miércoles, 26 de septiembre de 2007

La temperatura a la que arden los libros


Debía de ser muy pequeña cuando vi la película. Ni tan siquiera entera, tan sólo un fragmento, la parte final. Fue un sábado por la mañana, cuando la programación matinal aún incluía películas dignas de ver. En mi cabeza apenas se conservaban unas escenas desvaídas. Pero debieron impresionarme de tal modo que su recuerdo, así como el de su sentido, nunca llegó a borrarse del todo: Montag ha encontrado el campamento donde se ocultan los hombres-libro, disidentes que han memorizado libros enteros para salvarlos del olvido de una sociedad empeñada en aniquilarlos a golpe de lanzallamas. Los hombres-libro pasean tranquilamente y recitan palabras ajenas, aquellas de las que se han convertido en salvaguarda. Cada uno de ellos es la encarnación de un libro que le da su nombre y cuya memoria guardará el tiempo que dure su propia vida. Antes de morir, otro lo habrá aprendido de su boca para que el tesoro que llevan consigo no se pierda nunca y algún día pueda volver al papel impreso.



Muchos años después supe que el director de esa película era el genial Truffaut, volví a verla y acabé comprando el libro, escrito por Ray Bradbury en 1953, en el que el director francés se inspiró. Supongo que todos sabéis a qué libro y a qué película me refiero: Fahrenheit 451. El título alude a la temperatura a la que el papel de los libros se enciende y arde. Esta mañana, a horas verdaderamente intempestivas, he oído aún medio somnolienta una cuña publicitaria y me ha venido a la cabeza una escena de la película de Truffaut que siempre me llamó la atención.

Si recordáis, la historia se desarrolla en lo que, según sugiere la novela, podría ser un futuro no muy lejano a nuestro propio tiempo. Montag es un bombero cuya profesión se ha transformado radicalmente desde que las nuevas tecnologías han logrado erradicar todo tipo de material inflamable: la misión de los bomberos, que ya no pueden dedicarse a apagar incendios, ahora imposibles, consiste en quemar libros. La voluntad de hacer desaparecer todo texto escrito proviene de la idea de que los libros generan infelicidad. Y si el estado debe velar por la felicidad de sus ciudadanos, todo libro, en tanto fuente de malestar y sufrimiento, habrá de ser eliminado. Por ello la posesión de libros se ha convertido en delito y los bomberos reciben un entrenamiento especial para dar con ellos en los más estrambóticos escondites ideados por sus celosos y rebeldes propietarios y destruirlos.



Si los libros provocan infelicidad es porque incitan al pensamiento. Y pensar, además de condenar a quienes piensan a la minoría e impedir que todos los hombres se formen como iguales, hace sufrir. Quien se plantea el porqué de las cosas, dirá Beatty, capitán de los bomberos, acaba siendo un desgraciado. La simplicidad, la falta de percepción de que la realidad presenta múltiples y variados aspectos, librará a los hombres de preocupaciones innecesarias y de la melancolía a la que suele dar lugar el exceso de reflexión. Por eso son necesarios los bomberos, "custodios de la paz de nuestras mentes", "dique contra esa pequeña marea que quiere entristecer el mundo con un conflicto de pensamientos e ideas".



Sin embargo, dudas apenas intuidas comienzan a hacerse fuertes en Montag cuando confluyen en torno a él una serie de acontecimientos: la aparición de Clarisse, la muchacha que le habla de un tiempo en que los automóviles todavía iban a una velocidad -ahora prohibida- que permitía contemplar la hierba y las flores en torno a las casas; la inmolación voluntaria de una mujer que prefiere arder con sus libros a vivir sin ellos; el descubrimiento de que su mujer, constantemente entretenida interactuando con los personajes televisivos de las enormes pantallas que cubren las paredes de su salón, no recuerda su primer encuentro con él y ha estado a punto de morir tras consumir demasiadas pastillas para conciliar el sueño sin tan siquiera percatarse del peligro que su vida ha corrido. Poco a poco la idea de que vive en un mundo donde, en aras de la felicidad, todo sentimiento ha sido anestesiado y sus habitantes sólo se nutren del vacío de lo inmediato, un mundo cuyos individuos, adormecidos por la aceleración y los constantes estímulos visuales, carecen de toda profundidad, se abre paso en la conciencia de Montag. Y en ese momento se le impondrá la sospecha de que los libros aniquilados día tras día bajo su lanzallamas esconden un valioso legado cuya privación los está conduciendo al abismo. Su vida tendrá entonces que dar un giro decisivo.



Uno de los puntos más brillantes de la novela de Bradbury es, a mi juicio, la explicación que el capitán Beatty ofrece a Montag acerca del origen del actual estado de su sociedad: la prohibición y quema de los libros sólo ha sido el golpe de gracia estatal a un proceso de estupidización generalizado iniciado y desarrollado espontáneamente por el mundo civil. La descripción de este proceso, leída más de cincuenta años después de su publicación, no deja de resultar en extremo inquietante. Pues con ella Bradbury parecería estar radiografiando algunos de los elementos fundamentales del mundo de hoy:

"En otro tiempo los libros atraían la atención de unos pocos, aquí, allá, en todas partes. Podían ser distintos. Había espacio en el mundo. Pero luego el mundo se llenó de ojos, y codos, y bocas. Doble, triple, cuádruple población. Películas y radios, revistas, libros, descendieron hasta convertirse en una pasta de budín... El hombre del siglo diecinueve con sus caballos, sus carretas, sus perros: movimiento lento. Luego, el siglo veinte: cámara rápida. Libros más cortos. Condensaciones. Libros digestivos. Formato chico. La mordaza, la instantánea... Cámara rápida, Montag. Rápida. Clic, pic, ya, sí, no, más, bien, mal, qué, quién, eh, uh, ah, pim, pam, pam. Resúmenes, resúmenes, resúmenes. ¿La política? Una columna, dos frases, un titular. Luego, en pleno, aire, ¡todo desaparece! ¡Las manos de los editores, explotadores, directores de radio bombean y bombean, y la mente del hombre gira con tanta rapidez que el movimiento centrífugo lo libra de todo pensamiento inútil, de días y días malgastados!

