jueves, 3 de julio de 2008

Perlas cultivadas (III): Lo femenino


Esta sección, largo tiempo dormida, despierta hoy con todo su ímpetu para presentaros unas "perlas" que tal vez muchos ya conozcáis, dado que han sido ampliamente difundidas por la red, pero de cuyo descubrimiento no podía dejar de hacerme eco en este blog. Los que lo seguís con cierta asiduidad comprenderéis por qué en cuanto sigáis leyendo. He aquí, queridos y queridas, estas preciadas, valiosísimas "perlas", que adornan los archivos de nuestra memoria histórica:
"Las mujeres nunca descubren nada; les falta, desde luego, el talento creador, reservado por Dios para inteligencias varoniles; nosotras no podemos hacer nada más que interpretar, mejor o peor, lo que los hombres nos dan hecho"

Tales palabras fueron escritas en 1942 por Pilar Primo de Rivera, hermana de Jose Antonio Primo de Rivera y fundadora en 1934 de la Sección Femenina, institución surgida desde la Falange y de la cual sería la única Delegada Nacional durante los 43 años de su pervivencia. Uno de sus pilares doctrinales consistía en la voluntad -¡atención!- de "dignificar" a la mujer: la Sección Femenina se erige en defensora de unos valores específicamente "femeninos" que deben dejar de menospreciarse socialmente para ser valorados en su justa medida. Su lema era: "Hay que ser femeninas y no feministas".


Nada mejor para dignificar a la mujer que empezar por reconocer cuáles son sus carencias con el fin de potenciar sus virtudes. ¿No sería ridículo que un elefante pretendiera caminar con la ligereza y elegancia de una gacela? Pues como esos elefantes torpones y ridículos debían de ser para Pilar mujeres como Cecilia Böhl de Faber, Lou Andreas-Salomé, Virginia Woolf, Jane Austen, Charlotte Bronté, Emily Dickinson, Sylvia Plath, Annaïs Nin o Marie Curie, por citar sólo unas cuantas de una lista que podría ser interminable, empeñadas en hacer uso de un talento creador del que carecían en lugar de limitarse a interpretar lo que los hombres les dieron hecho. Mejor o peor, claro. Ya se sabe que el arte de la interpretación es un asunto de mucha enjundia. Pero sigamos, sigamos interpretando, mal que bien, dado que, según Pilar, es lo único que las mujeres sabemos hacer:

"La vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera simular -o disimular-, no es más que un eterno deseo de encontrar a quien someterse. La dependencia voluntaria, la ofrenda de todos los minutos, de todos los deseos y las ilusiones, es el estado más hermoso, porque es la absorción de todos los malos gérmenes -vanidad, egoísmo, frivolidades- por el amor"


Esta otra perla apareció el 13 de Agosto de 1944 en la revista de la Sección Femenina "Medina", cuyo nombre hace referencia al Castillo de la Mota de Medina del Campo que Franco entregara a la Sección Femenina para sus actividades. Falta de todo talento creador, ¿qué otra cosa podría desear una mujer más que encontrar a un amo y señor al cual someterse, ofrecerse y del que depender, todo ello en aras del amor, el objetivo más alto que le corresponde? Queridas, admitámoslo ya de una vez: todo afán de libertad, igualdad e independencia no son más que simulaciones enmascaradoras de lo que en el fondo constituye, según proclama la Sección Femenina, nuestro auténtico deseo. Dejémoslo aflorar y pleguémonos a él si no queremos traicionar nuestra verdadera naturaleza y abocarnos así a la infelicidad. Como infelices seremos si no atendemos a las palabras del Padre García Figuer, publicadas el 12 de agosto de 1945 en esta misma revista:

"La mujer sensual tiene los ojos hundidos, las mejillas descoloridas, transparentes las orejas, apuntada la barbilla, seca la boca, sudorosas las manos, quebrado el talle, inseguro el paso y triste todo su ser. Espiritualmente, el entendimiento se oscurece, se hace tardo a la reflexión: la voluntad pierde el dominio de sus actos y es como una barquilla a merced de las olas: la memoria se entumece. Sólo la imaginación permanece activa, para su daño, con la representación de imágenes lascivas, que la llenan totalmente. De la mujer sensual no se ha de esperar trabajo serio, idea grave, labor fecunda, sentimiento limpio, ternura acogedora"


Vaya, yo no sé, pero parece que para este piadoso Padre, tan preocupado por la salud de la mujer, la sensualidad en ella -¿valdría decir la sexualidad?- no es más que una enfermedad con síntomas ciertamente peculiares y preocupantes que afectan tanto a su cuerpo como a su alma. ¿Será la oración la medicina para acabar con toda inclinación a la sensualidad? ¿O tal vez el sano cultivo del cuerpo? Esto es lo que podría sugerir la siguiente "perla", aparecida en marzo de 1951 en otra revista de la Sección Femenina llamada "Teresa", obviamente en honor a su patrona Santa Teresa de Jesús:

"Una mujer que tenga que atender a las faenas domésticas con toda regularidad, tiene ocasión de hacer tanta gimnasia como no lo hará nunca, verdaderamente, si trabajase fuera de su casa. Solamente la limpieza y abrillantado de los pavimentos constituye un ejemplo eficacísimo, y si se piensa en los movimientos que son necesarios para quitar el polvo de los sitios altos, limpiar los cristales, sacudir los trajes, se darán cuenta que se realizan tantos movimientos de cultura física que, aun cuando no tiene como finalidad la estética del cuerpo, son igualmente eficacísimos precisamente para este fin"


Pero, ¡claro!, ¿cómo no habíamos caído antes en la cuenta? ¿A qué perder el tiempo yendo a la oficina, dirigiendo una empresa, conduciendo un autobús, tecleando en el ordenador o mucho menos, acudiendo a un gimnasio? Para estar guapas y esbeltas, que es lo que realmente importa a la hora de encontrar a quien someterse, nada tan eficaz como dedicarse de lleno a las faenas domésticas. ¿Que tus carnes empiezan a mostrar signos de flacidez? Rápido, ¿a qué esperas? Ponte de rodillas y empieza a abrillantar el suelo, que seguro que lo tienes hecho un asco y a tu maridito no le gusta nada, como tampoco tus carnes flácidas. ¿Pero es que nadie te enseñó en el colegio cuál es tu auténtica misión en la vida? Pues mira qué clarito lo decía el libro para primer curso de Bachillerato de "Formación Político Social" editado por la Sección Femenina en 1962:

"A través de toda la vida, la misión de la mujer es servir. Cuando Dios hizo el primer hombre, pensó: "No es bueno que el hombre esté solo". Y formó la mujer, para su ayuda y compañía, y para que sirviera de madre. La primera idea de Dios fue el "hombre". Pensó en la mujer después, como un complemento necesario, esto es, como algo útil"


