miércoles, 21 de febrero de 2007

Los amantes



Crees estar muy cerca de él. Pero un muro infranqueable os separa. Lo darías todo por romper esa barrera. Pero no puedes.

Deseas verle. Pero sólo ves la imagen que se refleja en tus pupilas. Anhelas oírle. Pero sólo oyes la vibración que oscila en tus oídos.

Te acercas. Le besas.

Crees estar sintiéndole. A él. Pero piénsalo bien. Sólo sientes tu propia lengua.

6 comentarios:

Duschgel dijo...

¡Por favor, qué pesadilla!

Antígona dijo...

Ay Dusch, pues según pienso, la pesadilla en que consiste el estar encerrado en la propia piel y nunca poder llegar al interior del otro, que es lo que uno querría cuando está enamorado.
Aunque reconozco que es una visión un poco extrema.

Mía Moore dijo...

¿Y por qué no podemos acceder al interior del otro? ¿Un problema nuestro, o una pareja inaccesible?
¿No nos dejan o no nos dejamos?

Antígona dijo...

Porque el otro siempre se nos escapa, porque nadie puede sentir lo que otro siente, ni, por tanto, saber con certeza lo que ese otro siente cuando pronuncia palabras que nos son familiares, como amor, deseo, dolor...
Porque, insisto, cada cual está encerrado en su propia piel, que nos pone en contacto con el mundo, pero siempre dentro de los límites que la propia piel representa.
Y porque, si yo misma nunca alcanzo a conocerme, ¿cómo voy a conocer al otro?
No creo que dependa de la pareja, ni de que nos dejemos o nos dejen acceder. Por más que nos dejen, por más que nos dejemos, siempre hay barreras que no se pueden traspasar.

Jo! Qué melodramática me he puesto!

Gracias por la visita, Mia!

Duschgel dijo...

Pues eso: pesadilla, y más descrita así. Pero hay intuición, la hay, y tú misma sabes que somos muchas verdades(o mentiras o máscaras, ¡qué más da!).

Es cierto que uno no acaba de conocerse del todo a sí mismo, más sabiendo que encima estamos en continuo cambio, que somos tantas facetas. Pero en realidad, todos tenemos la misma esencia, un poco de todo, solo que en distintas dosificaciones, que son las que nos distinguen.

No es tan dramático. No es tan dramático no conocerse, no conocer al otro con exactitud. Porque la exactitud es efímera debido al cambio. No hay que exigir tanto, uno se podría abandonar así al sufrimiento.

Sólo hay que intuirse. Y el interés que pongas en querer conocer a una persona por dentro es, además, sin duda, muchísimo más de lo que hacen muchos en toda su vida.

Antígona dijo...

Tu optimismo es alentador, Dusch, y lo digo sin ironía alguna. Supongo que en mi caso tiendo a ver el lado trágico de las cosas, la botella medio vacía y no medio llena, y aunque entiendo perfectamente lo que dices e incluso podría estar totalmente de acuerdo con ello, no puedo dejar de contemplar esa otra vertiente.

Lo que el cuadro me recordó no fue tanto el tema del desconocimiento como el hecho de que el deseo de llegar al otro nos desborda a veces hasta tal punto, que todo contacto físico parece insuficiente y lo que uno desearía realmente es abrir su pecho y acariciar su corazón, o meterse en su piel o su cabeza para sentirlo aún más cerca.

Por otra parte, experiencias recientes me hacen desconfiar de que uno pueda conocer a quien quiere incluso en el grado mínimo que sería necesario. Aunque también es verdad que hay quien se oculta tras muchos velos. De todos modos, no por ello voy a dejar de intentarlo.

Un placer dialogar contigo, Dusch.

Besitos