domingo, 8 de abril de 2007

Silencio


Hay quien calla por timidez, por no mostrarse en el sonido de su voz. El torturado calla para no delatar, para salvaguardar la vida o la seguridad de otros. Los niños en clase, para evitar una riña.


Callamos a veces por puro cansancio, cuando el esfuerzo de emitir un sonido parece sobrepasar nuestras fuerzas. En lo más profundo del sueño, aunque a veces ni tan siquiera. Se puede callar para encubrir una verdad, si tenemos la certeza de que las palabras que querríamos pronunciar sólo herirían a quien las recibe. Por no ofender. Para no demostrar nuestra ignorancia. En ocasiones callamos cuando nos preguntan, y somos conscientes de que nuestro silencio dice más que cualquier palabra. O simplemente por afonía.

Callamos para distanciarnos del bramido de la multitud, para diferenciarnos de ella en nuestro silencio. Para protestar. Para hacer rabiar a quien nos quiere. Incluso para castigar a quien nos ha hecho daño. Hay silencios más violentos que cualquier golpe. Silencios incómodos. Silencios cuya densidad, como se dice, podría cortarse con un cuchillo. Pero también hay silencios apacibles.

Callamos cuando escuchamos otras voces, o esa canción que aún no oímos, o la que no se presta al tarareo o al canto. Por lo general cuando leemos, cuando vemos una película. A menudo cuando fantaseamos. O cuando hablamos con nosotros mismos con la única compañía de esa voz interior sin sonido aparente.

Callamos por respeto, por cariño, por consideración. Por rencor, odio o desprecio. Puede callarse para ocultar, o por el contrario, para mostrar.

Pero hay momentos en que callamos sencillamente porque el habla se nos sustrae. Creemos tener mucho que decir pero no nos brotan las palabras adecuadas para ello. Algo en nosotros rehusa traducirse en sonidos, en significados audibles o legibles. A veces el habla se nos deniega porque determinados acontecimientos exigen tanto diálogo, tanto decir, que empezar a expresarnos parece imposible. Otras, porque el lenguaje se nos revela insuficiente, imperfecto, y sentimos haber topado con algo que no se puede decir. Y también hay momentos, quizás días enteros, en que la angustia nos deja sin habla, forzándonos a enmudecer.

Sean cuales sean las razones que lo motivan, siempre nos resulta difícil comprender ese silencio que no hemos buscado, ese callar que se nos impone como si nos hubieran robado la garganta. Todavía más porque ante él sólo cabe abandonarse y esperar pacientemente a que regresen las palabras. Y por fortuna siempre vuelven. Aun cuando sólo sea, de entrada, para permitirnos hablar sobre ese silencio que acabamos de romper.

11 comentarios:

Duschgel dijo...

¡Qué resumen tan bueno para un tema que, desde luego, da para largo!

Mientras leía tu post, me he acordado de algunos momentos en los últimos días en los que he utilizado el silencio con distintos fines o ha venido a mí como único recurso. Y es curioso que el silencio no sólo se puede romper con palabras, sino también, por ejemplo, con una mirada o con un gesto, donde la comunicación fluye de manera casi incomprensible.

Besos, Antígona.

Déjà vie dijo...

me ha encantado! la verdad es q el silencio da mucho de si. un post mu mu chulo!

Antígona dijo...

Es verdad, Dusch, que el tema daría probablemente para mucho mucho más, habrá que retomarlo más adelante :-)

Por otra parte, te doy la razón en lo de que una mirada o un gesto pueden decir lo que las palabras no consiguen. Menos mal que la comunicación humana no se reduce a ellas, porque si no estaríamos apañaos!

Besos soleados!

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Me alegro, Déjà, de que te haya gustado. Curioso ¿no? que paradójicamente se puedan decir tantas cosas sobre el callar. Pero si es que en el fondo no hay quien nos tape la boca ;P

Más besos de sol!

M. Imbelecio Delatorre dijo...

¡me dejas sin parablas!

:) a que eres profesora, ¿a que sí? ¿a que colijo bien? (jeje, no contestes ahora ;)... ni después de la publicidad).

¿me permites poner una cosa mu chula de Galdós que leí ayer, y va sobre esto del silencio? acias! (y luego me callo):

"Es que esta pícara raza [la española], que no conoce el valor del tiempo, tampoco conoce el del silencio. No podrá usted meterle en la cabeza a esta gente la idea de que la persona que se pone a pegar gritos cuando yo escribo, o cuando pienso, o cuando duermo, me roba. Es una falta de civilización como otra cualquiera. Apoderarse del silencio ajeno es como quitarle a uno una moneda del bolsillo." B.P.Galdós (1843-1920)

Antígona dijo...

Pues qué pronto has recuperado el habla! ;)

Y no, tranquilo, que no pienso contestar :P

Muy buena la cita de Galdós, la verdad, otro aspecto a añadir a los muchos que puede suscitar el tema del silencio, el de la dificultad para encontrarlo cuando más lo deseamos... Habría aquí mucha tela que cortar y no soy modista :P

Muchas gracias por ella y por la visita!

India Ning dijo...

Hay silencios que asustan, silencios que se cortan, silencios que se esperan, otros que se agradecen, algunos que se intuyen, y otros que se entienden.
Sssshhhhhhh...

Precioso, antígona!
Muchos besos silenciosos! ;)

India Ning dijo...

Por cierto, te he hecho un link, espero que te guste. Besos.

Sir Villet dijo...

Tendré que hablar con ese Galdós.

¿Qué?

¿No puedo?

Nunca diga usted nunca...

Antígona dijo...

Uyuyuyuyuyuyuy!.... Qué ilu, qué emoción! A ver, a ver...

Oleeeé! Me encanta! Ésa sí que parece de verdad una heroína de tragedia griega.

Gracias, guapa! Besos!

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Sir Villet, ¿qué es lo que tendrá Ud. que hablar con Galdos? ¿que no le ha gustado la cita? ¿O, por el contrario, le ha gustado mucho?

Porque a Ud., dada su profesión, supongo que el silencio le favorece, ¿no? ;P

Y sí, buena actitud, la de no decir nunca nunca :-)

un árbol dijo...

Muy interesante.

Da para mucho más, es cierto, pero lo más importante es que dejas bien clara la elocuencia del silencio, su importancia.

Para mí es imprescindible, un arma tan ofensiva como defensiva.
Un sistema de protección, un refugio, un escondite, un recurso impagable tantas veces...

Estupendo post. Felicidades.

Un beso.

Antígona dijo...

Gracias, un árbol. Me ha parecido muy sugerente lo que dices del silencio como refugio o escondite... porque también las palabras pueden ocultarnos, también podemos cubrirnos y encubrirnos con ella pero de otra manera. En fin, el tema no se deja agotar tan fácilmente...

Un beso.