viernes, 5 de octubre de 2007

Grietas


Día 1: Hoy, día de la mundanza, comienzo este diario. Algo nuevo empieza con un cambio de casa. Somos, a fin de cuentas, los espacios que habitamos. Ningún yo es lo que es al margen de las cosas que le rodean, de los lugares en que se mueve, de los metros cuadrados en los que busca cobijo. No creo en un yo sustancial. ¿Quién habré de ser yo en esta casa? (...)

Día 3: Poco a poco voy acostumbrándome a mi nuevo entorno. Más allá del cansancio que arrastro, del constante ejercicio físico y mental de estos días para reubicar de la manera más acertada mis muebles, mis libros, mis cacharros en la cocina, siento que éste será un buen lugar, un lugar en el que fijar un nuevo punto de partida. La casa me gusta. Es vieja, pero los antiguos dueños hicieron algunas reformas imprescindibles que la convierten en un espacio agradable. No es muy grande, pero suficiente para mí. Y tiene además mucha luz. Necesito la luz. Lo único que me inquieta es que he encontrado a lo largo del día un par de cucarachas. La primera ha salido corriendo por el pasillo y aunque me he lanzado en su persecución, debe de haberse colado por alguna rendija que no consigo localizar y la he perdido de vista. La segunda ha aparecido muerta en el suelo de la cocina. Que no se me olvide mañana comprar trampas para cucarachas (...)

Día 5: Pese a que he colocado todo un paquete de trampas en lugares estratégicos hoy he vuelto a ver un par de cucarachas. La primera debía de estar parada en el interior de la puerta de uno de los armarios de la cocina, porque cuando lo he abierto ha ido justamente a caer, qué asco, en la taza de café que acababa de preparar. La segunda se paseaba por el plato de la ducha y se ha colado por el sumidero en cuanto ha percibido que la estaba mirando. Estos bichos me repugnan. Sin embargo, son asustadizos. Cuando notan que me acerco salen huyendo. No por ello me resultan más simpáticos, obviamente. Tendré que comprar más trampas y algún tipo de artilugio que impida que salgan de las tuberías. La finca es vieja, claro, y el calor de este verano asfixiante. En el fondo no debería preocuparme (...)

Día 8: He colocado trampas por toda la casa y aún así no dejan de aparecer. Por las tuberías no pueden ya salir, porque los sumideros están perfectamente protegidos. Estos bichos parecen multiplicarse por momentos. Ya no sé cuántas llevo matadas a zapatillazos. Al oír el crujido del reventar de sus cuerpos queratinosos siento verdaderas náuseas. He comprado también un spray bastante efectivo. Un par de pulverizaciones y muertas. Pero me da asco que sigan apareciendo. Hoy abrí el cajón de los cubiertos y había una correteando por el fondo. He tenido que lavarlos todos a conciencia. He leído que pueden transmitir un montón de enfermedades. Lo que faltaba. Como si ellas, en sí mismas, no fueran ya lo suficientemente repugnantes (...)

Día 10: No lo entiendo. Sigo topándome con cucarachas a cada dos por tres. Sobre todo en el baño y en la cocina. Me he fijado en que hay algunas grietas entre las baldosas de uno y otro sitio. Los antiguos propietarios debieron reformar la casa hace ya tiempo. O no lo hicieron con excesivo cuidado. Tendré que comprar algún cemento apropiado para ello y dedicarme a cubrir las grietas que encuentre. Estoy segura de que salen por ellas. Por otra parte no puede ser. Me sentiría bien en esta casa si no fuera por esas malditas cucarachas... (...)

Día 14: Dediqué toda la mañana del domingo a buscar grietas entre los baldosines y a taparlas con cemento. Un trabajo fatigoso, pero espero que dé buenos resultados. Desde entonces no he vuelto a encontrar ninguna cucaracha. ¿Habrá tocado a su fin esta pesadilla? Crucemos los dedos (...)