Nuestra misión, queridas lectoras de este blog, es, simple y llanamente, servir. ¿Y qué es algo que sirve para algo? Pues no hay duda alguna: un objeto útil, útil para ayudar y acompañar al hombre, útil para parir futuros hombres así como futuras siervas que sigan ayudándolos y acompañándolos. No en otro lugar reside la clave de nuestra dignidad: que asumamos nuestra condición utilitaria, sabiamente dictada por el todopoderoso, en tanto su idea primera, el hombre, necesitaba de un complemento para no sentirse solo. Y no siendo más que un ente útil y complementario del hombre, cuya finalidad originaria estriba en ponerse a su servicio, es lógico que aceptemos igualmente que no somos más que una propiedad suya, como lo eran los esclavos de los hombres libres. Así lo enseñaba a la mujeres españolas el manual de Economía doméstica para Bachillerato, Comercio y Magisterio que la Sección Femenina editó en 1968:

"Cuando estéis casadas, pondréis en la tarjeta vuestro nombre propio, vuestro primer apellido y después la partícula "de", seguida del apellido de vuestro marido. Así: Carmen García de Marín. En España se dice de Durán o de Peláez. Esta fórmula es agradable, puesto que no perdemos la personalidad, sino que somos Carmen García, que pertenece al señor Marín, o sea, Carmen García de Marín"

Afortunado este señor Marín, ¿verdad?, al que además de su casa, su coche, su dinero y sus calzoncillos, también le pertenece su mujercita Carmen García. Como afortunada debe de sentirse Carmen García por pertenecer a su maridito y haber pasado de ser un perro sin amo a disponer de un dueño que la cobije y proteja en su hogar, resguardándola de la intemperie. ¿Que a cambio Carmen debe someterse a él? Bueno, ¿no es eso lo que, según se ha dicho, representa su más auténtico deseo? Seguro que, aunque Carmen no ladre, le lleva gustosa las zapatillas cuando el señor Marín vuelva a casa cansado de trabajar.

Por no alargar demasiado el post, obvio otras "perlas" que también merecerían figurar aquí y os remito a un último texto que ya recogió en su blog el veí de dalt, también editado por la Sección Femenina, sobre el correcto comportamiento de una mujer con su marido. Advierto que es un texto no apto para estómagos delicados. Luego no me digáis que no os avisé.

Algo me inquieta profundamente de todas estas perlas. Quienes leyeron las revistas Medina y Teresa, quienes estudiaron en los colegios los manuales de Bachillerato citados, son una franja de mujeres que actualmente rondará entre los cincuenta y los noventa años. Mujeres que han educado a otros hombres y mujeres que, si bien habitan una realidad social cada vez más dispar con respecto a la que ellas vivieron, han crecido en hogares en los que la compresión del papel de la mujer y de su relación con el hombre transmitida por estas perlas, de una manera más o menos patente, o lo que es aún peor, más o menos larvada, no podía dejar de estar presente.

¿Sería sensato pensar que las notorias transformaciones sociales de las últimas décadas habrían logrado eliminar todas y cada una de las improntas, leves o no tanto, labradas por esa educación? Personalmente creo que no. Ni aun con la voluntad más consciente y decidida para ello. Porque si bien la verdadera revolución es la que se da en las conciencias, sus estratos más subterraneos no resultan fácilmente accesibles ni se dejan transformar con la misma rapidez que los más superficiales. Una revolución radical de las conciencias requiere, además de esfuerzo, tiempo. Eso sí: para promover la venida de ese tiempo, creo que sólo nos cabe seguir, entre todos, reflexionando, revisando y ahondando en nuestras conciencias.

32 comentarios:

C.E.T.I.N.A. dijo...

La educación que recibieron las mujeres de mi generación es infinítamente más restictiva que la que recibimos los varones. Supongo que debido a ese lavado de cerebro que sufrieron nuestras madres ya desde la escuela.

Espero que la famosa asignatura de Educación para la Ciudadanía tenga una repercusión similar en las futuras generaciones. Si es así seguro que viviremos en una sociedad mejor.

Salu2

P.d. Lo que no entiendo es que sabiendo que eso pasaba en nuestro país hace solo 35 años mucha gente en nuestro país se atreva a criticar las costumbres de los países islámicos. ¿Cómo si aquí fuésemos el colmo de la modernidad!

DELIRIUMTREMENDS dijo...

Me ha dolido todo, pero especialmente lo de la mujer sensual, esa que no es válida para ninguna otra tarea que no sea la de sacar partido de esa sensualidad y punto.... No se en qué pensaba esa persona cuando lo escribió, ni de donde mamó esa mierda tan grande... vamos a ser benevolentes, pensar que quizás estuviera fuera de lugar, que no regía, que no estaba en su sano juicio, vamos...
Parece mentira que hayan pasado sólo esos años y que todo haya cambiado tanto... y bueno, los cavernícolas eran de otra era... si te los encuentras, hazles lus de gas, y punto, que yo haré lo mismo.
Un besazo fuerte, ando desconectada... las vacas... y mas cosas, pero me alegro mucho de verte, aunque veo que me he perdido muchos posts... y me siento refatal... Cuando pueda vuelvo, y leoyleo.
Ah, ya es julio... hace mi piscina una tarde?????¿¿¿¿¿¿¿¿ PLEASE, DARLING, IM WAITINGGGGGG¡¡¡¡¡

Margot dijo...

Ays, jesusito de mi vida... que me he mirado en el espejo y tengo las orejas transparentes!!!

Valé, sé que es serio, que no ha transcurrido lo suficiente como para darlo por superado, ni por asomo!, que ese tipo de educación es tan tóxica como los vertidos químicos y puede que en la superficie lo veas todo limpito pero ay de ese subsuelo!, que lo mamamos todos y eso arrastramos, que de pronto un día te surge un ramalazo petardo y te preguntas que de dónde narices vendrá, que no tenemos memoria colectiva y parece que nunca sucediera pero... no me digas que no es para partirse de risa!! o vale, para liarse a cañonazos... o coñonazos, eso!

La propaganda del régimen... tiempos tristes y casposos, ufff. Delimitamos entre política, con esa señora tan maja, y religión, con ese cura tan simpático? Porque podemos reirnos pero os aseguro que la iglesia, esa que educa a muchos, pero muchos, de los vástagos en catequesis, o propone cursillos matrimoniales antes de pasar por vicaría, sigue transmitiendo los mismos valores... de forma menos burda, no digo que no, pero la misma intención. Así que, si lo piensas bien, da poca risa el temita, al menos en este país, donde su poder sigue siendo tan visible y socialmente valorado aunque se limite a las celebraciones.

