martes, 12 de febrero de 2008

Los poetas son daltones


Nunca entendí lo que es un laberinto
hasta que cara a cara con mi mismo
perfil hurgara en el espejo matutino
con que me lavo el polvo y me preciso.

Porque así somos más de lo que fuimos
a la orilla del sol alado y fino:
de sangre reja y muro bien vestidos
de moho y vaho y rata amados hijos.


Es de noche. Un poeta encerrado entre los muros de cemento de una cárcel. Un revolucionario que mide en palabras no pronunciadas las pocas horas restantes hasta que las luces del alba lo fulminen ante un pelotón de fusilamiento. Si nada sucede. Pero, ¿qué podría suceder? Ya una vez quiso la suerte que salvara el pellejo al caer el dictador cuatro días antes de la ejecución de su sentencia. La suerte loca. Loca, sí. Pero no hay suerte tan loca como para arrancarlo dos veces al aliento oscuro de la muerte. No puede haberla. Demasiada bondad y locura ya la de su suerte, que le ha permitido escapar en varias ocasiones de celdas diferentes pero tan idénticas. Tan iguales para quien sólo ansía el mundo libre de los libres, piensa mientras palpa distraído el cemento que disuelve crudamente la ilusión de cualquier huida.


Le duele si acaso la mancha que agraviará su nombre. Que su muerte demasiado temprana vaya a justificarse para la historia con el falso pretexto de la traición. Le duele en el cuero cabelludo, en las puntas de los dedos. Pero no hay dolor que no haya sucumbido a la carcajada de este poeta revolucionario, poeta de la revolución, revolucionario del poetizar. ¿Ahora vas a dejar de reír? Reír de los mártires y de los no mártires. De los falsos mártires y de los mártires cuya verdad será ninguneada por la mentira.

Le duele sin embargo su país, pulgarcito entre gigantes. Ese país diminuto que retiene entre sus ridículas fronteras más pobreza de la que puede albergar. Ése azotado implacablemente por la mayor violencia entre la violencia reinante. Pero también de ese dolor le acaba brotando la risa, porque ama y odia a ese país a partes iguales, pese a que su odio risueño rebosa en el fondo de amor por lo que pudo ser y no es, por lo que podría ser y todavía no es, aplastado por tanto gigante.
El revolucionario en la lengua de su pluma, el visionario de la revolución, apoya su frente contra el muro y suspira.

Mira hacia adentro y se duele por el mañana cortado al vuelo de las primeras luces. Por los versos aún no escritos, por la revolución en marcha, por la esperanza que nunca verá cumplida. Cae de rodillas y hunde el rostro entre las manos. Reza. No tiene dios, pero reza. A un sentimiento difuso que quiere ser rabia, burla, miedo, dolor, alegría, vida. Y risa. Es ahora cuando más debes reírte, cuando debes soltar la mayor risotada, piensa. ¿No fuiste tú mismo el que dijo que la política se hace jugándose la vida o no se habla de ella? Pues tú has jugado en cada palabra dicha a ganar. A ganar la vida. A ganar toda la vida que destilan tus versos y tu revolución y tu ira ante la injusticia. Y aunque el juego termine ahora, hay que apartarse de él cantando. Cantando y riendo. Riendo y combatiendo. Combatiendo el desánimo, el peor enemigo. Tomando al asalto la tristeza para forzarla a convertirse en risa.


Y el poeta revolucionario o revolucionario poeta empieza, todavía de rodillas, a reír con tal fuerza que confunde la vibración de sus costillas, de sus mandíbulas, con la más poderosa del suelo. Cuando se derrumba de costado cree que es su risa la que lo ha lanzado sobre el jergón, que parece agitarse con sus propios espasmos. Y es tal la violencia de su risa que apenas se percata de que en medio de ella, quién sabe si por su causa, algo se ha conmovido y removido en lo más profundo de la tierra, quebrando cementos, agrietando el suelo, derribando muros.

Aún con la sonrisa en los labios alza la vista y contempla los escombros a su alrededor, el muro derruido frente a él. La risa se renueva estentórea, ya sin el eco angustioso de aquellas cuatro paredes que ahora sólo precariamente suman tres. ¡Qué suerte tan loca la mía! ¡Para encerrarla! ¡Qué suerte loca como una cabra!, piensa mientras se abre paso hacia el suave resplandor de la noche abierta, hacia la noche más cálida y luminosa y libre que haya vivido nunca.



