jueves, 24 de diciembre de 2009

Cuento de Navidad


"...defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas del azar

y también de la alegría"

Mario Benedetti

Corre el año 1843. Bajo la luz de una vela y al calor de una estufa de carbón que mitiga el helor de la noche invernal, la pluma de Charles corre rauda sobre el papel: “-No estéis enfadado, tío -dijo el sobrino. -¿Cómo no voy a estarlo -replicó el tío- viviendo en un mundo de locos como éste? ¡Felices Pascuas! ¡Buenas Pascuas te dé Dios! ¿Qué es la Pascua de Navidad sino la época en que hay que pagar cuentas no teniendo dinero; en que te ves un año más viejo y ni una hora más rico; la época en que, hecho el balance de los libros, ves que los artículos mencionados en ellos no te han dejado la menor ganancia después de una docena de meses desaparecidos? Si estuviera en mi mano -dijo Scrooge con indignación-, a todos los idiotas que van con el ¡Felices Pascuas! en los labios los cocería en su propia substancia y los enterraría con una vara de acebo atravesándoles el corazón. ¡Eso es!” La pluma se detiene. La boca de Charles se abre en un sonoro bostezo. Mira el reloj. Ya es tarde, muy tarde. Mañana continuará.


Aún le quedan algunos detalles por concretar, pero la historia ya está completamente esbozada en su cabeza, se dice mientras se mete silenciosamente entre las sábanas para no despertar a su mujer. El viejo Scrooge recibirá la visita de tres espíritus, que previamente le habrá anunciado el desgraciado espectro de Marley, su antiguo socio: el Espíritu de las Navidades Pasadas, el de las Navidades Presentes, y el de las Navidades Futuras. Gracias a estas visitas, Scrooge, un banquero avaro y cruel, falto de toda humanidad, se transformará en un buen hombre. Un hombre que de ahí en adelante celebrará respetuosamente la fiesta de Navidad como una “agradable época de amor, perdón y caridad”, puesto que es en Navidad cuando hombres y mujeres “abren libremente sus corazones”. Le gusta cómo le ha quedado esa caracterización de la Navidad que el sobrino de Scrooge propone a su amargado tío, piensa antes de sumirse en un profundo sueño.


Un ruido metálico lo trae de vuelta a la realidad de su habitación. Una luz suave ilumina su cama, el dormir tranquilo de su esposa. Gira la cabeza y, tras las cortinas del lecho descorridas –ése debe de haber sido el ruido que lo ha despertado-, contempla una figura vestida con extraños ropajes que lo mira con fijeza y gravedad.


- ¿Qué es esto? ¿Qué pasa aquí?

- Charles –susurra la figura- soy el Espíritu de las Navidades del siglo XXI.
- ¿Siglo XXI? Dios mío, otra vez tengo una pesadilla, debe de ser la coliflor que he cenado, mira que le tengo dicho a Cathy que no me sienta bien por la noche…

- Déjate de explicaciones bobas, Charles, y sal de la cama, que te he dicho que soy el Espíritu de las Navidades del siglo XXI. Debo enseñarte algo.

- Está claro que es mi imaginación, que hasta en sueños se desboca… demasiadas vueltas le he dado a mi último cuento y a los espíritus navideños.
- Charles, ¡que salgas de la cama te digo, hostias!

Charles se frota los ojos con insistencia pero obedece. El presunto Espíritu se dirige hacia la ventana, la abre, toma su mano, y, ambos aparecen súbitamente en la esquina de una amplia calle intensamente iluminada. Sobre la calzada se alinea una multitud de armazones metálicos con ruedas, a través de cuyas ventanas se vislumbra a sus ocupantes. ¡Qué carruajes tan raros!, exclama Charles para sí. Como si se tratara de una manada encabritada de elefantes, de ellos emerge un clamoroso y desagradable estruendo de algo semejante a bocinas. Las aceras están repletas de gente que camina deprisa, ataviados con indumentarias tan singulares para él como las del Espíritu. Llevan en sus manos numerosos hatillos brillantes y coloridos.

- ¿Dónde estamos? ¿Y cuándo?
- ¿Dónde? Importa poco. Pongamos que es Londres, pero podría ser cualquier ciudad europea, y también de otros lugares del mundo. ¿Y cuándo? El año nos da también más o menos igual. Basta con que te diga que estamos a comienzos del siglo XXI, y es el día de Nochebuena, aunque aún falta un rato para que anochezca.