No, ya no me río tanto...

Un besote, Antígona cañera!!! aquí la única perla eres tú... corasao.

K dijo...

Estoy contigo en el último tramo del post (bueno, en todo, pero mi comentario está dirigido ahí). No hace tanto tiempo de esas enseñanzas, y están vivas en las mujeres que nos han educado; hay muchas cosas que no han cambiado tanto. El otro día mi madre me decía que "ahora" tenía que aprender a cocinar bizcochos para "conquistar". La intención latente era esa exactamente: no vaya a ser que se te escape, tienes que hacer méritos. O algo así. Me hizo gracia porque esa larva, me parece, no entrará en mí. Quizás el problema es que yo no tendré hijas a las que intentar transmitirles mi propia larva, porque ya no creo que la meta de la vida de una mujer sea ser madre, aunque la de muchas lo sea (y menos mal para la especie...)

En fin. Que esas ideas todavía flotan en el aire, en muchas conversaciones, en muchas miradas críticas, en muchas opiniones inocentes (y aparentemente inofensivas). Es bueno, como tú bien dices, ser conscientes de ello, para no permitir que se sigan propagando. No olvidar dónde está la verdadera igualdad.

De todos modos, la frase de la Primo de Rivera me gusta. Ser femenina no tiene nada de malo. ¿No? Ay, dios, qué lío :p

Arcángel Mirón dijo...

Se nota que el Padre García Figuer pensaba con insistencia en las mujeres sensuales.

Antígona, estas cosas me sublevan. Y lo peor es que son antiguas pero vigentes en ciertos rincones. "Bueno, el hombre tiene necesidad de ser infiel, a un hombre se le puede perdonar la infidelidad", es un ejemplo. "Yo no entiendo de fútbol porque soy mujer" (a ver, linda, no entendés de fútbol porque no entendés de fútbol; punto).

Así, miles. Hoy. En julio de 2008.

carrascus dijo...

Por lo que leo en los comentarios y, sobre todo, por lo que dicta el sentido común, todos estamos de acuerdo en valorar negativamente esas enseñanzas que le daban a nuestras madres y abuelas. Pero me está dando la impresión de que estais siendo algo duros con ellas, o que al menos no les estais dando el voto de confianza que creo que se merecen y que se han ganado con creces.

Viendo este post tan fantástico como siempre de nuestra amiga Antígona, estamos tropezando con un anacronismo básico, el de creer que nuestros mayores eran como nosotros, solo que vestían de forma diferente. Nos creemos que lo que se sabe ahora se supo siempre cuando en realidad es la consecuencia del doloroso aprendizaje de nuestras madres y abuelas, que si saben que ciertas opciones son malas es porque vieron lo que le pasó a la última persona que intentó ejercer esa opción.

Nosotros ahora vemos todos esos sucesos con el filtro de saber como terminaron, sin pensar que para ellas ese final estaba oculto y tuvieron que verlo desarrollarse desde un principio que ellas no llegaban a entender completamente.

Pero cambiaron los tiempos, y ellas aprendieron. Se sentaron ante el televisor, eso que tantas veces llamamos “caja tonta” pero que tanto hizo porque nuestras madres y abuelas viesen que había otro mundo al margen de la Sección Femenina. Vieron que sus hijas se "arrejuntaban" sin pasar por la iglesia y les iba bien; vieron que las hijas que se casaban se separaban de sus maridos y seguían adelante; vieron que sus hijas estudiaban carreras universitarias y se movían por el mundo a la misma altura que sus hijos. Y yo, al contrario de lo que algunos han comentado antes, no creo que quede secuela alguna (¿algún pequeño residuo testimonial puede ser una secuela seria?) en la mentalidad de nuestras mayores.

Me podeis poner los ejemplos puntuales que querais, pero ¿pensais que la mayoría de ellas se asombra de ver los nuevos modelos de familias, de costumbres, de comportamiento, que hay ahora mismo…? Supongo que mi familia será tan representativa como la de cualquier otro; y yo puedo decir que no.

Repito; todo esto queda como un anacronismo, representativo de una época que ya pasó hace muchos años, y de la que quedan menos rescoldos de los que pensamos. El mundo es siempre desde hoy en adelante, y nuestras madres y abuelas son tan conscientes de ello como nuestras hijas.

El veí de dalt dijo...

Antígona (que no Antigua, ¿verdad? ;-)
Gracias por la cita. Conocía toda esta suculenta literatura dogmática a que haces alusión. Me sonrojo de verguenza de pensar como "machacaron" a nuestros madres y abuelas esta gentuza que mandó en este país durante tantos años. Es evidente que tanto adoctrinamiento hizo mella en el conjunto general de la sociedad. ¿Cómo iba a ser de otra manera, si a la mínima que mostrabas un ápice de independencia y espítiru contestatario te sacudian, insultaban. marginaban, vilipendoaban, encerraban o directamente, torturaban? ¿Qué voy a contaros que no sepais las mujeres? Siempre intento en situaciones así, salirme por el lado irónico del tema, como cataplasma a la barbarie "intelectual" (¿?) de Primo de Rivera y perlas por el estilo. Evidentemente los 50 ya no eran los 60, ni mucho menos lo 70. Y en las ciudades se respiraba otro aire más disolut que en lo rural. Pero sigo pensando que muchos signos de intolerancia (en hombres y mujeres) que se ven per doquier en temas de relación de pareja, sexo, amistad,...beben todavía de aquellos años. Es más, mira que te digo; en una època de clara libertad sexual com la que hay ahora, observo en muchos jóvenes una tendencia a lo "clásico" (no digo a la beatería; pero si al conformismo de los roles tradicionales) entre hombre y mujer. Quizás es que soy un utópico... Habrá ma´s razones, claro. Entonces, en los 50, estaba la Pilar Primo. Ahora tenemos a Tele 5, la COPE, El Mundo, Esperanza Aguirre o Aznar. No es lo mismo, ya lo sé, pero veo un fino hilo conductor entre discursos del PP (¡a quien vota media España!) y los que emitían los oligarcas del franquismo. A veces, me recuerdan los del mismo Gil Robles de la CEDA del 36! ¿Me he pasado? No, para nada.
Si tienes lectores del PP en tu blog que no se ofendan (o sí). En todo gran colectivo hay matices; pero el sustrato es lo que es. Y no puedo con él.
¡Vaya rollazo te he pegado! ¡Y eso que a mi me va la ironía! Otro día, te cuento un chiste. ¿Por cierto, ya has limpiado las ventanas y has planchado la ropa? Piensa que es una gimnasia ideal para tu cuerpo. Que debe ser un cuerpo serrano, seguro... (piropo hispánico al uso). Un besazo!