La vida es lo inmediato, sólo el trabajo importa. Divertirse, sí, pero después del trabajo. ¿Por qué aprender algo salvo apretar botones, insertar llaves, ajustar tornillos y tuercas?... La cremallera reemplazó al botón, y el hombre no tiene tiempo para pensar mientras se viste a la hora del alba, una hora filosófica, y por lo tanto, una hora melancólica... La vida se redujo a ruidos e interjecciones, Montag. ¡Sólo bum, pam y uf!

Las carreteras llenas de multitudes que van a alguna parte, alguna parte, alguna parte, ninguna parte. El refugio de la gasolina. Las ciudades se transforman en campamentos, la gente en hordas nómadas...

Quiero ser feliz, dicen todos. Bueno, ¿no lo son? ¿No los entretenemos, no les proporcionamos diversiones? Para eso vivimos, ¿no es así?, para el placer, para la excitación. Y debes admitir que nuestra cultura ofrece ambas cosas, y en abundancia."

Demasiadas son las frases, las conversaciones, las percepciones de este libro que merecerían reseñarse y no quiero agotar vuestra paciencia. Además de que la escena que esta mañana me ha venido a la cabeza al oír la cuña publicitaria no se halla en el libro de Bradbury sino que se trata de una aportación de Truffaut a su plasmación cinematográfica de esta historia futurista. En dos ocasiones en que Montag viaja en un moderno tranvía elevado del suelo, la cámara se detiene en diferentes personas de ojos ausentes y apagados, que miran al frente sin ver y semejan perdidos, atrapados en su propio vacío anterior. Todas ellas acarician constantemente, con auténtico deleite, los tejidos que enfundan sus cuerpos, como si sólo ese placer simple del tacto, de lo primitivamente sensual, lograra captar su atención y aliviar ese vacío. Como si sus raquíticas mentes sólo pudieran distraerse con sensaciones fáciles e inmediatas.

Esta mañana la cuña publicitaria clamaba en la radio: "Si tu vida sexual va bien, todo lo demás no importa". Tracen ustedes las conexiones que les parezcan oportunas.

33 comentarios:

MALEFICABOVARI dijo...

TREMENDA, ANTÍGONA, TREMENDAAAAAAAAAAA¡¡¡¡ Qué grande eres, guapa y qué razón tienes tú, el guinista de la peli, y el que escribe el libro. Te diré....
Cualquier fuente que invite a la reflexión, es un caudal abierto de sensaciones... Hay gente que está dispuesta a crecer, alimentarse de esas fuentes, madurar, cuestionarse... y otros, deciden encender la puta tele y cuál robots aprenderse de memoria anuncios insípidos y series hechas en serie... pero yo no. Tu tampoco. Odio la tv, nunca la enciendo, la compré por mi hija, porque yo veía los dvds en mi portátil. Y la radio tpoco la escucho, y no leo nunca periódicos. Dirás... que desinformada andas... es importante tener constancia de lo que pasa en el mundo en el que vivimos, también eso es cultura... pero para mi, no. Ya oigo en los bares, en las calles, y en sus gentes, las noticias mas fastuosas, los últimos gritos de, lo que haga falta, y me duelen los oidos. Yo no puedo aportar nada, y suelo sentirme culpable de cualquier cosa que vea, dime porqué, no lo se... así que en vez de dejarme atacar y contaminar por los massmedia, elijo una pila, de libros. Ahora tengo unos cuentos de Salinguer que están muy bien, algo de Freud, y el que me recomendó Lagarto de la psicología de los cuentos, ah, y el último de Murakami. Y soy feliz. Me meto en sus almas, con cuidado, en cada frase puedo encontrar algo de equipaje valioso para este viaje, y cuando termino de leer, me parece cómo si hubiera vivido otra vida, que me aporta la perspectiva que necesitaba para lo que se esté gestando en mi cabeza en esos momentos. Así que eso es lo que pienso, que la peli esta es una realidad impresionante, que invita a la reflexión, y que me parece una continuación del post de Lagarto, léetelo, de verdad, váis en paralelo. El suyo habla de realidad y ficción, el tuyo habla de cómo cercar los conocimientos y al carecer de ellos no sufrir... pero el fondo es el mismo, me alucina, tía, me alucina. Leí hace un rato el suyo, y es que flipo con el tuyo ahora...
Bueno, te djo que me enrollo demasiado. Me has encantado, cómo siempre, me chiflan esos detalles que tienes, y esa manera de transcribirlos todos... eres una fiel transmisora de sentimientos, ideas, y palabras.
Un besazo,
Male

Margot dijo...

Jjajaja el final del post me ha dejado hecha puré... touché!! jajajaja.

Si nos ponemos a trazar conexiones nos quedamos solos, tristes y pesarosos... vamos que van a tener razón!! Que se le quitan a una las ganas hasta de sexo!! jeje.

No puede evitar pensar que vivimos en un magma de una estupidez supina, que aquellos libros que yo llamaba cuando era cría ciencia-ficción-social no andaban tan desencaminados y que la habitación 111 de Orwell es el mundo que me rodea. Y que reinvindico el esfuerzo, la pausa, la mesura, la calma, más esfuerzo y un poco más de esfuerzo, que me gustan las digestiones largas tras masticar cien veces cada bocado...

Pero eso, que me acabaran quemando, probablemente como a ti... Mientras no toquen mis libros no vamos del todo mal.

Qué libro elegirías tú para memorizar?

Un besote, Antígona sin anuncios.

Arcángel Mirón dijo...

Buff, aplausos, mujer. Para vos y para Bradbury y para todos los que eligen encender fuegos de vida y nunca de los otros.

No creo que se pueda ser feliz sin hacer uso de la capacidad de pensar. Esto es contrario a Matrix y a todo eso, pero lo creo. Se puede, eso sí, llegar a un sopor que puede ser tomado como felicidad, pero no será felicidad legítima. Yo ya se de qué lado voy a poner mi pié. Aunque duela, a veces.

un árbol dijo...

