lunes, 4 de enero de 2010

Violencia III


Si es cierto que en el mundo de hoy el conocimiento de determinados ámbitos de la realidad viene indefectiblemente ligado a la estadística, no es menos cierto que quienes ostentan el poder, los medios y los dispositivos para llevar a cabo tales estadísticas tienen en su mano el poder de definir esos ámbitos de la realidad. De producir e imponer la imagen que revelaría en qué consisten o cómo se constituyen. Como tampoco es menos cierto que el conocimiento, lejos de ser una actividad fundada exclusivamente sobre sí misma, siempre se nutre de algún tipo de interés, más o menos expreso, más o menos legítimo, que lo impulsa y dirige. La imagen de la realidad que de él pueda desprenderse –ya es hora de asumirlo- nunca dejará de ser entonces una representación igualmente interesada.

La última
macroencuesta realizada por el Instituto Nacional de la Mujer sobre la violencia contra las mujeres arrojaba en abril de 2006 el resultado de que el 3.6 por ciento de las mujeres residentes en España mayores de 18 años se habrían “autocalificado” como maltratadas durante el último año. Sin embargo, el Instituto decide sumar a este porcentaje un 9.6 por ciento de mujeres que, pese a no haberse “autocalificado” de maltratadas, considera “técnicamente” como mujeres maltratadas. En ambos casos, la encuesta señala que el maltrato sería causado, al margen del perpetrado por hijos, progenitores, hermanos o cuñados, mayoritariamente por los maridos, ex-maridos y novios de dichas mujeres. Razón por la cual la encuesta analiza más detenidamente el perfil y características de tales maltratadores e incluye un apartado en el que se estudia en qué medida la violencia sufrida por las mujeres podría ser motivo de separación de sus parejas sentimentales varones.


Centrémonos de entrada en la diferenciación entre estos dos tipos de mujeres, introducida por la propia encuesta. Las mujeres “autocalificadas” de maltratadas son para el Instituto de la Mujer todas aquellas que han respondido afirmativamente a la pregunta: “Durante el último año, ¿en alguna ocasión ha sufrido alguna situación por la que Ud. se haya considerado maltratada por algún familiar, por su novio o por alguna persona de las que conviven con Ud.?”, con independencia de las respuestas dadas a cualquier otra pregunta del cuestionario. Por otro lado, al colectivo de las mujeres consideradas “técnicamente” como mujeres maltratadas pertenecen aquellas que, no habiendo respondido afirmativamente a esta cuestión -es decir, habiendo negado haber sufrido a lo largo del último año alguna situación de maltrato-, han marcado la casilla de “frecuentemente” o “a veces” en sus contestaciones a al menos una de entre trece preguntas, escogidas a su vez de un listado más amplio, formuladas en la encuesta. Lo diré de otro modo para que no haya posibilidad de confusión al respecto: para el Instituto de la Mujer, basta con que se conteste “frecuentemente” o “a veces” a uno de tales interrogantes para que una mujer entre a computar en las filas de mujeres “técnicamente” maltratadas.


Supongo que a estas alturas, y si habéis tenido la paciencia de leer hasta aquí, ya os estaréis preguntando cuáles serían esas preguntas. Pues bien, ahí va el listado, teniendo en cuenta que todas ellas vienen introducidas por el siguiente pie: “En la actualidad, ¿con qué frecuencia diría Ud. que alguna persona de su hogar (o su novio/pareja que no convive con Ud.)...”:

1…le impide ver a la familia o tener relaciones con amigos, vecinos?
2…le quita el dinero que usted gana o no le da lo suficiente que necesita para mantenerse?

3… le insulta o amenaza?

4… decide las cosas que usted puede o no hacer?

5… insiste en tener relaciones sexuales aunque sepa que usted no tiene ganas?

6… no tiene en cuenta las necesidades de usted (le deja el peor sitio de la casa, lo peor de la comida...)?

7… en ciertas ocasiones le produce miedo?
8… cuando se enfada llega a empujar o golpear?
9… le dice que a dónde va a ir sin él / ella?

10… le dice que todas las cosas que hace están mal, que es torpe?

11… ironiza o no valora sus creencias (ir a la Iglesia, votar a algún partido, pertenecer a alguna organización)?

12… no valora el trabajo que realiza?

13… delante de sus hijos dice cosas para no dejarle a usted en buen lugar?


¿Y por qué estas trece preguntas? Porque, para el Instituto de la Mujer, responder “frecuentemente” o “a veces” a alguna de estas preguntas sería indicativo de estar sufriendo algún tipo de violencia: psicológica (1, 3, 7, 9, 10, 12 y 13), física (8), económica (2), sexual (5), estructural (4 y 6) y espiritual (11).



Yo no sé a vosotros, pero a mí la lectura de estos datos me ha producido auténtica perplejidad y estupefacción. Por numerosos motivos. En primer lugar, me cuesta conceder que el mero reconocimiento por parte de una mujer de haber vivido “alguna situación” en la que se ha considerado maltratada –una situación que podría ser única, puntual, aislada y debida a circunstancias muy concretas- justifique la extrapolación de que dicha mujer se “autocalifica” (sic) de maltratada, como si eso fuera una situación constante y estable en su vida. Pero aún me cuesta más entender con qué legitimidad un organismo público sentencia que una mujer que, recordémoslo, niega sentirse víctima de maltrato, está siendo “técnicamente” maltratada por decir que “a veces” su marido o algún otro familiar, por ejemplo, no valora el trabajo que realiza. Como tampoco comprendo qué psicólogo titulado puede haber determinado que no valorar el trabajo del otro es un indicativo significativo, relevante, preclaro, de una situación de maltrato psicológico de género.

Pero, yendo aún más lejos, para la mayor parte de estas trece preguntas, e incluso para todas ellas si me apuran, podría imaginar más de una situación en la que responder “a veces” o hasta “frecuentemente” a ellas, habiendo rechazado previamente sentirse víctima de maltrato, no sea un indicativo objetivo ni mucho menos evidente de estar sufriendo maltrato. Porque las relaciones familiares, y todavía más las de pareja, son un hervidero de sentimientos y emociones no siempre gestionados de la manera más inteligente ni tampoco más pacífica. Y aunque los insultos o las amenazas frecuentes, o los empujones y los golpes, o los celos que llevan a limitar las relaciones con personas fuera de la pareja, sean síntomas de una relación quizá enrarecida y por ello no deseable para muchos, no necesariamente lo son de una relación de poder en la que cupiera identificar a un verdugo y a una víctima. Entre otras razones, porque esa “violencia” naturalmente asumida por muchas parejas -en determinadas circunstancias o en su dinámica cotidiana- puede ser ejercida y de hecho se ejerce, como indican
otros estudios elaborados sin atender a la perspectiva de género, por cualquiera de sus miembros con independencia de su sexo.



Ahora bien, lo que menos entiendo de los resultados de esta macroencuesta del Instituto de la Mujer es cómo a partir de tales criterios de medición de la violencia el resultado arrojado no ha implicado al cien por cien de la población femenina. O al cien por cien de la población masculina, si alguien se hubiera molestado en hacerles partícipes de dicha macroencuesta.

46 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy contigo, Antígona. Hay una psicóloga muy bien relacionada en los ámbitos de la violencia doméstica que en una conferencia dio unas pautas de lo que debe considerarse tal. Y yo pensé: anda pues el 100% de las parejas...Un beso. Y aunque no siempre estoy de acuerdo contigo gracias por llevarnos a un alto (no me voy a pasar de cursi diciendo a la cima de la montaña) y hacernos extender la mirada!! JJ

Neo dijo...

Hola, Antigona.
¿Acaso crees en las encuestas o en las estadísticas?
¿No ocurre casi siempre que todas están bien "cocinadas"?
Y aunque hubiera una estadística o encuesta lo más "inocente" posible, ¿de qué vale?
1 bso

dErsu_ dijo...

Existe un Instituto Nacional del Hombre? (entendiendo "Hombre" como ser humano del sexo masculino, y no ser animado racional, varón o mujer).
Soy de la opinión que el sexo (ser varón, mujer o lo que a cada uno le plazca) debería ser una cuestión privada de cada uno, en la cual para nada debería imiscuirse la administración pública.

iliamehoy dijo...

Las estadísticas cuentan como reales, datos obtenidos a través de preguntas a menudo demasiado amplias, ambiguas y que pueden modificar o distorsionar una "realidad". Quien se encarga de elaborarlas, debería tener claro el objetivo que persigue. Por otro lado, quien contesta, no andada exento/a de una visión objetiva fruto de su propia realidad y de la visión que de ella puedan tener. Y a partir de ahí, cualquier resultado es posible e igualmente relativo.
Sea como sea, en el caso de la violencia “de género”, esos datos no esconden una evidencia: la cifra de mujeres muertas cada año a causa de ella.
Gracias por enfrentar de manera tan lúcida un tema que por cotidiano no deja de ser importante.
Una sonrisa.

Antígona dijo...

