lunes, 14 de junio de 2010

Hermenéutica IV: Falacias


En el siglo XI, momento perteneciente a esa época de la historia marcada por el notorio desperdicio de todos los talentos intelectuales de Occidente en peregrinas y estériles disputas sobre la existencia y atributos del Dios cristiano, los llamados antidialécticos defendieron que el uso de la lógica era perjudicial para la fe. Y no puede negarse que estaban en lo cierto: no hay forma de admitir que Dios es a la vez uno y trino, o que la Virgen María, siendo virgen, fuera igualmente madre, sin suspender toda exigencia lógica.

Pero así como el rechazo de la lógica es beneficioso para la fe, resulta tremendamente nocivo allí donde se trata de valorar la credibilidad de los argumentos de los políticos. Desde antiguo se sabe que una práctica habitual del discurso político es la utilización de falacias o sofismas, esto es, razonamientos que, si bien son lógicamente incorrectos, aparentan ser correctos y se aplican con fines persuasivos para convencer de alguna presunta verdad.


Hace unos días, la señora Ministra de Igualdad condenaba las 32 muertes de mujeres a manos de sus parejas que se han producido ya este año y, al preguntársele por las causas de este aumento con respecto al año pasado, señalaba la necesidad de atender al denominador común de todas ellas, a saber, que la mayoría de las fallecidas no había presentado denuncias por agresiones previas. Ni ellas ni su entorno. Por ello, sus declaraciones terminaban alentando a la sociedad en su conjunto a denunciar.


Entiendo que lo que la señora Ministra quiere decir es que la ausencia de denuncias por agresiones previas es una causa determinante de las muertes de esas 32 mujeres. De lo cual se sigue que, si esas mujeres hubieran denunciado tales agresiones previas, podrían haber salvado sus vidas. De ahí su mensaje: si queremos evitar más muertes, presentemos denuncias ante cualquier caso de agresión que conozcamos.

Sin embargo, a mi entender la señora Ministra ha incurrido con sus declaraciones en varias flagrantes falacias que intentaré analizar a continuación:


a) La falacia formal o razonamiento no válido conocida como falacia de negación del antecedente se da en razonamientos de este tipo: aceptada la premisa de que si llueve, las calles se mojan, se concluye que, en el caso de que no llueva, las calles no se mojan. ¿Y por qué se trata de un razonamiento falaz o incorrecto? Pues porque las calles podrían mojarse por otros motivos: que pase el camión de limpieza del ayuntamiento, que un maremoto arrase la ciudad, o que todos los ciudadanos de un determinado barrio se pongan de acuerdo para arrojar desde sus balcones cubos de agua. Exactamente lo mismo sucede con el razonamiento de la señora Ministra: aceptada la premisa de que en ausencia de denuncias de agresiones previas se producen asesinatos, se concluye que, en el caso de que tales denuncias sí se den, no se producirán asesinatos. Lo cual es falso porque las mujeres podrían resultar asesinadas por sus parejas por otros motivos.

b) La falacia informal de la falsa causa consiste en atribuir a dos sucesos o hechos correlativos una relación de causa-efecto sin evidencias que la soporten. Ejemplos un poco burdos de esta falacia serían afirmaciones tales como: el sol ha salido porque el gallo ha cantado; el arcoíris ha parado la lluvia. Un poco –aunque sólo un poco- menos burdo: aprobé el examen porque llevaba mi amuleto de la suerte, ya que esta falacia es el tipo de razonamiento incorrecto que suele primar en las creencias supersticiosas. Tales falacias se refutan demostrando que no existe una relación significativa entre los dos hechos que se pretenden causa y efecto: bien probando que el efecto tiene lugar aunque no intervenga la causa –el sol saldrá aunque todos los gallos sobre la faz de la tierra se proclamen en huelga y dejen de cantar-, bien probando que el efecto está producido por otra causa distinta de la presumida. Pues bien, que la señora Ministra incurre en este tipo de falacia se pone de manifiesto atendiendo a sus propias declaraciones: el hecho de que la mayoría de las mujeres no hubiera presentado denuncias significa que algunas mujeres sí las habían presentado, en concreto cinco de ellas. No obstante, la presentación de tales denuncias por agresiones previas no las libró de la muerte. Luego es falso el establecimiento de una relación causal entre la ausencia de presentación de denuncias y la muerte, porque el efecto –la muerte- pudo ocurrir sin intervención de la causa –es decir, habiéndose presentado denuncias-. Que ambos hechos –no presentar denuncias por agresiones previas y acabar muerta- sean correlativos no permite entonces concluir legítimamente que el primero sea causa del segundo.

c) Vamos a conceder a la señora Ministra que sus declaraciones se sustentan sobre el dato fehaciente y constatado de que algunas de las mujeres que han acabado muertas a manos de sus parejas habían sufrido previamente agresiones por parte de ellas. Ahora bien, otra falacia informal es la que recibe el nombre de generalización precipitada, por la cual se otorga de manera injustificada la propiedad que presentan varios individuos de un conjunto a todos y cada uno de los elementos de ese conjunto. Un ejemplo de esta falacia podría ser la afirmación de que el alcohol es dañino porque genera alcohólicos, pues el hecho de que para algunos individuos el alcohol resulte dañino no permite concluir que lo sea para todos. Idéntico caso de generalización precipitada es el de la señora Ministra: del hecho de que algunas mujeres muertas a manos de sus parejas hayan sufrido agresiones previas no es legítimo concluir que todas las mujeres muertas a manos de sus parejas las han sufrido.