Mityu dijo...

Tal cúmulo de sandeces quedan como vestigios de historia oficial, en su momento aceptada, aplicada, y grabada, que no encuentro especialmente peligrosa las secuelas de estas ideas. Tal vez porque resultan tan absurdas que ni el adocenamiento más grande podría soportarlo. Otra cosa es que en el pecho de muchos seres ya haya una parcela dispuesta a ser sembrada por esta o hierbas similares. El peligro siempre fue, siempre es.

En cuanto a la asignatura que está a punto de irrumpir sin remedio... desconfío grandemente, por no explayarme en otros términos.

Demasiados días sin leerte, querida Antígona. No podía ser.

Besos enfáticos, que te desean un buen verano y sin duda merecido descanso

troyana dijo...

Querida Robespierre, el post como te puedes imaginar, me ha encantado,aún conociendo ya algunas "perlas" que como dices, han sido divulgadas por la red.

Incluso con mi natural indómito y optimista,creo que esos ideales todavía se dejan sentir en nuestros días y que desgraciadamente al menos en España,hoy por hoy, no hablamos sólo de historia.Estoy de acuerdo especialmente con Margot,con K, y con el Veí de Dalt.
Las mujeres que hoy día no responden a las expectativas sociales que se sustentan sobre el rol más tradicional,asignado durante decadas(casarse,parir....etc) todavía despiertan recelo cuando no incomprensión o cierto rechazo en los sectores sociales más convencionales o reaccionarios, ojo, no precisamente exclusivos de un determinado talante político,por desgracia.

Así que estoy contigo Antígona en que pese a las transformaciones sociales habidas y las que quedan por venir,no podemos dormirnos en los laureles,cambia tú y cambiarás el mundo,dicen,pues a cada cual le corresponde reflexionar, revisar y ahondar como dices en su conciencia.
Después de todo, la única tarea de la mujer y el hombre o viceversa, es conducir su vida con libertad,sin dañar a terceros y a ser posible sin la obligación subyacente de responder a ningún tipo de rol o papel preasignado o preestablecido,aunque esta tarea desde luego no sea siempre un camino fácil ni esté exento de obstáculos o resistencias más o menos sutiles o manifiestas.
Un abrazo y que sepas que ese cerebro tuyo al menos hoy, me tiene completamente ganada.

Posdata:La suerte que me enviaste por cierto para las pruebas de la bolsa,dió su fruto, aprobé todo,muchas gracias.Tendremos que celebrarlo con el desaparecido Cosaco,no crees?

NoSurrender dijo...

Supongo que no podemos evitar que nos alcancen ciertos “dejes” de aquella educación, aunque sea a un nivel muy subconsciente, doctora Antígona. Creo que, en este sentido, el hecho de que el Estado permita y financie colegios de chicos y chicas separados, no ayuda nada.

Pero, en cualquier caso, la señora Primo no invent nada. Todo está bien clarito en la tradición católica. Y le recuerdo que la Iglesia Católica sigue siendo igual de legal y que las Biblias se venden en las librerías sin pegatinas del tipo “sólo para mayores de 18 años. La lectura de estas páginas puede herir su sensibilidad”

Por cierto, adivino entre líneas unas perversiones sexuales de lo más explícitas entre esas “perlas”. Gente obsesionada con la lascivia y la sumisión, sobre todo. Qué miedo dan, oiga.

Por cierto, qué poco femenina está en esa foto la señora Primo. Seguro que hacía poca gimnasia casera.

Un beso, doctora Antígona!

Antígona dijo...

Bueno, C.E.T.I.N.A., si te refieres a que las mujeres hemos sido educadas para asumir más limitaciones que los hombres, o a que no hemos sido impulsadas a movernos por el mundo con la misma libertad que los hombres, en efecto, es así. A fin de cuentas, muchas de nuestras madres han vivido una vida fundamentalmente doméstica, con escasa proyección pública, y aunque explícitamente se nos dijera, según el nuevo curso de los tiempos, que debíamos esforzarnos por tener una carrera y ser independientes, no es tampoco de extrañar que, al mismo tiempo, nos transmitieran otro tipo de mensajes contradictorios con aquél. Me temo que no podían dejar de imponernos su propia visión del mundo, como nadie puede hacerlo, mediada tanto por esa educación como por su propia experiencia vital.

Difícil anticipar cuáles serán las repercusiones de la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Sobre todo porque una o dos horas a la semana resultan muy poco en comparación con la realidad que se mama día a día en cada casa, que es donde verdaderamente se forman y educan los individuos. Ahora, también creo que cualquier granito de arena introducido para combatir aquella educación tradicional y promover la igualdad de hombres y mujeres debe ser bienvenido.

Y no, desde luego que en nuestro país no somos ni podemos ser modelo de modernidad alguno. El peso de la iglesia en nuestra historia e incluso en la actualidad lo impide. Muchas cosas tienen que cambiar también en este terreno.

¡Un beso!

Antígona dijo...

Ay, Delirium, es que ya sabes que la iglesia no ha sido nunca muy tolerante que digamos ni con la sensualidad ni con la sexualidad, en la que sólo ha visto fuente de pecado. Y mucho menos con la de las mujeres, secularmente proscrita y negada para limitarla al ámbito del matrimonio y así permitir al varón disponer del control de su descendencia y, con ello, de la transmisión de sus bienes a sus legítimos herederos.

Así que no creo que el religioso que escribió aquel texto no estuviera en su sano juicio. Simplemente por su pluma hablaba el modo en que la iglesia lleva desde siempre entendiendo cuál es la función social de la mujer, a sus ojos en peligro si se permite su liberación sexual y toda la serie de liberaciones que a partir de ella se generarían.

Determinadas cosas han cambiado mucho, sí, eso en innegable. Pero diría que esas ideas cavernícolas circulan más de lo que nos atrevemos a reconocer, sobre todo a nivel inconsciente. Son esas ideas las que hay que seguir desenmascarando y combatiendo.

Yo también me alegro de verte por aquí, Delirium. Pero no te sientas refatal, mujer, que ya sabemos que nunca hay tiempo para hacer todo aquello que nos apetecería.

Mi mes de julio anda un poco más complicado de lo que me esperaba, ya te cuento con más calma. Pero, con un poco de paciencia, todo llegará ;)

¡Un besazo, niña!

Antígona dijo...

