lunes, 19 de febrero de 2007

Persona

Hoy también es aquí carnaval. Pero no son ésas las máscaras en las que pienso, sino aquellas otras que día a día nos exponen y a la vez nos ocultan al mundo, las que hemos ido adquiriendo por descuido o esculpiendo con paciencia y precisión de relojero, las que nos violentan o nos hacen sentir como en casa, las que nos imponen o las que escogemos caprichosamente. Porque detrás de todas ellas, detrás de ese amplio y cambiante repertorio que nos vamos procurando a lo largo de la vida, construyendo algunas, resignándonos a otras o intentando quebrarlas, sólo hay otra colección de máscaras, tal vez un poco más verdaderas, pero máscaras al fin y al cabo. Ésas que creyendo proteger de miradas ajenas, en el fondo tratamos constantemente de sustraer a nuestra propia mirada.

Atreverse a exhibirlas ante los demás sólo supone un paso más en el camino hacia el reconocimiento de nosotros mismos. Camino sin duda escarpado donde los haya.


¿Crees que no lo entiendo? El sueño imposible de ser.
No de parecer, sino de ser. Consciente en cada momento, vigilante.
Al mismo tiempo, el abismo entre lo que eres para los otros y para ti misma,

el sentimiento de vértigo y el deseo constante de, al menos, estar expuesta,
de ser analizada, diseccionada, quizás incluso aniquilada.
Cada palabra una mentira, cada gesto una falsedad,
cada sonrisa una mueca. ¿Suicidarse? Oh, no! Eso es horrible.
Tú no harías eso. Pero puedes quedarte inmóvil y en silencio.
Por lo menos así no mientes. Puedes encerrarte en ti misma, aislarte.
Así no tendrás que desempeñar roles, ni poner caras ni falsos gestos. Piensas.
Pero, ¿ves? La realidad es atravesada, tu escondite no es hermético.
La vida se cuela por todas partes. Estás obligada a reaccionar


(La psiquiatra a la paciente, en Persona, de Ingmar Bergman)

4 comentarios:

Duschgel dijo...

Es que somos "personas" con su sentido original del latín, el de la "máscara" de los "actores". Somos personas. Muchas en cada uno. Y no se puede remediar. No sé si es malo o bueno. ¿Tenemos que ser siempre verdad? ¿Somos mentira si somos personas? ¿No es la mentira nuestra verdad?. Somos lo que somos. Tego la impresión de que el instinto de supervivencia nos proporciona nuestras máscaras. Y, aunque muchos veneran la verdad, la verdad a secas asusta y a menudo no es tolerada ni bienvenida.

Antígona dijo...

Hola Dusch,
efectivamente, es a esa relación entre la persona y la máscara a la que he querido aludir en el blog y la que creo, por otra parte, que da sentido al título de la película de Bergman. Personalmente, no creo que seamos "mentira" si somos personas, es decir, máscaras. Es verdad que la propia idea de la máscara sugiere que detrás de ella habría algo más verdadero, que nos define más esencialmente. Pero paradójicamente, en el momento en que intento mostrarlo, eso más verdadero o esencial se convierte necesariamente en otra máscara. Por ello, podría decirse que detrás de cada máscara sólo se oculta otra y así en un proceso infinito. Entiendo que eso es lo que viene a decirle la psiquiatra a la paciente, que además es actriz, en la película: que no es posible vivir sin máscaras, que son ellas las que nos constituyen, y que en ese juego de máscaras nos movemos continuamente sin que haya una alternativa al mismo.
Por otra parte, supongo que el problema al que cotidianamente nos enfrentamos es el que nos plantea esa multiplicidad de máscaras que mencionas y que todos tenemos, pues ante ella parece inevitable que nos preguntemos quiénes somos en realidad, es decir, cuál de esas máscaras es la que realmente nos representa, o la que habla de nosotros de un modo más verdadero.
Pero la cuestión que me rondaba ayer era más bien la de hasta qué punto aquellas facetas de nuestra persona que queremos ocultar a los demás no son en el fondo las que precisamente rechazamos en nosotros, las que no queremos conocer, y cómo entonces el pretender mostrarlas significa un querer hacerse justicia a uno mismo. Creo que hay mucho de esto en los blogs, un querer mostrar a otros que es en realidad una oportunidad que uno se da a sí mismo para desvelar, enfrentarse a o elaborar aspectos de sí negados, olvidados o descuidados.

Jo, menudo rollo que he soltado. No se me puede dar cuerda...

Besitos

Duschgel dijo...

Creo que las máscaras también se representan en personalidades, o en voces, como en tus posts anteriores.

Sí, un blog es liberador en este sentido y nos ayuda a reflejarnos (sobre todo si no nos dejamos arrastrar por la fama). Y espero que en tu guerra de voces haya ganado el SÍ al blog, porque te voy a poner un enlace :-)

Antígona dijo...

Sí, de momento parece que el sí ha ganado, aunque no termina de ser muy sólido. Claro que si ya me has puesto un enlace me parece que no tendré más remedio que seguir, ¿no? ;-)

Jo, qué ilu me hace, mari, que me hayas puesto enlace. Gracias, guapa! Ya me siento más integrada en la blogosfera.