Pero la señora Ministra no es la única política que incurre en razonamientos falaces. Al día siguiente de sus declaraciones, también el Delegado del Gobierno para la Violencia de Género hacía un uso tácito de esta última falacia al plantear la hipótesis de una posible vinculación entre las muertes de mujeres a manos de sus parejas y el modo en que éstas son reportadas en los medios de comunicación. Para justificar el aumento de mujeres muertas a manos de sus maridos de los últimos meses, apelaba a un presunto “efecto imitación”, “aquel en el que el agresor asesina a la mujer tomando como referencia un caso anterior" y un presunto “efecto paso a la acción”, “cuando el agresor se decide a cometer el asesinato al ver otro”. Puesto que los medios de comunicación podrían entonces, involuntariamente, estar incitando a nuevos asesinatos, el Delegado señalaba que la clave para evitar este efecto indeseado estribaría en el tratamiento de la información por parte de los medios. E indirectamente, condenaba la emisión de testimonios de los vecinos como “era un hombre trabajador” o “era un buen padre”, porque, según él, “provocan que la agresión sea inexplicable”. ¿Y por qué inexplicable? Sencillamente porque, como se desprende de sus propias palabras, el Delegado asume que todos los hombres que han matado a sus mujeres las habían agredido previamente, es decir, que son agresores habituales y por ello, según su propio juicio, personas que no pueden merecer ninguna valoración positiva por parte de nadie. Por esta razón, al igual que la señora Ministra de Igualdad, el señor Delegado terminaba sus declaraciones instando a las mujeres y a sus entornos a denunciar.


Quizá parezca difícil entender que a la señora Ministra no se le haya ocurrido que la ausencia de denuncias previas a las muertes de mujeres a manos de sus parejas podría obedecer a la ausencia de motivos para realizar tales denuncias, es decir, a la ausencia de agresiones previas. O que al Delegado no se le haya ocurrido pensar que los testimonios de los vecinos nada tienen de descabellado porque no es inexplicable que alguien que no ha agredido previamente a su pareja pueda llegar a matarla bajo ciertas circunstancias específicas.


Pero, en el fondo, me temo que la falta de tales ocurrencias no es tan difícil de entender. Porque si el Ministerio de Igualdad y la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género aceptaran la hipótesis de que gran parte de las muertes de mujeres a manos de sus parejas no responde a una situación de maltrato y constituye un suceso imprevisible en tanto desconectado de cualquier acto violento previo, ¿podrían al mismo tiempo afirmar que la evitación o disminución del número de muertes de mujeres a manos de sus parejas depende de sus propias acciones? ¿Podrían justificar sus respectivos trabajos en lo que respecta a esta cuestión concreta? ¿Podrían arrogarse los méritos aquellos años en que el número de muertes disminuye, como suelen hacerlo habitualmente? Desde luego, yo creo que lo tendrían mucho, pero que mucho más complicado.

Por ello prefieren sostener como única causa válida del asesinato el maltrato previo y animan repetidamente a la denuncia, ya que según sus encuestas –y ya analizamos aquí una vez de qué forma tan surrealista tales encuestas detectan las situaciones de maltrato- existen 400.000 maltratadores en España, 300.000 de los cuales aún no han sido denunciados.

Mientras tanto, debería dar que pensar el hecho de que en noviembre del año pasado el número de presos por violencia de género creciera un 50% con respecto al año anterior. Como debería dar que pensar que en el 2009 se produjeran 135.540 denuncias, de las cuales tan sólo 32.550 recibieron una sentencia condenatoria, cifra que incluye aproximadamente un 50% de sentencias que únicamente enjuician faltas y no delitos –y aquí es preciso tener en cuenta que, a partir de la aprobación de la Ley Integral de Violencia de Género, se tipifica como falta la injuria o vejación injusta de carácter leve, mientras que cualquier otra injuria o agresión pasa a ser considerada delito-. E igualmente debería dar que pensar por qué ninguna institución se preocupa por tratar de explicar ni valora como un problema social que junto a las 55 mujeres que en 2009 murieron a manos de sus parejas, también murieran 10 hombres a manos de sus parejas.


No sé vosotros, pero yo no tengo ninguna intención de dejar de hacer uso del razonamiento lógico para dejarme convencer por argumentos erróneos encaminados a fomentar creencias cada vez más alejadas de la realidad. Y es que el conocimiento de la realidad no pasa por la fe, sino, entre otras cosas, por ser capaz de anteponer la mera lógica a ella.

20 comentarios:

k dijo...

Me siento incapaz de añadir nada a lo que has escrito ni opinar siquiera, suscribo todo lo que he leído. Solo quería dejar constancia de que lo he leído.

(Odio los argumentos que apelan a ese "efecto imitación": me parecen simplistas, utilitaristas e y reduccionistas.)

Antígona dijo...

Me alegro de que hayas pasado para decir lo que suscribes, K, porque el tema es polémico y siempre que me planteo escribir sobre él temo que se me malinterprete o herir sensibilidades que no me gustaría herir.

Lo del "efecto imitación" es ya para mearse de risa. Porque no es más que un argumento ridículo para tratar de justificar por qué siguen muriendo mujeres pese a la existencia de aquellas instituciones -pagadas con nuestro dinero, claro- que dicen pretender trabajar para acabar con este problema. ¿Será que la única explicación es que quienes matan a sus parejas son psicópatas?

Precisamente hoy venía otro artículo en El País que recogía otras declaraciones de Lorente, según el cual, los asesinos serían "gente que ya llevaba dándole vueltas a la idea y que decide, al ver un caso similar, pasar a la acción". Pero, ¿realmente le parece plausible que se trate de crímenes premeditados y que responden a un plan a actuación? Más cuando, según los datos del 2009, el 57% de los homicidas, o bien se suicidaron o intentaron suicidarse o bien se entregaron inmediatamente a la policía. ¿Es esto la reacción esperable de alguien que supuestamente ha planeado un asesinato?

Un beso!

C.E.T.I.N.A. dijo...

El problema es que nuestros políticos no trabajan el concepto silogismo. Bastante tienen con aplaudir o abuchear cuando se lo indican. ¡Pobrecicos!

