miércoles, 17 de abril de 2013

Acción


Parece ser que todo empezó a mediados de los noventa, la fecha exacta es incierta, en Monterrey, Méjico. La autoría de la iniciativa se atribuye a un poeta mejicano, Armando Alanís, y fue después continuada por un colectivo de poetas anónimos. Sin embargo, todo apunta a que sólo recientemente, casi veinte años después de aquellos orígenes un tanto nebulosos, la brillante idea de Armando Alanís dio pie a un singular movimiento social de creciente relevancia y a estas alturas difusión internacional. Se cuenta que hace apenas unos meses, en otra ciudad bien distinta, la capital de la provincia de Tucumán, alguien –dicen que un tal Fernando Ríos– supo de aquella iniciativa y decidió reavivarla con algunos amigos sobre los muros de su ciudad, castigada desde hace tiempo por la pobreza y el desánimo. Primero al amparo de la oscuridad de la noche y en las cercanías del bar que regenta, por temor a que se les confundiera con vándalos o vulgares graffiteros y hubieran de refugiarse a toda prisa de posibles increpaciones de sus conciudadanos. Luego prefirieron cambiar de estrategia: pedirían permiso a los propietarios de los muros y sólo intervendrían con su consentimiento. Así comenzó Acción Poética Tucumán, secuela tardía de la original Acción Poética nacida en Monterrey, pero cuya imparable popularidad amenaza con desdibujar en la memoria la fuente primera de su inspiración. Rápidamente el movimiento se extendió por toda Argentina, y luego por diversos países de Sudamérica. Parece ser, también, que ahora empieza a irrumpir por nuestros lares. 

El propósito de este movimiento podría quizá extraerse del lema que ya figura en los muros de tantas localidades: “Sin poesía no hay ciudad”. De él se desprende un nuevo concepto de lo que puede y tal vez debería ser una ciudad más allá de proyectos urbanísticos y planes de rehabilitación. Nada más trivial que la constatación de que nuestras ciudades, colonizadas por la jauría rugiente del tránsito rodado, los artilugios técnicos destinados a su regulación y el asalto constante de anuncios publicitarios apostados por cualquier rincón, se hallan desprovistas de toda poesía. Para estos ciudadanos amantes –que no adeptos, como reza otro de sus lemas– de la poesía, introducirla en ellas pasa por localizar muros y tapias anodinos, ocultar sus desconchones o sus herméticos ladrillos con una gruesa capa de pintura blanca, y escribir sobre ella, en letras negras, grandes, cuidadosamente perfiladas, siempre con una tipografía similar, escuetos versos que atrapen la atención de viandantes y conductores. Nunca más de ocho palabras, dicta la regla, en raras ocasiones transgredida, de manera que el verso pueda ser leído de un simple golpe de vista. Siempre firmadas por la rúbrica Acción Poética, seguida del nombre de la ciudad de la que proceden estos artistas callejeros, o tan sólo de las siglas que componen estos tres términos. El movimiento decora las ciudades con versos como “No el tiempo, sólo todos los instantes” que escribiera la elogiada poetisa Alejandra Pizarnik. O “Con los ojos cerrados y los sueños despiertos”, verso final de un poema del archiconocido Mario Benedetti. Sirve también para su objetivo el nombre de un viejo tango, “Todo te nombra”. O, sencillamente, versos anónimos, inventados por cualquiera, o de procedencia ya difícil de discernir, porque de ellos parecen haberse apropiado otras tantas personas anónimas que los integran en las creaciones que desperdigan por el cibermundo, como “Estamos a nada de serlo todo”, “Mi más sentido bésame” o “Extinguirnos a besos”. 


Trato de imaginar lo que debe de suponer habitar en una de esas ciudades en las que las palabras brotan de repente de los muros como flores intrépidas de una primavera llovida en tromba. Ser esa mujer que cada martes y cada viernes arrastra los pies camino al mercado entre casas de fachadas desgastadas que nunca reclaman una sola mirada. Ser el adolescente que cada mañana se dirige somnoliento hacia el colegio deslizando a tramos los dedos por muros de hormigón y paredes de ladrillo carcelario. Ser el conductor que, en su ruta hacia el trabajo, se abstrae, parapetado tras el parabrisas, de la fealdad del abandono reflejada en esas tapias ajadas que amurallan los recintos de tantos suburbios. O ser yo misma, quién sabe si algún día, deslizándome, al volante o lejos de él, junto a los muros que cotidianamente acompañan mis trayectos, y que no sin cierta dificultad alcanzo a ubicar en ellos cuando trato de evocarlos por su invariable tendencia a la invisibilidad. 