Es más manipulable quien no se informa y no sabe lo que pasa alrededor, lo que piensan otros, son más manipulables los que no han fomentado un espíritu crítico.
Eso suele interesar a determinados colectivos.

Conozco bien a algunos grupos de personas que arquean las cejas cuando dices (con toda naturalidad, claro) que este verano te has leído la intemerata de libros... no hay costumbre.

Sin embargo yo sí estoy a favor de simplificar determinadas situaciones, determinados dilemas. Fundamentalmente porque ya está todo dicho, porque los refranes y el sentido común aportan un legado imprescindible para la vida. En mi modesta opinión, claro. Y toda esa sabiduría puede ser ornamentada con citas, alusiones y demás... pero la esencia misma ya está plasmada de la manera más concreta y de mejor alcance.

Por lo demás, quemar un libro es un crimen que debería estar penado.
Por cierto... antes de comprar uno solo más, debería de buscar estanterías que no caben en ningún sitio... qué hacer?? Soy incapaz de deshacerme de ellos!!

Beso, sabia Antígona.

Antígona dijo...

Joder, joder, chicas, vuestros comentarios son lo mejor de este post. Mañana os respondo con más calma, que ahora no puedo, pero no podía dejar de deciros que me encanta ver tanta voz femenina tan lúcida dejando aquí su huella.

¡Un beso enorme a todas, tías listas! :)

koolauleproso dijo...

La película de Truffaut es otra de las que podría formar parte de la "imaginaria" entrada de mi blog, de la que ya te he hablado, que se titularía "cine soñado": Aún no he tenido oportunidad de verla. ¡No..., no te estoy pidiendo nada!, sólo es un comentario.
Si pude leer la breve, y formidable alegoría novelada de Bradbury, y es, para los que nos consideramos, quizás pretenciosamente, bibliófilos, un cuento de terror escalofriante, brillantísimo y una reflexión muy poco complaciente sobre el futuro negrísimo al que se puede ver abocada nuestra sociedad si continua con el proceso de "idiotización" que tan alocadamente ha emprendido.

Anna dijo...

Ando buscando por toda Barcelona un ejemplar disponible de Farenheit 451..., eres mala, mala ;-)

K dijo...

No sé si soy yo o si es cierto, pero últimamente veo relación entre todo lo que leo, como si unos nos inspiráramos a otros... La verdad es que yo entiendo por qué las personas se niegan a pensar, prefieren mil veces una peli de Stallone a una de Woody Allen, para no irnos a más profundidades, por qué prefieren la tele a un buen libro. No lo comparto, pero lo entiendo. Bueno, a veces lo comparto. Después de mucho pensar he llegado a la conclusión de que pensar no sirve para gran cosa :)

Un beso, Antígona.

juan rafael dijo...

Por lo que dices, la debimos ver el mismo día. Lo más parecido a esa quema que he visto en realidad ha sido los cds de Sinnead O'Connor, por ejemplo. Y como van viniendo las cosas, aparte de banderas se tendrán que dedicar a quemar torres de PC y portátiles.
Saludos.

NoSurrender dijo...

Sí yo también veo paralelismos, como dicen k y male, entre lo que muchos escribimos :) Bueno, la verdad es que ese futurismo intelectual y obsesivo es común a Bradbury y Huxley, que crearon escuela incluso. Podríamos meter a Orwell también, pero ideológicamente entra ya en otro saco. En cualquier caso, parece que recibimos los ecos de las voces que nos alertan sobre una imbecilización de la sociedad, un culto a la inmediatez que palpamos como real cada día, sí. Y no sólo en cuñas radiofónicas. Es parte de todo lo que nos rodea, hasta el punto de sentirnos bichos raros por el mero hecho de leer.

Respecto a lo del mensaje publicitario que te ha llevado por esos derroteros, Antígona, me he acordado de aquella escena de una película de Woody Allen (¿ves como siempre estamos con las mismas referencias:)? ) en la que éste, ante la amenaza de que le extirpen el cerebro, sale corriendo gritando “¡¡no, mi segundo órgano favorito no!!”. Bueno, digamos que tengo varios órganos favoritos y que me encantan ciertas inmediateces :P

Me gustó mucho esa película, sí. Pero creo que el libro va un paso más allá y la evolución psicológica del personaje es mucho más rica.

Tomando la idea de Margot, yo me pido Las uvas de la ira, de Steinbeck.

Un beso, Antígona!

Antígona dijo...

Tú sí que eres TREMENDAAAAA, Male :) Me ha gustado eso que dices de que cualquier fuente que invite a la reflexión es un caudal abierto de sensaciones. Porque, claro que sí, el pensamiento nunca aparece desnudo, nunca deja de apelar a los sentidos, a los sentimientos, y que éstos no nos lleguen con la inmediatez con que otros estímulos los provocan no significa que no puedan ser igual de intensos. Es más, diría que hay sensaciones que requieren tiempo para elaborarse, que requieren calma y el hecho de que nos vengan dados por el pensamiento garantiza esas condiciones. Yo he vivido bastantes años de mi vida sin televisión y te aseguro que no la echaba de menos. Ahora no la enciendo por falta de tiempo y tampoco me preocupa. Hay que reconocer, sin embargo, que gracias a la televisión me llegaron cosas como esta peli y otras muchas que me alegro de haber visto. Pero me encantaría que alguien se dedicara a hacer un estudio comparativo acerca de cómo era la tele hace unos años y cómo es ahora. Y desde luego salimos perdiendo ahora, de eso no me cabe duda. En cuanto a los periódicos, mujer, yo desearía leerlos más. Pero también entiendo el argumento de quien dice que en el fondo siempre son los mismos perros con distintos collares y que no vale la pena perder el tiempo con los detalles. Los libros son una maravilla. Se aprenden grandes cosas de ellos. Y más allá de los contenidos, la experiencia de emprender ese viaje del que hablas es única. Los libros requieren paciencia, dedicación, entrega y tiempo. Algo cuyo aprendizaje nos proporciona esa experiencia de leer y que después nos sirve en cualquier otro ámbito de la vida. Además de que nos brindan la oportunidad de entrar en diálogo con quienes pensaron que algo tenían que transmitirnos, que legarnos. Compartimos tantas cosas que cómo no sentir curiosidad, cómo no querer abrirse a lo que otras cabezas pensaron o sintieron ante problemas, situaciones o circunstancias que tarde o temprano también serán nuestras.