Me alegro de que compartas mi visión, JJ. Pero es que me parece que hay cosas que son de cajón. Y no soporto esta actitud de quien decide y juzga por otros cuando esos mismos otros no se reconocen en el juicio que se emite sobre ellos, anulando así su capacidad para valorar lo que más íntimamente les pertenece, que es sus propias vidas. Tanto en el caso de los hombres como en el de las mujeres. Pero quizá en el caso de las mujeres me parece aún más grave porque refleja una actitud paternalista hacia ellas típicamente machista y nada promotora de la igualdad presuntamente buscada.

Las relaciones humanas son complicadas. ¿Acaso es tan difícil entenderlo? Quizá para el Instituto de la Mujer sí. O no. Sólo que tiene puestos demasiados intereses en esta cuestión de la violencia como para poder emitir una visión objetiva de la realidad. O para no incurrir en una visión claramente falseadora de ella.

Un beso!

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Bueno, Neo, la cuestión no creo que estribe en creer o no creer en las estadísticas, sino en el hecho de que, como digo al comienzo del post, hay ámbitos de la realidad a los que no se puede acceder más que a través de la estadística, de manera que ésta deviene un instrumento imprescindible para su conocimiento.

Es obvio que la estadística no puede ser, dadas sus debilidades, más que un instrumento de aproximación a la realidad. Pero resulta que la propia utilización efectiva que se hace de la estadística demuestra que ese instrumento puede ser utilizado de una manera más o menos fiable en función de los intereses que entren en juego, y arrojar entonces una imagen más o menos aproximada a la realidad. Como, por ejemplo, cuando un partido político desea conocer las intenciones de voto de la población, situación en la que la estadística, sin ser infalible, demuestra poder alcanzar una imagen bastante fiel de lo que son esas intenciones de voto. ¿Por qué? Porque precisamente lo que interesa en estos casos es hacerse con esa imagen fiel, para poder entonces actuar en consecuencia. Todo depende, entonces, de cómo se utilice, de cómo se realice la estadística, y cuáles sean las intenciones que sustenten su realización.

Sin embargo, otras estadísticas, como es el caso de ésta llevada a cabo por el Instituto de la Mujer, no están realizadas para ofrecer una imagen lo más aproximada posible a la realidad, sino para ofrecer la imagen de la realidad que se desea producir o crear. Y esto lo delata la propia encuesta en que se ha basado la estadística, burdamente falseadora de la cuestión del maltrato para cualquier mente mínimamente pensante.

Y ahora habría que entrar a discutir cuáles son las razones, los intereses, por los que el Instituto de la Mujer se empeña en producir y crear la imagen de que el 13.2 por ciento de la población femenina es víctima de maltrato. O de que el 9.6 de la población femenina es “técnicamente” víctima de maltrato sin saberlo. ¿Quizá porque así se legitiman un montón de políticas de intervención social de cuyo despliegue se alimenta mucha gente, como, por ejemplo, las campañas de concienciación social sobre el maltrato? Pero no dejemos de pensar en todas las consecuencias negativas que tales políticas de intervención, fundadas sobre estadísticas interesadas y distorsionadoras de la realidad, tienen para nuestra sociedad.

Un beso!

Antígona dijo...

Pues no, Dersu, no existe. Pero me temo que el hecho de que el Instituto de la Mujer manipule de esta manera la realidad del maltrato asociado a una tradición machista va a acabar haciendo necesaria la existencia de tal Instituto Nacional del Hombre. Aunque sólo sea para pagar estudios en los que se demuestre que tener un pene en lugar de una vagina no implica ser una animal naturalmente dominador, agresivo y violento, y además proclive a someter a las mujeres por medio de tal violencia.

Me gusta la idea de que el sexo sea una cuestión privada de cada uno. Creo que así se evitarían muchos problemas. Entre otros los que este feminismo de la diferencia que subyace a las políticas sexistas imperantes hoy día está generando, tanto a los hombres como, paradójicamente, a las propias mujeres en su fallido intento de ayudarlas a alcanzar una situación de igualdad con respecto a aquellos.

Un beso!

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Íliamehoy, ¿y cuál crees que es el objetivo que se persigue cuando se dice que una mujer que afirma que “a veces” su pareja no valora su trabajo, o que ésta “a veces” insiste en tener relaciones sexuales aunque ella no tenga ganas –e insistir no es forzar, ni violar, sino sólo eso, insistir, ponerse pesado, para luego posiblemente capitular- es víctima de violencia psicológica o sexual ejercida por hombres? Porque yo creo que aquí el objetivo es muy obvio: manipular la realidad, hasta el punto de llegar a afirmar que el 13.2 por ciento de la población femenina (pongamos, si la población femenina mayor de 18 años, calculado a ojo de buen cubero, son unos 15 millones de mujeres, unos 2 millones de mujeres) es víctima de maltrato.

¿Es esto una manera eficaz de evitar que más mujeres mueran a manos de sus parejas? Personalmente, lo dudo mucho. Entre otras cosas porque no creo que el análisis que aquí se está haciendo de las causas por las que algunas mujeres mueren a manos de sus parejas sea acertado. ¿Sigue habiendo actitudes machistas en esta sociedad? Sí, claro que sí. Pero, ¿son éstas la causa de los asesinatos? Eso ya me parece más cuestionable. Hoy mismo ha saltado la noticia de que una mujer ha matado a puñaladas a un hombre con el que convivía por lo que parecería ser una cuestión de celos. Y aquí es obvio que ya no podemos hablar de violencia machista, porque la perpetradora es una mujer. Pero es que resulta que asesinar por celos, por afán de posesividad, por pasiones descontroladas ligadas a una relación afectiva, no es patrimonio exclusivo de hombres. Luego tal vez haya que buscar las causas de los asesinatos más allá de la mera cuestión de género.

Un beso y una sonrisa!

Neo dijo...

No entiendo qué ambitos de la realidad se pueden acceder sólo a través de las estadísticas.
La realidad se ve o no se ve, no?

No entiendo cómo una estadística puede anular tu capacidad o la de nadie para valorar la vida.

En serio, no veo cómo te puede afectar esto tanto como para no soportarlo, Anti.

Es como si hay una estadística que dice que el 40% de las españolas morenas usan tacones... bien, hay unos tipos que han recopilado esos datos. Si me los creo y eso me influye, es mi problema, no?

1 bso!

Horrach dijo...

Buenas madrugadas, Antígona. Espero que no te moleste que participe por un momento en tu blog, pero no me puedo reprimir, ya sabes que 'el tema' me interesa.

Sobre lo que dices, sólo añadir una cosa: la semana pasada El País ofrecía un interesante reportaje sobre la cuestión del maltrato y de las denuncias falsas. En un momento del texto se sacaba a colación esta 'macroencuesta', que si no recuerdo mal afirma que, aunque las denuncias al respecto no pasan de las 100 mil al año, son 400 mil las mujeres que son víctimas cada año de maltrato en España. Esto le sirve al ínclito Llorente, el encargado del gobierno de estos temas, para decir que no sólo no hay denuncias falsas (dice que es "un mito") sino que incluso se denuncia poco, porque 300 mil mujeres se quedaráin sin denunciar a sus supuestos maltratadores.

Pues nada, que de esta manera tan torticera y malintencionada se crea un estado de opinión en España. Por una parte, se entorpece todo debate sobre la cuestión, y por la otra se cocinan de mala manera unos datos de encuesta. En fin.

saludos

Anónimo dijo...

Las personas más machistas que yo me he encontrado eran precisamente mujeres!!!

Un beso

JJ

Margot dijo...

Pues a mí hace siglos me empezó a dar en la nariz que todos estos estados de opinión, tan chapuceramente llevados a cabo como intencionados, tratan de justificar una ley, la del maltrato, que bajo mi modesta opinión siempre me resultó una chapuza. La mía y la de muchas voces (no tantas como cabría desear) que en los últimos tiempos andan levantándose y poniéndola en cuestión. Hay que tapar bocas y qué mejor para hacerlo que presentar una estadística en la que cualquiera puede resultar víctima (hasta yo que me considero una tía con un par, y mira por dónde no, y gracias al Instituto de la mujer, descubro que no lo soy tanto).

Y crear ese estado de pensamiento políticamente correcto en el que disentir y poner en cuarentena algo, te convierte en machista, a mí y tantos como yo que me rodean y merecen mi respeto! mama mía!!

Deben ser mis genes tan inclinados al sometimiento, sí, va a ser eso, que ya no me doy ni cuenta...

Y en otro orden de cosas, proclamo, y aunque suene fatal, soy consciente, que empiezo a estar hasta el mismisimo de víctimas, que ser víctima no otorga razones per se y que empieza a ser un poder en la sombra en el que cualquier acción se ve justificada en sí misma. Lo que en un principio pudo ser un consuelo y una vía de escape, se ha convertido en un arma más de manipulación y ante mi incapacidad para delimitar quién o quienes son honestas, tantas y tantas son las víctimas de cualquier ámbito, me declaro incompetente y con la necesidad de someter a cuarentena cualquier víctima que se me presente como tal.