El poeta salvadoreño Roque Dalton se libró por segunda vez de una condena a muerte en 1961 gracias a un terremoto. Pero su suerte loca, como él gustaba de llamarla, le abandonó en 1975, cuando fue asesinado, se dijo que por error, por una fracción de la propia organización revolucionaria a la que pertenecía. Todos quienes han dejado testimonio de su vida lo recuerdan por su buen humor, por su risa constante, por su capacidad de reírse de sí mismo y hasta de la revolución y de la poesía a la que dedicó su vida.

A Roque Dalton llegué de la mano de Daniel Viglietti y Mario Benedetti, escuchando un disco titulado "A dos voces" que grabaron juntos en 1985. En él, la recitación de un poema de Benedetti titulado "A Roque" se intercala con la voz de Viglietti, que canta "Daltónica", una canción también dedicada a Roque Dalton. No he podido encontrar en la red ninguna grabación de este homenaje a dos voces al poeta salvadoreño. Así que en sustitución os transcribo tanto el poema de Benedetti (en azul) y la letra de Viglietti tal y como se van alternando en ese disco, y os dejo un youtube de la canción de Viglietti, interpretada en solitario. No es lo mismo, lo sé. Pero echándole un poco de imaginación a lo mejor llegáis a oír la voz profunda y serena de Benedetti sobre los acordes de la guitarra de Viglietti.

Que las disfrutéis tanto como yo lo he hecho gracias a una de esas viejas cintas que me hacen un poco menos insufribles los atascos :)


Llegaste temprano al buen humor
al amor cantado

al amor decantado


llegaste temprano
al ron fraterno

a las revoluciones.


Pulgarcito de poeta
que se escapa y me cosquilla,
tan alegre, tan sin silla,
tan de amores torrenciales,
tan sin fin.

Alegría de una tierra
que se quita las fronteras,
se desnuda las caderas,
las volcánicas centrales
de la luz.

Cada vez que te arrancaban del mundo
no había calabozo que te viniera bien

asomabas la cabeza por entre los barrotes
y no bien los barrotes se aflojaban turbados
aprovechabas para librar el cuerpo


usabas la metáfora ganzúa
para abrir los cerrojos y los odios

con la urgencia inconsolable de quien quiere

regresar al asombro de los libres


Yo lo vi,
yo lo vi, yo lo vi, yo lo vi
El año treinta y dos
él no vivía y yo lo vi.
Contando sus historias de futuro
iba entre mil.
Yo lo vi, yo lo vi, yo lo vi.

le tenías ojeriza a lo prohibido
a las desgarraduras para ínfula y orquesta

al dedo admonitorio de algún colega exento

algún apócrifo buen samaritano

que desde Europa te quería enseñar

a ser un buen latinoamericano

le tenías ojeriza a la pureza
porque sabías cómo somos de impuros

cómo mezclamos sueños y vigilia

cómo nos pesan la razón y el riesgo


por suerte eras impuro

evadido de cárceles y cepos

no de responsabilidades y otros goces

impuro como un poeta
que eso eras
además de tantas otras cosas


Pobrecitos los poetas,
ven visiones, son daltones,
donde hay huesos ven marrones,
territorios prometidos
como un sol.

Tan bracito su poesía
se levanta en los sensuales
laberintos marsupiales,
y reparte polen rojo,
se abre en flor.

ahora recorro tramo a tramo
nuestros muchos acuerdos

y también nuestros pocos desacuerdos
y siento que nos quedan diálogos inconclusos
recíprocas preguntas nunca dichas

malentendidos y bienentendidos

que no podremos barajar de nuevo


pero todo vuelve a adquirir su sentido
si recuerdo tus ojos de muchacho

que eran casi un abrazo casi un dogma


Yo lo vi,
yo lo vi, yo lo vi, yo lo vi.
Era el año dos mil,
ya él no vivía y yo lo vi.
La muerte equivocada lo llevó
y él anda aquí;
y yo lo vi, yo lo vi, yo lo vi.

el hecho es que llegaste
temprano al buen humor
al amor cantado
al amor decantado
al ron fraterno
a las revoluciones
pero sobre todo llegaste temprano
demasiado temprano
a una muerte que no era la tuya
y que a esta altura no sabrá qué hacer
con
tanta
vida


Pulgarcito de poeta
que se escapa y me cosquilla,
tan alegre, tan sin silla,
tan de amores torrenciales,
tan sin fin.

Crece armado de esperanza,
desentierra lo perdido,
le hace un hijo de sonido
al silencio de ese pueblo
que es maestro de sus sueños.

Que se escapa y nos cosquilla,
tan sin miedo, tan sin silla,
tan amado, tan armado,
tan de todos, Salvador.