Dios mío, Margot, ¡eso es grave! Que no se te olvide pasar por el confesionario cuanto antes, que creo que necesitas un poco de dirección espiritual en tu vida :P

Fuera coñas, para mí es obvio que la superación de todas esas rémoras del pasado necesita de más tiempo, dado que ese pasado es aún demasiado reciente y no puede haber dejado de calar en todos nosotros, hombres y mujeres, de un modo más profundo del que probablemente imaginamos. El subsuelo, sí, es el problema fundamental. Ese subsuelo que, inconscientemente, nos hace adoptar actitudes que conectan directamente con ese pasado que conscientemente rechazamos. Un subsuelo del que brotan ramalazos petardos, deseos, expectativas, que no siempre estamos en disposición de poner en cuestión hasta que un buen día las circunstancias, o las contradicciones que nos producen, nos llevan a examinarlos. Porque el subsuelo no es sólo individual, claro, sino colectivo, y aún flotan en el ambiente demasiados mensajes, demasiadas consignas, más o menos sutiles, que siguen imponiendo una visión y una valoración diferenciadora de lo que significa ser hombre y lo que significa ser mujer en este mundo.

Desafortunadamente, como dices, la iglesia es en todo esto no una rémora del pasado, sino del más puro y vivo presente que, en efecto, con un lenguaje menos burdo, mantiene sin embargo las mismas intenciones. O al menos la iglesia más ortodoxa, que es la que impera en este país, puesto que también hay que reconocer que dentro de ella ha habido movimientos –como el de la teología de la liberación- radicalmente críticos con sus propios supuestos y, en consecuencia, con el de la diferenciación de roles hombre-mujer. Ahora, mientras no sean este tipo de movimientos los que se impongan, y no parece que aquí vaya ése a ser el caso, nada más perverso que dejar en manos de la iglesia la educación de los futuros hombres y mujeres de este país. Y parece que en este tema, en muchas comunidades, vamos en claro retroceso, para desgracia de la enseñanza pública y laica. Lamentable hasta decir basta.

¡Un gran beso con orejas transparentes! ;)

Antígona dijo...

Ay, K, si es que las madres sólo quieren en el fondo lo mejor para nosotras, pero su idea de lo mejor está anclada en un mundo que no es ya el nuestro, o que no queremos que sea el nuestro. Y aprender a cocinar bizcochos no es obviamente malo en sí mismo, claro. Pero sí probablemente lo que hay detrás de ese consejo, que es la idea, que ellas recibieron, de que una mujer debe conquistar a un hombre por el estómago –y no, por ejemplo, por su inteligencia u otra suerte de valores- o de que esa conquista es su principal objetivo en la vida y ningún esfuerzo es demasiado por hacerla perdurar. Aunque tampoco creo que la perversidad de esas ideas se encuentre en ellas mismas, sino en su presentación como modelos únicos que toda mujer debe interiorizar por mor de su felicidad. En fin, yo, que las tres veces que he intentado hacer una tortilla de patatas el experimento ha acabado en catástrofe, me temo que lo tendría más que crudo si actualmente los hombres sólo valoraran en una mujer su capacidad para hacer buenos guisos ;)

A mí las que me preocupan no son esas larvas que una reconoce fácilmente para distanciarse sin problema de ellas, sino esas otras que se nos cuelan de manera acrítica, o las que en un momento dado nos influyen precisamente porque, como dices, flotan en el aire de mil formas distintas –pensemos, por ejemplo, en la publicidad, que sigue siendo tremendamente sexista- y pueden acabar haciendo mella por su mera y constante presencia.

¿Ser femenina no tiene nada malo? Mujer, pues depende de lo que se entienda por ser femenina. Si ser femenina significa tener que estar constantemente preocupada por el aspecto físico de una, por ejemplo, o sentirse frustrada por no haber cazado al príncipe azul, entonces no quiero ser femenina en absoluto. En realidad, quisiera ser tan femenina como masculina en el sentido de poder adoptar los valores más positivos asignados a ambos sexos, lo cual significa, en definitiva, abocarlos a su indistinción. Ahora, te aseguro que cada vez que me viene la regla, preferiría haber nacido hombre :P

¡Un beso, guapa!

Antígona dijo...

Sí, Arcángel, seguro que al padre García no se le iban de la cabeza esas mujeres. La descripción que hace de ellas es tremenda. Hasta podría pensarse que se corresponde con la de una mujer “poseída” por las fuerzas pecaminosas del mal, ¿no crees?

Y no me extraña que tales cosas te subleven. Que muchas mujeres asuman con tal facilidad, sin percatarse de las limitaciones que suponen para ellas, toda esa serie de tópicos que mencionas, no hace sino frenar la labor de muchas otras para que mujeres y hombres sean medidos con el mismo rasero, tal y como corresponde a su condición, ante todo, de personas.

¡Un beso!

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Bueno, amigo Carrascus, me temo que una vez más no vamos a estar de acuerdo :)

Francamente, no creo que aquí nadie esté tratando con dureza a nuestras madres ni a nuestras abuelas, ni tampoco que se les esté negando ese voto de confianza que se merecen. El post simplemente tenía como objetivo señalar que, al menos en este país, hace todavía muy poco tiempo se adoctrinaba a mujeres aún hoy vivas en una determinada visión de sí mismas y de su papel con respecto al hombre que, sólo por el hecho de haber mamado e interiorizado, no han podido dejar de transmitir a las siguientes generaciones. Las generaciones que, en buena medida, somos todavía nosotros mismos.

La cuestión no es, desde luego, culpabilizar a nadie. Tan víctimas fueron ellas de su educación como nosotros de los restos que de ella puedan quedar en la nuestra. Y, personalmente, estoy convencida de que esos restos siguen ahí, en el lenguaje que manejamos, en actitudes que sin darnos cuenta adoptamos, en determinados automatismos, en valoraciones que hacemos sin la suficiente reflexión sobre los referentes que las enmarcan y las hacen posibles. Creer que han desaparecido implica, a mi modo de ver, no atender en su justa medida al hecho de que nuestras conciencias son básicamente históricas, y que su constitución refleja invariablemente el contexto histórico en el que se han formado.

Adaptarse a los tiempos que corren, aceptar, como dices, los nuevos modelos de familia, no significa necesariamente abandonar toda una serie de aprendizajes, tanto académicos como vitales, que han forjado los parámetros desde los que interpretamos la realidad. Eso, sencillamente, requiere más tiempo. Además de un contexto adecuado que refuerce el nuevo estado de cosas que se pretende alcanzar y que, según creo, aún está por llegar. Basta ver, por ejemplo, de qué hablan las miles de revistas femeninas existentes en la actualidad –belleza, moda, amor- para darse cuenta de que aún hay mucho por cambiar.