- ¡Nochebuena! ¡Como en mi cuento!
- Sí, Charles, como en tu cuento. Pero nada es en realidad como en tu cuento, aunque toda esta gente se disponga, tal y como tú pretendes inculcar al señor Scrooge, a celebrar la Navidad.
- Pero, ¿es que no es maravilloso celebrar la Navidad? ¿No crees, Espíritu, que Scrooge está equivocado a causa de su avaricia capitalista?
- Mira, Charles, ¿me creerías si te dijera que los Scrooge del Capital de hoy en día son los que más interés tienen en que se celebre la Navidad? ¿Que nunca más volverán a permitir que no se celebre por los cuantiosos beneficios que de ella obtienen? Porque, ¿sabes cómo se celebran estos días en el siglo XXI? Comprando, comprando, comprando, y es de comprar de donde vienen o a lo que van todas estas personas que nos rodean. Y luego, regalando lo que han comprado, comiendo y bebiendo hasta hartarse lo que han comprado, luciendo las galas o aplicándose los perfumes que han comprado o recibido de regalo. La Navidad, Charles, se ha convertido en la orgía del consumo, en el desenfreno del gasto y la ganancia material. ¿Y el amor, el perdón, la caridad, me preguntarás? ¿Y el libre abrirse de los corazones? Ja! Todo mera y obscena apariencia, mi querido Charles. Todo mera obligación de impostura de felicidad y buenos sentimientos. Cáscaras vacías envueltas con brillantes lazos de colores y dibujos navideños. Muy pocas son las personas que realmente sienten lo que expresan estos días. La gran mayoría, sencillamente, acepta con resignación que deben esforzarse por representar la Gran Mascarada de la felicidad, la concordia y la alegría. Con resignación y también con tristeza, porque nada hay más triste, más deprimente, que experimentar la coerción de sentir amor, o perdón, o alegría, cuando no hay verdaderas razones para amar, para perdonar o para estar alegres. ¿O es que puede ser fuente de alegría tener la obligación de regalar a quien nada deseas regalar, o sentarse a la mesa junto a personas a las que no soportas, o incluso a las que detestas, pero ante las que debes fingir amor o cariño sólo porque la traidición y los lazos familiares lo dictan, o lo exigen los imperativos sociales? Te parece importante que se celebre la Navidad, ¿no, Charles? Pues bien, lo has conseguido. Ahora, ricos y pobres, jóvenes y viejos, se suman sin remedio estos días a la celebración de la Navidad. Pero si crees que esa celebración inspira sus corazones y les mueve a ser mejores, estás muy equivocado. Muy al contrario, muchos de esos corazones se sienten torturados, atormentados en esta época del año. Y si uno les preguntara, o si se atrevieran ellos mismos a examinar sus propios corazones, menos libres que nunca en estas fechas señaladas para abrirse y mostrar lo que en el fondo albergan, reconocerían que también a ellos les gustaría enterrar a todos los idiotas que van exclamando “¡Felices Fiestas!” con una vara de acebo atravesándoles el corazón. Así que me temo, mi querido Charles, que en el siglo XXI la postura más sensata frente a la Navidad es la que tú esta noche has puesto en boca de tu cruel y avaricioso Scrooge: ¡Patrañas! La Navidad es una enorme, una gigantesca Patraña. Y es su sobrino Fred quien está en un error. O quien, a ojos de muchos, pasaría por un auténtico hipócrita… Mira, Charles, vamos a ser prácticos. El protocolo me exige que te lleve primero a un centro comercial y luego a que contemples cómo se desarrolla la cena de Nochebuena y la comida de Navidad en algunos hogares para que, por ti mismo, puedas percatarte de esta vil Mentira. Pero es que resulta que se me ha echado el tiempo encima y aún tengo que visitar a Frank Capra, a ver si consigo disuadirle de que no ruede “¡Qué bello es vivir!”. Nada, el cine, un invento moderno que tú no conoces pero más pernicioso a veces que los propios libros por su capacidad para propagar masivamente ideas nocivas. Quién sabe, igual también tú, de haber podido, te hubieras hecho cineasta. De todos modos, confío en que con lo que te he dicho tengas ya suficiente motivo de reflexión para plantearte si debes o no escribir ese dichoso “Cuento de Navidad” que has empezado a escribir…


Charles mira a su alrededor confundido. De repente, un hombre gordo vestido con un chillón traje rojo con ribetes blancos que camina distraído tropieza con él y Charles se precipita hacia el suelo. Antes de que pueda sentir el golpe, se descubre de nuevo en la oscuridad de su habitación, tumbado sobre la cama. Su mujer sigue respirando acompasadamente a su lado. Charles suspira aliviado. Ahora sabe que sólo ha sido un mal sueño. Esa indigesta coliflor. ¿Cómo va a ser la Navidad una patraña? No, Scrooge tiene que estar equivocado. Mañana, en cuanto se levante, proseguirá con el cuento.

Queridos y queridas, me disculparéis una vez más por este vómito navideño. Es que a algunos se nos atragantan estos días de qué manera y no me resisto a soltar un poco de bilis, confiando en que tenga algún efecto paliativo. Que ustedes lo pasen bien. Si pueden :P

Y para todos aquellos a los que les gustaría pasar estas "fiestas" bajo el efecto de potentes estupefacientes, aquí les dejo como regalito navideño una canción para animarles :)


32 comentarios:

Cartas en la noche dijo...

Prefiero tu cuento a la canción. Es ágil y vibrante, mucho más que mi torpe mano sobre este ordenador poráatil desvencijado y roto que me ha dejado mi cuñado y al que le agradezco, al menos, una buena ración de tu comida...
Un fuerte y asombrado abrazo de tu amigo y tu lector
Carlos

dErsu_ dijo...

A mi me gustan las películas del señor Capra, sobretodo "vive como quieras", pero la carrera que se da James Stewart en pleno paseo nevado, embriagado de entusiasmo, en "que bello es vivir", es memorable. Me recuerda otra escena que quita el hipo, grabada metrónomo en mano, de King Vidor en "our daily bread", cuando los esforzados cooperativistes abren paso al agua que les ha de salvar la cosecha. En fin, a mi la Navidad ya ni me molesta.

Duschgel dijo...

Jajajaja, Antígona, ¡que te sea leve! Este año tengo la suerte de reunirme con gente tranquila y agradable que pasa de los aspavientos y que hace las cosas con cariño.