Día 15: Esto es ya desesperante. Otra cucaracha en el cajón de los cubiertos. Y otra más desafiando las leyes de la gravedad por la pared del baño. Las trampas siguen puestas por toda la casa y he rociado con el spray repelente todos los lugares por los que suelen aparecer. Debe de haber todavía rendijas que no he localizado. Mañana mismo por la tarde, cuando vuelva del trabajo, me pongo a ello. Sigo pensando que son bichos asustadizos, pero cuando me sobreviene la imagen de uno de ellos acercándose a mi cama, o incluso paseándose por ella mientras duermo, casi me entran arcadas. ¿Me habré equivocado con la compra del piso? ¿Debería haber invertido en un piso nuevo? Es estúpido que me lo pregunte. El sueldo no me alcanza para tanto y éste es el mejor de todos los que vi. Salvo por la cucarachas, claro (...)

Día 19: Hoy me he dado cuenta de que lo más seguro es que haya rendijas que me son totalmente inalcanzables: detrás del mueble del baño, que está fijado a la pared; tras la armariada inferior de la cocina, que tampoco puedo desmontar sin desencajar el mármol de los bancos.... Todo apunta a que es de esos lugares de donde brotan. La única solución consistiría, tal vez, en una nueva reforma. Pero no me la puedo permitir ahora mismo. No tengo ni el tiempo ni el dinero (...)

Día 25: Reconozco que este tema me está obsesionando. Aún no he querido invitar a nadie a ver mi nueva casa. Me da pánico que alguna cucaracha se decida justo a salir cuando alguien esté aquí. Estos bichos siempre se interpretan como síntoma de suciedad. Lo he limpiado todo a fondo. Pero el que llegue no tiene por qué saberlo y su sensación de repugnacia será aún mayor que la que yo experimento cuando veo correr a estos pequeños bichos. No obstante, creo que lo que más me obsesionan son las grietas, las rendijas y hendiduras a las que no puedo acceder. Por la noche, ya acostada en la cama, no puedo dejar de imaginar esos pequeños abismos negros, insondables para nosotros, por los que las cucarachas deben de asomar sus antenas y deslizarse tranquilamente en busca de alimento. Incluso una noche llegué a soñar que me introducía por una de esas grietas y me encontraba de frente con una enorme cucaracha que, al verme, en lugar de atacarme, empezaba a retroceder asustada (...)

Día 30: Creo que todo esto me está afectado demasiado. Empiezo a tener miedo no sólo de que sigan apareciendo cucarachas, sino de las propias rendijas y de lo que pueda surgir a través de ellas. Releo el comienzo de este diario y me pregunto si no me estaré convirtiendo en algo que no deseo ser (...)

Día 35: Hoy he tenido que pasar todo el día en cama, aquejada de una fuerte gripe. He estado pensando, pensando mucho. Me pesaba la cabeza y no conseguía hacer nada, así que sólo me cabía pensar, aun cuando tampoco mis propios pensamientos fueran muy nítidos. He pensado en las grietas, en esos agujeritos apenas perceptibles entre las baldosas, al borde de los rodapies, distribuidas por todas partes. Como si fuéramos casas viejas, creo que también nosotros las albergamos desde que vinimos al mundo, cada vez más conforme los años pasan. Intentamos cubrirlas, remendarlas, como haríamos con el costurón de una camisa que aún no queremos desechar. Pero algunas de ellas, como las de esta casa, nos son igualmente inaccesibles. Sabemos que están ahí, aunque desconocemos exactamente dónde. También por ellas emergen bichos inquietantes, bichos que pueden llegar a repelernos. Tal vez revelen facetas de nosotros mismos que desearíamos aniquilar de una vez por todas, fragmentos que no encajan, reacciones o pensamientos incontrolables, extraños de puro incomprensibles, quién sabe si incluso perversos. Sí. Es como si en la oscuridad de esas hendiduras se condensaran parcelas de nuestro ser envueltas por un profundo misterio, y de ellas brotaran a veces siniestros animalitos en los que rechazamos reconocernos. Empiezo a sospechar que quizá esas grietas nunca puedan suturarse. Tendremos entonces que acostumbrarnos a su presencia, y aprender a soportar el pequeño abismo que suponen en la imagen ideal de un yo falsamente proyectado como una superficie lisa y perfecta. Tendremos que habituarnos a lo que a través de ellas pueda brotar, sea lo que sea. Y a la posibilidad de que el transcurrir del tiempo siga abriendo en nosotros más y más hendiduras. Tendremos que aprender a convivir con ellas. Y a intentar librarnos de las cucarachas según vayan apareciendo. No creo que se pueda hacer otra cosa (...)