16 comentarios:

Duschgel dijo...

(Os digo lo mismo que a los de Takolandia: luego me lo leo que tengo mucho curroooooooo).

¡Pásate por casa! ;)

juan rafael dijo...

Qué manía tienen las personas con asesinar el arte y ya que no pueden, al artista....y prueba de que no han podido es tu post.
Besos.

Arcángel Mirón dijo...

El poder de la palabra queda afirmado e inamovible. No fue el azar lo que lo salvó de la muerte: fue la vida, que quiso que siguiera viviendo, contando y revolucionando.
Hay que hablar, hay que escribir, cantar, quejarse, empuñar la "metáfora ganzúa".

DELIRIUMTREMENDS dijo...

BORRADO, joder... te había escrito y se ha evaporado...
Te decía que lo que hace grande a una persona es la lucha de sus ideales, y sus objetivos, y que si muere siendo siempre aquella misma persona, tendrá esa imagen que honraremos de por vida, y este, es uno de esos casos.
Y sigue latiendo, en los corazones de los que le conocieron, de los que le admiraron, de los que le llevaban dentro. Dejó su legado en otras manos, sólo era eso... pero sigue aquí.
Eso de que tuviera tan buen humor, y que fuera asesinado por error, es una paradoja...
Pero vamos a pensar que en vida, hizo y deshizo mucho mas que muchas personas en años y años de existencia, y eso es lo que cuenta. Y eso es lo que queda.
Un besazo, guapa, es precioso, y la canción, una hermosura¡

Margot dijo...

Una recreación deliciosa...

Ojalá la risa, junto a las palabras, pudiera confundir siempre a la muerte, a la desolación de una lucha que la mayor parte de las veces se da por perdida.

Buscaré algo de él. Lo desconocía pero seguro que me gustan sus versos.

Ummm y me voy con una sonrisa, no logra derrumbar muros pero igual sirve, jeje.

Un besote, Antígona muá.

Antígona dijo...

Tranqui, querida Dusch, que la tortura y la esclavitud del curro no requiere de más justificaciones.

Aunque ya te lo he dicho en tu casa, ¡gracias de nuevo, guapetona! :)

¡Un beso grande!

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El arte y a las voces disidentes, Juan Rafael, a quienes luchan por acabar con las injusticias, a quienes pretenden poner patas arriba y desmontar aquellas situaciones para una gran mayoría insostenibles. Ay, es que molestan mucho esos revolucionarios y sus ideas visionarias.

¡Un beso!

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Por suerte, Arcángel, la palabra sigue teniendo poder gracias a quienes, en su reconocimiento, velan por difundirla y no dejar que caiga en el olvido, no dejar que otros la acallen. Mucha vida tenía por lo visto este Roque Dalton, que consiguió escapar de la cárcel varias veces y no sólo la del terremoto.

Siempre me ha encantado esa parte del poema de Benedetti, la de la metáfora ganzúa para liberarse de las cárceles. Deberíamos tenerla más presente. Son muchas las cosas que nos aprisionan y sin necesidad de rejas o carceleros.

¡Un beso!

Antígona dijo...

Vaya, Delirium, cómo anda de tonto Blogger últimamente, no paro de leer por ahí con qué frecuencia pasa esto.

En efecto, yo también creo que eso es lo que nos hace grandes, el perseguir unos ideales aun con todas las condiciones en contra, el no cejar en su defensa incluso cuando ésta parece abocada al fracaso. A eso se le llama coherencia, integridad, y espíritu combativo.

Obviamente, no todo el mundo es capaz de poner en riesgo su propia vida por ellos, ni en todas las situaciones es necesario. Pero quien da la vida por unos ideales que consideramos válidos merece todos mis respetos y mi mayor admiración.

No conozco tanto la figura de Roque Dalton, pero sí es cierto que muchos han escrito sobre él y no han dejado ni que su nombre ni su obra cayeran en el olvido. Confío en esas personas que, con sus palabras, han hecho que Roque Dalton no muera porque piensan que aún tiene mucho que decirnos.

Paradójico lo de su muerte, sí, aunque hay polémica sobre si realmente se trató de un error o de una cuestión política. En fin, “merda mundi”, que decía un amigo mío.

¡Un besote, hermosa!