De hecho la mayoría son tan inútiles que les han tenido que diseñar nuevos cargos a la altura de su inutilidad como el de Ministra de (falsa) Igualdad o el de Delegado del Gobierno (¿dónde? ¿en la casa de cada maltratador potencial?) para la Violencia de Género.

Nunca hubo tanto idiota tan bien pagado.

Un beso lógico

El peletero dijo...

Yo creo, apreciada Antígona, que aún te quedas corta en tu análisis de despropósitos lógicos que se incrustan en las mentes de la “nueva” sociedad bien pensante, que, autosatisfecha de haberse conocido, instalada cómodamente en el lugar común, en el prejuicio y recalcitrante en el error, renuncia, como lo hicieron otras en su momento, a la buena, sana y necesaria práctica del razonamiento sensato, en pro, en cambio, del mezquino deber ideológico. Me ahorro los calificativos, ya los colocarás tú si es que lo crees necesario.

Tengo algunos amigos abogados que deben vérselas constantemente con situaciones derivadas de la violencia física y mental. Las cosas que me cuentan no tienen nada que ver con la realidad que más tarde proclaman los voceros oficiales y que llenan muchas de las estadísticas que conocemos, pero su verdad no puede ser dicha si no quieren verse, metafóricamente hablando, quemados en la hoguera.

Muchos saludos.

Margot dijo...

Aplicar la lógica agota, no? Pues eso, no creo que sea la mejor recomendación en estos tiempos de arribistas del pensamiento, donde el planteamiento fácil y deglutido para pasar al siguiente bocado, no deja lugar a preguntas y mucho menos al análisis por sencillo que sea... raciones, no queremos otra cosa salvo raciones diarias que nos hagan olvidar la anterior, pensando ya en la siguiente.

Y de eso saben mucho nuestros próceres y sus inútiles políticas, sazonadas, eso sí, con amplios presupuestos y argumentaciones que justifiquen la inutilidad... todo un pez mordiéndose la cola.

Cada vez me sorprendo menos de las trampas, Antígona, pero me cabrea y mucho que las trampas sean cada vez más necias y evidentes.

No, no es cierto, me cabrea mucho más la conformidad con la que las manejamos y asumimos. Pero esa si que es otra historia...

Harta estoy con la que está cayendo!!

Besos resistentes y a tu vera!!

Antígona dijo...

C.E.T.I.N.A., pues a mí me parece que lo trabajan muy bien y por eso son capaces de utilizar tanta falacia a su favor. ¿O crees que no son conscientes de que están manipulando la opinión pública? ¿De que están construyendo la imagen de la realidad que más les beneficia? Habría que ser un oligofrénico –y con perdón de los oligofrénicos- para hacer este tipo de afirmaciones sin ser consciente de su mentira. Y no me creo ni que la señora Ministra ni que el señor Delegado lo sean.

Por otra parte, ¿no crees que es necesaria cierta dosis de inteligencia para hacer pasar la inutilidad por utilidad? Aunque sea el modo de inteligencia retorcida y maquiavélica que suele alimentar el poder.

Pero en eso consiste la política: en que a uno se le pague bien por engañar.

Un beso gratuito!

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Es posible que me quede corta, estimado Peletero. Pero la voluntad de hablar de este tema surge siempre de la más profunda indignación –de hecho, todo comenzó al escuchar un programa en la radio la semana pasada, donde intervenía el propio señor Delegado, en el que se hicieron comentarios aún más insultantes para la inteligencia con respecto a las posibles causas de las muertes de esas mujeres-, y ante ese sentimiento prefiero después optar, a la hora de plantear la cuestión por escrito, por la sobriedad y la frialdad analítica, no vaya a ser que el apasionamiento me enturbie el entendimiento. Porque creo que ante estas cuestiones, y precisamente para no ser confundido con aquellos que obedecen a cualquier mezquino deber ideológico, es más eficaz decantarse por la argumentación rigurosa que por el calificativo apasionado, por legítimo y verdadero que este sea. Mejor no entrar en juicios de valor, a los que siempre pueden oponerse otros juicios de valor de índole contraria, y mostrar cómo determinados razonamiento no resisten el más mínimo análisis intelectual.

Sospecho a lo que quieres aludir con esas situaciones derivadas de la violencia física y mental en relación a lo que comentas de que su verdad sólo podría ser dicha a costa de la quema en la hoguera. Pero no me atrevo a añadir nada más por miedo a equivocarme. Sin embargo, creo que sería enriquecedor –y a mí personalmente me gustaría saberlo- si pudieras contarnos algo más de esas cosas que no tienen que ver con las estadísticas.

Un beso!

Antígona dijo...

Pues eso debe de ser, niña Margot, que lo que a mí me divierte –y no sabes cuánto- resulta en estos tiempos agotador y por eso los políticos se permiten el lujo de acudir a argumentaciones tan zafias y burdas sin miedo a que nadie les señale al día siguiente por haber contravenido las más elementales reglas de la lógica. Sin embargo, no por el hecho de que en estos tiempos de consumo de noticias la falta de lógica se haya convertido en algo quizás habitual deja de ser preocupante. Que una cosa es ser un ignorante, lo cual no necesariamente tiene que ser objeto de reproche, y otra muy distinta que los engranajes del razonamiento válido comiencen a fallar, dado que su correcto funcionamiento no depende de la adquisición de ningún saber sino sencillamente de ponerlos a funcionar de cuando en cuando y pararse mínimamente a pensar sobre ellos. Pero supongo que también debe de ser agotador para muchos eso de pararse mínimamente a pensar.