Un beso y... tranquila... todos los malos tragos pasan ;)

huelladeperro dijo...

Vómito será; querida Antígona; pero cuánto más necesario para el espíritu que esos otros navideños que escupen las pantallas de TV o los carteles de los corteingleses, o que aquellos que encontraremos de madrugada, estos próximos días, y cuyo único bien será haber servido de alimento de fortuna a perros famélicos, gatos callejeros y palomas oportunistas...

Un beso sereno y sobrio y mis mejores deseos, en estos días de prueba, a ti y a todas las personas de buena voluntad que pasan por aquí.

Antígona dijo...

Amigo Carlos, agradezco tus palabras, pero el post sólo pretendía ser un pequeño divertimento para hacerme, fundamentalmente a mí misma, un poco más soportables estos días. Y, por favor, no menciones la comida que ahora mismo mis tripas están a reventar. Ni la cabeza me funciona como es debido, con tanta actividad como debe de haber ahora mismo en ellas :)

Un beso y un abrazo!

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Dersu, a mí también me gustan las películas del señor Capra, para qué lo vamos a negar. Y confesaré, aquí entre nosotros, que he llegado a llorar a moco tendido con esa escena de "¡Qué bello es vivir!” a la que aludes. Que hasta los miembros de la liga anti-Navidad tenemos nuestro corazoncito. Y no estoy en contra de las películas que, en general, tratan de fomentar los buenos sentimientos y valores dignos de aprecio. Pero sí estoy en contra de los buenos sentimientos a fecha fija. La obligación es absurda y además perversa, puesto que tan sólo genera hipocresía. Buscaré esa película de King Vidor, lo que cuentas de ella me gusta.

A mí me sigue molestando la Navidad, qué le vamos a hacer. No tengo ni que pensar en su llegada. Algo en mi estado de ánimo entra en ósmosis con la iluminación chillona de las calles y los villancicos y comienza a hundirse. Pero ya va quedando menos para que la pesadilla termine.

Un beso

Antígona dijo...

Gracias, Duschgel, resistiremos lo mejor que podamos. Me alegro de tu suerte y la envidio. Pero el problema es que no todo se reduce a los días señalados ni a las reuniones familiares. Y mira que la tele ni la enchufo. Pero es que parece imposible sustraerse a este ambiente festivo y consumista que reina por doquier.

Los malos tragos pasan, sí… al menos hasta el año próximo. En fin, trataremos de no pensar en ello.

Un besazo!

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Pues sí, Huelladeperro, es vómito, puro vómito, de esos post que ni tan siquiera te has propuesto escribir pero de repente te ves frente a la pantalla buscando la forma de aliviar el malestar soltando lo que sientes Y en mi caso, no lo negaré, consigue tener un cierto efecto terapéutico. Pero me alegro de que lo consideres necesario para el espíritu. Me hace sentirme menos sola en ese malestar que tantos no entienden, e inconfesable en ciertos contextos.

Días de prueba, tú lo has dicho. Pero sobreviviremos, qué remedio. Y por fortuna, estos días acabarán. No es que lo que vendrá será mucho mejor. Pero al menos se acabará este ambiente de, al menos para mí, falsa alegría y bienestar.

Un beso igualmente sobrio y sereno, aunque empachado ya de tanta comilona obligatoria!

carrascus dijo...

Yo soy del bando contrario al tuyo en este aspecto, ya los sabes, querida Antígona. Y aunque por razones que también conoces estas navidades sean más tristes por haber faltado recientemente uno de los miembros mayores de la familia, pues las celebramos bien. Nunca se sabe cuando pueden ser las últimas para algunos otros de los más antiguos.

Vale que sean días de consumo desmedido y todo eso que decís los que estáis en contra; pero aunque muchas veces durante el año descuidemos nuestras obligaciones con ellos, al menos durante un par de semanas les hacemos saber que estamos ahí.

Y me gusta que mi casa sea un hervidero bullicioso de gente, desde los nacidos hace un año y pico hasta los que ya pasan de nonagenarios. Los días 24, 25, 31, 1, 5 y 6 nos sentimos más juntos y felices que nunca. Luego, en el año hay 359 días más para que el espíritu navideño no esté tan en sintonía con nosotros. Pero esos días son más feos, te lo aseguro.

Un gran beso, amiga mágica.

iliamehoy dijo...

Un enorme placer, vómito incluido. Me gustaría ser coherente, pero ya he aprendido que en navidad eso no me es posible. Ni verso, ni prosa, hastío.
Y de ese limbo personal, salgo lesa, con la palabra herida, por morderme la lengua, por repetir tantos estereotipos.
Una sonrisa

k dijo...

Me gusta la idea de tu cuento, aunque el largo discurso del espíritu en medio de (lo sitúo yo) la calle Preciados le hace perder un poco el ritmo, por largo y denso. En cualquier caso, es bueno hacernos pensar. Leo tu texto y asiento, copio la frase "Todo mera obligación de impostura de felicidad y buenos sentimientos" y le añado "con el objeto de que estemos de mejor humor para comprar y con el ánimo dispuesto a gastarnos lo que no tenemos o necesitamos para otra cosa" y finalmente hago repaso de todo lo que yo he comprado y aún voy a comprar, probablemente, para demostrar a los míos que los quiero, como si fuera necesario.

Así que sí, pero no. Hay personas que sí se esfuerzan en darle un significado a todo esto. La parte negativa es que hacemos rico al señor del corte inglés. Que lo disfrute.

troyana dijo...