22 comentarios:

un árbol dijo...

Salir de cañas.
Quitarles importancia.
Pintarlas de colores.
Llamar a los amigos para que te ayuden a matarlas antes.
No perder la capacidad de sorpresa: hola, nueva-vieja cucaracha... te estaba esperando, no me sorprendes...

Ya sabes: despacito y buena letra, que prisa no tienes ninguna.

Besos y buen finde.

El veí de dalt dijo...

Caramba, caramba... ¿es ciertamente tu piso? Por un momento creí que releía la Metamorfosis. Chica, si necesitas zapatillas "estrujacucarachas", te bajo alguna vieja. Si necesitas cemento, me sobra. Si necesitas ánimos, te los envío. Si necesitas dormir tranquila, piensa que nunca escalan las sábanas...

koolauleproso dijo...

Espero, yo también, si las cosas siguen el curso que espero, tener que realizar mi propia mudanza en breve. Estoy esperando una confirmación definitiva para una plaza en una nueva residencia de minusválidos (bueno, ahora lo "politicamente correcto" es decir discapacitados), que se inaugurará en breve (bueno, la residencia en cuestión es, según me han explicado, una conjunción de 21 minipisos "adaptados" con derecho a zonas comunes que incluirían comedor y gimnasio).
La teoría es estraordinaria, pero luego habrá que ver como funciona en la práctica

perdón por el "rollazo" que, me acabo de dar cuenta, a lo mejor no te interesa en absoluto

AA dijo...

Te comprendo.Yo tampoco las soporto. Me repugnan, en general, todos los insectos.Pero,Anti,preciosa, quizá sean la prueba de una dimensión cochambrosa llena de señales asustadizas o arrojadizas,que está pegada a nuestra realidad y con la que convivimos consciente o inconscientemente.

besos Anti!

el nombre... dijo...

antígona. vengo viernes tarde...todavía sigo en la oficina.
vengo el finde a leerte tranqui como corresponde.

bsssssssssssssssss.

koolauleproso dijo...

Ayer sólo lo leí superficialmente, y aproveché, "con todo el morro", para soltarte un "rollete" con mis problemas personales. Hoy, con más calma y tiempo, lo he vuelto a leer bien, y he descubierto otro de tus brillantes ejercicios literarios: un texto entre David Cronemberg y Kafka. Te lo repito: envidio tu talento literario

Margot dijo...

Me inquietaste con esa obesesión de caparazones marrones. Aún más cuando al terminar me puse a revisar las grietas que hay en mí y contabilicé más que la última vez, cuando me mudé a una casa llena de luz y paredes verdes.

Conseguí hacerme con las grietas de la casa y las mías... a veces las miro crecer. No creo que se pueda hacer otra cosa, ajá.

Me encantó!!! Chapó!

Un besote con hormigonera en mano.

Anónimo dijo...

Hombre, Antígona, no te obsesiones, las cucas son criaturas del universo, y todos hemos de llevarnos bien, como hermanos que somos, ¿nooooo?

Sobre tu primer párrafo, aunque está claro que las circunstancias nos condicionan, y la frase de Ortega y tal y tal, me gusta más otra de Quevedo: “…nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres.”

Sobre lo de las cucarachas, tema mucho más serio que Ortega -dónde va a parar- hace años, cuando vivía sólo, tuve un problema similar, y en una farmacia me consiguieron un producto desinfectante que eché exhaustivamente por cada baldosín, y por cada centímetro de parquet..., y nunca más se supo...

No recuerdo el nombre del producto, pero pregunta porque habrá varios, y seguramente mejores.

Un beso

Anna dijo...

Interesada, intrigada, incomodada, desazonada, agobiada, angustiada, aliviada..., por todos esos estados he pasado leyendo tu texto. Por un momento he pensado realmente que te estaba ocurriendo de verdad, te felicito.
Las cucarachas no tienen nada de positivo, pero las del alma a veces no son tan malas, sólo que jode que tengan esa mirada sardónica (ya sé que es risa, pero yo conozco esa mirada y sé lo que me digo).

juan rafael dijo...