A mí también me cabrea, y me indigna y me revuelve la bilis en el estómago que las mentiras sean, como dices, cada vez más necias y evidentes. Como le comentaba al Peletero, me parecen un auténtico insulto a la inteligencia. Pero debe de ser que la inteligencia en este país anda por los suelos cuando tantos son incapaces de percibir hasta qué punto se les insulta e incluso colaboran –me está viniendo a la cabeza esta campaña de la “tarjeta roja”- poniendo su imagen al servicio de tanta necedad.

Ahora, aún me indigna más pensar en las consecuencias reales que todas estas argumentaciones falaces acabarán teniendo. Cuántos hombres acabarán injustamente en el calabozo, o separados de sus hijos. Cuánto odio seguirá generando entre los sexos este feminismo mal entendido que parece perseguir justamente lo contrario de lo que presuntamente proclama. Cuánto reaccionario ante el estandarte legítimo de la igualdad, puesto que bajo su nombre sólo se esconde la prebenda desigualitaria e injusta… En fin, que paro ya, que me entran los calores y luego me duele el estómago :)

Besos combativos!

benedetina dijo...

Uf, Antígona, entiendo que te acalores. No sé el grado de intencionalidad o de preparación que tendrán nuestros políticos, pero visto lo visto cada día me parece más absurdo todo este juego, y no me cabe duda de que estamos gobernados por descarados chapuceros que sólo se peocupan -como decías- de justificar su puesto. Es algo que vemos a diario en todos lados y escalas.

Con esto de la violencia de género, además, parece que se han tenido que montar unas comisiones de la hostia. Y a ver, que chupar del bote van a chupar que pa eso se han metido en política, pero ya se podían molestar aunque sea mínimamente en amortizar esos presupuestos en busca de un beneficio ético y prágmatico que repercuta de verdad en el buen desarrollo de la sociedad.

En la Universidad, sin ir más lejos, en una carrera donde lo más importante hubiera sido el uso del lenguaje, tuve una sola asignatura de lengua que se basó únicamente en la polémica por designar nuestra lengua como castellano o español, y en el sexismo lingüístico. Manda huevos. Además, en todas las demás asignaturas se buscaron las vueltas estos últimos años para relacionar las materias con la violencia de género y justificar ponencias a punta pala.

Respecto a los medios de comunicación, el efecto imitación no se si tenga un pelín de sentido en ciertos casos de trastornos mentales o de personalidad. Sea como sea, me parece mucho más importante destacar que lo que sí se puede estar produciendo es un efecto rebote. Me explico: conozco más de un caso de mujeres y niñatas que, bien cínicas bien autoconvencidas de ser víctimas, denunciaron a sus parejas por un empujón una mala tarde, llevando a esa persona a prisión en el caso de tener antecedentes. Como si ellas no hicieran nunca uso de su mala leche y el asco que da la confianza, vamos. Por no hablar de denuncias falsas para quedarse con la casa, los niños, etc., que anda que no hay hijas de puta. Y claro, ante esto, no me extraña que muchos hombres sientan la imperiosa necesidad de matarlas. (Suena fatal, lo sé, pero es algo que no podemos obviar, y que ocurre)

Otra cosa, precisamente muchas de las muertes relacionadas con casos de maltrato continuado se dan a partir de que la víctima interpone una denuncia. Tengo una amiga psicóloga, de hecho, que me dice que no deben aconsejar a ningún paciente maltratado denunciar.

Debe haber otras vías, pero es un tema muy delicado. Yo creo que deberían dejarse de tanta panochada e invertir más en educación. Sin querer herir ninguna sensibilidad, también creo que el problema muchas veces viene más que por parte del maltratador (que también), por parte del que aguanta una situación de maltrato.

Deberían enseñar en las escuelas nociones mínimas de supervivencia y desarrollo emocional, hacer uso de esa parte de la psicología que sí puede servir para algo.

Ay, yo también me he calentao...

Un bezito

El peletero dijo...

Apreciada Antígona, me disculparás que no te responda porque voy a seguir tu ejemplo y no haré juicios de valor, en esta caso relatando sucesos contados en privado y silenciando el nombre de los afectados para no desvelar el secreto profesional; muchas de estas situaciones están relacionadas con la llamada “Ley de violencia de género”, así que, con tu permiso, te preguntaré, a mi vez, la opinión que te merece dicha ley.

Saludos,

Antígona dijo...

No quiero ser malpensada, Beneditina, pero creo que la intencionalidad en los políticos es clara. Deben demostrar que son eficaces en sus puestos de trabajo, y cuando no lo son, por lo general porque los medios que se plantean para la consecución de ciertos fines no son los adecuados, acuden a los argumentos más peregrinos para justificar sus fracasos. Y si no, lee lo que decía el señor Delegado para explicar por qué el número de mujeres muertas no disminuye cada año: “La ley de Violencia de Género hizo que se tomara conciencia del problema como un todo integrado. Con la ley pasamos de 72 muertes en 2004 a 57 en 2005, resultado del cambio social y la concienciación de la gente, pero entonces empezaron a atacar la ley, diciendo que criminalizaba a los hombres, hablando de denuncias falsas... justo lo que necesitaban los maltratadores: sentirse respaldados. En 2006 hubo 67 muertes, en el 2007 fueron 70 y 75 en 2008.” El caso es no reconocer que la Ley de Violencia de Género puede no resultar útil, o incluso llegar a ser contraproducente, a la hora de evitar esas muertes.

Nunca diré que la violencia de género no sea un problema allí donde realmente existe. Para nada. Y me parece muy bien que se tomen medidas para tratar de corregir una cuestión que procede, a mi modo de ver, de una herencia machista todavía no acabada totalmente. Ahora bien, lo que me molesta es que se haga pasar por violencia de género otros actos violentos que nada tienen que ver con una cuestión de género o de machismo, sino de violencia entre personas con independencia de cuál sea el sexo de los que se agreden. Y me molesta porque entonces se desdibuja la imagen de lo que realmente es la violencia de género y se obstaculizan los medios que habría que aplicar para combatirla con cierta inteligencia.