Querida Grinch,
a falta de espíritu navideño,te deseo sigas conservando ese humor que de todo nos salva,tal cual citas a Benedetti,"defender la alegría de Dios y del invierno" y también para los de la liga-antinavidad,defenderla de la Navidad;)Mira,yo este año no he visto "Qué bello es vivir" a ver si me la pongo...
Abrazos

Arturo dijo...

Ánimo, Antígona, que la cena más torturante ya ha quedado atrás. De todas formas, estas celebraciones siempre brindan anécdotas graciosas. Sé que es malvado e infantil por mi parte, pero yo no he podido evitar reírme (lo reconozco: un humor cutre, como el de los gags del cine mudo) con la caída del papa a manos de una de sus multitudinarias fans en la basílica de San Pedro. Son las consecuencias de ser un sexsymbol a los 82 años...

PD: Otra cosa. Yo pretendo entender el mal como lo hacían los griegos (un error, un fallo, un defecto) y no los cristianos (algo espantoso y terrible y condenable proveniente de un ser monstruoso), pero, claro, no puedo evitar mi herencia, y me frustra que los ojos de Ratzinger, su mirada puntiaguda y de acero, no dejen de darme escalofríos ni de parecerme verdaderamente diabólicos cuando me los topo en la tele o en la foto de un periódico. En fin, volveré a pedirles a los Reyes Magos que me traigan un cargamento de manzanilla que me alivie de los discursos estomagantes de estas fiestas. Tu entrada es muy interensante. ¿Cómo combatiría Dickens la codicia solapada y proteica de nuestros días?

Antígona dijo...

Sí, ya lo sé, amigo Carrascus, que tú eres de los del bando contrario, y supongo que tú sabes por tu parte que mi intención con estos post no es en absoluto meterme con todos aquellos que, por los motivos que sea, disfrutáis de estas fechas. Sencillamente yo, por mi parte, no encuentro motivos para celebrar nada con alegría, y es por eso por lo que vivo esta fiesta obligada, estos días en que toca, porque sí, porque lo dice el calendario, celebrar, y comprar, y consumir, y gastar, y estar contento, como una coerción indeseable.

Hasta con lo del consumo desmedido podría tragar si no fuera resultado de esa misma coerción, si no fuera porque se trata de un consumo en masa igualmente obligado al que es imposible sustraerse. Si yo un buen día decidiera, libremente, organizar un festín y tirar con él la casa por la ventana, te aseguro que no lo viviría de la misma manera.

Me alegro de que disfrutes tanto de la presencia de tu familia en tu casa. Síntoma, supongo, de que tú y los tuyos sois una familia sana que disfruta del mero hecho de estar todos juntos y de tener la ocasión de reunirse. Pero estoy segura de que también conoces familias en las que no reina la misma armonía y en las que ese estar juntos supone más una cuestión de trámite obligado que de verdadero disfrute. De no existir estas fechas, cada familia podría gestionar a su manera si se reúne o no y de qué manera lo hace. Pero existiendo las Navidades y toda la presión social y mediática que se ha creado en torno a ellas, ¿quién es el guapo que plantea que por qué celebrar ahora y no en otro momento, o por qué simplemente celebrar?

En fin, afortunado tú, y espero que estéis llevando lo mejor posible la triste ausencia de tu padre. Aún te quedan por delante muchos días de reuniones familiares, así que, ¡a pasarlo en grande! :)

Un beso, amigo Carrascus!

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Bueno, Iliamehoy, es que tampoco se trata de generar una guerra familiar ni de herir los sentimientos de nadie, ¿verdad? De ahí la necesidad de la incoherencia, la necesidad de la ficción, del morderse la lengua y ponerse el disfraz que uno considere más conveniente para no salir aún más dañado que si fuera a rostro descubierto.

Pero lo que uno siente por dentro, eso no se deja enmascarar de ninguna forma. Confiemos en que el hastío ceda cuando todo regrese a la normalidad.

Un beso y una sonrisa, sin máscara alguna!

Antígona dijo...

Es lo que tienen los vómitos, K: que es difícil vomitar cuidando las formas :)

Ayer el discurso lo habría situado yo en la calle Colón de mi ciudad natal, a la que tuve que lanzarme para las dichosas compras y en la que no se podía dar un paso. ¡Qué pesadilla, por dios! Y entiendo tu añadido, pero lo cierto es que no lo comparto. Porque, ¿cómo puede uno ponerse de buen humor teniendo que fingir que está de buen humor? A mí la operación me parece imposible, y más bien se me pone una mala leche que no me aguanto ni yo, de manera que compro lo que tenga que comprar con menos ganas y posiblemente con menos ilusión que nunca. Me puede ver los comercios atestados de gente, recibir empellones por la calle, tener que esperar infinitamente en las colas. ¿No resulta verdaderamente incómodo comprar en estas fechas? Ahora, lo que sí es posible es que gaste más. Sencillamente porque no tengo ni la paciencia ni las ganas como para comparar o elegir como es debido. Y el caso es que no me duele. La cuestión es acabar cuanto antes para volver a la tranquilidad de mi casa.

Nuevamente, es el problema de la celebración, y del regalar que conlleva, a fecha fija. ¿No es un poco falso esto de que lleguen unos días en que uno no tiene más remedio que regalar? ¿No debería ser la acción de regalar algo más espontáneo y no calculado? ¿Algo que uno hiciera porque de repente le nace y no porque sabe que, en estos días, los otros esperan su regalo?