Ya había leído el post del Lagarto cuando escribí el post, sí. Conscientemente no lo tenía en la cabeza cuando pensé en la cuña publicitaria y en Fahrenheit, pero estoy segura de que influyó en esa conexión que se me vino encima sin pretenderlo. Más que en paralelo, diría que estamos defendiendo posiciones contrapuestas, o por perspectivas diferentes ante lo mismo. Él, al decidirse por la pastilla azul, apostaba por las sensaciones. En el libro de Bradbury se denuncia a una posible sociedad carente de pensamiento, abandonada a las sensaciones. Sólo que, como decía al principio, no se trata de dos planos separados. Bradbury denuncia a mi juicio un mundo que sólo ofrece sensaciones en el fondo vacías, meros sustitutos de otras sensaciones más ricas que exigen otra forma de vida para ser disfrutadas. Y por supuesto reflexión. Pero es que yo creo que a nuestro Lagarto le gusta provocar un poco y me parece que en este caso también se pondría del lado de Bradbury. Y si no que me corrija :P

De rollera nada, Male, que como ves tu comentario me ha dado mucho que pensar :)

¡Un besazo, guapetona!

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¡No, mujer, no, Margot, que no se te quiten las ganas de sexo y menos por mi culpa! Lo que más me llamó la atención de la cuña es ese “lo demás no importa”. Nadie dice que el sexo no sea importante. Pero que sea lo más importante de todo tampoco me parece correcto. En esta sociedad hay una focalización sobre el tema del sexo que no sólo debe de ser fuente de un montón de frustraciones, sino que además, a mi entender, conduce a una trivialización del mismo. Cada cosa tiene su momento, y además hay sexo y sexo. Precisamente el de consumo, el que se vende o proclama a bombo y platillo, no creo que sea el más placentero ni excitante.

Los libros que mencionas tenían mucho de visionario, sí. A fin de cuentas, por aquel entonces comenzaban a surgir ciertas cosas que eran motivo de preocupación y que no han cambiado. Sólo que tal vez ahora ya no nos preocupan tanto porque nos hemos ido habituando a ellas. Pero hay que mantener los ojos abiertos y los análisis de esos libros pueden todavía enseñarnos mucho sobre nosotros mismos. Me uno a todas y cada una de tus reivindicaciones, aunque sólo sea por llevar la contraria a los tiempos que corren. Hay cosas que, despacio, demorándose, se disfrutan mucho más. Como el sexo ;)

¿Que nos van a quemar? Ni de coña. Nos compramos un traje de amianto. O nos fugamos a una isla desierta. Eso sí, con todos nuestros libros. ¿Tú sabes qué gusto, estar todo el día leyendo bajo un cocotero? Y a lo mejor hasta nos encontrábamos algún buen salvaje que se prestara a satisfacer nuestras necesidades más inmediatas ;)

En cuanto al libro... uff, me pones en un aprieto tremendo... Yo que tengo una memoria pésima... ¿y sólo uno? Ay, va, porque me lo preguntas tú. Contando con mi mala memoria, creo que me buscaría algo al menos cortito... Mira, hoy me quedo con las “Elegías de Duino”, pero no sabes lo que me duele tener que elegir...

¡Un beso ignífugo!
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Es verdad, Arcángel, no debemos olvidar los fuegos de la vida, esos que además nunca quemarían libros.

Tampoco yo creo que se pueda ser feliz sin pensar. O mejor dicho, eso es algo que no se escoge. Pensamos por necesidad. Y quien renuncia a ello o no se niega a hacerlo cae, como dices, en un sucedáneo de la felicidad que no puedo creer que realmente sea tal. Pensar puede doler, claro que sí. Pero yo creo que, a la larga, no pensar acaba doliendo mucho más. Pero mucho mucho más. A no ser que se sea un zombie o a uno le hayan practicado una lobotomía.

¡Un beso!

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De eso se trata, un árbol, de tener un cierto espíritu crítico y de no tragarse lo primero que a uno le sueltan. De aprender a darle una segunda vuelta a todo y de pararse a pensar, para ser más conscientes de lo que nos pasa, de dónde estamos, y ser así menos vulnerables. Y a eso ayudan los libros, o determinados libros, aunque muchos se resistan a creerlo.

Pero también estoy de acuerdo con lo que dices de la simplificación. Tampoco es cuestión de complicarse la vida sin necesidad. De pensar hasta la obsesión. Sin embargo, aunque ya esté todo dicho y lo esencial pueda resumirse en unas pocas frases, a veces para llegar a eso esencial necesitamos dar un largo rodeo. Lo esencial suele ser lo más difícil de comprender. Hay personas muy intuitivas, eso no se puede negar. Pero es gente que, al menos las que yo he conocido, sin haber leído demasiado o muy poco, sí le dan muchas vueltas a su cabeza, observan, sienten curiosidad, reflexionan sobre lo observado. Las vías para llegar a lo esencial pueden ser muchas.

Mujer, yo hay algún libro que otro que no me importaría ver arder. Nuestra situación ahora es diferente a la que plantea Bradbury, más bien sufrimos de un exceso de producción editorial donde lo difícil es escoger algo bueno entre tanta morralla. Pero también la morralla puede tener su sentido. Hay quien empieza por ahí y luego acaba en mejores lugares.

Lo de las estanterías, ay, ¿me lo dices o me lo cuentas?. Vente con Margot y conmigo a la isla desierta que allí seguro que tendremos sitio de sobra para tanto libro. Aunque entonces nos va a hacer falta más de un buen salvaje ;)

¡Un besazo, arbolito, que tú sí que eres más lista que el hambre y sabes que lo digo con conocimiento de causa :P!

Antígona dijo...