Y de manera por completo inesperada, en ese trayecto mil veces realizado, apenas ya percibido por mil veces repetido, en el que expectativas e inquietudes, voces radiofónicas o canciones tarareadas, silencios turbios o serenos vuelcan los ojos hacia adentro ante la ausencia de todo reclamo exterior, se presenta un buen día la sorpresa: la fachada antes descolorida, el muro desconchado, la superficie gris de cemento, convertidos en un lienzo en blanco sobre el que un puñado de palabras quiebran el hilo de los pensamientos, enmudecen el canturreo, despiertan del letargo. En esos muros destinados a ocultar, a dividir, a separar, de súbito la abertura hacia otro, la brecha por la que emerge la interpelación: “Mi más sentido bésame”. Y esa señora que arrastra los pies se detiene un instante, nota el calor de la rojez en sus mejillas al recordar algún amor de juventud demandando arrebolado sus besos, y reanuda su camino acompañada del rubor renacido de aquellos besos perdidos en la memoria. Lee el adolescente “Todo te nombra”, y mira a su alrededor con expresión seria, sintiéndose importante sin saber por qué, armado para afrontar el largo día con la solemnidad que destilan esas tres palabras. “Estamos a nada de serlo todo”, el conductor que primero frunce el ceño, luego sonríe escéptico, esta juventud, se dice, y que sin embargo proseguirá su ruta dando vueltas a miedos, carencias, deseos insatisfechos, y al tiempo que le resta para seguir siendo. 


¿Y yo? A mí me gustaría toparme con ese otro verso de Pizarnik que reza: “La jaula se ha vuelto pájaro”. Pienso demasiado en jaulas con sus barrotes, en cómo nos aprisionan y limitan el alcance de nuestros movimientos, en todas las cadenas que día a día maniatan nuestras rutinas a un áspero rosario de interminables obligaciones, de carreras y aspavientos impuestos que poco o nada se parecen a un gozoso batir de alas. Pienso en el mundo que se extiende más allá de esos barrotes y en la improbabilidad de llegar a transitarlo, confinada en este reducido perímetro de paredes construidas por horas y minutos rígidamente pautados. E imagino que, de toparme con ese verso, al continuar mi trayecto empezaría a pensar en el posible significado de ese trocar la jaula en pájaro. En cómo hacer para procurar, de ser ésta realizable, tan milagrosa transmutación. En los mecanismos que quizá lograran convertir esos mismos barrotes de tiempo que aprisionan bastaría con que sucediera de cuando en cuando en alas que se agitan sin más cortapisa ni más conciencia que la del aire que permite su vuelo. 


Pero también me conmovería encontrarme con este otro verso: “Escribo esta pared, es mi forma de tocarte”. Porque imagino de nuevo que, al leerlo, sentiría aliviarse la soledad de esos recorridos diarios que forman parte de mi particular jaula. Como si esas palabras, sólo por decirlo, tuvieran el poder de tocar a sus lectores como manos amigas. De descubrirles con ese contacto la existencia de seres anónimos dispuestos a regalar, a todos y a cualquiera, un pedazo de poesía que aliente sus caminos. De hacerles notar su cercanía, su voluntad de transfigurar el mundo que les es conocido en un lugar más habitable, gracias a la fuerza inconmovible de la palabra. De salvarles de un mundo que a menudo se impone terco y desabrido tan sólo con un escueto verso. 


Estén atentos. Quién sabe si cualquier día de estos no se les regala la sorpresa de encontrar, en sus propias ciudades, un muro antes invisible transformado en ventana que remueve y ensancha el horizonte. Si les ocurre, no dejen de decirme qué verso les ha tocado con sus dedos pintados de negro. 

13 comentarios:

El peletero dijo...

Ya en Pompeya encontramos graffitis de todas clases, querida Antígona:

http://es.wikipedia.org/wiki/Aerosol_(pintada)

Pero la tradición moderna de dejar sentencias anónimas, o no, poemas o frases ocurrentes en las paredes de las calles nace, básicamente, en París y su famoso mayo revolucionario:

http://www.dim.uchile.cl/~anmoreir/ideas/graffiti.html

Esta respetable tradición, pictórica y literaria al mismo tiempo, está estrechamente emparentada en otra de muy célebre, el cartelismo que hoy en día se ha visto, en parte, suplantada por las vallas publicitarias.