¿Y por qué esforzarse por dar un significado a estos días y no a otros cualesquiera? Para mí es como si, en el momento en que la celebración se convierte en un acto masivo, público, obligado, en lugar de ser un acto privado y decidido libremente por los celebrantes, la celebración perdiera todo su sentido y se pervirtiera la acción misma de celebrar.

Me he alegrado de verte por aquí, niña :)

Un beso!

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Troyana, la verdad es que el sentido del humor no es mi fuerte, qué le vamos a hacer, pero de cuando en cuando es necesario agarrarse a él como si de un salvavidas se tratara.

La cita de Benedetti tenía sobre todo que ver con el último verso: “defender la alegría… también de la alegría”. Porque a mi juicio no hay nada que incapacite más para la alegría que la obligación de estar alegres. Los sentimientos no se pueden forzar, y la necesidad de fingirlos cuando no están ahí nos hace daño, pues más allá del esfuerzo que supone esa ficción, nos hace sentir sucios y mentirosos. Cierto grado de hipocresía es indispensable para la convivencia, qué duda cabe, pero el grado de hipocresía al que se nos invita o fuerza durante estos días es ya casi un atentado para la integridad personal. Y perdona la exageración ;)

Ya le he confesado a Dersu que me gusta “¡Qué bello es vivir!” y no me importa confesártelo a ti de nuevo. ¡Que la disfrutes! :)

Un beso y un abrazo!

Antígona dijo...

Gracias por tus ánimos, Arturo, es cierto que los días más torturantes han quedado atrás, pero mi cuerpo y, en consecuencia, mi estado de ánimo, se resiente aún de tanto exceso. ¡Es que soy una floja! :)

Lástima haberme perdido la caída del papa, ay. Voy a ver si la encuentro por youtube, jeje, que me vendrá bien reírme un poco y seguro que a mi torturado estómago también.

Me parece muy interesante lo que dices de la diferencia entre los griegos y los cristianos a la hora de interpretar el mal. Un tema en el que merecería la pena profundizar, porque estoy segura de que esa herencia cristiana nos influye más en nuestra relación con la realidad, con los otros, y con nosotros mismos, de lo que somos capaces de ver. La imagen de Ratzinger es un tanto espeluznante, sí. Pero no hay que fiarse de las apariencias, y menos en estos casos. Porque Wojtyla tenía pinta de ancianito agradable, pero sólo la pinta.

Yo aún no sé qué les pediré a los Reyes Magos. ¿Que se haga realidad aquella escena de “El día de la bestia” en que son ametrallados en plena calle? :P

Conozco poco la literatura de Dickens, pero sí sé que está en buena medida motivada por la voluntad de criticar y denunciar las injusticias sociales y económicas de su época. ¿Cómo denunciaría la nuestra de haber vivido en ella? Difícil saberlo. Pero es posible que sus novelas fueran mucho más ácidas y corrosivas, en consonancia con las mayores contradicciones que vivimos hoy en día y nuestro pesimismo frente a la posibilidad de eliminarlas.

Un beso!

Margot dijo...

Jjajaja buen relato!! me encanta que des la vuelta a la historia... si Dickens levantara la cabeza... pobre, iba a alucinar!!

Y esta misma mañana, (conexiones amiga mía, que siguen provocando mi sonrisa), pensaba... esto no puede seguir así, Marga, necesitas pero ya, volver a ver Qué bello es vivir... jajaja y es que como dices las escépticas antinavideñas también tienen su corazoncito y necesito algo que aleje de mí el malhumor que me causan las prisas y las calles atestadas... aunque sea una peli boba y que no se traga ni el tato pero tan, tan bonita... jeje.

Con la Navidad siempre he tenido una enorme contradicción, desde que crecí. Me gustan éstos días por lo que tienen de entrañables para mí (cuento con buena gente y esa es la base, sin hipocresía y nada de compromisos, sólo afectos y disfrute)pero por otro lado está la locura colectiva que me crispa, de sonrisas que más me parecen muecas y un día a día ñoño y absurdo que va en crescendo para luego desaparecer bruscamente y que todo quisqui vuelva a ser el amargado e individualista de turno y de siempre... yo sí que alucino!

Y por otro lado a estas alturas pues... las ausencias, esas, maldita sea! se te clavan. La Navidad está reñida con hacerse mayor sólo por éste hecho tan sencillo. Son días en los que inevitablemente echas en falta y la fragilidad de lo que nos rodeó y rodea aparece con toda su fuerza...

Sólo queda respirar fuerte, eso sí, y pensar que mientras haya oxígeno habrá que aguantar e intentar disfrutar de lo mucho o poco que nos habita.

Así sea, querida Antígona. Besos gruñones pero con ganas.

NoSurrender dijo...

Me ha encantado su cuento, doctora Antígona. No podía parar de reír :)

La verdad es que el cuento de Dickens es embriagador, como todas sus novelas. Pero las multinacionales lo aprovecharon muy bien, haciendo que la gente cambiara la idea principal espiritual y liberadora por la del propio consumo como símbolo de felicidad y amor: quien no regala no ama, quien no come como un cerdo no merece la felicidad.

Celebramos al Corte Inglés. Y celebramos el vacío abisal de nuestros proyectos como seres humanos tapándolo con colonias y corbatas. Engañamos a los niños para que crean que el mundo no es como realmente es, mediante horrendas mascaradas de disfraces de Rey Mago. Con esas patéticas barbas que a un niño sensible sólo pueden producirle pavor y desamparo.