Ay, Koolauleproso, que ésta no te la podría mandar aunque quisiera, porque la tengo comprada y no tengo el programa que me permita grabar esas pelis. Pero no te puede ser difícil encontrarla, yo la compré hace dos o tres años, y si no, seguro que en alguna biblioteca está. Que son muchos los fans de Truffaut :)

La novela de Bradbury es desde luego genial. Sin pretender quitar mérito alguno a la peli, claro, la novela profundiza en ciertos aspectos que no es fácil presentar cinematográficamente y que dan una visión mucho más detallada de la cuestión. Me encanta también la forma de narrar de Bradbury, realmente consigue introducirte en un clima asfixiante, las conversaciones de los personajes no tienen desperdicio, y no sólo las de Montag, sino también, por ejemplo, las de su mujer con sus amigas, donde se refleja claramente ese grado de idiotización al que aludes sin necesidad de tematizarlo. Vamos, que una joya.

¡Un beso!

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Anna, yo tengo una reimpresión del 2002 y por lo que veo se ha reeditado un montón de veces. Así que si anda agotado seguro que pronto caerá otra. ¡No pierdas la esperanza, mujer!

¡Un beso!

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Pues sí, k, yo también veo relación, creo que es inevitable que lo que uno lee no le acabe sugiriendo e inspirando. Entiendo lo que dices acerca de la gente que opta por no pensar, o por formas de entretenimiento que no inviten a la reflexión. Pero a la postre en ellos sólo acabo percibiendo aburrimiento. Un aburrimiento del que a lo mejor ni siquiera se dan cuenta, como suele decir García Calvo, que ya es el colmo de los colmos, pero aburrimiento al fin y al cabo. La realidad acaba siendo demasiado plana, demasiado homogénea, si uno no piensa mínimamente sobre ella. Por otra parte, nadie va a negar que todos necesitamos entretenimiento. Pasarse una tarde de encefalograma plano de vez en cuando viene bien para descansar y aligerar un poco el tarro. Pero creo que eso se disfruta precisamente como contrapunto a otras cosas más densas o que requieren más reflexión. Quien no conoce estas otras cosas puede acabar hastiándose de tanta planicie.

En lo último, provocadora, sabes que no puedo estar de acuerdo :P Claro que pensar sirve para algo. Y para mucho. El pensamiento es la cerilla que va alumbrando nuestros pasos. Alumbra poco, pero algo es algo. Sin pensar, la posibilidad de darse un morrón es mucho mayor. Y yo me estimo mi nariz y mis dientes ;)

¡Un besazo, niña!

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Sí, Juan Rafael, eran los tiempos, si no recuerdo mal, de la bruja avería. ¿Los CDs de Sinead O’Connor? No conozco yo ese caso de quema, mmm, y no sé si me parece grave :P De los PCs y portátiles, hombre, yo creo que esa quema es distinta, ¿no?, y tal vez más necesaria. Pero como he dicho antes, tampoco me importaría ver arder algunos libros a mi juicio totalmente prescindibles porque también son síntoma de la estupidización que nos acosa. En fin, me reservaré los nombres...

¡Un beso!

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NoSurrender, paralelismos los hay, es obvio, aunque como le he dicho a Male más arriba, estoy convencida de que Bradbury se tomaría la pastilla roja y no la azul :P

Esas voces tuvieron su sentido en su momento y, por desgracia, siguen estando de plena actualidad. No sé si la imbecilización aumenta o se mantiene estable, pero el caso es que sorprende, y no muy agradablemente, comprobar cómo novelas de hace cincuenta años consiguen retratar con fidelidad lo que es el mundo del siglo XXI, al menos en algunos de sus rasgos más llamativos. Porque esos mismos rasgos ya empezaban a aparecer entonces, y tanto Bradbury como Huxley sólo trataron de imaginar sus posibles consecuencias, las consecuencias a las que ahora asistimos día a día y que tenemos frente a nuestras narices sin percatarnos a veces siquiera de lo que suponen o de las cosas que se han perdido por su causa.

La escena de Woody Allen es genial, sí, pero sabes que no es a eso a lo que me refiero. Creo que a todos nos encantan ciertas inmediateces y no se trata ni de negarlas ni de pretender desterrarlas. Tampoco creo que Bradbury lo haga. Más bien pienso que él consideraría que en ese mundo imaginado por él hasta lo que se ofrece como inmediato no es más que una perversión, una simplificación esquelética de otras sensaciones igualmente inmediatas pero más plenas. El deleite de los sentidos también exige su educación. El gourmet es capaz de apreciar mil sabores en un plato gracias a todo un proceso de formación. Los paladares menos cultivados no accederán a esas sensaciones que, sin embargo, son tan inmediatas en la boca del gourmet como en la de ellos y además mucho más placenteras. Es decir, que la posibilidad de sentir no es como tal inmediata, aunque la sensación resultante de ello sí lo sea. Esto es lo que a mi entender denuncia la novela de Bradbury cuando habla de la velocidad y la búsqueda de estímulos inmediatos. De estímulos que en el fondo, en lugar de desarrollar nuestros sentidos, los anestesian. Y no creo yo que a nadie le apeteciera estar anestesiado para ciertas inmediateces sensuales :P

En cuanto al libro, sí, como le decía a Koolauleproso, presenta aspectos que apenas pueden adivinarse viendo la película y por eso su lectura no supone reiteración alguna para quien ya la haya visto. Al contrario, luego se disfruta más de ella. La evolución psicológica de Montag que mencionas es uno de los puntos más fascinantes de la novela y su complejidad sólo se deja ver en ella.

Buena elección la de tu libro. Lo leí hace mucho pero también me encantó. Tiene escenas estremecedoras y es una reflexión fabulosa sobre la condición humana que también tendría mucho que aportar al mundo de hoy y a su maquinaria económica.

¡Un beso, Nosurrender!

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Dios, lo mío de hoy es auténtica verborrea... ¿Qué me habrá sentado mal? Perdón a todos por estos rollos que os meto, soy incorregible.

MALEFICABOVARI dijo...