Chicas de 16 o 17 años aún se quejan de que en sus casas las obligan a colaborar en las tareas domésticas mucho más que a sus hermanos, como también de que, cuando empiezan a salir por la noche, se les fija una hora de llegada mucho más temprana que a ellos. Perciben claramente que de ellas, en determinados terrenos, no se espera lo mismo que de sus hermanos. Y ello aun cuando ya nadie en sus casas cuestione que deban formarse académicamente y desempeñar una profesión como cualquier hombre. Hace poco una de ellas me justificaba ese trato desigual en lo que compete a las laboras domésticas diciendo que las mujeres, “por naturaleza”, estaban mejor preparadas para limpiar que los hombres. Esa idea sólo la ha podido extraer tanto de lo que se le enseña en su casa, o no se le enseña pero ve en ella –y no hay que olvidar que una parte muy importante del aprendizaje se da por imitación-, y de lo que la publicidad de los productos de limpieza, mayoritariamente destinada a la mujer, le refuerza día a día.

No creo por ello que todo lo que aparece en este post merezca ser calificado de anacronismo. Sí, indudablemente, en el modo en que todas esas consignas se expresaban hace cuarenta años. Pero no en lo relativo a la influencia que esa ideología, dominante en esta sociedad no hace tanto tiempo, pueda seguir ejerciendo sobre nuestra actualidad.

¡Un beso!

Antígona dijo...

Para mí, Veí, también está claro que esos signos de intolerancia a los que aludes aún siguen presentes en muchos ámbitos, y especialmente en los que mencionas de las relaciones de pareja, del sexo o de la amistad. ¿Cómo podría ser de otra manera? A las niñas de mi generación aún nos machacaron incesantemente con la idea del príncipe azul, cuando supongo que vosotros nunca oísteis hablar de ninguna maravillosa “princesa rosa” a la que dedicar nuestra vida. De pequeñas jugábamos con Nenucos y muñecos por el estilo a entrenarnos en nuestro futuro papel de madres, mientras vosotros jugabais a la guerra y a la acción con los Geypermans y pensabais que los Nenucos eran cosas de niñas. ¡Y a mí hasta me regalaron una lavadora que lavaba con agua y jabón la ropita de mis muñecas! ¿Es posible entonces que hombres y mujeres tengamos las mismas expectativas o deseos en lo relativo al amor, a las relaciones de pareja, al sexo, o a la maternidad/paternidad? Yo diría que, en general, no. Y menos cuando las leyes, en lo relativo a la custodia de los hijos, por ejemplo, o a los permisos de maternidad/paternidad, aún siguen fomentando la idea de que los hijos son, prioritariamente, asunto de la madre, y sólo de forma secundaria del padre.

En cuanto a los entes políticos o mediáticos que mencionas, diría que sus actitudes conservadoras tienen que ver no tanto con sus ideas políticas como con su conexión con la iglesia, que es el principal bastión en la defensa de una idea de la familia y de los roles que a sus miembros les competen aún anclada en el pasado.

¿Que si he limpiado las ventanas y planchado la ropa? Uff, quita quita, qué pereza. Además, a mi cuerpo serrano no le hace falta ninguna gimnasia para conservarse tan serrano y lozano como ha sido siempre. ¡Que no te quepa ninguna duda! :P

¡Otro besazo!

Antígona dijo...

Querida Mityu, no puedo entonces más que remitirte a lo que ya le decía al amigo Carrascus, a saber, que si uno observa detenidamente la realidad, puede comprobar cómo estas ideas no son sólo un vestigio de la historia oficial, sino una realidad que aún se prolonga en el tiempo, aun cuando con maneras menos groseras y más sutiles. Y muchos de los comentarios que aquí se han dejado así lo revelan.

Tal vez a nosotros, a nuestra generación, tales ideas, así expresadas, puedan resultarnos absurdas e intolerables. Pero cuentan con el apoyo de una tradición milenaria incuestionable que difícilmente puede desaparecer de un día para otro, por más que nos empeñemos en creer que sí.

Sin ir más lejos, mi madre, que no tiene todavía setenta años, aún sigue haciéndose llamar “señora de”, aun cuando mi padre hace ya algunos años que falleció. Exactamente lo que aprendió en el colegio. Si en el fondo piensa que es porque pertenece –o pertenecía- o no a mi padre, creo que poco importa. Lo que interiorizó y sigue practicando es que su relevancia social, su entidad como persona pública, le viene dada no por ella misma, sino por el que fuera su marido. Huelga decir que yo, pese a ser su hija, rechazo frontalmente esa idea, claro. Pero a lo mejor un buen día me descubro adoptando alguna actitud servil frente a mi pareja, o frente a mi jefe, que he interiorizado por pura imitación de lo que contemplaba en mi casa siendo niña. ¿Tan extraño sería?

Esas parcelas en el pecho de las que hablas no creo que estén ahí de manera espontánea y natural, sino como consecuencia de un medio social que tradicionalmente no ha valorado a hombres y mujeres de forma igualitaria, ni lo sigue haciendo. ¿No sufrimos todavía las mujeres una mayor presión social en lo relativo a la apariencia física, a la belleza, a la juventud que debemos preservar para sentirnos atractivas y deseables? ¿Cómo si no se explica el constante bombardeo publicitario de cremas anti-arrugas, anti-celulitis, anti-flacidez o de tratamientos estéticos? ¿No siguen siendo los hombres valorados antes por su poder y prestigio social o su dinero que por su belleza?

Sobre la asignatura en cuestión, también yo tengo mis reservas, por motivos que sería muy largo explicar aquí. Pero como le decía a C.E.T.I.N.A., me parecerá positiva si en algo ayuda a que los futuros hombres y mujeres tengan una percepción más igualitaria de sí mismos y se sientan más libres a la hora de decidir qué funciones o roles desean desempeñar en esta sociedad.

Demasiados días también yo desconectada, querida Mityu. Paso a visitarte en cuanto tenga un ratito.

¡Un gran beso!

Antígona dijo...

Querida Troyana, estuve dudando bastante sobre si valía la pena recoger una vez más en mi blog estas perlas ya tan difundidas. Pero como ves, al final se impuso la Robespierre que hay en mí por encima de cualquier otra consideración :)

También yo veo a mi alrededor cómo quienes no se ajustan a esos ideales despiertan el recelo y la incomprensión a las que aludes, o simplemente una mirada de extrañeza. Y lo que es peor aún: veo como mujeres muy jóvenes siguen asumiendo, de una manera totalmente acrítica, esos ideales del pasado, aun cuando lo hagan en función de conceptos muy lejanos ya a aquellos. Porque pueden estar totalmente convencidas de que, por supuesto, son iguales a los hombres, y, sin embargo, contradictoriamente, dar por sentado que su función en la vida sigue siendo, además de todas las que se les puedan haber añadido en estos años, casarse y tener hijos y mirar con ese mismo recelo que sus abuelas a quien ni se ha casado ni ha tenido esos hijos.