Pero siempre hay gente simpática y divertida que, sin ánimo de hacer filosofía ni de adoctrinar, nos hacen reír, al menos a mí sí.

http://www.tea-tron.com/nosomres/blog/

Ya le digo, mi más sentido bésame porque…

...desgraciadamente, o no, la poesía no nos salvará del mundo, incluso, quizá, ni falta que le hace, ¿no cree?

Dona invisible dijo...

Había visto alguna de estas pintadas en las redes sociales, pero no sabía que se tratara de todo un movimiento de fomento de la poesía en la calle. Tras tu exquisito escrito, me he empapado un poco más de todo este movimiento que pretende reivindicar el poder de la palabra (según yo lo interpreto) para la transformación. Y así transforman el paisaje urbano y a la vez reivindican la voz de los que no tienen voz (sic).
La palabra es un arma poderosa y es una herramienta básica para mí. Sin palabra no hay pensamiento ni diálogo ni transformación.
Desde luego que me sumo a tu sueño de verme reflejada en ese paseo y encontrarme con estos bellos mensajes a mi paso.

Un abrazo!

NoSurrender dijo...

Me parece una idea estupenda para hacer de nuestras ciudades ecosistemas más vivibles, doctora Antígona. En la mía manda aún la tradición horror vacui de colores de spray firmadas por chicos con problemas de autoestima. Ya lo creo que preferiría encontrar versos que me llevaran a un punto emocional o de reflexión que me acompañara al trabajo. La personalidad que tomaría cada puente, cada muro asomado al tráfico, daría un valor añadido a la convivencia cívica. Eso sí, tendríamos que tener cuidado de quién y cómo realiza las acciones poéticas, no sea que se nos cuelen irritantes mensajes de promoción municipal.

Creo que en mi ciudad hay muros estupendos para ciertos versos de Bob Dylan. “Tiene que haber una manera de salir de aquí, dijo el bufón al ladrón”, “algo está ocurriendo aquí pero usted no sabe lo que es, ¿no es así, señor Jones?”

Un beso, doctora Antígona!

Marga dijo...

El día internacional de la poesía un amigo me envió un enlace con varios "versos enladrillados" de Acción poética. Sabe de mis gustos por los grafitis literarios. Me encantó, como era de esperar...
- Por qué hemos tardado tanto en saber de ellos? le pregunté.
- Por la sencilla razón de que surgieron en latinoamérica, ya se sabe, la parte pobre e invisible de ese continente... (latinoqué?)

Y es curioso, esta mañana leyendo una entrevista a Ignacio Ramonet (el director de la versión española de Le Monde Diplomatique, por lo visto uno de los pocos diarios que consiguen mantener el prestigio de lo que hace años fue una profesión digna, bien pagada y dedicada a la información y no al chascarrillo. No sé, a decir de los periodistas. Izquierdosos, por supuesto)leía en ella que quizás habría que mirar más hacia Latinoamérica en estos momentos y aprender de ellos en sus relaciones con FMI y demás piratas. Complicado, pensé, cuestión de arrogancia y orgullo colonialista que aún colea, o al menos cierto paternalismo. Por no hablar de racismo puro y duro, directamente. En fins... que me voy por las ramas, jeje, pero me hace gracia que justo hoy tú saques el tema y hables de que esos versos andan traspasando sus fronteras y llegan hasta nosotros.

En cualquier caso yo escribiría también cualquiera de Pizarnik, o de Vallejo, de los Parra, y de esta orilla Gamoneda, Valente, Biedma... yo qué sé, hay tantos versos y poetas, ummmm, cientos!! Y Quevedo, nunca olvidar a Quevedo en esta lides!!
Pero no de Benedetti, ays, que me cansa (pobre, con lo majo que era). Jajajaja, eso, que me apasiona el tema y no lo dudes, si algún día viniendo a trabajar me encontrara esa sorpresa te escribiría rápidamente para enviarte una foto y compartir la alegría de un pedazo de instante, que no de tiempo.

Y es que para hacerme feliz basta muy poco, cachis.

Besos y muros!!!

TRoyaNa dijo...