Para mí, en los últimos tiempos, y lo que sí observo y me preocupa, es el intercambio del sometimiento en la mujer (y ojo, hablo de sometimiento, no maltrato, maticemos que los matices son muy sanos) del hombre por los hijos. Me explico: mujeres en la cincuentena, que nunca tuvieron que defenderse de un marido porque eran sus parejas y no hubo razones, que llegaron a un entendimiento mutuo y fueron respetadas tanto como respetaron ellas y de repente, sin que yo entienda muy bien cómo, las observo sometidas a un poder bastante más sutil, tiranizadas por sus hijos-as que andan entrando en la vida adulta y en la que los derechos pertenecen sólo a ellos. Me deja estupefacta y no sé si viene mucho a cuento pero es una idea que me anda dando vueltas, por incomprensible para mí...

Y al final pienso que todo es producto de lo mismo, hay algo podrido en nuestras líneas de pensamiento actual, de irresponsabilidad premiada y potenciada. Sigo investigando, eso sí, jeje. Si encuentro respuestas prometo compartirlas.

Besos antiestadísticos!

Neo dijo...

Yo creo que Margot ha escrito una palabra muy interesante: el victimismo. Lo bueno sería estudiar qué es y cómo funciona. ¿Qué hace alguien victimista?
Muy pero que muy interesante.
Saludos!

Antígona dijo...

Neo, ¿pero es que tú puedes “ver” cuánta gente está en el paro en este momento en este país, por ejemplo? ¿Puedes “ver” a esos casi cuatro millones? ¿O a toda la gente que se ha quedado en el paro a raíz de la crisis? ¿Has “visto”, estabas ahí, en el momento preciso en que perdieron su trabajo? ¿Puedes “ver” qué tanto por ciento de la población está en la cárcel? ¿Puedes “ver” qué tanto por ciento de esa población son grandes magnates de la economía y qué tanto por ciento son pobres desgraciados que tuvieron la mala suerte de infringir alguna ley y que les pillaran? ¿Puedes “ver” cuánta gente tiene un teléfono móvil de la marca “X” y cuánta gente está descontenta con el servicio que le ofrece la empresa que se lo proporciona?

Hablar de la estadística es hablar, en el caso del post, de datos de la realidad que ni tú ni yo tenemos el poder de recopilar pero que resultan absolutamente necesarios cada día a, pongamos, políticos y empresarios, para tomar las decisiones que, según sus diferentes intenciones, consideran que deben tomar. Pero también a quien dirige la Seguridad Social si quiere saber, por ejemplo, cuál es la media de tiempo de espera para recibir un tratamiento médico porque se ha propuesto que dicho tiempo de espera se acorte tanto como sea posible. Y podría poner miles de ejemplos como éste en los que los estudios de recogida de datos y posterior valoración estadística son absolutamente imprescindibles para el conocimiento de la realidad que uno vive y sobre la que uno pretende actuar, cuando esa realidad es contemplada desde una perspectiva más amplia que la de su mera existencia cotidiana.

Y no me dirás tampoco que, porque no ves todos los días cuando te levantas que la tierra es redonda, entonces no es real que la tierra sea redonda, ¿no? :P

Supongo que con lo de anular la capacidad para valorar la vida o con las cosas que no soporto te refieres a la respuesta que le he dado a JJ. Pero en ese caso no me refería a estadística ninguna. Me refería a la prepotencia del Instituto de la Mujer para afirmar que una mujer que dice que “NO” ha vivido ninguna situación en el último año en la que se haya sentido maltratado, ES, pese a su propia valoración de la realidad de su vida, una mujer maltratada por decir que a veces, su pareja, sus hijos, sus hermanos, o sus padres, no valoran su trabajo. Esto, y nada más, es lo que me parece un atentado contra la capacidad del individuo para decidir y valorar su propia vida frente a lo que un organismo público, cuyo único acceso a esa persona proviene de una encuesta, pueda decir.

Un beso!

Antígona dijo...

Horrach, a mí no me molesta ninguna intervención, ni tuya ni de nadie, siempre que no se falta el respeto ni a mis comentaristas ni a mí.

Me alegro de que hayas aportado este dato, pues en el fondo, y aunque no haya mencionado nada al respecto, el post viene en parte motivado por todas las noticias que he leído en los últimos días del año sobre la cuestión de las denuncias falsas.

Me parece absolutamente ridículo que, en el caso de cualquier ley, se niegue categóricamente la posibilidad de que existan denuncias falsas. Es tan absurdo como decir que uno es Dios, puede leer en las intencionalidades de la gente, y testificar por ellos que ninguna denuncia ha sido puesta con la voluntad de sacar provecho de una ley. La posibilidad de que alguien denuncie falsamente se abre desde el momento mismo en que existe la posibilidad de denunciar algo y se cuenta con la más que evidente existencia de la voluntad de engaño en el ser humano en cuanto especie. Así de simple.

Eso para cualquier ley en general y, por tanto, como principio general. Pero es que ya hablando de la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, la posibilidad de que existan más denuncias falsas que en relación a la infracción de cualquier otra Ley es un riesgo con el que se debería haber contado de antemano. Máxime cuando basta el testimonio de una mujer, sin aportación de ningún tipo de pruebas, para que un hombre acabe detenido como medida cautelar si el policía de turno lo considera oportuno. Y lo más probable es que lo considere oportuno porque si, después, a dicha mujer le ocurriera algo, es el policía quien tiene responsabilidad penal sobre el asunto. Máxime cuando la Ley ofrece tantas prebendas legales a las mujeres a las que un juez determine como mujeres maltratadas. Máxime cuando se trata de una ley claramente discriminatoria entre hombres y mujeres que puede ser utilizada en contra de muchos hombres en casos de conflicto (divorcios, separaciones, custodia de los hijos…) que en absoluto entran en el terreno de la criminalidad.

A mis ojos, el problema no es sólo que todo debate sobre la cuestión quede entorpecido por estas falsas estadísticas, sino que falsas estadísticas como ésta impiden, obstaculizan, imposibilitan incluso, que la cuestión de la violencia doméstica pueda ser abordada como se merece en aquellos casos en los que merece ser abordada penalmente.

Un saludo.

Antígona dijo...

Ay, JJ, es que ser machista o feminista no es, a mi juicio, cuestión de género, sino de inteligencia, que según yo creo está distribuida, en sus mínimos y máximos, equitativamente entre los dos sexos, aunque no entre los individuos que los componen :)

No podría haber habido una cultura machista si las propias mujeres, mucho más entregadas a la educación de los hijos que los hombres, no les hubieran inculcado valores e ideas machistas. Y mi madre, sin ir más lejos, podría ser un claro ejemplo de ello.

Más besos!

Antígona dijo...

Niña Margot, pues justamente a esa conclusión es a la que yo quería llevar a los posibles lectores con el post sin necesidad de tener que decirlo expresamente: que estas encuestas del Instituto de la Mujer tienen por principal objetivo, más allá de algunos otros igualmente deleznables, justificar la Ley contra la Violencia de Género. Gracias por decirlo, guapa :)

La Ley es chapucera, injusta, atenta contra la presunción de inocencia de toda persona que haya tenido la desgracia en estos tiempos de nacer con un pene y para más inri trata a las mujeres como si fueran subnormales profundas o, por ser menos bruta y más políticamente correcta, como sujetos carentes de responsabilidad y capacidad de decisión sobre sí, como criaturas menores de edad a las que el Estado debe tutelar constantemente. Por no hablar de que aún no se ha probado la efectividad de esta Ley para evitar los casos de violencia que deberían constituir su principal foco de atención, que son aquellos que acaban en muerte.

El problema, a mi parecer, es que ese estado de opinión de lo políticamente correcto con respecto a la cuestión de género se está imponiendo de una forma tan contundente, tan masiva, tan unitaria y, por qué no, “totalitaria”, que el debate está de raíz excluido, y mucho más, la disensión. Como lo está siempre que se impone un pensamiento único con respecto a algo. Aún recuerdo todos los agrios ataques que recibió un artículo de Enrique Lynch en el País hace no mucho en el que criticaba –la verdad que no con argumentos muy finos, qué le vamos a hacer- la guerra de sexos a la que está desembocando todo este feminismo mal entendido.

Pero es que resulta que hace apenas un par de días también el País publicó otra noticia de un hombre que había acabado dos veces en la cárcel por denuncias de su mujer que nunca pudieron ser probadas, ¡pese a ser ella quien le había asestado nada más y nada menos que 7 puñaladas! (http://www.elpais.com/articulo/espana/veces/preso/malos/tratos/veces/absuelto/elpepuesp/20100105elpepunac_20/Tes), y uno debería realmente echarse a temblar ante los comentarios de algunas mujeres, poseídas por el más puro e irracional espíritu revanchista. Permíteme que te transcriba el único que, a día de hoy, he conseguido encontrar, porque los demás, y mucho más duros, que leí con mis propios ojos, han desaparecido “misteriosamente”. Dice una tal Mo: “Yo alucino con los que protestan por la ley de igualdad, que tendrá sus defectos pero de momento sirve. ¿Por qué no os habéis manifestado durante los 30 años de democracia en que se ha asesinado impunemente a mujeres? Vuestro discurso demuestra que os preocupáis de vosotros mismos, y a ellas que las den. Pues no, ahora que os den a vosotros”. En fin, creo que cualquier comentario al respecto es innecesario, ¿no? O mira, no me privaré: hay que ser un verdadero troglodita para opinar que es legítimo castigar a un individuo por los delitos que otro ha cometido. Y lo que demuestran comentarios como éste es que Enrique Lynch tenía más razón que un santo: para esto yo tampoco encuentro otro concepto que el de “guerra de sexos”, una guerra absolutamente indeseable para la convivencia.