En efecto, no podemos dormirnos en los laureles ni bajar la guardia. Eso sería un lujo que aún no nos podemos permitir si, como bien dices, a lo que debemos aspirar es a conducir nuestra vida en libertad y ajenos a la coacción de ningún rol preestablecido. Ya lo he dicho en otros post en los que se ha tocado este tema. Tales roles fijos e inflexibles son tan castrantes para hombres como para mujeres, y sólo dejarán de serlo cuando devengan absolutamente intercambiables entre unos y otros y cuando su elección no esté motivada por ningún tipo de presión social.

Me alegro muchísimo de que hayas aprobado las pruebas de la bolsa. ¡Y claro que hay que celebrarlo! A ver si el Cosaco termina de reaparecer –me da la sensación por su blog de que está en ello- y nos organizamos de alguna manera. De momento, brindo por ti con esta taza de café que estoy tomando ahora mismo ;)

¡Un beso y un abrazo!

Antígona dijo...

Doctor Lagarto, no podemos evitar que nos alcancen esos “dejes”, claro que no. Pero sí podemos mantener una actitud atenta y reflexiva para tratar de examinarlos y combatirlos, al menos en nosotros mismos, allí donde sospechemos que puedan estar apareciendo. Por otra parte, esas medidas que está tomando el Estado en algunas comunidades son de lo más contraproducente y un auténtico retroceso en un camino al que aún le queda mucho por avanzar. Fundamentalmente porque sólo una educación común y compartida para niños y niñas garantiza la transmisión a ambos sexos de valores y actitudes iguales, y la separación puede convertirse en el perfecto mecanismo para no hacerlo.

Tiene razón en que la señora Primo de Rivera no hizo más que refrendar con sus palabras todas esas enseñanzas propias de la tradición católica. Como ya he dicho antes, ha habido quien desde dentro de la propia tradición católica las ha puesto en cuestión y ha adoptado igualmente una actitud en extremo combativa para con los roles asignados desde ella a hombres y mujeres. Pero por desgracia no son precisamente esas voces, en este país, las que más se oyen, sino justamente las de quienes defienden posiciones más conservadoras. Y me temo que aún estamos muy lejos de poder cambiar esa realidad.

Las perversiones sexuales a las que alude en esas perlas son también, a mi juicio, más que obvias. Pero es que ya se sabe que la negación del sexo por parte de la tradición católica sólo ha tenido consecuencias perversas. Represión y sana sexualidad son conceptos difícilmente conjugables. Y sí, dan un poco de miedo, doctor Lagarto. Cómo habría disfrutado el doctor Freud de haber podido tumbar en su diván a los autores de esas perlas :)

En cuanto a la señora Primo de Rivera, tal vez estaba demasiado ocupada con la dirección de la Sección Femenina como para hacer gimnasia casera. No me quiero ni imaginar las contradicciones que ello debía de generarle, ¡ella misma incumpliendo sus propios preceptos! Pero claro, supongo que pensaría que, para mejor servir a los hombres, cualquier sacrificio de la belleza de sus carnes era deseable.

¡Un beso!

carrascus dijo...

Pues yo me mantengo en la discrepancia. Y más que al post, con lo de la falta del voto de confianza me refería a los comentarios que había antes del mío; y ahora también a los de detrás.

Sigo manteniendo la opinión de que lo que reflejas en el post es un anacronismo. Y todo lo que estais diciendo que ha dejado raices en nuestras madres y abuelas (e incluso en nosotros mismos) no tiene nada que ver con la forma en que las enseñaron, porque ya lo tienen más que superado, sino en ciertos atavismos que comparten todas las civilizaciones y que, en la actualidad, se siguen viendo en todos los paises... y en ellos no tuvieron a Pilar Primo de Ribera ni al cura ése adoctrinándolos.

K dijo...

¿Ves? Tú misma me has colado un prejuicio acrítico :P Yo hablaba de ser femenina en el sentido, y desde el convencimiento, de que los hombres y las mujeres no somos iguales (aunque sí en dignidad y derechos :P), y eso es muy bueno en muchos aspectos, y que esas diferencias no tienen por qué ser anuladas, sino potenciadas, no en el sentido de confrontación sino en el de compenetración, o de complemento. Que está claro, no me entiendas mal, que el ser humano, independientemente de su género, es completo y precioso en cada individuo (vale, en unos individuos más que en otros), pero que esas tensiones que evidentemente existen pueden usarse como estímulo y no deben ni eliminarse ni obviarse. Digo yo. Por supuesto que no hablaba de la altura de mis tacones! Faltaría más.

Antígona dijo...

A ver, Carrascus, analizar las causas acerca de por qué esos atavismos a los que aludes se mantienen en cada una de las distintas civilizaciones del mundo de hoy –y todos sabemos que en algunas de esas civilizaciones la consideración de la mujer como inferior al hombre no es ningún atavismo, sino la realidad más cruda y palpable padecida por las mujeres pertenecientes a ellas-, sería un asunto complicado que excede tanto mis conocimientos sobre el tema como las reflexiones que me haya podido hacer en torno a él.

Ahora, insisto en lo que te respondí al principio: los individuos que somos sólo se forman en un contexto histórico, socio-cultural y geográfico determinado y es ese contexto lo que en gran medida explica lo que hay en nuestras conciencias, nuestros gustos, nuestros deseos, nuestras expectativas. Vamos, que si, por poner un ejemplo de lo más burdo, nos gustan los calamares y no los saltamontes es porque hemos nacido en una determinada cultura que ha educado nuestros paladares para ello y no por ningún otro factor. Bueno, pues teniendo en cuenta esta premisa, digo yo que en algo habrán tenido que influir, particularmente en España, cuarenta años de franquismo, la existencia de la Sección Femenina, y, fundamentalmente, su presencia en las escuelas, en el modo en que, lógicamente, todavía en la actualidad hombres y mujeres se piensan a sí mismos en función de la educación recibida por personas –tanto hombres como mujeres, insisto- formadas en una visión tan desigual de lo que significaba ser hombre y ser mujer. Y todo ello con independencia de que en otros países también existan otros factores, similares o diversos, que expliquen esos atavismos a los que bien aludes. E insisto de nuevo: al decir “el modo en que se piensan” no me refiero a lo que explícitamente piensan de sí mismos y del sexo opuesto –nadie en su sano juicio proclamaría hoy día que las mujeres deben estar al servicio de los hombres-, sino a actitudes, deseos, expectativas o usos lingüísticos si me apuras, que no pueden ser del todo conscientes y que resultan del contexto histórico en que crecieron quienes los educaron en su infancia. Como lo de los calamares.

¡Otro beso!