Antígona,
qué bueno que traigas un texto cargado de luz y de esperanza;)

La poesía,ya lo dijo Gabriel Celaya," es un arma cargada de futuro".
Nuestras ciudadades,los cascos antiguos, ahora se pueblan de graffitis que a veces en mi opinión son obras de arte no siempre valoradas e incluso en algunos casos,lícitamente ultrajadas( http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/06/26/valencia/1340714287_416073.html )....

¿a qué tienen tanto miedo ??

La palabra escrita es revolucionaria,se cuela en nuestro pensamiento y tal cual has descrito en cada caso,aunque sea momentáneamente, nos transporta a otros lugares donde estuvimos o quisiéramos estar.

Me parece este lenguaje,el de los muros,una forma de expresarse que trasciende fronteras,que lejos de ser sofocado o censurado,es preciso facilicitar,tal cual el rap que nace de nuestros chavales en la calle,con o sin métrica o rima,con o sin bases,por algún lado ha de salir....más allá de su valor artístico,siempre cuestionable,hemos de encontrar la manera de posibilitar y encauzar,no de contener o reprimir.. a lo mejor es la única manera que les queda de protestar ante un panorama que poco margen les deja para la emancipación....

Ojalá me encuentre a mi paso con estos muros de la acción poética,estaría bien que si nos topamos con alguno,lo fotografiáramos y desde aquí naciera una reseña conjunta con esa recopilación...¿qué te parece la idea?
Un abrazo!





Antígona dijo...

Estimado Peletero, los hombres y mujeres de Acción Poética Tucumán, y de todas las Acciones Poéticas que, a partir de ella, han ido naciendo, no son graffiteros, o al menos no quieren serlo. De ahí que siempre pidan permiso a los propietarios de los muros donde imprimen los versos y que no hagan otra cosa que estampar versos en las paredes. Nunca dibujos, sólo versos.

Quizá debería haberlo mencionado en el post, pero a diferencia de lo sucedido en el Mayo del 68, se han desmarcado expresamente de cualquier reivindicación política. Lo único que pretenden es hacer llegar algo de poesía a la gente que circula por las calles. Hacer llegar algunos versos a personas que tal vez jamás hayan abierto un libro de poesía. Nada más. Ni nada menos.

Por lo poco que leí cuando andaba buscando algo de información para el post, la provincia de Tucumán ha sido una de las regiones más castigadas por la crisis económica en Argentina. La pobreza y el hambre campan a sus anchas por sus territorios. En esta situación, habría sido fácil llenar las paredes de protestas, de insultos al gobierno o de reivindicaciones. Pero Acción Poética pretendía hacer algo distinto. Ya sabe usted que la política divide, y aunque quizá algunos versos también lo hagan, no tanto si se desconoce su procedencia y éstos se presentan desnudos, tan sólo provistos de la fuerza de sus palabras.

Tal y como está el mundo, nada más urgente, para mí, que algo que nos salve de él. O, al menos, de la tristeza y el enfado que algunas de sus dinámicas nos producen. Entre los posibles instrumentos de salvación, la poesía siempre será bienvenida y celebrada.

Besos igualmente sentidos

Antígona dijo...

Hola, Dona. Yo supe de la existencia de este movimiento gracias a una compañera de trabajo, y me gustó tanto la idea que por eso me animé a indagar un poco. Me sorprendió muchísimo que este movimiento se haya expandido con tanta rapidez por Latinoamérica, y la verdad es que no me sorprendería que, como digo al final, cualquier día nos encontráramos con uno de estos murales por nuestras calles.

La verdad es que yo no sé muy bien qué reivindican o si es que reivindican algo. El hecho de que dependa de gente anónima lo convierte en un movimiento un tanto especial, sin manifiesto que lo avale ni intenciones claras que lo soporten. Pero sí me parece, como a ti, que en todas personas que lo forman habita una confianza en el poder de la palabra para humanizar las ciudades, para embellecer sus partes más abandonadas, para interpelar a sus habitantes o, simplemente, para despertarles una sonrisa o unas cuantas reflexiones. Y es posible, como le decía al Peletero, que éste sea, para muchas personas, el primer contacto con la poesía que han tenido en sus vidas y quién sabe si tal vez, a raíz de él, ya no el último. Me gusta la idea de que haya personas que lean versos de poetas famosos sin saber siquiera de la existencia de esos poetas y que puedan llegar a sentirse conmovidos o reconfortados con su lectura. Me gusta también la idea de que a cualquiera se le pueda ocurrir un verso y tenga la oportunidad de hacerlo llegar al mundo a través de una pared. Sin más pretensiones que ésa.