Un buen relato de terror y ansiedad. Antigona, a mi puedes invitarme a tu casa, no te las mataré pero haré que pasen desapercibidas, y si sólo ves dos o tres al día, déjalas vivir, no encontrarán lo que buscan y se irán ellas solas, como las hormigas.

Marc dijo...

Menos mal que no son ejército...

Me has hecho pensar que el problema no son las cucarachas sino las grietas, esas que aparecen en nuestras zonas mal ensambladas y que pueden albergar pequeños monstruos que conviene mantener a raya.

Habrá que estar atentos, no vayan a ser grietas que afecten a la estructura y no paren de crecer...

Tus sueños no les habitan cucarachas, sino musas.
Un beso.

el nombre... dijo...

Me pareció super-requete-excelente tu post. Para pensar, y mucho.
Creo que ya no importan tanto las cucarachas en sí... Aunque quizá no te vendría mal una fumigación bien cojonuda al menos una vez al mes. Lo digo porque a mí también me han vuelto loca, y quizá el piso no estaba habitado, yo lo resolví así...
Lo que sí deja pensando, y para eso no hay soluciones mágicas, son nuestras propias grietas.
Seguramente las tenemos, y de allí brotan cosas insospechdas para nosotros... Será cuestión de darles frente, como a los bichos estos, y no fumigarlas, volverían más rápido y de mil maneras distintas, sigo, digo, enfrentarlas, analizarlas, escudriñarlas, y entenderlas. A algunas las podremos dejar ir, otras nos habitarán por más tiempo, y finalmente, quizá haya de las que nunca nos abandonen.

"Somos los espacios que habitamos", tal como empezaste el texto, no es sólo una metáfora para tu nueva-vieja casa....


Besos.
Plaf, plaf, plaf!!!

C.E.T.I.N.A. dijo...

Las cucarachas probablemente estén en todo el edificio. Puede que tras esa puerta qeu nunca has visto abrir en la escalera viva la reina-madre de todas ellas. Habla con ella y explícale el problema. Puede que lleguéis a ser buenas vecinas.

Salu2

Duschgel dijo...

Hoy, en sueños, se me ha plantado ante la vista una grieta que otras veces había decidido ignorar. Pero al ver la cucaracha que había dentro, me he despertado y he tenido que aceptarla. Tendré que aprender a entenderla para conocer su razonamiento y que ella decida buscar otro camino o transformarse. O tal vez me toque convivir con ella y tratar de domesticarla. ¡Quién sabe!

¡Un beso muy grande!

NoSurrender dijo...

Lo malo de estos bichos es que son muy vanidosos y les encanta que les miremos. Posan y desfilan ante nosotros para que les admiremos, para que no apartemos nuestros ojos de ellos. Y con nuestra atención es con lo que se alimentan, engordan y se reproducen. Son como niños pequeños, siempre buscando nuestras atenciones, aunque no tengamos tiempo para ellos. ¡Qué pesaditos!

En cualquier caso, doctora Antígona, estoy seguro de que la gente que visita su casa tiene la confianza suficiente con usted como para no interpretar síntomas de suciedad por algo tan, tan difícil de percibir cuando la mirada se queda a mayor altura.

Un beso, doctora Antígona. Espero que haya tenido un buen fin de semana.

Antígona dijo...

Arbolito, tienes toda la razón. No vale la pena desgastarse luchando contra lo que no tiene remedio, así que mejor no amargarse y hacerles un huequito en la vida de uno. Que digo yo que pintadas de colores tampoco serán tan desagradables, ¿no? A lo mejor hasta se dejan domesticar y acabo organizándolas a todas para que me quiten el polvo mientras no esté en casa.

Aprender a lidiar con uno mismo pasa también por reconocer y aceptar aquellas cosas que no terminamos de encajar en aquello que querríamos ser. Y como dices, tal vez despacito y con buena letra acabemos puliendo o limando las aristas que más nos molestan.

¡Un besazo, guapa!

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No exactamente, Veí, aunque para el caso podría serlo, como podría ser el piso de cualquiera. De todos modos, da gusto tener vecinos tan solícitos. Así que te acepto las zapatillas, el cemento, los ánimos y todo lo que tengas que ofrecerme. Ya veré yo luego el uso que les doy :P

¡Un beso!