Sigo abajo.

Antígona dijo...

En cuanto al victimismo, es, creo, una de las derivadas que fomenta esta Ley. Sobre todo cuando del hecho de que a uno lo proclamen víctima se derivan una montón de privilegios sociales, económicos y vitales, como es salir beneficiado en caso de separación o divorcio. Pero lo peor es que la, para mí, auténtica “frivolización” de la cuestión del maltrato que se deriva de esta encuesta en lo relativo sobre todo al maltrato psicológico a quienes más perjudica es a las verdaderas víctimas. Una frivolización que, sin embargo, para el Observatorio de Violencia de Género, se ha convertido en la realidad. Hoy mismo viene en su página web una editorial en la que una señora experta en Comunicación y Género habla de “dos millones” de maltratadores aún no denunciados. Exactamente el cálculo de mujeres maltratadas en este país que a mí me ha salido a partir de los resultados de la macroencuesta. Lo cual demuestra que estos datos tan burdamente manipulados se están haciendo valer, en efecto, para crear un estado de opinión.

Sobre lo que comentas de la tiranía de los hijos, no tengo datos suficientes para valorarlo. Pero, en el fondo, no me extraña, dada la tiranía que yo misma observo ejercer sobre adultos a niños o gente joven educada sin ningún tipo de criterio de autoridad. Y al hablar de autoridad me refiero a autoridad legítima, no a la arbitraria e injustificada. Y a tu propia percepción habría que añadir las noticias que últimamente saltan a los medios sobre el aumento de la violencia ejercida de hijos hacia a padres. Un aumento global al que contribuye el hecho de que la violencia haya aumentado significativamente en las chicas en los últimos años.

Yo no sé de qué es producto todo esto y tampoco quiero ponerme apocalíptica. Pero lo que sí tengo claro es que es necesario empezar a reflexionar sobre la cuestión de la violencia más allá de la división de géneros.

Y por favor no dejes de ponernos al tanto de tus investigaciones :)

Besos antitrogloditas! :)

Antígona dijo...

Neo, yo lo tengo muy claro: hace a alguien victimista el obtener beneficios de su situación de víctima, sean de la índole que sean: emocionales, afectivos, sociales o económicos.

Más besos!

Neo dijo...

Querida Ántígona:
¿Porqué quieres ver a esos 4 millones de parados? y porqué quieres ver a todos los presos de España?
Tal vez quieres solucionar el problema del paro? quieres acabar con la delincuencia?
Qué quieres hacer cuando miras una estadística, por ejemplo de violencia machista?

Con esa definición de victimista yo no lo veo tan claro como tú, Antígona. Un victimista puede ser víctima o puede que no, verdad?. Es más, ¿podría ser que nuca fuera víctima en absoluto, si no que él lo creyera o lo quisiera hacer creer a los demás?
¿un victimista no culpa a su entorno por el dolor que sufre?

bsos!

pd: cuando has visto una vez que la tierra es una esfera achatada, lo sabes. ¿No necesitas ver constantemente ciertas cosas para saberlas, no? jaja

Horrach dijo...

Antígona, lo de las denuncias falsas es algo que quedaba muy claro (aunque de forma algo implícita) en el citado artículo de EP. Allí se dice que denuncias falsas hay en todo tipo de ámbitos, que es algo muy habitual (se aportan varios ejemplos, como las denuncias por mala praxismédicas, que son del índice del 90 %). Por tanto, aunque no se recalque, se está asumiendo que las denuncias falsas por malos tratos existen, dado que es una práctica generalizada. Es más: en este caso uno saca más beneficios de denunciar en falsa que, por ejemplo, en el caso de mala praxis médica, porque las medidas que se aplican son inmediatas y muy drásticas, muy lesiavas (en varios sentidos) para la parte denunciada.

Por tanto: si decimos que las denuncias falsas son muy habituales en todos los ámbitos, eso implica que no se puede decir que las denuncias falsas en casos de malos tratos sean "un mito", y mucho menos que 'se denuncie poco'.

Y dos: que como en este ámbito la denuncia falsa aporta al denunciante unos beneficios mayores que en cualquier otro ámbito, y si no tenemos una concepción angélica de la naturaleza humana (es decir, que entedamos que cualquier persona puede tener la tentación de aprovechar en su propio beneficio una herramienta puesta a su disposición directa), lo lógico y verosímil será pensar (o al menos sospechar) que se utiliza.

saludos

El veí de dalt dijo...

Buf! Vaya nivelazo hay aquí. Como hace días que no te comento ahí va el mio. Me casé muy joven y aún sigo con la misma pareja. Dos hijos: uno de 18 y otr(a) de 14. (ya sabes más de mi que muchos de mis vecinos blogueros) El primer año recuerdo que nos chillamos mútuamente un día (una bronca por razones de celos, como siempre sucede entre parejas jóvenes). Quizá fui un maltratador y ahora me entero. Pido públicamente disculpas. Un año después, otra bronca por razones familares (de suegros; segunda razón de disputas entre matrimonios). Nada más. Ah, sí! Un día le di un azote en el culo. Pero creo recordar que era en los prolegómenos de un juego sexual. Pido disculpas si debo ser uno de los 300.000 hombres que "maltratan" las mujeres. O quizás por ser algo machista, en ocasiones. Quizás lo llevo en la sangre: soy hobre, no puedo evitarlo.
Sin querer hacer más bromas sobre el tema (que muera una sola mujer por violencia de género ya es algo muy serio; que mueren 54 en el 2009; pues ya es para temblar); es evidente que a los medios les interesa en algún moment u otro atraer la atención sobre temas puntuales donde centrar la atención por motivos políticos, económicos u oportunistas. Ya lo habeis dicho y no vuelvo a incidir sobre el tema. En cambio,me parece interesante indagar en ese "sometimento sutil" que aputna Margot de los padres hacia sus hijos. Es evidente que los adolescentes de hoy no son los de antaño. Y sus escalas de valores parecen distintas a los que nacimos en los sesenta o setenta del siglo (joder!) pasado. ¿No? Me refiero ha esa "presión sentimental" que veo ejercer en un círculo ámplio de amigos (y en mis carnes, a veces).
Bueno, me he ido del tema. Lo siento. Queria decirte "feliz año colérico" y veo que me he lanzado a otros ditirámbicos pormenores. Te sigo en la distancia. (Por cierto, coincidí hace poco y me habló de ti alguien que tiene el hábito de usar gel de ducha de origen germánico ¿Pillas, no?) Un beso. Sin violencia. ;-)

NoSurrender dijo...

Toca usted un tema muy delicado, doctora Antígona. Al menos usted tiene la ventaja de ser mujer, y poder hacerlo libremente sin ser tildada de “postmachista”, como llama el Observatorio de la Mujer a todos los que dudamos de la eficiencia de estas estrategias para conseguir un mundo con más igualdad.

Efectivamente, la estadística puede sevir, más que para conocer una realidad objetiva, para objetivizar un punto de vista, cualquiera que sea la realidad. No sólo son manipulables las preguntas, sino también las respuestas posibles y la manera de presentar éstas. Así, si leemos que “El 20% de las personas muere a causa del tabaco”, podemos escribir tranquilamente que” el 80% de las personas muere por no fumar”.

No obstante, lo que más me sorprende de esta acción sexista contra la convivencia que supone este estudio, es que sólo se consideren víctimas potenciales a las mujeres, ya que cualquiera de estas preguntas puede hacerse igualmente a un hombre. Es decir, no se trata de poner de manifiesto una realidad sexista en la sociedad, sino de crear un nuevo sexismo artificial en la sociedad. No creo que sea ése el mejor camino para la convivencia, no. claro que quizás no sea la igualdad y la convivencia los objetivos políticos que persiguen las instituciones que financian estos estudios sexistas.

Me produce una tremenda pena y desolación que esta parte concreta del feminismo institucional me califique a mí de “postmachista” por el hecho de criticar estas estrategias frentistas. Me siento, digamos, “psicológicamente atacado”.

“En la actualidad, ¿con qué frecuencia diría NoSurrender que el Instituto de la Mujer le insulta o amenaza?” respuesta: “frecuentemente”.

Un beso, doctora Antígona!

Neo dijo...

Hola, buenas!
Sigo sin entender cómo puede generar tremenda pena y desolación el que alguien te llame "postmachista" o lo que sea. ¿Porqué te sientes atacado?
Y, en caso de sentirte amenazado, ¿cómo consigue alguien tener tanto poder sobre ti como para entristecerte tanto?
¿podrías explicármelo? gracias

malditas musas dijo...