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Ojalá, Margot, ojalá la risa tuviera ese poder. Pero si no lo tiene, no deja de ser cierto que quien se muere riendo muere más feliz y reconciliado con la vida que quien lo hace llorando. Y en cuanto a la desolación, como dice Benedetti en otro poema de este mismo disco, por suerte, “contra el optimismo no hay vacuna”. Difícil mantener el buen humor, la ilusión por el cambio, la fuerza para la lucha, en tantas y tantas circunstancias de la vida. Pero ante quién lo hace, yo, me quito mil veces el sombrero.

Yo tampoco conocía mucho de él hasta que hace unos días me dediqué a curiosear por la red después de haber escuchado infinidad de veces esa canción, que siempre me ha encantado. ¡Y a valido la pena hacer caso de la curiosidad!

Si derribas un muro con tu sonrisa, ¡calcula bien para que no te caiga encima! ;)

¡Un beso revolucionario, niña Margot!

Duschgel dijo...

No lo conocía, y ahí nos has hecho una presentación que acabaría de derrumbar las tres paredes que quedaban de su celda, y que seguro que le provocaría una fantástica y gigantesca carcajada.

Bella capacidad, la de la risa, la del reírse del infortunio y de uno mismo. Tal vez debiera uno dedicarse a entrenarla, que la tiene uno a veces dejada de lado.

Un magnífico post este, sin duda.

¡Besos y risotadas a mansalva!

carrascus dijo...

Debo reconocerme como fallo el no haber seguido la poesía de Roque Dalton, aunque sí sabía de su existencia a través de la canción que citas en el post, y de algo más prosaico como es que me llamaba la atención que hubiese muerto un 10 de mayo, que es el mismo día que nací yo, aunque de otro año, claro.

A Viglietti sí que le he seguido mucho. Me prendé de él cuando le oí cantar "La construcción", la canción que compuso a medias con Chico Buarque. Y me gustó aún más cuando fui sabiendo que muchas de las canciones que cantaban mis cantautores favoritos eran suyas, como "A desalambrar", que por aquella época tanto le oía a Victor Jara.

Por eso no me ha sido difícil rebuscar por aquí y subir al servidor donde tengo mi blog la canción que canta a dúo con el recitado de Benedetti. Solo tienes que pinchar en este enlace y bajártela de ahí.

NoSurrender dijo...

La risa es un arma de destrucción masiva de enemigos invisibles. Ah, que maravilla de historia, doctora Antígona.

Me recuerda una película de John Huston, donde unos hombres consiguen escapar de la mas certera de las muertes gracias a su risa.

Conociéndola ya un poco, Antígona, no me atreveré a hablar de bioquímica y reacciones psíquicas y físicas en la risa, pero le aseguro que es una buena terapia para todo (creo que hasta adelgaza)

Lo tomaré como una lección de vida. Riámonos mucho, doctora. Y un beso!

Antígona dijo...

Querida Dusch, yo tampoco hubiera dado nunca con él si no llega a ser por ese disco de Viglietti y Benedetti, que es en su conjunto una maravilla. Pero ay, ojalá mis palabras tuvieran esa capacidad que dices de derrumbar muros y cárceles, sobre todo las invisibles, que son las que más nos aprisionan.

Reírse del infortunio es desde luego la mejor actitud que se puede adoptar ante él. Y también, como dices, reírnos de nosotros mismos, de nuestras penas, que contempladas desde fuera a veces son tan insignificantes que deberían provocarnos una carcajada. Cuánto nos cuesta reirnos en ocasiones y qué bien nos haría poder hacerlo. Entrenémonos, sí. Aprendamos sobre todo a reírnos de lo que nos hace daño, de nuestras angustias, hasta de la muerte.

¡Un beso risueño!

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Bueno, Carrascus, yo he vivido con el mismo fallo hasta hace bien poco, porque cada vez que oía el tema yendo en el coche -es en él donde escucho mis viejas cintas- me decía, “tienes que buscar algo sobre este poeta a quien tanto Benedetti como Viglietti tratan con tal cariño”, y luego o se me olvidaba o no encontraba el momento. Cosas de la vida moderna. ¿Así que tú también eres tauro, amigo Carrascus?

De Viglietti debo reconocer yo que sólo conozco los temas que aparecen en el disco “A dos voces”. De él, además de éste, me encanta el tema “Llamarada”, aunque bueno, ¡qué narices!, la verdad es que me gustan todos. Pero buscaré el tema que dices. El de "A desalambrar" lo he oído, en efecto, de la voz de Víctor Jara, pero tampoco sabía que fuera de Viglietti.

Muchas gracias por el enlace, Carrascus. Me lo bajo ahora mismo, que ya sabemos que las cintas viejas tienen una vida limitada.

¡Un beso!

Antígona dijo...