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Hey, Kooulauleproso, lo de la mudanza de casa es ficción, por fortuna ese trance lo atravesé hace ya bastante tiempo, que no veas lo agotador que es. Lo que cuentas de los minipisitos no tiene mala pinta, la verdad. Y si se trata de algo que va a hacerte la vida más cómoda, pues bienvenido, ¿no? Eso sí, si, como dices, la teoría se corresponde con la práctica. Ojalá tengas suerte. Ya nos contarás.

¡Un beso!

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En efecto, Ana, a eso precisamente era a lo que quería aludir con el relato, a esa realidad “cochambrosa” (me ha encantado tu modo de calificarla) que todos arrastramos con nosotros aunque nos cueste aceptarlo. Para bien o para mal los humanos no somos entes puros, ni ángeles. Los desconchones, las grietas, las goteras, forman parte de la estructura de nuestra propia vida, de nuestra propia persona. Podremos maquillar todos esos aspectos, ocultarlos cuando convenga bajo la alfombra, repararlos parcialmente. Pero nunca podremos acabar con ellos definitivamente. Intuyo que empeñarse en hacerlo, como le pasa al protagonista con las grietas de su casa, es el camino más rápido hacia la neurosis. Como dices, hay que aprender a convivir con las propias sombras, con la propia oscuridad.

¡Besazos, niña!

Antígona dijo...

El nombre, veo más abajo que has sido una chica cumplidora. Así que te respondo más abajo. De momento te anticipo un beso :)

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Koolau, de rollazo nada y aquí puedes contar lo que te parezca de tu vida personal, que siempre será bienvenido. A fin de cuentas, estos son espacios para compartir, ¿no? Y yo también lo hago aunque disimule con el revestimiento literario ;) Ay, y ¡no me digas más esas cosas que al final me lo voy a acabar creyendo y me volveré una tía insoportable! Pero te lo agradezco igualmente. No negaré que al propio ego le sienta estupendamente :)

¡Un besazo!

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Margot, ¿tantas grietas? A ver si al final te vamos a tener que mandar en serio al diván del doctor Freud... o en su defecto del doctor Lagarto ;)

Supongo que es imposible que las grietas no vayan aumentando con los años. Son demasiados los acontecimientos que nos desbordan, los hechos que nos sobrepasan, los aspectos de nosotros mismos que nunca terminaremos de entender. Nunca disponemos del tiempo necesario para parar y tratar de poner cada pieza en su lugar. E incluso si lo tuviéramos acabaríamos dándonos cuenta de la inviabilidad de la tarea. Hay grietas tan antiguas que ya ni sabemos dónde empiezan o a qué momento se remontan.

Un día de estos hago el recuento de las mías y comparamos. Y mira, casi mejor que en vez de divanes ajenos nos hacemos un cafetito juntas y nos las miramos tranquilamente, estudiando si conforme van creciendo adoptan alguna forma divertida y tratando de echarnos unas cuantas risas :)

¡Besos de cemento armado!

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Ay, JJ, que Francisco de Asís ya hubo uno y yo no tengo intención ninguna de parecerme a él, al menos en el tema éste de las cucarachas. Y también Bush forma parte de este universo y no por ello su presencia en él deja de ser bastante indeseable :P

Estoy de acuerdo con la frase de Quevedo. Sólo que también creo que a veces, para cambiar de vida y costumbres, es necesario primero cambiar de lugar, es decir, empezar la transformación desde fuera. No somos entidades aisladas del mundo, seres encapsulados que decidieran de cuando en cuando abrir una puerta o una ventana al exterior, ni tampoco creo que pueda establecerse una frontera precisa entre los límites del yo y aquello que le rodea. La posibilidad de cambiar de vida o de costumbres puede depender de que nos situemos en el espacio que propicie ese cambio, de que modifiquemos o construyamos de la manera más adecuada el entorno que mejor sustente lo que queremos llegar a ser.

Las cucarachas de las que hablo no creo que se dejen aniquilar con desinfectante alguno. Bueno, mentira. El único veneno que podría acabar con ellas sería el que acabara a su vez con nosotros mismos. Y, en fin, no digo yo no que sea una solución, pero tampoco es cuestión de ponerse demasiado drásticos, ¿no crees? ;)

¡Un beso!

Antígona dijo...