Pero claro, sólo esa “magnificación” del problema –el hacernos creer que todos los casos en los que una mujer resulta agredida responden al estereotipo de la violencia de género, es decir, al mero hecho de tratarse de una mujer y no a otros muchos factores que pueden haber motivado esa agresión- permite el despliegue de todo ese aparato político centrado en la cuestión de género del que tantos salen beneficiados. Como lo que comentas de lo que sucedía en tu universidad.

Pues claro que es posible que efecto imitación pueda tener sentido en algunos casos de personas perturbadas. Pero ¿en todos? ¿Tanto perturbado hay, y además hombre, y además perturbado en lo que respecta a la relación con su pareja? Que esa hipótesis pudiera explicar algún caso no justifica que sea elevada a hipótesis explicativa general del aumento de los casos de homicidio de mujeres por parte de sus parejas.

En cuanto al efecto rebote, entiendo lo que quieres decir, aunque yo no hablaría tanto de una necesidad imperiosa de matar cuanto de un estado emocional alterado, fruto de una determinada situación de perjuicio ocasionada por una separación y sus consiguientes efectos negativos –pérdida de la custodia, pérdida del uso de la casa en la que vivía, incluso miseria debida a esa separación- o por causa de una denuncia injustificada, que puede llevar a cualquiera, hombre o mujer, a cometer un acto de auténtica desesperación. Porque a mí estos asesinatos que acaban en suicidio me parecen actos de desesperación y no crímenes premeditados, que tienen que responder a circunstancias vitales adversas muy específicas.

(sigo abajo)

Antígona dijo...

A ver, tampoco es raro lo que dices de que algunas muertes relacionadas con casos de maltrato continuado se den a partir de la denuncia. La venganza es una pasión humana, y si estamos hablando de un individuo ya proclive al uso de la violencia, no es de extrañar que su venganza se lleve a cabo por medio de otra acción violenta. En lo que, sin embargo, no podría estar de acuerdo es en el consejo de no denunciar. El maltrato debe ser denunciado, pero después deben aplicarse los oportunos mecanismos de protección para que la posible venganza del denunciado no tenga lugar. Y esto es también un fallo importante en el que parecen no recabar la Ministra y el Delegado, cuando asumen que algunas de las mujeres muertas sí habían denunciado previamente. ¿Quién las protegió después de esa denuncia? ¿Por qué nadie les imputa parte de la responsabilidad de esas muertes que no supieron evitar pese a conocerse que había una situación de maltrato anterior?

Personalmente, también creo que quien tolera y soporta una situación de maltrato tiene un problema que debería ser tratado por algún psicólogo, siempre y cuando la persona reconozca que tiene un problema y tenga el deseo de superarlo claro. Y esto es algo que está bastante estudiado, puesto que no todo el mundo sería candidato a ser víctima de maltrato, sino en general individuos con un perfil psicológico concreto.

Ahora bien, como dices, la solución a largo plazo, y desde luego la más efectiva, está en el terreno de la educación, porque sólo desde ella se pueden formar individuos libres y autónomos que hagan valer su propia dignidad y no toleren que nadie la atropelle. Y a la vez, individuos que sean emocionalmente capaces de asumir sus frustraciones –las frustraciones a las que todos tenemos que enfrentarnos a lo largo de nuestra vida en muchos terrenos distintos, y también en el de las relaciones de pareja- sin vivirlas como una tragedia ni acabar provocando una tragedia social.

Las estadísticas, sin embargo, apuntan a que nos estamos yendo por el buen camino. Entre la gente joven aumenta el uso de la violencia, y se ha disparado sobre todo en las niñas y las adolescentes. Como siempre, la equiparación entre los sexos acabará llegando por el lado que menos conviene, que podría ser la generalización del uso de la violencia con independencia de los sexos. En fin, tampoco quiero ser catastrofista.

Gracias por tu calentamiento, que ha aportado muchas cosas, y un beso!

Antígona dijo...

Bueno, estimado Peletero, entiendo y respeto que prefieras callar, aunque en ningún caso te pedía que revelaras aquí nombres de nadie, sino un relato más general de las experiencias a las que aludías. Pero, tranquilo, entiendo tus reservas y tú mejor que nadie sabes por qué mejor no hablar de ellas.

¿La opinión que me merece la Ley? Mmmm, sería largo y complicado hablar sobre ella, aunque indirectamente ya le he dedicado varios post que puedes encontrar bajo de la etiqueta de “Cuestión de sexos”. Pero, por resumir, te diré que no puedo estar de acuerdo con una ley que elimina la presunción de inocencia del 50% de la sociedad, que estigmatiza a los hombres por el mero hecho de ser hombres, y que los hace acabar en la cárcel por una denuncia antes de que se compruebe si lo denunciado es motivo de cárcel. Como no me parece justo que ahora mismo se distinga entre violencia de género (hombre agrede a mujer) y violencia doméstica (mujer agrede a hombre) y las penas o la tipificación de una determinada acción como delito sean diferentes en un caso y en otro, más cuando, como le comentaba a Beneditina, la tendencia es que a la violencia entre los sexos acabe equiparándose, y ésta nunca ha sido además patrimonio de uno sólo de ellos. Y tampoco estoy de acuerdo con el hecho de que una tercera persona pueda denunciar sin que la presunta víctima –o víctima real- consienta en la denuncia.