La violencia está en el entramado social y se ejercita sobre mujeres, hombres, ancianos, niños, pobres, y un largo etcétera de clasificaciones posibles. No creo personalmente que ninguna encuesta llegue a reflexionar sobre ello... será que el mercado utiliza hasta el tópico de la violencia para vender ideas, nos despista para que no seamos concientes de cuál es la verdadera, como si de un juego de espejos cóncavos se tratase.

Saludos!
musa rella

Antígona dijo...

Pues hombre, Neo, digo yo que sería muy ilusa si, personalmente, desde el pequeñísimo lugar que ocupo en el mundo, quisiera acabar con el problema del paro, de la delincuencia o de la violencia doméstica.

No se trata de eso, se trata de no querer que me engañen cuando se me dice que determinados datos son los que reflejan la realidad de la sociedad en la que vivo. Y en el caso de la violencia sobre las mujeres, la cuestión puede afectarme y de hecho me afecta mucho más de cerca. Sinceramente, porque creo que toda esta inflación a la que asistimos de la cuestión de la violencia de género, así como la propia Ley contra la violencia de género en su aplicación efectiva, está generando en muchos hombres que se sienten amenazados, discriminados, atacados por ella, actitudes reactivas que están desembocando en la reavivación de prejuicios y actitudes machistas nada deseables, ni para ellos, ni para las mujeres. Y tampoco para mí, que soy mujer y tengo que y además deseo convivir con hombres que me contemplen como un igual, y no como un enemigo favorecido por una ley que les perjudica a ellos o como a un ser inferior que sólo puede alcanzar la igualdad a fuerza de discriminaciones positivas.

También yo creo que ser victimista y ser víctima son dos asuntos completamente distintos. Hay quien se hace la víctima sin haberlo sido nunca, mientras que hay víctimas que nunca adoptarán posiciones victimistas. Es un poco como la diferencia entre ser tonto y hacerse el tonto :P Por eso decía lo que decía en mi comentario anterior: quien se finge víctima sin haberlo sido o después de haber sido víctima adopta actitudes victimistas, es porque con ello obtiene algún tipo de beneficio. Como quien se hace pasar por tonto.

Más besos!

Antígona dijo...

Horrach, leí el artículo de EP y entendí perfectamente que en él se adoptaba, aunque no con excesiva contundencia, una actitud crítica hacia el tema de las denuncias falsas. Al menos EP tiene la decencia de, de cuando en cuando, publicar algún artículo en el que se cuestiona la legitimidad de ciertas afirmaciones tendenciosas que se hacen en relación al problema de la violencia de género. Por ejemplo, tras publicar toda una avalancha de ataques, a mi juicio injustos, al famoso artículo de Enrique Lynch (http://www.elpais.com/articulo/opinion/Revanchismo/genero/elpepiopi/20091119elpepiopi_4/Tes), también acabó publicando otros artículos que lo defendían y defendían, sobre todo, la libertad de expresión, puesto que muchos de dichos ataques se hicieron extensivos a EP por haber publicado aquel artículo presuntamente machista (http://www.elpais.com/articulo/opinion/Machismo/mordaza/elpepiopi/20091126elpepiopi_5/Tes). Sin embargo, no creo que EP tenga una línea editorial clara a este respecto y, en principio, sigue contribuyendo a crear la percepción de que la violencia sólo es algo que sufren las mujeres y que cualquier medida para combatirla es válida.

Totalmente de acuerdo contigo, por lo que ya dije, en que no se puede decir que las denuncias falsas en el caso de los malos tratos sean “un mito” ni que se denuncie poco. Pero claro, es que según la cantidad de maltratadores existentes que se derivan de la macroencuesta del Instituto de la Mujer, se denuncia no poco, ¡sino poquísimo! En fin…

Y también totalmente de acuerdo con tu punto dos. Por lo cual me parece aún más peligroso que ahora se insista en que el maltrato, para ser denunciable, no sólo ha de ser físico, sino que el psicológico también es motivo de denuncia (http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Maltratadas/sospecha/elpepisoc/20091228elpepisoc_5/Tes) Unido esto a lo que la dichosa macroencuesta considera maltrato psicológico, hay que temer que el cien por cien de la población masculina acabe denunciado y yendo al calabozo.

Saludos

Antígona dijo...

Veí, muchas gracias por la confianza que has mostrado al contar aquí cosas de tu vida personal :)

Pero en todos los casos concretos de “violencia” que cuentas, no creo que haya motivo alguno para pedir disculpas públicamente. Sencillamente, porque no me parece que nada de lo que cuentas justifique que pueda atribuírsete el calificativo de “maltratador”. En las disputas entre matrimonios, o entre parejas, es normal chillarse, o insultarse, o decirse cosas de las que luego uno se arrepiente. Si además, los chillidos, insultos o malas palabras son mutuos, ¿quién está maltratando a quién? Conozco algún caso de parejas que han llegado a las manos en estas discusiones o riñas, los dos, y luego, concluida la pelea, aquí paz y allá gloria. Pero el problema es que ahora hay una ley que dice que si un hombre y una mujer llegan a las manos en una disputa, ella está en su derecho de denunciarle a él y que él acabe cautelarmente en la cárcel, mientras que la denuncia de él hacia ella no tendría, ni de lejos, las mismas consecuencias.

Insisto, yo no estoy negando que exista la violencia de género, explicable en función de una tradición machista milenaria que ha educado al hombre en la idea de que debe dominar a toda costa a la mujer. Lo que estoy negando es que cualquier acto o gesto de violencia, en el seno de una pareja, pueda o deba ser calificado de violencia machista. Lo que sucede en el seno de una pareja, eso deben valorarlo prioritariamente sus miembros. Y si ninguno de sus miembros se considera maltratado, nadie es quién para afirmar categóricamente que sí lo está siendo.

Y tranquilo, que aquí la verdadera broma, la verdadera frivolización del asunto, no la estamos llevando a cabo ninguno de nosotros sino, como ya he dicho antes, el Instituto de la Mujer cuando establece que el maltrato psicológico se detecta contestando a las preguntas de su cuestionario. Lo que no entiendo es cómo no han tenido la inteligencia de esconderlo un poco más por la red y que cualquiera pueda ver de qué manera tan manipuladora obtienen los datos que luego manejan.

La inflación de esta cuestión de la violencia de género no creo que sea solamente una cuestión de los medios de comunicación, sino también de todos los puestos de trabajo y de todo el dinero que genera esa inflación. Una motivación, desde luego, nada legítima si de lo que se trata es de combatir con la mayor honestidad y eficacia posible algo que se valora como problema.

En cuanto a los adolescentes, no tengo hijos y tampoco me relaciono con gente que los tenga, por lo que no me siento capacitada para juzgar sobre el tema. Sin embargo, por lo que observo a mi alrededor, me parece que esa tiranía que los padres empiezan a ejercer sobre los hijos depende en buena medida del tipo de educación que se les está dando, y que además se contagia a los adolescentes que, pese a recibir una educación mejor, ven cómo a sus compañeros les están permitidas ciertas cosas y entonces empiezan a reclamarlas, aunque en sus casas rijan criterios distintos a los de sus compañeros. Los adolescentes de hoy no son como los de antaño porque también la sociedad en la que viven es distinta. Pero también detecto mucha dejadez en esta cuestión de la educación, cuyo lugar natural es el hogar familiar y no la escuela, por ejemplo. Dejadez en lo que se refiere a darles la atención que se merecen o en marcarles normas de conducta y ser firme en esta decisión. No digo que en todos los casos sea así, por supuesto. Pero, como decía antes, las consecuencias de esa educación poco reflexiva acaban volviéndose contagiosas y afectando a los hijos de quienes sí se esmeran por dársela.

Feliz año para ti también, Veí, y por favor, ¡que este nuevo año no sea nada colérico! :)

Sé perfectamente quién te habló de mí :) Y espero que sólo te dijera cosas buenas, porque, de lo contrario, ¡se las verá conmigo! :P

Besos muy muy pacíficos!

Antígona dijo...

Pues sí, doctor Lagarto, soy consciente de que el tema es delicado y por eso he querido hacer un post lo más “neutro” y objetivo posible, sin valorar en todo su alcance lo que para mí significa la existencia de esa macroencuesta. Aunque ahora me esté despachando a gusto en los comentarios soltando todo lo que no he dicho en el post :)

Auténticamente ridículo ese calificativo de “postmachista” que ahora utiliza el Observatorio de Violencia. Ya no saben qué inventar para rehuir cualquier crítica a sus estrategias. O mejor dicho, no tenían que inventar más que un nuevo término para aplicar la falacia más antigua que conoce la humanidad: la descalificación del contrario, como si esa descalificación invalidara automáticamente sus argumentos. En fin, no se puede ser argumentativamente más torpe. Ahora, no crea que por el hecho de ser mujer estoy libre de recibirlo. Cualquier día de estos aparece por aquí alguien llamándome igualmente “postmachista”.