Hija, tienes que patentarte, eres la hostia¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ Si fuera hombre, te pedía yaaaa, en matrimonio... pero... tengo que conformarme con las culebritas que me rodean...
Bsazos, de rollo nada, estás llena de todo, eres un lujo de persona¡¡¡ Invitada a mi castillo, yaaaaaaaaaaaaaaaa¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

El veí de dalt dijo...

Buf! Que manera de "largar" entre todos/as...El post, excelente. Vi esa peli a mis tiernos diez años en un cine-forum del cole (que para aquellos tiempos ya era tela marinera) y me quedé anonadado y boquiabierto. No era ni lector de nada, ni sabia quién era Bradbury, ni Truffaut, ni por no saber, no sabía ni quién era yo. Pero las escenas que relatas (y alguna otra) me han quedado impregnadas en el disco duro (ya rayado) de mi cabeza. El giro final, super. ¡Será que por ello me importa todo! ¡Hasta mi vida sexual! Salud.
;-)

Mandarinada Contraproduent dijo...

No he visto la pelicula pero si he leido el libro y me encanto, supongo que no he visto la peli por eso que siempre dicen que los libros son mucho mejores, no se chica.

Estoy aqui, he vuelto!!!!! espero poder ir pasando poco a poco e ir calandome de todos tus escritos, que veo que han sido largos, jejejejejeje!!!!!

Un besote enorme guapa!!!!!!

Margot dijo...

Esto... que vale, que me apunto a lo del buen salvaje... esto... noooo!!! a lo del cocotero y los libros... dioss, que iban a pensar de mí tus comentaristas!!! jeje.

Y que yo tampoco sé que libro elegiría y el que mencionas lo desconozco. El de Nosurrender sí, me gusta pero no sé yo si sería ese. Pero va, todos los poemas de Quevedo, uno a uno y sin pausas y con toda su mala baba. El único misógino de este mundo al que de veras respeto...

Ea, y ya. Besote

AA dijo...

Anti yo también ví la peli de pequeña, nos la recomendó, a mi clase de 7 u 8 de EGB (no recuerdo)nuestro profesor de literatura, un tipo del que guardo un recuerdo delicioso porque era un enamorado profundo de los libros.
Y estoy de acuerdo con Male,con mi Arbol, con el Lagarto y con K, en realidad con casi todos los comentaristas ...así que no me repito
Pero no puedo evitar apoyar el hecho de que un buen sexo te ayuda a pensar más y mejor!!!
Por ciero, Anti, hoy leo en Público,citando a The Sun sobre el reciclaje de los vibradores, y , a los periodistas del Gabinete y a mí la noticia nos ha hecho pensar un buen rato...si Señor!!

Besos Preciosa!!!
AnA

Antígona dijo...

Ay, Male, mejor no, que luego me repetirán por ahí y tanta Antígona suelta, y además verborreica, iba a resulta un peligro para la humanidad ;) ¿Culebritas? Tranquila, que un día de estos te sale de entre ellas un príncipe estupendo, ya verás.

Vete bajando la pasarela del castillo que el día menos pensando me planto allí :)

¡Más besos, guapa!

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Veí, sí, sobre todo culpa mía, que parece que si no consigo agotar los temas en los post, cosa obviamente imposible, todo lo que se me ha quedado dentro lo suelto en las respuestas... Caray, ¿un cine-forum en tu cole donde pasaban películas como ésta? Eso sí que es nivel, sí. Veo que a muchos nos impactó a tan tierna edad, cosa que me alegra y que demuestra no sólo lo genial de la historia sino también del propio Truffaut.

Ala, pues a disfrutar de todos tus intereses, vida sexual incluida, claro que sí ;)

¡Un beso!

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Mandarinada, si tienes ocasión de ver la peli no dejes de hacerlo. Truffaut tiene siempre una mirada muy peculiar y nunca deja de aportar cosas, como es el caso de esas escenas de los hombres y mujeres acariciándose que en el libro no aparecen. Aunque no todo lo escrito pueda trasladarse a la pantalla, también el cine tiene sus recursos para reflejar las mismas ideas e incluso enriquecerlas.

Me alegro de que hayas vuelto, luego me paso por tu casa a ver qué tal el aterrizaje :)

¡Un gran beso, niña!

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Margot, que mis comentaristas son todos gente muy sana y no van a pensar nada malo. Además, ¿por qué renunciar a alguna de las dos cosas? Yo creo que la conjunción es perfecta. Y siempre podemos tratar de enseñar a leer al buen salvaje para luego intercambiar impresiones, una vez haya cumplido con las funciones que le corresponden, claro ;)

El libro es de Rilke, que se me olvidó decirlo. ¿Quevedo? Muy buena elección. Nos íbamos a reír un rato en las noches tropicales, por misógino que fuera :)

¡Otro beso, guapa!

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Anita, casi todos hemos tenido algún profe así, de esos que enseñan más con el ejemplo, con lo que son, que con lo que dicen, por más que lo que digan sea estupendo. Brindo por éste, que tuvo el buen tino de poneros esta peli.

Tú lo has dicho, Ana, el buen sexo. Y el buen sexo no sabe de velocidades ni tampoco de jerarquías. Está en su lugar junto a tantas cosas buenas. Estoy segura de que, como la nicotina, facilita las conexiones neuronales pero sin luego tener efectos adversos ;)

¿Reciclaje de vibradores? Luego me paso a verlo, suena, cuanto menos... exótico.

¡Besazos, hermosa!

NoSurrender dijo...

mmm... ¿hay plazas libres para Buen Salvaje, Margot y Antígona? a mí también me gustan las islas desiertas y tal.

Admirada Ana, yo sí lo he leído pero... ¿¿dos millones de unidades?? qué barbaridad!

(ya me iba, ya me iba... ¡aprovecho para mandar otro beso!)

Antígona dijo...

Pues hombre, señor Lagarto, eso depende de lo bueno y lo salvaje que sea usted. Le podemos hacer una prueba el día que guste :P

Ahora, ya sabe que en nuestra isla sólo se tomarán pastillas rojas, no azules. ¿Estará usted dispuesto a ello? :P

Voy corriendo a ver eso de los dos millones de unidades.