Como ya he dicho más arriba, creo que esta Ley está generando más efectos negativos que positivos y algunos de ellos realmente preocupantes para la pacífica convivencia entre hombres y mujeres en esta sociedad, así como para la consecución de la Igualdad entre ellos. Un objetivo que suscribo plenamente y por el que creo que aún es necesario seguir luchando. Pero, obviamente, no de esta manera, que está suponiendo más bien una inversión de las antiguas relaciones de poder y generando efectos colaterales indeseables que harán que la Igualdad nunca llegue a alcanzarse. Bien porque son ya muchos los hombres que se sienten agredidos por la propia ley y eso produce en ellos actitudes reaccionarias contra todo principio feminista –e insisto en que aquí feminismo no sería más que esa lucha legítima por la igualdad de oportunidades con independencia de lo que cada cual tenga entre las piernas-, bien porque no es posible que las mujeres lleguen a pensarse como individuos autónomos y responsables por medio de una ley que las infantiliza y sigue fomentando la imagen de que son seres débiles que deben ser protegidos.

En fin, podría decir mucho más pero tampoco quiero alargarle innecesariamente. Espero con ello haber respondido a tu pregunta.

Más besos!

El peletero dijo...

Apreciada Antígona, muchas gracias por tu respuesta, has sido muy amable. Mi opinión sobre dicha Ley es la misma que la tuya.

Creo que me expresé muy mal en el comentario anterior. Quería decir que tengo amigos abogados que me cuentan cosas y casos de su mundo profesional, lo hacen sin dar ellos los nombres, naturalmente, manteniendo el secreto profesional como no puede ser de otra manera. Yo sólo me entero de los sucesos que mejor o peor me quieren explicar. Es evidente que marcan un “estado de las cosas” que difiere, en muchos casos, del “universo mental oficial” que muchas declaraciones expresan.

Saludos.

Isabel chiara dijo...

Llevo varios días dándole vueltas a este asunto y me sale humo por todos los orificios habidos y por haber.

Yo partiría de la base de que "feminismo no sería más que esa lucha legítima por la igualdad de oportunidades con independencia de lo que cada cual tenga entre las piernas" como tú has dicho. E iría a más y trasladaría esa premisa a las propias instituciones de nuestro país, centrales, autonómicas y locales. Si partiéramos de la base de que en cada institución se respeta ese concepto de igualdad de oportunidades sin importar género y poniendo el acento en la formación, en la valía, etc. seguro que escucharíamos unas cuantas menos chorradas de las habituales. Pero se da la situación contraria. De hecho fomentan, alimentan, y jalean la situación contraria. Igualdad de oportunidades? Y una mierda.

Así te encuentras con conversaciones como (verídico en una reunión de mujeres altamente cualificadas, tratando una campaña de género donde, por opinar y para no perder el talante democrático, se apuntaron el conserje y una limpiadora que dejó el cubo y se asomó al despacho):

La frase polémica: "En la actualidad, hay nosecuantas mil mujeres prostituyéndose en España".

La campaña: tres meses para revisar, requeterevisar, visar, sellar, volver a visar, volver a pensar un mensaje que tiene la frase anterior, un claim de 5 palabras y otra frase por el estilo a la primera. (todos los textos paridos en el seno feminista).

Lumbrera 1: Esto está mal, dice hay nosecuantas prostituyéndose. Las mujeres no se prostituyen.

Publicista: Mal? es el texto visado que nos habéis dado. Compruébalo.

Lumbrera 2: Ahora que caigo, es verdad, dice prostituyéndose. Y ellas no se prostituyen, están siendo prostituidas.

Lumbrera 1: Exactamente.

Menda: Pero de qué habláis, esto para quién va? y dónde estamos?

(codazo publicista viendo la cosa mal parada e intuyendo un mal rollo)

Publicista: Mira, si lo pensamos bien, es mejor así, porque las cadenas locales donde se va a emitir el spot no tienen una audiencia muy letrada y van a entender perfectamente lo que queréis transmitir. Si lo decís de otra forma posiblemente dé lugar a dudas.

No sé si me he explicado con el argumento, tres meses un equipo de lumbreras para parir tres frases y justificar sueldos muy interesantes.

Ay si tuviéramos una administración más profesional y eficiente, más limpia.

Y para rematar, te copio textualmente un comentario realizado a ese spot por otro lumbrera: "LO BUENO.- La prostitución DISMINUYE la taza de VIOLACIONES, ya que los hombres no se pueden contener y PUEDEN VIOLAR a un niño(a) o inocente, PERO para eso estan las prostitutas ... para SALVAR la escena

LO MALO.- La prostitución aumenta la taza de inmigración clandestina para la explotación sexual".

La misma sandez que la del efecto imitación del Delegado.

Y en el medio de todo, al loro de lo que ha escrito una comentarista arriba, lo que mas me jode es que somos muy pasivos y nos lo tragamos todo. Dónde están los medios de comunicación social en este país?

Besitos

DELIRIUMTREMENDS dijo...

De donde no hay, no se puede sacar. Esto debería ser una carta de esas que se mandan a los periódicos y se publican, porque no podías haberlo expresado mejor, y no te has dejado nada en el tintero. A mi entender, no se trata de denunciar ó no, sino de currárselo de verdad, de fomentar programas de ayuda que lleguen a la raiz del problema y a la persona en sí, de buscar posibles alternativas a los innumerables casos que puedan darse según que circunstancias, y que el tema es muy amplio, y no se puede cerrar con una frase como esa, eso es presunción y falta absoluta de tacto en un tema tan jodido y delicado.
Supongo que sería la hostia que una de las muchas mujeres maltratadas estuviera sentada allí arriba, formará parte de ese gobierno que tiene la voz cantante, y arrojase un poco de luz y verdad sobre todo esto, ayudando desde la experiencia, que es la única manera de ayudar de verdad, y es de donde salen las frases grandes, de las putas vivencias.
Que se vaya a tomar por saco, y que sobre todo, se empape bien de todo, y atienda a la lógica y al raciocinio, y tire de frases baratas vacías como los credos que rezan que también son vacíos.
Me pone emferma el tema, y tu sabes porqué...
Que me voy para mi tierra la semana que viene, pero a la vuelta, porfaporfa, VERNOS YA¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
Besos tan grandes como tu pedazocerebro que se pasa la vida pariendo cosas grandes.
Ah, y que todo va bien, por fin, parece que las nubes se marchan, y con un sinfín de problemas que no se acabarán nunca, creo por fin alcanzar un estado de felicidad bastante ansiado, y un tanto merecido ya por fin.
BSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS, NOS VEMOS PRONTÍSIMO, VERDAD?¿ hopeso¡¡¡¡¡

Antígona dijo...