Estoy de acuerdo con lo que señala de las encuestas y su posibilidad de ser manipuladas. Es verdad que tanto las preguntas, como las repuestas, como la interpretación que se hace de los resultados, pueden plantearse de tal modo que la encuesta, en lugar de convertirse en un instrumento de investigación, sólo lo sea de confirmación de la imagen de la realidad que uno ya tiene o que desea hacer valer. Ahora, le aseguro que hubiera esperado por parte del Instituto de la Mujer, un poco más de sutileza, o de fineza intelectual, o de enmascaramiento, a la hora de elaborar esta macroencuesta sobre la violencia contra las mujeres. Si esta encuesta se diera a conocer en los medios, estoy segura de que la imagen pública del Instituto de la Mujer se vería gravemente dañada. O al menos en eso confío, puesto que confío también en la inteligencia de la gente. Quizá confío demasiado, no lo sé.

A mí también me sorprende por un lado lo que señala de que la encuesta sólo considere víctimas potenciales a las mujeres. Pero, por otro lado, no me sorprende lo más mínimo, dado que estamos hablando del Instituto de la Mujer y de una Ley creada para proteger a las mujeres del machismo, y no de un hipotético Instituto de, por ejemplo, los derechos humanos, o una Ley creada para proteger a cualquier persona de la violencia. Lo que sin embargo sí me sorprende, y mucho, es que las Instituciones que están detrás de toda esta cuestión no se hayan dado todavía cuenta de lo que usted, con gran acierto, señala. Y que es que la creación de ese sexismo artificial, o de la guerra de sexos que a partir de él se está generando, no sólo no favorece la buena convivencia y la igualdad, sino que, por el contrario, las obstaculizan.

Entiendo perfectamente que se sienta atacado. Yo también me sentiría atacada de ser hombre. Pero parece que eso a muy poca gente le importa. O incluso habrá quien, en ese revanchismo absurdo que todas estas medidas están propiciando en muchas mujeres, considere que es justo que usted sufra psicológicamente sintiéndose atacado. Como si su sufrimiento actual pudiera reparar en algo el sufrimiento pasado o presente de otras mujeres. Lo dicho: irracional y absurdo, y nada deseable para lograr una convivencia armónica entre hombres y mujeres en términos de igualdad.

Un beso, doctor Lagarto!

Antígona dijo...

Neo, como tus preguntas van dirigidas a NoSurrender, mejor que te conteste él, ¿no crees?

Besos!

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Malditas musas, nada más cierto que lo que dices. La violencia es un recurso que puede ejercer cualquiera, con independencia de su sexo, edad o condición social. Y los motivos por los que esa violencia se ejerce, y los medios para disminuirla o evitarla –puesto que todo acto de violencia pone en peligro ese entramado social y la seguridad que todos deseamos- nunca serán descubiertos mientras no se tenga una perspectiva más amplia y ajustada a la naturaleza humana del problema.

Por supuesto que esta encuesta no ha llegado a reflexionar sobre ello. De lo contrario, se hubieran parado a pensar en cuántos hombres podrían haber pasado a ser considerados como hombres “técnicamente” maltratados y entonces eso habría puesto en cuestión el sentido global de la propia encuesta. O lo han pensado pero eludir este pensamiento forma parte de las estrategias que utilizan ciertas instituciones para producir la imagen de la realidad que más les interesa.

Gracias por tu visita y bienvenida a esta casa.

Un beso!

DELIRIUMTREMENDS dijo...

A mi ya me duele en el alma el poder poner niveles al sufrimiento humano. Frecuentemente, pocas veces, a veces... Creo que no hay niveles, hay una situación dada y punto. Una situación jodida, estar maltratada, punto.
Para las putas estadísticas, se necesitan baremos, y de ahí la estupidez, pero me molesta que se puedan calificar. No entiendo como una a la que insultan día y noche, y le pegan cuatro tortazos, puede diferenciarse de la que sólo la pegan dos hostias.. es de risa.
Mas allá de esta cuestión, lo importante es el maltrato, que lo hay de dos géneros, masculino y femenino. Tengo un amigo al que su mujer lo descalifica continuamente. LLega del trabajo y hace la casa, apenas le queda tiempo para ver a sus hijos, de los que cuida en el tiempo que le queda. Este señor tiene todo mi respeto, y su señora es una maja que no conoce el nombre "escoba", y que se creé que la sartén sirve para atizarle al tipo con el que convive.
Así que vamos a dejarnos ya de tópicostípicos, porque aquí nos zurran a todos. Lo importante es tener un poco de sentido común, y como tu bien dices, saber distinguir del maltrato, y una puta bronca normal. Y luego está el código que cada pareja crea entre ellos. Si es lícito para esas dos personas decirse de todo a la cara, y luego firmar las paces, pues cojonudo. Sólo en el caso en el que no hay código alguno, caso en el que la pareja entonces no tiene cabida y ya nos vamos a una situación en el que el de al lado es un extraño, sí podríamos decir, que y sin venir a cuento, una hostia, un insulto, sí pueden ser llamados malos tratos.
Pero es un tema muy amplio y dificil de abarcar, y aquí lo que es importante es que cada uno sepa lo que hay y lo que hace. Y que sobre todas las cosas, no se pierda el respeto al otro.
Y al otro lado, muchas personas que han perdido la noción de la realidad porque ya han superado sus propios límites, y saben que son maltratados. Aquí se impone la denuncia, y que haya alguien que sepa escucharles, y que esto deje de ser una estadística y pase a ser algo serioserio, pero para eso haría falta mucha pasta, mucho apoyo, y mucho respeto al tema. Y sigo sin verlo así. No podemos generalizar, pero conozco algún caso en particular, y la justicia no ha ayudado precisamente, y la persona en sí no se ha sentido escuchada ni una puta vez.
Ale, me piro que sino me quedo aquí la vida.
Eres una joya, guapa, una joya.
Nos vemos en los bares, muymuy pronto. Un placer, siempre un placer.

La jauría dijo...

Era necesario tu demoledor ataque al método estadístico, sobre todo porque nace desde el sentido común de quien no ignora la validez de la estadística como un camino de aproximación a una realidad que se pretende transformar mediante políticas concretas. En este caso, es claro que aquella de la que hablas no hace sino añadir más fuentes de legitimidad a una ley que no puede encontrarlas más allá de los territorios acotados por una determinada ideología que, como decía Scumpetter, se nota desde los mismos prolegómenos del análisis, en la hora concreta de escoger aquello que se pretende analizar como problema a resolver. A mi me parece obvio que, desde esta imagen ideológica de la realidad, no se puede resolver l violencia de genero ni ningún otro tipo de violencia sin crear los gérmenes de nuevas formas de violencia distintas de la que se quiere combatir. Pero tenemos que reconocer que sin la presión constante de los movimientos sociales ligados a esta ideología, y a pesar incluso de la perversión en la que incurren al dibujar del modo en que lo hacen los perfiles de la realidad que buscan demoler, no habría sido posible el formidable incremento de la sensibilidad social ante las formas evidentes o invisibles de violencias ejercidas sobre la mujer a lo largo de la historia. Yo creo que esta contradición ha ido siempre pareja a toda transformación del mundo. Tengo la esperanza, y creo también que la certeza, de que detrás de la marejada vendrá la serenidad, desde la que será pertinente transformar la ley de violencia de genero, u otras parecida o semejantes como la que atañe a la violencia juvenil.
Un abrazo a todos.
Carlos

C.E.T.I.N.A. dijo...

Antígona, tengo una amiga de toda la vida, actualmente divorciada, que a esa encuesta contestaría negativamente a todo. Aunque en realidad todos los que la conocemos sabemos que debería hacerlo afimativamente. Pero como ella está convencida de haber sido absolutamente feliz en su matrimonio....

Mi amiga me sirve de ejemplo para dejar claro que este tipo de encuestas son sólo éso: encuestas; respuestas que da la gente que pocas veces tienen algo que ver con la realidad, si no más bien con su extraña manera de percibirla.

El doctor House lo explica perfectamente en dos frases:

-"Todo el mundo miente. La única variable es sobre qué".

-"No me pregunto por qué la gente miente, sólo asumo que lo hace"

No entiendo porque no se estudia House en las facultades de filosofía.

Neo dijo...

Vale, dices que tú no quieres que te engañen con es encuesta que te parece falsa.
pero si te parece falsa, ¿cómo te van a engañar? =)

Imagina que yo te digo que tú eres azul. ¿Te pondrías a recopilar datos, pruebas y luego escribirías un ensayo de porqué no eres azul para evitar que yo te engañe?

¿no será que quieres demostrar algo? o intentar que esa encuesta no engañe a otros?

huelladeperro dijo...

No me he leído más que por encima el texto y los comentarios, pero es que el jodido tema me tiene hasta los cojones.

Gracias de todas maneras por luchar a favor del sentido común. Me pregunto qué oscuros intereses habrá detrás de tan exagerada manipulación de la realidad... ¡Dos millones de maltratadores impunes! es decir, que faltan por denunciar...
Imagina que los meten en la cárcel.. ¿Quién se beneficia?
Efectivamente: las grandes empresas multinacionales que gestionan prisiones (capital estadounidense y tecnología también) ¡Qué miedo! ¿no?