Anna, en todas mis historias siempre hay una parte de verdad y otra de ficción. O mejor dicho, por lo general son ciertas cosas que me pasan las que me dan pie a montar una ficción en la que ya no se hable de esas cosas, sino de otras que simbólica o metafóricamente sí guardan alguna conexión con ellas. ¿Y quién no ha tenido alguna vez que alzarse en pie de guerra contra cucarachas, hormigas o mosquitos trompeteros? ;)

Las cucarachas del alma presentan muchos caracteres y personalidades distintas. Y sí, creo que entiendo lo que quieres decir. Por lo general suelen tener en común cierta voluntad de mofarse de nosotros y de la ingenuidad que nos lleva a creer que podremos aniquilarlas de una vez por todas. Son más fuertes que nosotros, y lo saben. Por algo dicen que son el único bichejo que sobreviviría a una catástrofe nuclear ;)

¡Un beso!

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Yo te invito cuando quieras, Juan Rafael, pero antes tienes que decirme cómo vas a hacer que pasen desapercibidas: ¿les vas a poner un disfraz o les va a enseñar a que se mimeticen con el mobiliario? No sé, casi me quedo mejor con la idea de domesticarlas y sacarles al menos algún provecho. ¡Que se me hace muy cuesta arriba lo de tener que limpiar la casa! Si conoces alguna técnica no dejes de decírmelo :P

Por otra parte, ¿qué crees tú que estarán buscando? Tal vez no quieran irse porque sean cucarachas muy tenaces y no soporten la idea de largarse con las manos vacías.

¡Un beso!

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Hey, Marc, qué alegría verte por aquí después de tantos días de ausencia :)

Pues sí, lo relevante no son las cucarachas, sino las grietas por las que aparecen y en las que siempre anida el peligro de que de ellas surjan cosas mucho peores que las propias cucarachas. Los monstruos y los fantasmas nos acompañan allá donde vayamos y no siempre estamos tan hábiles como para mantenerlos a raya. Pero por fortuna, al igual que las cucarachas, se encuentran más a gusto en sus guaridas que fuera de ellas, aunque de cuando en cuando les dé por salir y nos den un buen susto.

Tienes razón, hay grietas que pueden agrandarse demasiado y acabar afectado la estructura. Sólo que de ese riesgo no creo que estemos nunca del todo libres. Como se sugería en el cuento, las grietas más inaccesibles son las que más tememos porque es difícil controlar su evolución. Pese a que siempre nos cabe apuntalar otras zonas para que, de producirse, el derrumbe al menos no sea total. Y sobre todo confiar en la solidez de la propia estructura, tanto si es real como si no. El miedo a las grietas es tal vez lo que más las agrava.

En mis sueños habita de todo, Marc, como en los sueños de todo el mundo. ¡Menudo zoológico suele pasearse por ellos! ;)

¡Un beso soñador!

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Me alegro de que te haya gustado, el nombre.

Como le decía a Marc, estoy contigo en que las cucarachas, por repelentes y molestas que sean, constituyen en el fondo un mal menor. ¡A no ser que se conviertan en legión y acaben tomando por asalto la nevera! ;)

Las grietas que nos atraviesan tienen peor solución que la fumigación, sí. Ya desde niños las llevamos encima y no tenemos más remedio que aprender a saltar por encima de ellas para que no nos afecten en exceso en nuestras decisiones diarias. Pero es cierto que hay momentos en que ese saltar deviene imposible sin haberlas mirado cara a cara o sin haber afrontado el hecho de que algunas de ellas siempre nos permanecerán ocultas y no podremos someterlas a un análisis exhaustivo. Ésas serán probablemente las que nunca nos abandonen. Pero creo que saber que están ahí, contar con su presencia, es ya una manera de protegerse de lo que de ellas pueda brotar. Así al menos no nos pillará por sorpresa.

Es verdad, lo de que somos los lugares que habitamos es una metáfora que va más allá de la propia casa. Entiendo que el habitar se extiende también a los lugares que recorremos, a los espacios por los que paseamos, e incluso a los transeúntes que por ellos nos encontramos.

¡Un beso!

Antígona dijo...