La palabra no sólo es un arma poderosa. Es el arma que nos convierte en los seres que somos, la que nos permite entender lo que nos sucede, la que nos abre a la posibilidad de interpretar una realidad que, en ausencia de palabras, carecería de todo sentido y de toda inteligibilidad. Creo que en todo ello ya se contiene una transformación. Hacerlo visible a través de unos cuantos trazos en un muro me parece una forma inigualable de recordarnos lo que, por tratarse para nosotros de una realidad tan trivial, tan fácilmente se nos olvida.

Y ya sabes, si algún día encuentras alguno de esos mensajes, no dejes de decirlo por aquí.

Un gran beso!

Antígona dijo...

Me alegro de que le guste la idea, doctor Lagarto. Pero no sea usted cruel con los graffiteros, hombre, que también hay graffitis que alegran la vista y el paseo, aunque la gran mayoría acaben al final cubiertos con rayajos o con otros graffitis que mejor podrían habérselos ahorrado los autores. Sin embargo, sí le doy la razón en que la cultura del graffiti se asocia al abandono y la marginalidad, antes a la idea de ensuciar una pared que a la de adornarla, mientras que las fotos de estas paredes pintadas de sobrio blanco para que resalten las letras negras me producen, por el contrario, una sensación de pulcritud que, lejos de ensuciar, antes parecen dignificar esos muros en algunos casos rodeados de escombros y suciedad.

¿Se imagina, todo un trayecto salpicado de diferentes versos que nos alejaran de las preocupaciones cotidianas o del malhumor matutino camino del trabajo? Quizá acabaran volviéndose invisibles a nuestros ojos a fuerza de cotidianidad, pero nada excluye que los versos fueran renovándose cada cierto tiempo, y así regalándonos nuevos motivos de emoción o reflexión. Está claro que la acción podría llegar a pervertirse, como bien apunta, y que los inocentes versos acabaran sustituidos por mensajes de promoción municipal o algo peor. Pero los muros siempre pueden volver a pintarse para deshacerse de mensajes indeseables, ¿no cree? Cualquiera puede llevar a cabo una acción poética en su ciudad. Lo bueno de este movimiento es que no pertenece a nadie.

Esos versos de Dylan me son muy queridos, así que me encantaría encontrarme con ellos por cualquier parte. Aunque ya sabe que, en principio, Acción Poética requiere versos más breves, de no más de ocho palabras, para que entren de un golpe por los ojos. Pero estoy segura que el movimiento bien puede incluir variantes.

Un beso, doctor Lagarto!

Antígona dijo...

Joder, niña Marga, y yo que no sabía que existía un día internacional de la poesía… ya me vale. Me ha encantado eso de los “versos enladrillados”, suena como a oxímoron, si el ladrillo es algo que cierra y el verso algo que abre.

Lo que me resulta más extraño es que apenas se tuviera noticia de la primera Acción Poética, la de Monterrey, más cuando he leído –pero hay pocas fotos por la red, no sé si será cierto– que en esa ciudad se llegaron a pintar unos quinientos versos. Obviamente, algo tendrá que ver que ahora vivimos en la era de los móviles con cámara, de internet y de las redes sociales, y la información se difunde con una rapidez impensable hace unos años. Quizá no hemos tardado tanto en saber de Acción Poética Tucumán, teniendo en cuenta que ésta se inició hace apenas unos meses, pero sí me sorprende que aquella primera iniciativa quedara olvidada y hayan tenido que transcurrir tantos años para que alguien se decidiera a reavivarla.

Creo que Ignacio Ramonet tiene toda la razón, más después de leer en “La doctrina del shock” cómo las ideas friedmanianas arrasaron la economía de los países latinoamericanos y descubrir que sólo gracias a su oposición a las políticas del FMI están saliendo del hoyo. No estoy muy al tanto de cómo se ha llevado a cabo esa oposición –tu amigo tiene toda la razón, Latinoamérica sigue siendo la gran olvidada–, pero imagino que, en algunos momentos, no les habrá salido gratis y que habrá tenido que sustentarse sobre una voluntad política tan firme como sólo puede serlo la que procede del hartazgo, la indignación y un “hasta aquí hemos llegado” en cuestión de humillación y miseria plenamente convencido. Pero el problema es que ahora no sólo está jugando sus cartas el FMI –que encima, aunque no sé si sólo de boquilla, parece moderarse en sus posiciones¬–, sino toda la Troika al completo y la señora Merkel a la cabeza, que ya no se corta ni un pelo en decir lo que le gustaría que el BCE hiciera aunque ello sólo favorezca a Alemania y perjudique a los países del sur. Y no me veo yo a nuestro señor presidente plantándole cara a la alemana, más cuando los intereses de ambos confluyen en no pocas cuestiones, aunque sea por razones distintas. En fin, que está el panorama cada día más negro y precisamente esa voluntad política que permitiría cambiar el rumbo de las cosas no parece asomar por ningún lado.