Pero la cosa (y la intoxicación informativa) va más lejos... mira si no este enlace a un artículo que apareció en la prensa moderada de mi ciudad hace tres días: el mito de las denuncias falsas
El porcentaje de falsedad de las denuncias reconocido por ese periódico (y la autoridad en cuestión) es tan ínfimo 0'014 % que no puedo menos que pensar que la lectura está viciada por un sesgo antitestículos.

¡Ah! sí, conozco personalmente a la "mujer maltratada" que sale en la edición impresa del periódico (han cambiado la foto ilustradora del artículo en la edición digital) y sé que su marido (ahora en la cárcel) no le puso nunca la mano encima.

Besos asustados

Casilda dijo...

Hace muy poco en una declaracion a la que asisti el abogado de la mujer que denunciaba unos malos tratos con el claro fin de evitar la expulsion de España y una via rapida de sacar al marido de casa con la preceptiva orden de alejamiento y matar dos pajaros de un tiro (en este caso con la intervencion del Instituto de la Mujer no solo mató dos pajaros sino que ademas le tocó el bote de la primitiva)preguntó.¿se ha sentido usted ninguneada alguna vez por su marido ?....y yo le pregunté ¿entiende usted lo que le estan diciendo?.....
La verdad verdadera es que estas macroencuestas que dan lugar a estadisticas que se publican como realidades universales lo unico que hacen es por un lado devolvernos a las mujeres al estado de "medio idiotas"que hay que proteger casi frente a si mismas y por otro y mas grave a desproteger porque no se puede cantar misa y repicar al mismo tiempo a las que de verdad sufren el calvario de la violencia tanto familiar como de genero. Una mujer maltratada (sin tecnicismos)jamas hubiera contestado a estas preguntas (y yo casi hubiera contestado que si, a veces , alguna vez a casi todas , porque soy mayor, he vivido mucho y soy normal.)
Me voy a cortar porque me enciendo con este tema...
Besos

carrascus dijo...

Amiga Antígona... no he querido antes entrar a comentar en este post porque iba a chocar con casi todo el mundo, y tampoco tengo ganas de que me vayan zumbando los oídos todo el día. Yo creo que una encuesta sesgada o malinterpretada por las que contestaban, o vete tú a saber qué otras consideraciones poder hacer sobre ella, están impidiendo que veáis en su contexto justo una realidad palpable como es la del maltrato.

Pero es que ahora he leído una frase referida a los maltratadores que me ha dejado sin habla: "Imagina que los meten en la cárcel... ¿Quién se beneficia?"

Merece la pena siquiera contestar a esa pregunta...?

huelladeperro dijo...

Carrascus, no me tergiverses. Es obvio que considero exagerada la cifra de dos millones de maltratadores. Exagerada, falsa y manipulada. Imagina que se mete en la cárcel a dos millones de inocentes que esta campaña de acoso al varón y "ninguneación" de la mujer logra hacer encajar por la fuerza en su manipulada estadística de maltrato.
¿Quién pierde?

carrascus dijo...

...¿tú de verdad crees que se puede meter en la cárcel a dos millones de inocentes...?

Sé que me repito, pero vuelvo a decir que en esto, como en todo, solo hay que aplicar el sentido común, que al fin y al cabo es la base de cualquier ley.

huelladeperro dijo...

1) Yo y un montón de millones más. Y tú también si lo piensas bien...
Y es desde luego lo que pretende hacernos creer el Observatorio sobre la Violencia de Género, si es que Antígona no nos ha mentido en la 2ª parte de su respuesta a Margot.


2) Tu delicioso candor es digno de un mundo más noble. El sentido común no es algo con lo que nacemos todos, depende del conjunto de valores de una sociedad en un momento dado. Y es una de las cosas más manipuladas que existen.
De eso se trata: Eso es lo que denuncia la amiga Antígona.

Antígona dijo...

Pues sí, Delirium, lo cierto es que no lo había pensado, pero contemplada de esta manera, como pretensión de medir el sufrimiento, la encuesta resulta un tanto obscena. Porque tienes toda la razón: las hostias son hostias y poco importa su número. Para mí, todo depende de cómo cada cual percibe lo que son esas hostias. Si dentro de una pareja, los dos miembros tienen por costumbre solucionar cada conflicto a guantazo limpio, sin que ninguno de los dos se sienta maltratado, no me parece que pueda hablarse en absoluto de violencia de género, cosa que, sin embargo, la interpretación de la encuesta niega. En este sentido, me parece muy importante lo que dices del código establecido por cada pareja, que considero una cuestión íntima, privada, en la que nadie tiene derecho a intervenir a no ser que uno de ellos solicite ayuda. Porque, ¿qué sucede si en una pareja ambos pactan tener una relación sadomasoquista? ¿Consideraría el Instituto Mujer que se da una situación de maltrato si es ella la que adopta el rol de sumisa, porque es así como desea vivir su relación de pareja, pero no lo sería en el caso de ser ella la dominadora? ¿Entendería el Instituto de la Mujer que una mujer sólo puede desear vivir una relación de sumisión por causa de la herencia machista y pretendería protegerla de sí misma calificándola de maltratada? Como ya he dicho en muchas ocasiones en este blog, este tipo de juicios efectuados desde fuera con la mera pretensión de confirmar una idea preconcebida suponen, mi juicio, una injerencia indeseable del Estado en la libertad del individuo. Y es de eso de lo que realmente deberíamos protegernos.

Que el maltrato existe por parte me ambos géneros, es algo para mí incuestionable. Sencillamente porque la voluntad de maltratar, de humillar, de ningunear o de amedrentar depende de las personas, con independencia de su género. E incluso me atrevería a decir que, por una cuestión de mera lógica, las mujeres pueden haber practicado a lo largo de la historia el maltrato psicológico con más frecuencia que los hombres, dada su menor fuerza física. Y por supuesto no me estoy refiriendo a las mujeres en general, sino a las personas que, además de ser mujeres, han optado, por el motivo que sea, por una relación de maltrato dentro del ámbito doméstico.

También yo creo que se trata de un tema muy amplio, porque la realidad es siempre diversa y no se puede homogeneizar sin más un fenómeno como éste ni, posiblemente, determinar criterios objetivos para discernir qué es una situación de maltrato y qué no. Por otro lado, nadie con dos dedos de frente negaría la posibilidad de denunciar y de pedir justicia a la persona, hombre o mujer, que esté viviendo una situación real de maltrato.

Es cierto, además, lo que señalas de que la justicia nunca actúa de la manera más efectiva y que es muy posible que muchas situaciones de maltrato real queden impunes. Pero lo que me parece más grave de este tipo de encuestas es justamente cómo perjudican a las víctimas reales del maltrato, a fuerza de trivializar el problema. Ésta es la cuestión que, a mi juicio, debería plantearse, y además muy seriamente y con urgencia, el Instituto de la mujer cuando hace sus estadísticas si verdaderamente pretende ayudar a las mujeres maltratadas.

Un placer leerte a ti, Delirium, que siempre aportas cosas interesantes. Nos vemos en los bares, claro que sí.

Un besazo enorme!

Antígona dijo...

Carlos, has hecho una disección verdaderamente lúcida del problema que en este caso plantea la estadística como método de confirmación de la imagen de la realidad defendida por una ideología. Mucho más precisa y rigurosa que el post, vaya que sí. Gracias por ella. Y me parece estupendo que incidas en algo que no sé si se ha dicho hasta el momento, pero que considero un argumento importante para criticar el modo en que opera el Instituto de la Mujer: que, lejos de resolver la cuestión de la violencia de género, esta ideología tendenciosa y discriminatoria para los hombres sólo puede dar lugar a nuevas formas de violencia.

Estoy de acuerdo en lo que planteas de que sin la presión ejercida por el feminismo –movimiento al que, espero que nadie tenga ninguna duda sobre ello, me adscribo en cuerpo y alma en cuanto reivindicación de la igualdad de la mujer frente al hombre- no habría sido posible el surgimiento de una sensibilidad totalmente nueva frente a la de hace no tantos años ante la violencia ejercida sobre la mujer. Basta recordar aquel famoso chiste, puro reflejo no obstante de una realidad social no tan lejana, de “mi marido me pega lo normal”. Ahora bien, también pienso que esa presión puede y debe ser ejercida de forma inteligente, dado que no hacerlo así entraña el peligro de obstaculizar la propia consecución del objetivo que con ella se pretende alcanzar. Me explico: el Instituto de la Mujer pretende, presuntamente, elevar a la mujer a la posición ocupada durante siglos por el hombre; sin embargo, de las medidas que adopta para ello, lo que contradictoriamente se deriva es una imagen de la mujer como un ser disminuido, inmaduro, incapaz de pensar por sí mismo, que necesita la constante y abusiva intervención del Estado, así como la discriminación del género masculino, para alcanzar esa posición de igualdad. Sinceramente, me parece que éste no es el camino para llegar a esa situación de igualdad entre hombres y mujeres, ni en lo que respecta a la imagen que las mujeres deben tener de sí mismas, ni a la que deben tener los hombres de ellas para aceptar y querer esa igualdad.
Puedo en parte compartir esa esperanza a la que aludes en relación a la venida de ese clima de serenidad. Pero de llegar, creo que ésta será más una consecuencia a largo plazo de una educación igualitaria para hombres y mujeres que de intervenciones agresivas y manipuladoras de la realidad como las que quería denunciar con el post.