Joder, c.e.t.i.n.a., ¿la reina madre? Como sea tan grande como lo son las abejas reina en comparación con las obreras me voy a pegar un susto de muerte cuando abra esa puerta. Pero en fin, igual será cuestión de intentar el diálogo. Eso sí, me iré armada con una batería de sprays repelentes por si acaso no llegamos a ningún acuerdo y la señora se me pone agresiva :P

¡Un beso!

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Querida Dusch, el sueño es tal vez uno de los momentos más propicios para que esas grietas que por lo general tratamos de no ver se nos pongan delante y digan “aquí estoy”. Y si no que se lo cuenten al doctor Freud, que de estas cosas sabía un rato largo. Espero en cualquier caso que el sueño no haya sido una pesadilla y la cucaracha no fuera ni demasiado grande ni demasiado fea. Me parece bien que la dejes hablar. Es posible que tenga cosas que decir que realmente merezcan ser escuchadas. ¿Tú también la vas a domesticar para que te ayude en las faenas de la casa? Si lo logramos, montamos luego una escuela para cucarachas díscolas, eh?, que seguro que nos forramos. O podríamos poner de moda el sacarlas a pasear con una correíta ;)

¡Un beso enorme, guapa!

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Tal vez tengas razón, NoSurrender. Obsesionarse demasiado con estos bichejos no puede traer nada bueno. Tienen poco de qué presumir, las cucarachas, la verdad, y cuando les regalamos nuestra atención estamos dándoles más importancia de la que deberían tener. Mientras no alcancen el tamaño que llegó a adquirir Gregor Samsa y nos corten el paso cuando corretean por el pasillo, no deja de ser fácil desviar la vista y hacer como si no estuvieran ahí. Sólo que como he dicho antes, no son tanto las cucarachas como las grietas las que pueblan nuestras peores pesadillas. Los monstruos que emergen por ellas sí pueden llegar a tener tamaños descomunales. Y entonces no nos queda más remedio que sentarnos un rato con ellos, habituarnos a lo feos que son y hacerles un hueco en la foto de familia. Quizás así acabemos perdiéndoles el miedo y acaben desinflándose hasta reducirse a un volumen menos molesto y amenazador.

Ay, doctor Lagarto, confío en que tenga Ud. razón y que en mi casa haya cosas más agradables en las que fijar la vista que despisten la atención de mis invitados si llega el caso de que de repente surge una cucaracha. Bueno, libros tengo un rato, y como mis invitados suelen ser aficionados a la lectura siempre se quedan un poco embobados mirando los títulos. Y me parece a mí que a las cucarachas no les fascina el mundo de las letras. Aunque quién sabe ;)

En cuanto a la suciedad, hombre, cualquier persona sensata entenderá que todos solemos acumular bastante polvo debajo de las alfombras. No sé si me fiaría de alguien que dijera lo contrario, que también el exceso de pulcritud denota ciertas patologías. Seguro que Ud., como afamado psicoanalista, tiene algún estudio al respecto :P

Mi fin de semana ha sido inmejorable, doctor Lagarto. Ojalá todos fueran como éste. Espero que Ud. también haya disfrutado del suyo.

¡Un beso!

MALEFICABOVARI dijo...