Desde luego, versos no nos faltarían. Todo lo contrario, nos faltarían muros en los que plasmar tantos versos que no merecen ser olvidados. De éste y del otro lado del charco. Y no, a Quevedo no hay que olvidarlo tampoco, que cada día que pasa está de mayor actualidad.

En la localidad donde trabajo es posible que se organice una acción poética. Si es así, tú serás la primera en conocer el resultado :)

Besos tamaño ladrillo!

Antígona dijo...

Jajajaja, Troyana, lo del texto cargado de luz y de esperanza, ¿lo dices porque mis post tienden a ser últimamente muy deprimentes? Ays, es que esto de la crisis me tiene absorbido el cerebro, debo reconocerlo.

No sabía de lo sucedido en Valencia, pero por lo que cuenta la noticia que enlazas, debe de ser que a alguien no le gustó en absoluto el mensaje que se contenía en ese graffiti, que sí debía de ser reivindicativo si se había inspirado en las protestas de las mujeres de los mineros.

¿A qué tienen tanto miedo? Pues imagino a que a un estallido social, dadas las consecuencias de las políticas que se están aplicando, y al hecho de que cada vez más gente sea consciente de que esto, más que una crisis, es una auténtica estafa. Lo raro es que no haya sucedido ya, pero la posibilidad de que ocurra si el nivel de miseria y desempleo sigue aumentando siempre estará presente en las mentes de los políticos. Y puede que un simple graffiti no vaya a incitar a una revolución, pero todo aporta y ayuda.

Como he dicho antes, Acción Poética pretende en principio alejarse de cualquier reivindicación política. Pero tienes toda la razón al decir que la palabra escrita sobre un muro, diga lo que diga, ya es en sí revolucionaria. Invita a pensar y a sentir, dos procesos sobre cuya base se desencadenan todas y cada una de nuestras acciones. Y nada más preciso que permitirse pensar y sentir, o verse incitado a ello de manera sorpresiva, para que nuestras acciones puedan introducir algún tipo de cambio en el mundo.

Por fortuna, este movimiento no está siendo censurado en Latinoamérica, al menos que yo sepa. Pero en el caso de este país y de los políticos que nos gobiernan, me parece difícil que las autoridades públicas decidan facilitar en lugar de sofocar o censurar la libre expresión sobre los muros de las ciudades. La libre expresión siempre es peligrosa –y de ahí el control que pretende ejercerse sobre los medios de comunicación–, más cuando no se conoce de quién proviene y a cuánta gente puede llegar. No sé lo que estará sucediendo si es cierto que acción poética está llegando ya a España. Probablemente dependa del grado de tolerancia que los ayuntamientos pretendan ejercer.

Tu idea me parece genial, Troyana. Ya te digo que no tengo muy claro si realmente se está dando acción poética por aquí. Pero si alguien se encuentra con algún mural, que lo haga saber y si juntamos varios, hacemos esa reseña, claro que sí. Como le decía a Marga, es posible que en la localidad donde trabajo tenga lugar una acción poética, aunque aún no es seguro. Os lo hago saber a ambas, con foto incluida, si realmente sucede.

Un beso y un abrazo!

El peletero dijo...

Por cierto, querida Antígona, hablando de poesía, de poesía directa y nunca mejor dicho, el otro día le envié a su correo una rosa de Sant Jordi, ¿la ha visto?

Antígona dijo...

Pues acabo de verla ahora mismo, estimado Peletero, que hacía muchos días que no habría ese correo.

Un rosa preciosa, y además, de las que nunca se marchitan. Es usted todo un genio de las ocurrencias.

Muchas gracias por su envío y besos sin dragón.

Fernando Ríos Ríos dijo...

GRACIAS!!!!!!!!!!!!!