La maravilla de la historia está en que es verídica, doctor Lagarto. Quiero decir, al menos en cuanto a la casualidad que supuso que aquel terremoto librara una vez más a Roque Dalton no sólo del encierro, sino de una muerte todavía más temprana que la que lamenta Benedetti en su poema. Sólo que habiendo leído tanto sobre su risa y su buen humor, y habiendo comprobado tambien el tono sarcástico de algunos de sus poemas, pensé que este poeta revolucionario sólo podía haber lanzado una enorme risotada, si no antes, sí al menos cuando el muro cayó.

Me han hablado mucho de esa peli de John Huston, sí, la tengo pendiente. Y muchas ganas de verla. Me encanta esa idea de John Huston de que sólo estando por encima, anímicamente, de las circunstancias, puede obrarse el milagro de superarlas donde parecía absolutamente imposible. No deberíamos olvidarla nunca.

Estoy segura de que la risa es una buena terapia, sea por las razones que sea. Decía García Calvo que si cuando estamos contentos caminamos con brío, por qué no caminar con brío para ver si así nos ponemos contentos. Pues lo mismo en este caso: riámonos para propiciar el buen humor y la alegría, aun cuando de entrada no encontremos razones suficientes para reír. Ahora, doctor, yo, puesta a seguir esa terapia, espero que reír más bien engorde un poco ;)

¡Un beso!

Juan Cosaco dijo...

Pues me he visto metaforizado en ese relato, compañera. Una vez le escuché a un viejo revolucionario decir que un auténtico ser de izquierdas no podía perder en su batalla con el mundo algo tan importante como la risa. Lo tomé prestado, compartido, que uno no es muy partidario de la propiedad privada y me puse como obligación ética la felicidad momentánea del estar y no del ser.
Muchas gracias por hablarme de Roque, ha sido todo un descubrimiento.
Salud!

Mityu dijo...

No se me antoja añadir nada a lo que has escrito, apreciada Antígona. Lo encuentro lleno de ternura, de humanidad, ofreciendo aspectos humanos, combinados, enriquecedores. Si, realmente creo que este post es una aportación del que tomo varias notas.

Hoy me da serenidad leerte. Y calor.

Besos enfáticos, tan llenos de vida como tú. :)

un árbol dijo...

Pues vale... yo ayer te había dejado un comentario la mar de mono, y hoy vengo a verte y ya no está.

Pues estamos apañaos!
Pues no lo repito!!

Que me ha gustado mucho, pero que no te pienso meter un rollo patatero. Tengo sueño, y tú me entiendes mejor que nadie.

Así que hala! cuando postees de nuevo ya te diré lo que se me ocurra, y probablemente, siguiendo el consejo de un amigo común, voy a empezar a utilizar el word para estos menesteres, porque MIRA QUE ME JODE!!!

Un beso, linda, cuídate mucho.

Antígona dijo...

Juan Cosaco, me parece envidiable tu actitud, y no envidiable como se envidia la propiedad privada :), sino como actitud al alcance de todos que, sin embargo, no es nada fácil de mantener ante circunstancias adversas. Ay, a mí personalmente, no me lo resulta, de natural como soy más bien tendente al pesimismo. Pero siguiendo tu ejemplo y el de Roque Dalton me voy a aplicar más de ahora en adelante ;)

¡Un beso!

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Bueno, querida Mityu, supongo que historias así, actitudes como las de este poeta que combatía fundamentalmente la injusticia con su buen humor y su ironía, a nadie pueden dejarle indiferente, y eso influye en la manera de presentarlas, de abordarlas. Le tengo cariño ya desde antes de conocer su obra sólo por Benedetti y Viglietti. Y ambos, en sus preferencias, en sus particulares admiraciones, me merecen todo el respeto.

¡Besos serenos, calurosos y llenos de vida! ¡Y por supuesto, enfáticos! ;)

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Tranqui, arbolito, que yo me contento con ver tu avatar por aquí. Y lo que hayas dicho y se ha borrado ya saldrá en otra ocasión.

Y claro que te comprendo mejor que nadie, ¡que la almohada manda! y tú no estás precisamente para desobedecer sus órdenes :)

Yo, siguiendo ese consejo del amigo común al que creo que te refieres, ya hace tiempo que tiro de word, al menos para mi propias respuestas, que con lo que me enrollo, si encima se me borran me da algo. Pero en blogs ajenos no suelo hacerlo y algún “accidente que otro he tenido”. Y sí, ¡¡JODE MUCHO!!!

¡Besazos, guapa!