Además, como bien dice usted, se trata de una fiesta obscena que muestra la felicidad a quien no pude tenerla, y se le recuerda su vacío mediante anuncios de familias felices que representan actores mal pagados. Es publicidad engañosa, todos los productos comprados y consumidos en estas fiestas deberían llevar, como el tabaco, un cartel bien visible que diga “la empresa fabricante no se compromete a que el consumo de este producto le traiga más felicidad, sino que es posible que le deje más vacío y le haga sentir más solo”

Defendamos la alegría de la alegría, ya lo creo.

Y qué envidia me dan todos los que lo viven con ilusión y paz de espíritu, ya lo creo :)


Besos, doctora Antígona!

Arturo dijo...

Antígona, de esa diferencia entre los griegos y los cristianos ante el mal habla Nietzsche, no es cosa mía; pero no recuerdo si la colocó en "La genealogía de la moral" o en "Así habló Zaratustra". Se extiende sobre el tema tal como lo hace él: con belleza, valentía y honestidad. Desde que lo leí no sólo procuro leer "con guantes de cabritilla" la biblia (las pocas veces que vuelvo a ella), tal como él aconseja, sino también la realidad. Y es cierto, como tú dices, que es muy difícil ser consciente de toda esa herencia nefasta, pero vale la pena intentarlo.

Besos

Neo dijo...

Hola, Antígona.
Yo tengo una duda: si has vomitado algo es porque antes lo has engullido?. ¿Porqué tragarse la navidad? ¿miramos profundamente porqué nos molestan o nos dan asco ciertas cosas que pasan? ¿no será, como en la metáfora del vómito, que algo dentro de nosotros mismos no nos gusta?
Tenemos que volver a tener una de nuestras charlas sobre estos temas importantes, me apetece, y a ti?
1 bso

Antígona dijo...

Niña Margot, si Dickens levantara la cabeza, por supuesto que iba a alucinar, pero no con mi cuento, sino con toda esta parafernalia navideña patrocinada por los Scrooge del siglo XXI. Sinceramente creo que a él también le entrarían náuseas de ver cómo se ha falseado el Espíritu de la Navidad, si es que alguna vez lo hubo.

¿Ver de nuevo “Qué bello es vivir” para alejar de sí el mal humor navideño? No me parece mala idea, aunque la pena es que no la tengo. El caso es que hay que hacer algo, y algo más inteligente que lo que yo hice la otra noche, que fue ponerme “El eclipse de Antonioni”. Incomunicación, silencio, el desierto en la urbe como reflejo del vacío de las relaciones humanas… uff, tuve que dejarla a medias y terminarla al día siguiente, que estoy yo demasiado sensible para tanto nihilismo ;)

A mí sólo me gustaron estas fechas cuando era niña, y luego, bueno, no recuerdo en qué momento empecé a detestarlas, pero te aseguro que las vivo sin contradicción alguna: las mire por donde las mire, ¡son una auténtica pesadilla! :) Y la locura colectiva que mencionas tiene mucho que ver con ello, claro, porque como además es imposible estos días encerrarse en casa y no pisar la calle uno no puede cerrar los ojos a esa locura, sino que se ve inmerso a cada paso en ella. En cuanto a la falsa amabilidad, ay, qué ganas me dan de contestar a todo el mundo que dice “Felices fiestas”: ¿pero felices de qué? Sólo que una que es en el fondo una niña buena no tiene más remedio que callarse y poner la sonrisa que la gente espera. ¡Cómo aprietan los corsés sociales estos días!

En cuanto a las ausencias, sí, son siempre terribles pero más en estas fechas, cuando los recuerdos de las Navidades pasadas vienen a hacer aún más palpable el enorme hueco que dejan los que ya no están, cuando en el reencuentro de todos es imposible no echar vivamente de menos al ausente. También por eso para algunos estas fechas son terribles, porque el mandato de la alegría colectiva no se compadece bien esa frágil realidad de los humanos a la que apuntas.

Aguantar, aguantaremos, niña Margot, no tenemos más remedio. Pero aguantar sin quejarme, ay, eso ya lo veo más difícil.

Un beso con mi mejor sonrisa, en medio de tanta sonrisa de postín!

Antígona dijo...

Me alegro mucho de que mi cuento le haya gustado, doctor Lagarto, y de haberle dado ocasión de reír en estos días infames.

El cuento de Dickens tiene ya demasiado poco que ver con los tiempos que corren, y no es raro que así sea, dadas las muchas cosas que han sucedido desde entonces, y entre ellas, como usted bien señala, el poder que han cobrado las multinacionales sobre nuestras vidas. Supongo que no puedo dejar de recordar estos días todo lo que se habló hace no tanto en este blog sobre el consumismo, sobre Freud y sobre la utilización de sus ideas por parte de su sobrino en el campo de la publicidad. Y es que basta con salir a la calle para darse cuenta de que actuamos como marionetas guiadas por un imperativo al que obedecemos por más que no percibamos su sentido. Justamente esta mañana he escuchado un programa en la radio en el que se formulaba a los oyentes la pregunta: ¿le estresa a usted la Navidad? Lo que me ha sorprendido es que ha llamado mucha gente diciendo que sí, que eran fechas muy estresantes por todas las cosas que ya han ido apareciendo por aquí: la obligación de comprar regalos, las comilonas constantes, las reuniones familiares en las que todo el mundo calla lo que realmente le gustaría decir… Sin embargo, todo el mundo asumía ese estrés, ese malestar, como algo absolutamente inevitable, como una situación contra la que era imposible luchar. Pero, ¿por qué es tan imposible esa lucha? ¿Tan insinceros somos que no nos atrevemos a decir, ni tan siquiera a la gente de la que más cerca estamos, lo que realmente pensamos y sentimos? Es absurdo. No me cuesta nada imaginar una familia en la que todos y cada uno de sus miembros estén deseando que se acaben cuanto antes estos días y cese ya el paripé de regalos y reuniones sin que nadie, sin embargo, se atreva a plantearlo por temor a herir los sentimientos de los demás, por no atreverse tampoco a aceptar que, en el fondo, es precisamente ese malestar y ese hastío lo que los une. En fin, de estar aún vivo, Buñuel haría una fantástica película retratando una situación así.