Un beso y un abrazo!

Antígona dijo...

Bueno, C.E.T.I.N.A., yo creo que todo el mundo está en su perfecto derecho de autoengañarse con respecto a su propia vida y de que se le deje vivir en paz en su autoengaño mientras no solicite ayuda con el fin de salir de él. Cualquier medida impositiva para forzar a alguien a salir de sus autoengaños me parece peligrosa. Tan peligrosa como los tratamientos aplicados durante años a los homosexuales para curarles de su supuesta “enfermedad”. Del autoengaño sólo se sale si uno quiere, y en el momento en que, desde su propia situación particular, y no a través de un juicio ajeno, uno se ve forzado a salir de él por devenir insostenible.

¿Todos mentimos? Sí. Es condición intrínseca al ser humano. Sostienen algunos que porque no soportamos la realidad, y no dejamos de inventarnos “dobles” de esa realidad para soslayar su crudeza. Pero eso no legitima que ninguna encuesta se atreva a determinar cuál es la Verdad frente a esa mentira.

Hace mucho que no veo “House”. Y eso que me caía simpático este tipo. A ver si le pongo remedio.

Un beso!

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Hombre, Neo, la cuestión es que no me gusta ser engañada ni con esta encuesta ni con otros muchos datos de la realidad que no estará en mi mano contrastar. Esta encuesta ya no me engaña, claro que no. Y por supuesto que si escribo el post es porque deseo mostrar públicamente el engaño que para mí representa y que otros saquen de él sus propias conclusiones. De lo contrario, no me habría tomado la molestia de escribirlo, ¿no crees? :)

Además de que mostrar cómo alguien pretende engañarnos es una estrategia encaminada a minar su credibilidad y así protegernos de futuros engaños. Porque quien miente tan flagrantemente, bien en función de premisas erróneas, bien en función de una clara voluntad de engaño sujeta a ciertos intereses, es más que probable que vuelva a hacerlo.

Más besos!

Antígona dijo...

Huelladeperro, también yo me pregunto por esos oscuros intereses. Y para mí está claro que quienes más se benefician de esta exagerada manipulación de la realidad son todas las instituciones, y los muchos individuos que trabajan para ellas, creadas para combatir la violencia de género. Porque cuánto más amplifiquen y exageren la necesidad de luchar contra la violencia de género, más aseguran sus puestos de trabajo y más se enriquecen a costa de todo el dinero público que llega a sus manos. Que esta encuesta se realizó a más de 32.000 mujeres, lo cual requiere bastante personal dedicado a elaborarla y a sentar las bases de la necesidad de repetirla dentro de unos años. Y esto es sólo un pequeño ejemplo de cuánta gente se está nutriendo de la magnificación de este problema.

El artículo que enlazas es, a mi juicio, un auténtico insulto a la inteligencia de cualquier lector y de la opinión pública en general. No cabe en ninguna lógica que, como en cualquier otro ámbito en el que uno individuo pueda sacar una buena tajada del hecho de denunciar, no existan tales denuncias falsas. Y no hace falta que nadie nos instruya sobre la naturaleza humana, como le comentaba a Horrach, para saber que los humanos tendemos a veces a la falta de honestidad y a la mentira cuando podemos obtener beneficios de ello.

No me extraña que estés asustado. Creo que yo también lo estaría si fuera hombre, ante esta flagrante situación de desprotección legal.

Un beso!

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Casilda, estoy segura de que los que ven de cerca cómo se opera con los casos de maltrato tienen una opinión muy distinta sobre él frente a la que ofrecen las informaciones “oficiales”. Me escandaliza que esa pregunta sobre sentirse “ninguneada” por el marido se efectúe con el fin de determinar la existencia de una situación de maltrato. Como me escandalizan las preguntas de la macroencuesta del Instituto de la Mujer.

Estoy totalmente de acuerdo con lo que señalas tanto sobre la imagen de la mujer que producen encuestas como ésta, a la que tan alegremente se devuelve a una “minoría de edad” necesitada de tutela -¿algo más paternalista?-, como sobre la consecuente desprotección que supone para las víctimas reales de la violencia. Y, en efecto, esta segunda derivada es muy grave, tanto en atención a los objetivos que justifican la existencia de todas las Instituciones que entre todos financiamos para combatir la violencia de género, como en atención a la dignidad y los derechos de las víctimas.

Entiendo que te enciendas con este tema, porque es para encenderse. Y la prensa ofrece día a día nuevos motivos para que la indignación aumente. Ayer mismo venía un artículo en El País en el que se calificaba de “neomachistas” a todos aquellos que afirman la existencia de denuncias falsas (http://www.elpais.com/articulo/opinion/neomachismo/elpepiopi/20100115elpepiopi_5/Tes) En fin, ver y no creer.

Besos!

Antígona dijo...

Amigo Carrascus, creo que aquí nadie, ni yo misma ni el resto de comentaristas, esté negando que exista esa realidad del maltrato. Más bien todo lo contrario. Lo que estamos diciendo es que, al contrario de lo que tú sostienes, son encuestas como ésas las que impiden ver en su justo contexto la realidad del maltrato y actuar entonces con eficacia contra él. Porque al justo contexto de esa realidad no sólo no puede accederse a partir de encuestas como la criticada en el post, sino que ese contexto queda radical y burdamente desvirtuado en el momento en que se pretende definirlo mediante instrumentos tan falseadores e interesados.

Lo que estaba diciendo Huelladeperro, según yo lo entiendo, es que en función de encuestas como ésta cualquiera, yo misma, tú mismo, podría ser calificado de maltratador. Y que es obvio que una encuesta así no es inocente, es decir, no se propone sin algún tipo de interés que la sustente en beneficio de algunos o muchos.

En cuanto al sentido común, más bien pienso, como decía no sé quién, que por desgracia es el menos común de los sentidos. Y otro tanto debe de pensar el Instituto de la Mujer cuando confía en que alguien pueda tragarse que una mujer que dice que “a veces” su marido no valora su trabajo es una mujer maltratada. De lo contrario, su estudio no sería tan burdo.

Un beso!

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Huelladeperro, el artículo de la web del “Observatorio de la violencia” donde se mencionan los dos millones de maltratadores aún no denunciados lo puedes encontrar en esta dirección: http://www.observatorioviolencia.org/opiniones.php?id=125. Que esa cifra se haya efectivamente extraído del resultado de la macroencuesta efectuada por el Instituto de la Mujer, no es más que una pura conjetura mía, que me entretuve en calcular, así un poco a ojo de buen cubero, cuántas mujeres eran el 13.2 por ciento de la población española femenina mayores de 18 años. Si se ha extraído de otra parte, ignoro de dónde, porque el artículo no lo dice. Pero esta casual “coincidencia” entre los datos arrojados por la macroencuenta y los que utiliza la autora del artículo no me resulta en absoluto extraña. Pues digo yo que el Instituto de la Mujer no se gastará la mucha pasta que le haya costado llevar a cabo las más de 32.000 entrevistas para luego no difundir de la manera que mejor pueda los datos que tales entrevistas arrojan, ¿no? Vamos, que sería de tontos haber realizado esta macroencuesta y luego no hacer valer sus resultados.

Más besos!

Lo Gos dijo...

Y tienes razón, claro,¡qué tonto! Se beneficia todo aquel que medra de que exista violencia de género. Es una vaca a la que se explota hasta que muera.
todas las oenegés, direcciones generales, institutos especializados, observatorios, juzgados especializados... todo aquel que pueda agitar un fantasma que recorra España para obtener más subvenciones, más atención mediática, más protagonismo...
Pena que esto se haga en detrimento de la propia justicia y causando daño, en primer lugar a la causa que se pretende servir (y me creo que la mayoría actuarán de buena fe, quiero decir con la mejor intención)

Duschgel dijo...

Juro que fueron buenas, y mucho XD

Rodrigo D. Granados C. dijo...

El maltrato de género existe sin ninguna duda, como existen distintas correlaciones de fuerza que desembocan, casi siempre, en abusos. Si se hiciera una macroencuesta a toda la población, llegaríamos a conocer que, quien más quien menos, tiene su verdugo, en el ámbito familiar, laboral o educativo, y no por eso se ha creado un ministerio del abuso. Hay políticas bandera, que apuntan a un lavado de cara de situaciones espinosas; a intentar demostrar que se está luchando contra una realidad concreta indeseada, pero para ello, es necesario que esa situación adquiera las características de una emergencia nacional. La brutalidad no está constreñida al género, pero genera estadísticas, que bien cocinadas, justifican ministerios, presupuestos y leyes de dudosa oportunidad. Estas ocurrencias, se mencionarán como legado progresista de la acción del gobierno, apoyadas por nuevas destiladas estadísticas de hipotético éxito. A mi juicio, ejercer la violencia sobre una mujer, un hombre, niño o gato es igualmente miserable y punible, y creo que hay suficiente tejido jurídico para atender estos abusos, sólo falta que estas leyes entren en vigor aunque la víctima no sea un juez o alguien de su entorno.