Estimado Peletero, no hay de qué. Si de cuando en cuando escribo sobre este tema es porque creo que es necesario hablar sobre él. No sé si puede servir de algo, pero desde luego estoy convencida de que hablar críticamente sobre él sirve de algo más que callar.

Y tal vez lo mismo deberían hacer esos abogados que conocen de primera mano una realidad muy distinta a la que el universo mental oficial quiere hacer prevalecer, tal y como hicieran los jueces en su día. Frente a la creación de un determinado estado de opinión infundado, sólo vale tratar de crear y hacer prevalecer otro estado de opinión fundado en el estado de cosas al que aludes que se oponga al primero.

Un beso!

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Ichiara, qué bien tenerte de nuevo por aquí!

Totalmente de acuerdo con lo que expones. Pero es que la premisa que impera actualmente es que la igualdad se impone por decreto, y además según la proporción matemática del 50%: 50% de los que tienen esto entre las piernas, 50% de los que tienen aquello entre las piernas. Lo que mientras tanto se tenga en el cerebro, en la experiencia acumulada, en la excelencia adquirida… poco importa. Flaco favor se nos hace entonces a todos, y a mi juicio, especialmente a las mujeres, que acaban en puestos que no merecen y corroboran así la idea heredada de su menor valía frente al macho, de su minoría de edad intelectual y profesional por la cual deben ser generosa y caritativamente aupadas a aquellos cargos que nunca alcanzarán gracias a sus propios méritos… Y volvemos entonces al inicio del círculo vicioso en lugar de quebrarlo. Yo no sé en qué supuestos teóricos se apoyará este modo de proceder, pero qué quieres que te diga, personalmente, viendo aquello a lo que conducen, me parecen sencillamente erróneos.

El ejemplo que expones, además de gráfico –te has explicado perfectamente, en el sentido de que sobran las explicaciones-, daría risa si no fuera para llorar, patalear y ponerse a ladrar en mitad de la calle. Ahora bien, en un medio en el que reina por lo general la más absoluta incompetencia y falta de inteligencia, ¿a quién le importa un poco de incompetencia más, si además se da por una buena causa, que es ésta de la falacia de la igualdad decretada?

Será que asumimos que el dinero público se malgasta sí o sí y nos resignamos a la idea de que, ocupe el poder la ideología que lo ocupe, no tendremos más remedio que alimentar a un elevado tanto por ciento de ineptos.

Lo de la prostitución parece de chiste malo contado en cualquier bareto de barrio por un gañán. Que los hombres no se pueden contener… en fin, en el fondo, premisa perfectamente coherente con la Ley de Violencia de Género, según la cual los poseedores de un pene entre las piernas son como bestias salvajes a los que es preciso amarrar corto para prevenir posibles peligros. Si es que al final todo cuadra…

El problema con todo este asunto es que los medios de comunicación son los primeros que están vendidos. Y quienes alzan sus voces críticas –con argumentos también risibles por otra parte- son los medios de comunicación adheridos a las mentes más reaccionarias y conservadoras. Con esta situación, el debate acaba siendo imposible.

Besos grandes!

Antígona dijo...

Pues claro que sí, Delirium, el problema no se soluciona de esta manera tan burda, e incluso no sería raro, como se comentaba más arriba, que este tipo de consignas lo hicieran agravarse. Pero es que pareciera que, en el fondo, quienes menos interés tienen en solucionarlo y a quienes menos les importan los casos reales de maltrato o las muertes fueran precisamente aquellos que dicen estar trabajando para terminar con él y de paso gastando el dinero que emerge de nuestros bolsillos.

Quizá el motivo de esas frases vacías estribe en que las instituciones que las proclaman consideren que el aumento en el número de denuncias puede hacerse valer como un dato objetivo de la eficacia de su trabajo y así pretendan además hacérnoslo creer. Porque, precisamente, como dices, el problema es complejo y cualquier tarea más de fondo, como las implicadas en la educación, y con seguridad más efectivas, sólo lo serían, sin embargo, a largo plazo. A mi juicio, nada que objetar, puesto que de ciertas dinámicas sociales no se puede esperar que cambien de un día para otro y los presuntos cambios rápidos se producen antes en el terreno de las apariencias que en el de la realidad. Pero la visión de los políticos siempre es en exceso cortoplacista. Si quieren asegurarse su reelección a los cuatro años, deben conseguir resultados durante el tiempo que ocupan el poder. Y como en determinados campos resulta imposible lograr resultados en tan escaso margen de tiempo, pues entonces deben inventarse parámetros que puedan hacerse pasar por tales.

Así que incluso de estar entre ellos una de las muchas mujeres maltratadas no creo que hicieran ningún caso a la luz que pudiera arrojar sobre ellos. Personalmente, no creo que los políticos sean tan lerdos como aparentan. El problema es que son políticos, y esa condición determina todas y cada una de sus actuaciones y proclamas, por lo general para perjuicio del resto.

¿Cómo que te vas a tu tierra? Pero si yo pensaba que tu tierra era ésta!

Bueno, pues pásalo muy bien y a tu vuelta nos vemos fijo, a ver si en un par de fines de semana, que yo aún estoy hasta arriba.

Me alegro un montón de que tu panorama se despeje un poco, que ya era hora, y aunque ese sin fin de problemas siga ahí, bueno, con ellos ya hemos aprendido a convivir de sobra y no serán de los que nos maten, ¿verdad? :)

Tú la felicidad te la mereces toda, Delirium, así que disfruta bien de este momento y que te dure mucho mucho.