Las Navidades son perniciosas para la salud, claro que sí. Y el cartelito que usted propone debería aparecer no sólo en todos los productos, sino también en toda la publicidad que los anuncia. Le contaba a C.E.T.I.N.A. en su blog que también hace unos días oía en la radio a un médico recomendando dos meses de régimen tras las Navidades para recobrar la salud perdida a fuerza de comilonas y excesos. ¡Dos meses! Pues que se reconozca ya, joder, que estas fechas son un atentado como poco contra la salud física. Y en cuanto a la mental, habría que averiguar qué ocurre estos días en las urgencia psiquiátricas. No me extrañaría en absoluto que los servicios estuvieran desbordados.

A mí también me dan envidia esos que viven con ilusión estas fechas. Por suerte, la segunda parte de las Navidades se me presenta mucho mejor que la primera. ¡Y cómo estoy deseando cruzar ya ese ecuador!

Un beso, doctor Lagarto!

Antígona dijo...

Arturo, mil gracias por la referencia. La verdad es que no me extraña que el análisis provenga de Nietzsche y su lúcida a la vez que demoledora visión del cristianismo, que a tantos aún escandaliza. Acudiré a ambos libros en cuanto pueda. Leer la realidad “con guantes de cabritilla”, me parece un buen consejo. La realidad esconde demasiadas falsas apariencias, demasiados recovecos, como para no andarse con sumo cuidado con ella.

Más besos!

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Mi querido Neo, yo no veo manera de no tragarse la Navidad estos días y no resignarse a cumplir con los mandatos que pesan sobre nosotros sin entrar en una guerra con el prójimo, el prójimo más cercano o lejano, que tampoco deseo. Al menos en mi propio caso. Y de ahí la necesidad de tragar lo que uno desearía no tener que tragar y las ganas de vomitar que sobrevienen al estómago maltrecho.

Todos tenemos dentro de nosotros mismos cosas que no nos gustan, eso es cierto. Y, personalmente, no me gusta ni mentir ni fingir. Sin embargo, supongo que cada cual conoce bien su situación y con ella los motivos por los que considera que, llegadas estas fechas, antes le vale la pena mentir y fingir que ser sincero. Y es que hay verdades que pueden ser muy dolorosas o incluso insoportables para quien las escucha. Y por eso a veces sentimos y creemos –quién sabe si erróneamente, pero nos da demasiado pánico descubrirnos por las consecuencias que ello pudiera traer consigo- que determinadas verdades no pueden ser pronunciadas.

¿Charlas sobre temas importantes? Cuando quieras, claro que sí. Yo siempre estoy más que dispuesta a esas cosas :)

Un beso!

PD. Por cierto, ¿qué pasa que no se puede entrar en tu casa? ¿se te ha salido el cadáver del armario? :P

Neo dijo...

Pues yo creo que cada uno no conoce bien su situación, nada más lejano a la realidad, =)
Y creo que no conocemos bien el mecanismo que nos lleva a amargarnos por la navidad; podría ser el mismo proceso que nos lleva a quejarnos en verano de las aglomeraciones en la playa, en primavera de la alergia, en otoño de la lluvia o cualquier otra cosa...
¿Porqué es la navidad o lo que ella conlleva algo tan importante para una persona como para hacer que se amargue?
Porque es una época consumista??
Porque hay hipocresía?
Porque hay injusticias?
Por esas razones tenemos excusa para estar amargados todo el año, no?
=)

y que te conste que yo no soy nada nada pro-navidad, eh?

1bso

pd: mi blog está cerrado pero no hay zombies; he visto muchas pelis de miedo como para saber cómo terminar con esos descerebrados seres, jajaja

El veí de dalt dijo...

¡Lúcida e incisiva como siempre! En fin, yo caigo de lleno en esta Patraña con comilonas copiosas y regalos que son, ciertamente, un exceso lo mires por donbde lo mires. Pero no puedo sonsacarme tan facilmente. En fin, permiteme que te de desee un "Intenso y Provechsoso 2010"! Records!

Casilda dijo...

Genial.
El año nuevo si puedo felicitartelo ?
Bueno sin felicitacion,mis mejores deseos para ti, que nos sigamos viendo por aqui y que yo te siga leyendo porlos isglos de los siglos .
Un abrazo

carrascus dijo...

Querida amiga Antígona. Aunque no seas amante de estos festejos, pero quería desearte un feliz año nuevo, que posteriormente se convierta en una felícisima nueva década.

Y también a todos los lectores que suelen pasar por aquí.