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Querida K, no entiendo entonces a qué características concretas llamas “femeninas”. Ni tampoco en qué sentidos concretos entiendes que hombres y mujeres no somos iguales, más allá de las obvias diferencias físicas existentes entre unos y otros. ¿Puedes ponerme un ejemplo, y nos centramos en ello?

¡Un beso desde la altura de mis tacones! :P

K dijo...

No sé. Era un decir. Que muchas veces tanto insistir en la igualdad, que sí, que es necesaria, que queda mucho por hacer, pero a veces a mí no me parece tan mal que seamos distintos, ya sea por educación o por contexto socio - histórico - demográfico - geográfico - cultural o lo que sea, pues el hecho es que hay diferencias (y que estas diferencias no siempre están donde creemos que están, claro, en los calcetines de los niños o en el fútbol, eso por descontado). Pero reconozco que si me pides un ejemplo... pues me quedo sin saber qué decir. Que no sé, yo me siento distinta por ser mujer, y no solo por que me venga la regla. Pero ejemplos, ejemplos, no sabría decirte. En realidad da igual. El caso es que no me gustan las banderas. Ninguna bandera. Y no me gustaría hacer de este tipo de cosas una bandera. Ahora tampoco sé si me explico.

Gato dijo...

Usos amorosos de la posguerra española, Carmen Martín Gaite.

Hacer un trabajo en primero de carrera en que tuve que comparar la socialización de mi madre con la mía... me hizo entender muchas cosas y reconciliarme con ella.

Como decía a modo de conclusión, uno de los daños mayores es que se impidió la amistad entre hombres y mujeres. Se impidió que se conocieran de verdad...

Gato dijo...

Ah, por cierto, que te venía a decir que te he dejao un meme...

DELIRIUMTREMENDS dijo...

Oye, que te dejo un besazo, y que tranquila con tu mes de julio, yo ando trabajando mucho... y poca piscina veo...

cacho de pan dijo...

estimada: elaborado y bien documentado post, aunque te digo que nunca necesité grandes nombres para respetar a las mujeres como los seres humanos que son. Mi madre no fue científica, literata, luchadora social ni artista de renombre, sin embargo era una persona extraordinaria. Me basta y sobra. Aunque eso sí: nada de discriminación positiva, un auténtico disparate. Jamás distinguiré especialmente a una mala persona por el solo hecho de ser mujer.

Antígona dijo...

Ay, K, pues si no sabes qué decir, entonces creo que yo tampoco :)

O bueno, tal vez añadiría que, convencida de que las diferencias son puramente culturales o educacionales, en el fondo me cuesta pensar en diferencias entre géneros, por obvias que en algunos casos y contextos éstas sean. En mi vida cotidiana pienso antes en diferencias entre personas, entre individuos, sean éstos del género que sean, que para mí son las que realmente importan. Supongo que por eso no me siento especialmente distinta por ser mujer, sino por ser quien soy. Y, como te decía antes, de mi inculturación como mujer no dejo de valorar unas cosas y renegar de otras. De la misma manera que en la inculturación masculina juegan a mi juicio aspectos tremendamente positivos y otros rechazables.

Aunque me sigo reiterando en que tener la regla es un mal rollo :P

¡Otro beso, esta vez con los pies descalzos! :)

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Una buenísima recomendación, Gato. Me gusta mucho cómo escribe esta mujer. Esta misma mañana he estado buscando el libro pero no lo he encontrado. No cejaré en el empeño. Aunque no sé si me ayudará a reconciliarme con mi madre, después de tantos esfuerzos ;)

Sin haberlo leído, creo que tiene mucha razón Carmen Martín Gaite al decir que esos modos diferentes de socialización impidieron la amistad entre hombres y mujeres. Intuyo que por la amistad sólo es posible entre individuos que se saben y valoran como iguales, y que encuentran puntos de afinidad que socializaciones tan radicalmente dispares entre hombres y mujeres debieron convertir en algo insólito.

Suerte que las cosas hayan cambiado tanto desde entonces, y esperemos que lo sigan haciendo aún más.

En cuanto al meme, ay, te agradezco que me lo hayas pasado pero me pillas en un momento en que estoy un poco a la greña con los memes. Me lo pienso unos días, ¿vale?

¡Un beso!

Antígona dijo...

Delirium, gracias por ese besazo, y ánimo con ese curro, que con estos calores aún se hace más insufrible. A ver si de todos modos podemos cuadrar algo, que en una terracita a la sombra también se está bastante bien :)

Otro besazo para ti, hermosa.

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Querido Cacho, eso demuestra simplemente que eres un hombre sensible y con la cabeza bien amueblada, como muchos otros hombres. ¿Acaso no es cualquiera, en principio, digno de respeto, sea hombre, mujer, alto, bajo, gordo o flaco? Pues eso.

De tu parte me pongo, sin lugar a dudas, en lo de la discriminación positiva. No creo que a nadie deba distinguírsele por el hecho de ser mujer, u hombre, o alto o bajo o gordo o flaco. Con atender a lo que dice, hace, piensa o es capaz de llevar a cabo, es también más que suficiente. Disparatado es el gesto paternalista que, invariablemente, esconde esa discriminación positiva. Lo que menos necesitamos las mujeres, ni nadie, para que se nos reconozca como iguales.

¡Un beso!

el nombre... dijo...

Yo diría perlas negras!!!
También me inquieta toda esa transmisión que está en la cultura, en lo simbólico, y que nos atañe a todos y cada uno...
Excelente post, Anti. Por cierto, no queda mucho por agregar...
(Excepto la acotación de que, gracias a las mujeres, sus histéricas, Froid pudo constituir las bases del psicoanálisis... Vaya perlita!)

el nombre... dijo...

¿Sería por estas perlas que hacían síntomas por todos lados, y tuvieron que caer en los divanes?????

Besis

Antígona dijo...

Más negras que el tizón, el nombre. Y también a mí me inquieta esa transmisión cultural que se alberga en el plano simbólico, tan difícilmente modificable, y que lastra hasta el lenguaje que hablamos y, con él, los conceptos que utilizamos para comprender, interpretar y habérnoslas con la realidad.

En cuanto a Freud, ejem, supongo que todas las mujeres se la tenemos guardada con eso de que sólo hubiera histéricas –como también sólo hay ninfómanas, qué curioso, ¿verdad?- y con la tan traída y llevada envidia del pene. Por dios, ¡pero quién iba a envidiar un órgano tan molesto! ;)

Creo, además, que tu última pregunta es muy acertada. No debe de ser posible asimilar tanta perla tóxica sin contradicción ni sufrimiento algo. Menos aún si se trata de perlas represoras, destinadas a castrar aspectos fundamentales ya no de cualquier mujer, sino de cualquier persona.

¡Un beso!