Nos vemos muy pronto, sí. ¡Besazos!

NoSurrender dijo...

Supongo que la falacia es indisociable de la retórica política de estos tiempos. Y, desde luego, no puede quedarse atrás la lunática ideologización de género de un tema tan brutal como ancestral en las pasiones de los seres humanos. Porque, más que de géneros, hablamos de pasiones humanas cuando alguien mata y muere por desamor, tanto hombres como mujeres, tanto heterosexuales como homosexuales. La literatura universal rebosa de experiencia al respecto, por mucho que las kilométricas ruedas de molino de género traten de seccionarnos has las meninges con su ingesta.

Y es que estos dramáticos casos hablamos de pasiones humanas miserables. Hablamos de terribles situaciones emocionales que alguien no está educado para aceptar y reacciona con violencia contra otros o contra sí mismo o contra todos. Me pregunto cuántos hombres o mujeres en situación de proceso de divorcio mal llevado se han suicidado directamente, sin matar a nadie: esas personas no aparecen en estos delirantes estudios, pero creo que nos daría una idea aproximada del grado de locura emocional que puede llegar a vivirse en esos momentos, y que nada tiene que ver con esos efectos imitación de serial killers, ni con la literatura andrófoba ad hoc, ni con esas falacias de vendedor de peines de barraca de feria que catapulta a los políticos a la cima.

Mientras tanto, la educación católica y la educación de felicidad-familiar-de-serie-de-televisión que mandan en nuestra sociedad, seguirán creando más frustración y más incapacidad para adaptarse a una separación traumática. Por lo que seguirán muriendo personas, a mayor gloria de las ruedas de molino y del negocio del delirio colectivo.

Es un placer disfrutar de si inteligencia, libre y formada, al servicio de la dignidad, doctora Antígona.

Un beso!

Antígona dijo...

Me alegro, doctor Lagarto, de que haya tocado directamente esta cuestión, que es en realidad el trasfondo no explícito del post. Personalmente, no creo que deba ponerse en duda que algunos de los casos de muertes de mujeres a manos de sus parejas sí puedan estar ligados a una cuestión de género. Nadie en su sano juicio negaría la tradición machista que todos, hombres y mujeres, hemos heredado en cuanto tradición que ha educado a los hombres en una serie de valores que supuestamente corresponderían a su sexo y a las mujeres en unos valores muy distintos. Y en los valores inculcados al género masculino juega un papel más importante la canalización de las emociones a través de la violencia y la agresividad que en los inculcados al género femenino.

Pero que algunos casos de homicidio se dejen explicar apelando a esa diferente educación recibida por hombres y mujeres no nos permite en ningún caso efectuar una generalización totalizadora de ese patrón explicativo. Entre otras cosas porque, como usted muy bien explica, los desequilibrios emocionales causados por el amor y el desamor pueden afectar por igual a hombres y mujeres y desencadenar tragedias similares con independencia de cuál sea el sexo de quien la desencadena.

Me parece muy interesante lo que señala del número de suicidios ocurridos durante procesos de separación o divorcio. Y no me explico que no exista ninguna estadística el respecto, pues creo que ese dato sería de gran utilidad para tomar el pulso al estado de salud general, por decirlo de alguna manera, de una sociedad, y en este tema todavía más importante a la hora de determinar por qué se producen las muertes de individuos a manos de sus parejas teniendo en cuenta que muchos de ellos terminan en suicidio del homicida.

Lamentablemente, tiene usted razón al señalar que no vivimos en un medio en el que se nos prepare para la frustración emocional ni para afrontar, sin perder el control, una separación traumática. Pero es que no creo que esta sociedad de consumo prepare a los individuos para soportar ningún tipo de frustración, sea ésta de la índole que sea. Antes bien, el consumismo exige una espiral imparable de frustración y satisfacción inmediata de la frustración que, de entrada, me parece incompatible con el aprendizaje de los mecanismos psicológicos que habilitarían para afrontar una situación de frustración que no admite reparación inmediata, tal y como sucede cuando se pierde una pareja.

Quizá esté diciendo una tontería, no sé, pero no puedo dejar de ver una relación entre la incapacidad de lidiar con el dolor emocional y las dinámicas consumistas que pretenden enmascarar cualquier posible dolor vital mediante la adquisición imparable de objetos de consumo.

Y sea como fuere, está claro que la educación católica y su hasta que la muerte nos separe, así como la felicidad edulcorada y falsa que venden los medios televisivos, no contribuyen a formar individuos capaces de asumir la complejidad de las relaciones humanas ni la libertad de cada cual a la hora de unir o desunir su vida de la de cualquier otro.

Un beso, doctor Lagarto!

Rodrigo D. Granados dijo...

El Ministerio de Igualdad va camino de convertirse en la cartera de las justificaciones más o menos ingeniosas; particularmente no veo el objeto de la exitencia de tal ministerio, y estré satisfecho de verlo desaparecer algún día.
No es gratuito que arrecie este tipo de agresiones y crímenes en momentos de inseguridad económica, y si bien no podemos aún por terminada la desigualdad basada en siglos de historia productiva, creo que debiera hacerse hincapié en la economía y la educación como medio para acabar con esta lacra, no tanto con un departamento de publicidad y delaciones.
Cambiar un escenario atávico no es sencillo, y menos, detrayendo recursos en pintorescas ocurrencias que no han demostrado efectividad alguna, y sí confundido aún más el panorama con la famosa "Discriminación positiva"
Que no se mencione la muerte de diez hombres en el mismo período, debiera ser considerado como alarmente al menos. Considerar a media humanidad a priori como delincuentes en potencia, y detraerle por esta causa derechos, no parece el camino más acertado para corregir la situación.
Interesante reflexión.