Besos y abrazos para toas y todos.

Zorro de Segovia dijo...

a mí no me gusta la Navidad, y leer es un buen antídoto contra ella. Gracias por pasarme una dosis.

el nombre... dijo...

Si, defendamos la alegría, ante todo, sobre todo, a pesar, a veces, de nosotros mismos.

Te dejo un beso gigante, y lo mejor para el 2010 y subsiguientes.

Paso en domingo para leer el cuento del 1800...

Antígona dijo...

Pero qué ganas tienes de llevarme la contraria, Neo :)

Nadie dice que tengamos un acceso tan privilegiado a nosotros mismos como por lo general creemos. Pero de ahí a decir que no conocemos mejor que un observador externo en ningún caso ni en ningún aspecto cuáles son nuestros sentimientos, nuestras actitudes, cuál la trayectoria que los ha creado o los acontecimientos que los han forjado, me parece un pelín exagerado.

Yo sí creo conocer el mecanismo que me lleva a amargarme en Navidad. Del mismo modo que creo saber por qué no me gustan las aglomeraciones en las playas –y por eso las evito en verano- o las alergias primaverales –y por eso tengo mis remedios para combatirlas-. Otra cosa distinta es que no pudiera intentar incidir sobre ese mecanismo para evitar amargarme en lugar de sencillamente dejarme arrastrar por esa amargura. Y ahí, lo reconozco, tengo un tema pendiente, porque no creo que sea imposible soslayar la amargura. Lo difícil es encontrar el camino, el modo, la vía para hacerlo.

Es cierto que el consumismo, la hipocresía y las injusticias son componentes constantes de nuestro mundo y podrían ser motivo de amargura constante. Pero quizá en el día a día nos resulte más fácil olvidar todos esos aspectos negativos y lo que nos daña en estas fechas es su exacerbación, que nos obliga a tenerlos más presentes que nunca. Además de que, a todos esos aspectos, en Navidad se suman unos cuantos más que ya hemos comentado y que supongo que por eso no hace falta repetir, ¿no? :)

Por otra parte, ¿cómo sabes que no soy una tía que está amargada todo el año? :P

Me alegro, en cualquier caso, de que no seas pro-navidad :)

Besos!

PD. En mi casa, para cuando alguien ocultaba algún secreto inconfesable, se utilizaba la expresión “tener un cadáver guardado en el armario” :P Y si en algún momento reabres el blog ni se te ocurra no decírmelo, eh?

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Veí, me temo que ese tributo de la Patraña navideña tenemos que pagarlo todos. O casi todos. Me alegro de verte por aquí –ay, hace mil años que no me paso por tu casa, a ver si en breve le ponemos remedio- y te deseo igualmente un estupendo 2010. Que nos lo merecemos, ¿o no? :)

Un besazo!

Antígona dijo...

Casilda, el nuevo año claro que me lo puedes felicitar, que además no tengo la obligación de pasarlo en familia, cosa que se agradece infinito :)

Mis mejores deseos para ti también y espero seguir leyéndote igualmente por los siglos de los siglos. Amén :P

Un gran beso!

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El nuevo año, querido Carrascus, tiene menos que ver con el engorro de estas fechas. Sobre todo porque no hacen falta regalos y uno puede quedarse tranquilamente en su casita viendo pelis que le molen. Esta fiesta pagana es, con toda su parafernalia, mucho más evitable que las demás y susceptible de vivirla como a uno buenamente le apetezca. Así que nada de vómitos en ese día.

Yo también te deseo un comienzo de año inmejorable que nos traiga una década aún mejor. Que ya es hora de dejar atrás las muchas adversidades que, al menos por mi parte, ha traído el 2009.

Un beso enorme y un abrazo!

Antígona dijo...

Zorro de Segovia, me alegro de que seamos unos cuantos los renegados o renegones de la Navidad. Leer es un buen antídoto para tantas y tantas cosas. Disfrutémoslo mientras podamos.

Un beso!

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El nombre, qué sorpresa verte de nuevo por aquí, después de tanto tiempo!

A ver si retomas el blog, mujer, que se echa de menos leerte.

La alegría debe ser defendida también de nosotros mismos, por supuesto, que somos los que en ocasiones más empeño ponemos en arruinarla, aunque no nos demos cuenta ni sepamos exactamente por qué narices lo hacemos.

Los cuentos de 1800 se prestan a ser leídos cualquier día de la semana, ¿no crees? :)

Un beso grande y feliz 2010!

Neo dijo...

Y no podría ser que no has llegado al fondo de la cuestión? no podrías creer que sabes cómo funciona y realmente no saberlo?
Estoy convencido de que cuando entiendes el mecanismo de la amargura y ves claramente que es muy perjudicial para ti, dejas de amargarte.

Como cuando ves claro que el veneno te matará. Entonces no te lo bebes. =) ni un poco de vez en cuando, en navidad, jajaja

¿No sería posible que, al no conocer completamente cómo funciona la amargura, no has encontrado todavía el camino para solucionarla?

1 bso dulce, chavalita.

C.E.T.I.N.A. dijo...

Me encantaría haber sido ese espíritu del siglo XXI para soltarle cuatro frescas a Mr. Dickens, a Mr. Capra y ya de paso a Mr. Disney.

Sí lo sé, llego con retraso, pero te aseguro que he disfrutado de tu cuento como si mañana fuese navidad. No pierdas el ingenio.

Un beso