JA¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ ME SALIÓ LA COMPETENCIA¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ Niña, que acabo de leerte, muy bueno, por cierto, y miro los comentarios, y veo que respondes tipoladrillo, hostia, ya me veo menos petarda a tu lado.... menos mal que encima eres tu, una tía de calibre cientoventitreésssssssssss¡¡¡¡¡¡¡¡¡
Bueno, al tajo¡
Que lo de las cucas, te cuento. En casa de mi madre, hay. No es vieja la casa, pero hay obras cerca, y al remover la tierra, siempre salen... asqueroso. Una noche, teniendo yo catorce años, me levanté, era verano, y tenía una en la braga, alucinaaaaaaaaaaaaa¡¡¡¡¡ Le pegué una hostia, y a partir de ahí, empecé cómo tu, a volverme loca. Mas tarde, me mudé a mi pisito de casada, y ... magiapotagia, cerocucas. Qué asco me daban, tía¡¡¡¡¡ Y me da pena mi madre, y mis hermanos, cuando las veo por allí pasearse, me veo en la obligación, tipo reina de causas menores, de matarlas todas para que no sufran, por dios, que ya sufro yo por toda la familia.
Y la metáfora con las rendijas... diosssssssssssss, lo peor es que no sabemos exactamente dónde está ese lugar de dónde salen nuestras propias cucas internas... y de ser así, y conocerlo, cómo matarlas???¿¿¿¿ Muy buena reflexión, pero me da mucho miedo la historia en sí... yo es que tengo ya muchas cucas corriendo por mis adentros, nena, ni con flickmaléfica se piran... y mira que ingerí el veneno de la esencia del barman... pero ni con esas¡
Perdona, hoy estoy frivolona, pero es que estoy tan jodida que es un mecanismo de defensa. Por dios, cuídate la gripe esa asquerosa, qué mala suerte, y oye, tenme en cuenta para tapar agujeros y cargarme cuatrocientas en una hora, tengo records interesantes de matar bichos... los humanos suelo tardar mas...
Bsazos...
( pero tb acabo matándolos... por dentro, los devasto, nena, sólo necesito tiempo.... jejejeje, aquí Male ríe tipo Cruela de Vill para autoinfundarse algún tipo de fé estúpida o creencia que la de alguna pista de cómo seguir viviendo sin el barman de lso cojones¡). ERES LA HOSTIA, NENA¡

fiorella dijo...

Antigona,que querès que te diga!!!(expresiòn bien de acà).Les tuve pànico a las cucarachas,hasta que tuve que trabajar en un lugar en el que por màs higiene que hubiera,habìa y como necesitaba el empleo,ya tenìa uno pero necesitaba otro màs, me fuì acostumbrando.Hoy hasta me animo a matarlas,pero te entiendo y como.Mudanza?hace dos años que me mude y aun no me encuentro en la casa,tengo todo en cajas todavìa,asì que espero te sirva de cierto consuelo,procesos lentos. Un beso y no desesperes.

Antígona dijo...

Jajaja, Male, pues sí, de cuando en cuando mis comentarios son "tipoladrillo", y a este paso acabarán siendo "tipomolecatedralicia", que ya me vale ya, y no será porque me sobre tiempo ni me falte trabajo, debo de estar practicando, sin darme cuenta, algún tipo de terapia de desahogo conmigo misma ;)

¿En las bragas? Por dios, Male, qué lugar escogió la cucaracha para pasearse, no me extraña que les tengas ahora tanta tirria y que te hayas convertido en la asesina oficial de cucarachas de tu familia, porque haberse enfrentado a una de ellas teniéndola tan asquerosamente cerca tiene que inmunizarte por necesidad ante cualquier otro "ataque" de estos bichejos.

En cuanto a las rendijas, Male, todos las tenemos y a todos nos dan miedo. Pero no siempre todo lo que sale de ellas es tan terrible. A veces imaginamos monstruos enormes donde sólo hay bichitos inofensivos, todo producto del pánico a aquellos aspectos de nosotros mismos que más desconocemos o que menos queremos aceptar. Por eso es mejor aventurarse a mirar, cuando llega el caso, lo que sale por ellas. Es posible que la sorpresa no sea tan desagradable como tememos. Y a lo mejor hasta alguna cuca de esas que dices que te corren por dentro es un tía simpática de la que nada tienes que temer.

Déjate el flickmaléfica para los sujetos indeseables que se te acerquen. Seguro que te es muy útil para mantenerlos a raya si se ponen muy pesaditos ;)

Y para el veneno del barman no hay mejor antídoto que el tiempo, ya lo verás. Dentro de nada estarás libre de todos sus efectos negativos. Confía y mucho ánimo.

¡Un beso enorme!

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Fiorella, por fortuna tanto la mudanza como la cuestión cucarachil son ficciones, o al menos lo son en parte. Sólo quería dibujar una situación que a todos puede sernos más o menos cercana para plantear otras cosas acerca de cómo lidiamos o podemos lidiar con aquellos aspectos que más desconocemos de nosotros mismos, con las parcelas más oscuras e inaccesibles de nuestro propio ser, con aquello que intuimos y tendemos a rechazar por el miedo que nos genera. En cualquier caso, ánimo con tus cajas y tu mudanza aún en curso. A mí me pasa algo parecido pero no por haber vivido una mudanza sino por haber estado bastante tiempo fuera de mi propia casa.

¡Un beso!