Y no hace falta que se vaya usted tan deprisa, Lagarto, que aquí siempre es bienvenido :)

¡Más besos!

Déjà vie dijo...

Leí el libro hae tiempo y me entantó, me dio mucho q pensar en el instituto cuando todo tu mundo va en contra tuya. Entonces aparece Frahreheit 451. Puedes imaginar... la pelicula no a he visto. Esta bien?

bsitos.

Duschgel dijo...

Joder, cada vez me da más miedo entrar en los comments, ¡ahí sí que tendría que pedir horas extra por día!

De la cuña sólo diré que si lo demás no va bien, difícil es que vaya bien la vida sexual, así que sí que importa.

El libro lo leí tal vez con 11 años o menos y ni recordaba de qué iba, sólo me quedó la sensación de que me encantó. Pero tengo una memoria muy mala.

Y claro, si comparamos las palabras de Bradbury con lo que sucede, te asustas, pero la verdad es que ninguna época del ser humano se salva, porque somos especialistas en retorcimiento. Sin embargo, Bradbury no adivinó que el papel pasaría a software, que habría Internet y que no tenemos que escondernos en poblados, porque estamos conectados, y no sólo seguimos leyendo ideas, sino que las desarrollamos, las escribimos y las compartimos de un modo antes nunca soñado.

Siempre habrá dos caras en la moneda, cuando hay un nuevo peligro, aparece un nuevo camino para escabullirse o un nuevo método para combatirlo. La historia de nuestra existencia es siempre la misma, sólo nos "divertimos" cambiando las formas.

¡Un beso muy grande!

el nombre... dijo...

antigona: CHAPEAU TOTAL Y ABSOLUTO!!!

por ignorante, falta de tiempo, no vi la peli. Seguro que la veo enseguidísima!
Es un tema que me apasiona desde hace años.
ya en mi época de facultad, "militaba" con la idea de que a nadie le convenía que nuestra facu estuviera abierta: era peligrosa! Podía llevar a las gentes a no estupidizarse, a pensar distinto... La querían cerrar, poco presupuesto, paros.. De hecho la habían ya cerrado durante la dictadura.
Dictadura, otra época en la que se cambió hasta la idea del ideal de "belleza" de una mujer. Antes, una tenía que haber leído, poder sostener conversaciones, debates interesantes...sinó, los hombres las miraban como "tontas".
El modelo cambió. Quemaron sí los libros "peligrosos", los prohibieron, y nos enchufaron la moda del gimnasio y las siliconas!
A ningún poder político le interesan más que los votos estúpidos: así, hoy, en argentina, hay políticos que "bancan" laboratorios de paco y pasta base, a fin de conseguir esos votos...

Ahora, en la película a la que te referís, está excelente la figura del "bombero": apaga el fuego, el fuego que produce el pensamiento, la pasión...el deseo...


"Si tu vida sexual va bien...todo lo demás no importa": ¡¡¡¡???????
SIMPLEMENTE FELINEZCO, BIZARRO, INCREÍBLE.
¿a qué se referirán con que vaya bien? ¿acaso alguien puede decir (siendo honesto) que su vida sexual es altamente satisfactoria, así como en un porcentaje...100%????
Los des-encuentros entre hombres y mujeres, o mujeres con mujeres u hombres con hombres, o lo que sea...siempre se trae algo bajo el poncho!!!! Par dieuz!

Bueno, a menos que los pobres lobotomizados de tanto "fast-life", consuman viagra, entre otras sustancias....
Pero no me atrevería a decir que eso se acerca al bienestar y/o la felicidad, o algo similar!!!


perdón, la extensión es fruto de mi interés por tu post.

EX-CE-LEN-TI-SI-MO!!!!!

el nombre... dijo...

Bueno, me quedé superenganchada con tus relatos, y encontré especialemte uno que viene un poco al caso de tu remate de este post.
me refiero al post "Matrimonios", película de Bergman,( "siempre he sido un niño" -se autodefinió alguna vez-)...decía...respecto de todas las dificultades que presenta la vida sexual entre los humanos. Porque no me refiero a lo sexual-genital específicamente..NO!
Lo sexual como atravesando toda nuestra existencia, y la pareja como "vidriera" donde más claramente se exponen nuestros conflictos existenciales.

Muy buena película.
Sí que ahonda, como W. Allen, las relaciones de pareja como pocos!!!

Son otras de las expresiones del arte (como los libros) que nos dejan pensando. Aunque a algunos les aburra!!!

te vuelvo a felicitar.
Y tengo como un dejá vu, como que en este blog estuve, y no recuerdo si comenté o no... (la memoria no es mi fuerte!)

Antígona dijo...

No me extraña que el libro te diera qué pensar, Déjà, porque es en el fondo un revulsivo contra la estupidez, contra el abandono, contra la falta de reflexión, tan cómoda en ocasiones pero nunca gratuita. La película está muy bien, sí. Como decía antes, Truffaut siempre aporta cosas que vale la pena disfrutar.

¡Besos!

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Tranquila, Dusch, que no hace falta que te los leas. Reconozco que esta vez me he excedido un poco, y no será por falta de curro, no ;)

Me gusta la inversión de la cuña que has hecho. Una idea que cae por su propio peso y que todavía no había aparecido aquí.

Me parece también muy interesante lo que dices de Internet. Yo creo que, en el fondo, Bradbury es bastante optimista. El hecho de que su historia finalice en el poblado de los hombres-libro revela, a mi juicio, una confianza en que siempre habrá gente disconforme con el estado de cosas, en que no todos serán masa arrastrada por el curso de los acontecimientos. También los hombres-libro son optimistas y confían en que algún día podrán plasmar de nuevo en el papel lo que han memorizado. Bradbury no podía anticipar tecnológicamente lo que internet sería, claro, pero es posible que, como dices, este medio contribuya a que una sociedad como la imaginada por él nunca llegue a materializarse.

En relación a lo último que dices, me ha venido a la cabeza un verso de Hölderlin: "Donde está el peligro, allí crece lo que salva". Y creo que es absolutamente cierto.

¡Un beso enorme!

