz de vivir por mí mismo, de amar y de ser amado, por lo que tus dudas me parecen, digamos, precipitadas.

Un saludo.

Aída dijo...

Nosurrender, agradezco tus palabras. Siempre estoy dispuesta a poner en duda mis certezas y con más motivo si es una persona de más edad y experimentada (aquí funciona mi intuición femenina, claro, demasiadas veces en huelga)quien me aporta nuevos argumentos. Puedes sentirte orgulloso porque, por lo general, las personas de más edad no me parecen ni más experimentadas ni más despiertas ni más dignas de escucharse. (Vete a saber si, conociéndote un poco más, no llegaría a sentirme otra vez desaparada y aferrada a mis certezas...
Saludos

Marc dijo...

Ahora lo he entendido mejor, Antígona. Gracias por la aclaración.

Aída, también a ti te tengo que dar las gracias; me has hecho reflexinar.

Saludos

desconvencida dijo...

Estoy totalmente de acuerdo, el cine de Bergman inquieta, desasosiega por lo que nos plantea, ataca directamente al estómago :)

desconvencida dijo...

Estoy totalmente de acuerdo, el cine de Bergman inquieta, desasosiega por lo que nos plantea, ataca directamente al estómago :)

Duschgel dijo...

Estoy de acuerdo con Marc en la idea del trío. Lo que está claro es que una pareja difícilmente funciona si cada miembro no está bien consigo mismo o no se siente realizado como persona, como ente individual. Difícil cosa la del equilibrio. Muy difícil.

¡Un beso muy grande!

Antígona dijo...

Bueno, desconvencida, ya veo que en esto estás "convencida" hasta por partida doble ;) Pero sí, no creo que Bergman pueda dejar a nadie indiferente.

¡Un beso!

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Tienes toda la razón, Dusch, se trata en el fondo de la misma idea de que para querer a otro hay que saber primero quererse a sí mismo. La armonía consigo mismo no es fácil tampoco estando solo, por lo que acompañado el tema puede complicarse, a las demandas propias se suman las ajenas. Pero también es verdad que todos deseamos sentirnos queridos y por eso estamos dispuestos a meternos en ese berenjenal. Y, como suele decirse, no hay manual de instrucciones para lidiar con él.

¡Un beso enorme, Dusch!

koolauleproso dijo...

Oportunísimo post, Antígona. Y para ponerse a temblar. Dedicas una entrada(excelente, por cierto) al maestro Bergman, y, a la semana siguiente va el tío y se muere. En fin, peligroso enemistarse contigo
Visitaré más esta casa, tiene buena pinta.

Antígona dijo...

Koolauleproso, no me atribuyas tanto poder, si lo tuviera, Bergman estaría ahora reviviendo. Así que mis enemigos pueden estar tranquilos, aunque por fortuna no recuerdo ahora tener ninguno. Pero sí, ha sido una extraña casualidad, aunque ¿cuáles no lo son?

Gracias por tus palabras y bienvenido, vuelve siempre que quieras.

¡Un beso!

Tako dijo...

Pues la verdad poco conozco de Bergman. Y, respecto a tus poderes… bueno yo sabía que los tenías pero no de esa clase. ¿He de temblar?

Besos

Antígona dijo...

Pues no sabes lo que te estás perdiendo, Tako, es un gran director de cine. ¿Poderes? Caray, cómo os ha dado con el tema. Bueno, tú ya sabes que todas las mujeres somos una brujas, algunas más que otras, pero al margen de eso creo que no tengo ningún poder especial. Que yo sepa, claro ;)

¿Temblar? ¿Con estos calores? Venga, hombre :P

¡Un beso!

Horrach dijo...

Es tremenda esta película. Yo la vi por primera vez a los 16-17 años y creo que me afectó mucho en la concepción que hasta ese momento tenía del matrimonio. Bergman es duro porque te derrumba los ideales y te los hace picadillo. Sabe que el desarraigo es lo que siempre está debajo de las cosas; la falta de anclaje en algo perdurable. Nada es perdurable, eso nos repite Bergman pelñicula a película, y por eso mismo la mayoría cobarde e idealista siempre lo odiará porque no quiere escuchar la verdad.

saludos

Antígona dijo...

Horrach, me alegra comprobar que hay mucha gente a la que el cine de Bergman no sólo no le resulta un tostón, sino que ve en él un compromiso con la verdad, una pretensión de desencubrir aspectos de las relaciones de pareja que su idea más convencional y extendida oculta.

En efecto, creo que tienes razón al destacar ese aspecto, el de la finitud, el del carácter perecedero que envuelve a todo lo que atañe al ser humano. Y es cierto que se trata de un componente de nuestra existencia que encajamos mal. Deseamos mantener aquello que nos hace felices, no queremos aceptar que nada hay eterno en nuestras vidas, ni siquiera, por supuesto, nosotros mismos.

Un beso y gracias por tu comentario, pásate por aquí cuando quieras.