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El nombre, gracias por tus palabras y por tu visita. No creo recordar que hayas pasado nunca por aquí, pero podría ser. Sea como sea, bienvenida a esta casa.

Las dictaduras siempre han sido enemigas de la libertad de pensamiento. Y me parece lógico. Sólo quien piensa sobre lo que tiene a su alrededor puede ponerlo en cuestión y tratar de cambiarlo. Pero también es cierto que la represión revuelve e irrita las conciencias e impulsa a la reflexión más que la falta de ella. Lamentable, pero así somos los humanos. Cuando por fin parece que nos dejan pensar, cuando se levanta la prohibición, entonces ya no tenemos tantas ganas. La perfección del Estado, como decía García Calvo, radica en que sus medios represivos no sean evidentes ni se sientan como tales.

Estos bomberos propagan el fuego, pero es desde luego el fuego de la destrucción, de una destrucción que parece quedar muy lejos de la pasión y el deseo, aun cuando también haya pasiones destructivas.

En cuanto a la cuña publicitaria, francamente me parece ridícula, entre otras razones por ésas que apuntas. Dentro de poco sacarán algún estudio que dirá que una vida sexual satisfactoria se mide por tal cantidad de polvos a la semana o tal número de orgasmos alcanzados. Y habrá quien se lo crea y piense que es un pobre desgraciado por no tenerla. Por suerte, la felicidad o el bienestar dependen de muchas más cosas que de la vida sexual. En la vida hay demasiadas cosas que disfrutar como para reducirlas a una sola. Y como decía Duschgel, que la vida vaya bien también depende de otros muchos factores. Por otra parte, también yo veo la conexión entre este post y el de Bergman. Ay, es que el tema del sexo está en realidad presente por todas partes. Sólo que, como señalas, siempre y cuando se sea consciente de que la sexualidad excede el ámbito de lo genital. Y tanto. De lo contrario, todo sería mucho más fácil.

Me alegra que te hayan gustado mis posts. Gracias de nuevo por tu visita y vuelve cuando quieras.

¡Un beso!

koolauleproso dijo...

Pues ya puedo decir que, en breve, abandonará mi "famosa" lista de películas "soñadas" que por una u otra razón no había podido ver con gran desconsuelo por mi parte: aún no he encontrado tiempo para verla entera, pero si puedo anunciar que la he conseguido "bajar" con el e-mule, por lo que, en breve, ya podré disfrutarla, sin falta de que nadie me heche una mano esta vez. Sabes que, en un caso parecido, tuve que recurrir a tu desinteresasa amabilidad, pero esta vez no va a hacer falta

Antígona dijo...

Me alegro por ti, Koolau, ya has conseguido mucho más que yo en terrenos de informática, que ni siquiera tengo el e-mule ni sé por tanto cómo manejarlo.

Estoy segura de que disfrutarás mucho con ella, ya me contarás.

¡Besos!

koolauleproso dijo...

Puea ya la he acabado de ver. Ignoraba que la música fuese una partitura mi adorado Bernard Herrman, lo que, desde luego, hace aún más maravillosa esta terrorífica película, que tanto deseaba ver desde que una secuencia suya encabezaba el lamentablemente desaparecido programa "Extravagario". Los que amamos los libros nunca perdonaremos esta horrible "mutilación" en la parrilla de TVE, por cierto.

Antígona dijo...

No conocía el programa "Extravagario" pero seguro que valía la pena, si tanto te gustaba. Los de la parrilla de TVE no dudan en hacer mutilación alguna, y de hecho cada vez más. Hoy estoy un poco enferma y como la cabeza no me da para nada he tratado de ponerme delante del televisor buscando algo de entretenimiento. Imposible. Veo que la película te ha encantado. Si es que Truffaut es mucho Truffaut... y con tan buen material literario, no podía hacer nada que no fuera digno de rememoración.

Averigüaré también quién es Bernard Herrman. Ay, qué ignorante soy...

¡Un beso!

koolauleproso dijo...

La relación entre literatura y cine no es siempre tan lineal. De hecho, Hitchcock hizo la que, para mi, es la mejor película de la historia ("Vértigo")*, a partir de un material sencillamente deleznable (la novelucha de Boileau y Narcejac, "De entre los muertos").
No me acuerdo qué gran director (quizás el propio Hitchcock, ahora no estoy seguro) decía que él era incapaz de adaptar una gran novela, y prefería partir de un material más mediocre, al que podía "faltarle al respeto", si era necesario, para transformarlo en una buena película.

*ver mi entrada "Surgida del Averno"

Antígona dijo...

Tienes razón, Koolauleproso, supongo que siento una especial debilidad por Truffaut y eso me lleva a valorar casi sin límites todas y cada una de sus películas. Pero no necesariamente debe partirse de un buen material para hacer una buena película. De hecho, el mérito de ciertos directores consiste precisamente en lo que señalas, en ser capaces de convertir historias mediocres o no tan bien narradas en verdaderas obras maestras.

Leeré tu entrada. Vértigo siempre me ha parecido una gran película.

¡Un beso!

koolauleproso dijo...

para tu información, Bernard Hermann era el músico habitual de la mejor época de Hitchcock. Es un músico comparable, salvando las distancias, con Wagner.
Y te lo dice alguien no muy fiable, porque si lees mi entrada "autobiográfica", "filias y fobias...", me declaro, con razón, dotado de un "oído de madera", e incapaz de reproducir cualquier melodía, aunque la acabe de escuchar

Antígona dijo...

Gracias por la información, Koolau. La verdad es que la música que se hizo para determinadas películas, así como los compositores que se dedicaron a ello, han hecho cosas verdaderamente interesantes. En mi ciudad hay una radio alternativa que tiene un programa sobre música de cine que escucho con cierta asiduidad y siempre acabo descubriendo composiciones que merece la pena conocer.

En cuanto a tu oído de madera, hombre, digo yo que una cosa es no tener habilidad ninguna para tomar parte más o menos "activa" en la música y otra tener buen gusto musical, ¿no? A mucha gente le pasa exactamente eso, así que no creo que por ello tu criterio sea menos fiable :)

¡Más besos!